ESPAÑA: Una gran nación, ¿o no?

La primera escena de la serie “The Newsroom” se me quedó grabada para siempre. Creo que no he visto nunca un inicio de serie (diría incluso que de todo el panorama audiovisual) tan espectacular. Si después de ver esos algo menos de diez minutos no te entran ganas de encerrarte en casa hasta consumir una a una las tres temporadas, es que no amas el cine o no tienes espíritu crítico.

Me viene con frecuencia a la mente y mis alumnos de varias latitudes del sistema educativo español tienen que soportar que la recomiende una y otra vez. En estos días se me ha vuelto a aparecer. Primero fue con alguna referencia a la entrevista de Évole a Puigdemont, la cual no vi. Me recordó a la mala leche que el protagonista, Will McAvoy, utiliza con sus propios correlegionarios del partido Republicano, del que se manifiesta votante. Aunque por lo que conozco del periodista español, creo que es una versión un tanto cutre y carnavalesca. Sin embargo, también por lo leído, tanto Évole como McAvoy acaban siendo acusados del mismo mal: creerse que más importantes que la noticia son ellos mismos. Sí, es que en la serie los buenos no siempre son buenos, como en la vida misma. Y cometen errores, como en la vida misma.

La segunda vez que me vino la serie a la mente, concretamente su inicio, fue en el coche mientras escuchaba el discurso de Albert Rivera tras el 1-O. Decía en él, entre otras cosas, que “este es un gran país, España es un gran país…”. Cuando llegué a casa estaba Rajoy en su particular aparición para comentar que bueno, en fin, referéndum, lo que se dice referéndum, no había habido, aunque él dijo que no habría urnas, ni papeletas, colegios abiertos. En un momento de él, también nos quiso alentar, y subir el ánimo, diciendo que “España es una gran nación, de las más antiguas de Europa, democrática, amable y tolerante, pero también firme y determinante”. Voy a dejar de lado el final de su frase, pues no se puede hacer broma de todo, pero decir que esa España que él ha defendido a porrazos es “amable y tolerante”, cuando menos supone un insulto a quienes hemos visto las imágenes que hoy reproducen, para escarnio general, todas las portadas de los periódicos de occidente, y una ofensa para los cientos que acabaron en hospitales y centros de salud a curar sus golpes. Lo que ahora me trae aquí es la coincidencia de planteamiento, también aquí, entre Rivera y Rajoy con que España es una gran nación.

Y si me acordé de la entradilla de The Newsroom es porque esa fue la pregunta que le hicieron, si habéis visto el vídeo, a McAvoy en un debate en una facultad universitaria. Como veréis intenta escaquearse para no decir lo que realmente piensa. Y eso mismo me ocurre a mí. Quizá acabe tan trasquilado como él y quieran defenestrarme o algo peor. Pero es lo que pienso y, como él, os voy a dar argumentos. Y parafrasearé dicha entradilla.

Como dice McAvoy, de verdad señor Rajoy, señor Rivera, podéis decirle a los españoles, especialmente los jóvenes, sin reíros, que España es “tan maravillosa y cuajada de estrellas que somos los únicos que tienen libertad”. Ya lo dice él: Canadá, Japón, Reino Unido, Francia… tienen libertad. Por cierto, McAvoy menciona a España como un país con libertad, pero recordemos que está rodada la escena en 2011, antes que Rajoy entrara en la Moncloa a final de dicho año.

Efectivamente, podríamos decir, aún a riesgo de que nos lapiden, como a McAvoy, de que España no es un gran país, todo lo antigua que Rajoy quiera decirnos, pero de dicha antigüedad apenas unas décadas han sido vividas en democracia. ¿O tenemos que enorgullecernos de nuestra historia? ¿Qué historia? La del franquismo, la del caciquismo de la Restauración, la de la reina ninfómana Isabel II, la del continuo traidor de su padre Fernando VII (que le cae mal hasta a Jiménez Losantos), la de la Inquisición, la del expolio americano, la del “Santiago y cierra España”… Y, tal y como dice McAvoy, deberíamos antes de meternos en un colegio electoral recordar que “no hay una prueba que permita afirmar que somos el primer país del mundo”. Somos el segundo país en paro de la UE, con una tasa que duplica la media, somos el sexto país con menos gasto educativo por alumno de la UE, somos de los últimos según el barómetro de lectura, según un informe de la ONU de 2015 España “suspendía” en derechos humanos, especialmente en “racismo policial, ‘expulsiones en caliente’, desigualdad de género, CIE o discriminación en acceso a viviendas, educación o sanidad”.

