VOMITAR, ESE ACTO TAN NECESARIO: Rajoy camino de La Moncloa de la mano de…

imagesCuando yo era joven y llegaba a casa un poco cargado siempre me costó vomitar. Aguantaba hasta el máximo, no sólo para que no se dieran cuenta en casa, sino porque acababa con múltiples dolores y mayor malestar que si no lo hacía. Decían algunos colegas que te sentías mejor después y que, si de forma natural no lo conseguías, bastaba con meterse los dedos en la boca para provocarse el vómito. Yo nunca lo hice. Alguna vez lo intenté, pero no pasé de una leve introducción digital que provocó alguna arcada. Me resultaba un tanto patético.

Hace meses decidí dejar en este rincón de publicar comentarios sobre política nacional, pues estaba hastiado de ella. No servía de nada. Ya lo decía, vomitar me causaba más dolor del que ya me producía la intoxicación etílica. Meterse los dedos en la boca, ponerse a aporrear compulsivamente las teclas, de poco servía. Prometí no vomitar más, pero claro, es imposible no caer en la tentación del alcohol, pues las noticias políticas inundan nuestra vida diaria, quieras o no. Lo mejor era dejar de acudir a fiestas y, por tanto, dejar de visitar páginas de noticias, aunque las financies (como yo con eldiario.es), incluso fiestas infantiles (léase páginas de sátira cómica, aunque también seas socio de ellas –Orgullo y Satisfacción-). Incluso hice la promesa, o casi, por escrito.

Pero es muy difícil. El alcohol, la política, nos rodea a cada instante. Cuando comienzo a escribir estas líneas se acaba de inaugurar la XII legislatura. Y me han llegado noticias que me han provocado una nueva intoxicación etílica. Y, como cuando era joven, no me quedan más que dos soluciones, irme a dormir y esperar que se me pase al levantarme con un espantoso dolor de cabeza, o vomitar. Dije que no lo haría, pero esta vez la situación es grave. No me va a quedar más remedio que poner la casa perdida. Así que allá voy. Podéis dejarlo aquí si alguno cree que se a ver salpicado. Estáis en vuestro derecho. Ante todo la higiene, aunque sólo sea la mental.

Lo mejor ante todo es dejar las cosas claras desde el principio para que la vomitera no coja despistado a más de uno.

Primer asunto. Dice José Álvarez Junco en su excelente libro “Dioses útiles” que el nacionalismo es el sustituto actual de lo que supuso la religión en el pasado: una excusa para crear identidades que creen y mantengan a las élites sociales en su posición de predominio. Y ello fundamentalmente desde la época contemporánea, es decir, más o menos, desde finales del siglo XVIII. Así, los ilustrados hablaban de élites poseedoras de la cultura, liberales y románticos pensaron en héroes individuales, los socialistas en la clase obrera, pero “sin embargo, la nación se impuso sobre todos ellos y acabó protagonizando de forma casi constante la lucha política de los últimos siglos europeos”. ¿A alguien le extraña, por tanto, que en los últimos tiempos la política española se haya centrado en el debate “nacional”? Desde el gobierno central no había que permitir que se “rompa España”, pues es la única nación de todos los españoles, lo quieran o no. Desde la periferia, últimamente en especial desde Cataluña, se proclama la existencia, sí o sí, de la “nació catalana”. La “nación” crea la principal identidad del ser político y sublima el debate sobre cualquier otro asunto.

Segundo asunto. Definamos un viejo término filosófico que durante un tiempo dejó de estar en uso pues estaba ligado a un mundo que se creía derrotado desde la caída del Muro de Berlín: “materialismo histórico”. En palabras de Engels, “la concepción materialista de la historia parte de la tesis de que la producción, y tras ella el cambio de sus productos, es la base de todo orden social; de que en todas las sociedades que desfilan por la historia, la distribución de los productos, y junto a ella la división social de los hombres en clases o estamentos, es determinada por lo que la sociedad produce y cómo lo produce y por el modo de cambiar sus productos”. En roman paladino, que todo devenir histórico está determinado por la posición que los sujetos (personas, clases, partidos, medios de información, etc) mantienen en las relaciones de producción, es decir en la economía. Lo que más solidaridad crea para conformar grupos dentro de las sociedades es la posición en el entramado económico: los que tienen acceso a los medios de producción (empresas, para entendernos) y los que participan en ellos únicamente como agentes productivos (trabajadores, en resumen). Esta vieja idea marxista se ha resumido, a veces, con interesados reduccionismos a la frase “la economía mueve la historia”, con la que cualquier pensamiento por primario que sea parece estar de acuerdo.

Y tercero, la consecuencia. Existe un elemento que soslaya esta creencia primaria de que la economía mueve el mundo. Ese elemento es la nación. Así, cualquier hijo de vecino (en Madrid, en Barcelona, en Pristina, en Belgrado, en Londres o en Edimburgo) admitirá que los ricos sólo piensan en ellos mismos, que las empresas tratan de obtener unos beneficios extraordinarios a costa de sus empleados, que cuando pueden deslocalizan sus empresas y las envían a Bangladesh o Singapur, pero si estas élites económicas enarbolan la bandera nacional frente al contrario, la batalla está ganada. La culpa es de España, de Cataluña, de Kósovo, de Serbia, de Inglaterra o de Escocia.

Si ya ha quedado claro lo que quería decir (que mucha nación, sí, pero lo que de verdad interesa es el dinero), ya puedo comenzar a vomitar.

Nos enteramos el lunes de que el Partido Popular y Ciudadanos han llegado a un acuerdo para la presidencia del Congreso y el reparto secretarías de la Mesa del Congreso. Hasta aquí nada nuevo bajo el sol, a pesar de que algunos medios progres se hagan cruces con que el partido de Rivera dijo en campaña que no votaría a un presidente del Congreso del partido del gobierno, pues creía (ultraliberales ellos) que ejecutivo y legislativo debían estar separados. Bien, pasemos por alto el asunto, como también que dijera que nunca alcanzaría pactos para lograr sillones. Consideremos que los asientos de la mesa del Congreso no son sillones sino lugares donde jugar al Candy Crush. Pero nos enteramos que la elección de Ana Pastor como presidenta del Congreso ha obtenido diez votos más de los que suman PP y Ciudadanos. Durante toda la tarde PNV y Convergencia (o Partido Demócrata Catalán, como se llame ahora a los nacionalistas de derechas catalanes) juegan al ratón y al gato. Que yo no he sido, que mis diputados no harían tal cosa, que son libres para votar en conciencia, que “si la abuela fuma”. Hasta que al día siguiente el portavoz del PP, señor Hernando, admite que nacionalistas catalanes y vascos (esos demonios rompedores de España) le han prestado unos votos, pero “como un acuerdo puntual”. Que de romper España, nada de nada.

Pero lo mejor no está en la noticia en sí. No olvidemos el segundo asunto antes explicado (¿a qué grupo socioeconómico representan PP, PNV y Convergencia?). Lo mejor está en las reacciones. Ciudadanos pone el grito en el cielo y dice que si esto es “el principio de una larga amistad”, como le decía el capitán Louis Renault (Claude Rains) a Rick (Humphrey Bogart) en el final de Casablanca, que con ellos no cuenten para la investidura. Se ha puesto “estupendo” de nuevo Rivera en su españolismo y defensa de los valores patrios frente al separatismo catalán. Pero ya sabemos cómo se las gasta el líder de Ciudadanos para mantener sus promesas: “dónde dijo digo, digo Diego”. Tampoco debería olvidarse las veces que su partido votó en el Parlament de Cataluña, en el Parlamento de Bruselas o en el ayuntamiento de Barcelona junto a los independistas de Convergencia si se trataba de mantener, impulsar o acrecentar intereses económicos concretos o aminorar derechos sociales mediante recortes. VOMITIVO.

Por su parte, los medios de comunicación progres, arrinconados en la World Wide Web ponen el grito en el cielo, mientras el resto toma una actitud de… Volvemos al punto número dos, ¿quién controla los medios de comunicación? Decimos que España es Una, Grande y Libre y que Catalunya “es una nació”, pero más bien pasamos de puntillas sobre el asunto. El incendiario Jiménez Losantos dice que el préstamo de votos de nacionalistas al  PP para la presidencia del Congreso ha sido “un tropezón”, nada de “se rompe España”, “nazionalistas” o cualquier otro término en su florida prosa. Eso sí, lo relata en un párrafo que alguien debería presentar al Bad Writing Competition, que me acabo de enterar otorga un premio anual al escritor con prosa más ininteligible. Claro, es mejor escribir las cosas con esa prosa petulante, no vaya a ser que alguien le entienda. Ahí va el párrafo, no tiene desperdicio:

Sin embargo, junto al gran paso en el camino del cambio necesario, ayer se produjo en el Congreso un tropezón inquietante: los diez votos para el bloque PP-Cs provenientes del Partit Trescentista Catalá y los jeltzales aranistas. ¿Es sólo el pago a un grupo parlamentario para el trescentisme o la retribución de la escandalosa prevarigalupación de la Fiscalía con Mas, al que quiere perdonar la malversación de fondos del referéndum golpista -que acarrea cárcel- con el peregrino argumento de que se contrató a los proveedores de urnas y demás antes de la prohibición del Constitucional? Si Mas contratase que apalearan a Rivera, a Inés Arrimadas o a Girauta, ¿dejaría de ser delito porque se había comprometido a pagar a los sicarios? Pues eso es lo que defienden los horrachs de Catalá.