Pero, como los Estados Unidos, también nos podemos vanagloriar de acercarnos al número 1 en varios temas: somos el séptimo en venta de armas, especialmente a dictaduras como la saudí, de la que somos su tercer proveedor; somos líderes europeos en precariedad laboral (3,7 millones de españoles cobran menos de 300 €), también en “riesgo de pobreza infantil” (29,6%) y en tasa de abandono escolar antes de lograr el graduado básico (20%).

McAvoy dice que Estados Unidos hubo un tiempo en el que sí fueron referencia mundial en defensa de la libertad (“cuando librábamos guerras contra la pobreza, no contra los pobres”), en ciencia, en moral democrática… ¿Y España? Quizá nunca fuimos esa referencia mundial positiva (lo que muchos recuerdan como glorias hispanas es para echarse a temblar: el Imperio donde no se ponía el sol). Pero hubo un tiempo, no tan lejano, en el que, para un país que vivía en una enorme pobreza estructural, la cosa no pintaba mal: se ha denominado la Edad de Plata de la cultura española (1898-1936).

En 1906 obtuvo su primer, y realmente único, premio Nobel de ciencia (Ramón y Cajal, pues el de Severo Ochoa lo obtuvo en 1959 cuando llevaba veinte años exiliado en Estados Unidos). Florecieron instituciones científicas del calibre de la “Junta de Ampliación de Estudios” y la “Residencia de Estudiantes”, alejadas, como la “Institución Libre de Enseñanza” del yugo clerical. En ese ambiente se produjo la visita de Einstein a España, invitado por el físico Esteve Terradas y el matemático Julio Rey Pastor, dos figuras de calado mundial en su época, el último de ellos inventor de la “preología” que acabó sus días como tantos otros en el exilio (en este caso en Buenos Aires).

Qué decir de aquella “Residencia de Estudiantes” por cuya institución pasaron gente como Dalí, Lorca o Buñuel. Había en la Residencia de Estudiantes una buena biblioteca, clases de idiomas gratuitas y varios laboratorios de ciencia experimental, en los cuales trabajaban hombres como Severo Ochoa, Juan Negrín, Blas Cabrera, Antonio Madinaveitia o Luis Calandre. Allí dieron conferencias, además del citado Einstein, Howard Carter, Marie Curie, el psicólogo alemán Wolfgang Köhler, el físico francés Louis-Victor de Broglie, el arquitecto Le Corbusier, el economista Keynes y tantos otros.

Con la llegada de la dictadura de Franco, la mayor parte de los alumnos y profesores (incluido su director el pedagogo Alberto Jiménez Fraud) se marcharon al exilio extranjero o al no menos ignominioso exilio interior, sin medios y con la libertad de cátedra coartada. La Junta de Ampliación de Estudios se clausuró y se sustituyó por un organismo estatal contralado por el gobierno (el CSIC). Un dato: sobre el Auditorio de la Residencia se construyó la iglesia del Espíritu Santo, controlada por el Opus Dei. Otro dato: en 1943 los 16.000 libros de la biblioteca de la Residencia de Estudiantes fueron trasladados al Colegio Mayor Ximénez de Cisneros. Los libros permanecieron desaparecidos hasta 2010, fecha en la que se rescataron únicamente 2.300.

Y acabo con las palabras de McAvoy en su arenga a los jóvenes periodistas: “el primer paso para resolver un problema es reconocer que existe. Así que América [España] ya no es el mejor país del mundo. ¿Suficiente?”

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Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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