Os lo dije, VOMITIVO.

Otro de los grandes defensores de los valores patrios, incluso hasta el punto de llamar “hijos de puta” a los antitaurinos, Carlos Herrera, al que yo creía exiliado desde 2008 cuando dijo que si Zapatero volvía a ganar las elecciones se marchaba de España, ni siquiera comentó el tema. Quizá hoy en su columna del ABC, sus exabruptos contra los antitaurinos le dejen tiempo.

Repaso, con mi candor habitual, blogs, facebooks y otros medios de mis conocidos simpatizantes de Ciudadanos o de grupos nacionalistas periféricos para ver sus reacciones. Sí, esos que veo con la pulsera de la bandera española o con un avatar hispanonacional o cuatribarrado, o que celebran cada día de la “nació” con frases históricas (ya os lo dije, si no queréis seguir leyendo podéis hacerlo, es lo que tiene la vomitera). No pretendía ver a ninguno cortarse las venas, abjurar de su grupo político de referencia, despotricar contra líderes a los que, con frecuencia, parecen amar hasta la náusea, pero esperaba, inocentemente, alguna frase… Volvemos a la primera cuestión: lo importante es la nación, se llame esta España, Cataluña, Kósovo, Serbia, Inglaterra o Escocia. Volviendo a la cita anterior de Álvarez Junco, “la nación (…) acabó protagonizando de forma casi constante la lucha política de los últimos siglos europeos”. VOMITIVO.

Ya ha comenzado una nueva etapa. La que podríamos denominar (parodiando a Hayden White, un historiador americano) del “giro lingüístico”: el PP llama a los votos prestados por los nacionalistas “acuerdo puntual”; el president Puigdemont “pide al nuevo Gobierno afrontar el proceso soberanista o al menos «reconocer» el fenómeno”, o sea de declaración unilateral de independencia “hui no toca”. La moneda de cambio, conceder grupo parlamentario propio a los nacionalistas moderados catalanes a pesar de que legalmente no tienen derecho a ello. Pecata minuta, tampoco es para tanto: conceder voz a los independentistas “rompespañas” en los debates y tres millones de euros de los presupuestos de la Cámara que podrán gastar en las próximas urnas de cartón para su siguiente referéndum independentista. Pero es que la historia está para algo, tampoco es nueva esta alianza entre la derecha montaraz española y la catalana. Y no me refiero a Aznar y su “hablo catalán en la intimidad”, sino a hace ochenta años, ahora que se celebra el aniversario del “Glorioso Alzamiento Nacional”, es decir el golpe de estado del 18 de julio de 1936.

En aquella época, el grupo político que representaba los intereses del catalanismo conservador era la Lliga Regionalista. Pues bien, durante la II República no pusieron pegas a su alianza con Alejandro Lerroux, un anticatalanista visceral, con tal de frenar a sus rivales de Esquerra Republicana de Cataluña, más vinculados al republicanismo masón, que en Madrid se había aliado con Azaña y el PSOE para una transformación política y social de España. Así, al estallar la guerra una parte de aquellos nacionalistas de la Lliga se exiliaron y participaron desde el sur de Francia en los servicios de espionaje del general Mola, especialmente en el denominado Servicio de Información del Nordeste de España (SINDE), uno de cuyos fundadores fue José Beltrán y Musitu, diputado por Barcelona de la Lliga. El propio Francesc Cambó, cofundador del partido, financió desde Suiza (¡oh, gran país para las élites de cualquier nacionalidad!) la causa de Franco. Desde Suiza se trasladó a Buenos Aires donde acabó sus días dirigiendo la empresa eléctrica CADE, que se había vuelto envuelta años antes en casos de corrupción política. ¿Las puertas giratorias en sus inicios? Otro de los fundadores, Juan Ventosa, se trasladó a Burgos, donde estaba el cuartel general de Franco, convirtiéndose en un fiel colaborador buscando dinero en el extranjero para la causa “Nacional”. Al finalizar la guerra, Franco le recompensó sus desvelos nombrándole procurador en Cortes en las primeras Cortes franquistas. Su doblez (o no, pues realmente servían a los mismos intereses) le permitió continuar sirviendo a la Corona (era un fiel monárquico) como miembro del Comité Directivo de la Monarquía y desde 1947 del Consejo Privado de Juan de Borbón, conde de Barcelona.

Y mientras tanto, aún seguirá habiendo quien se crea los discursos antiespañoles de unos y anticatalanistas de otros. Pero, a la hora de la verdad, cuando haya que jugar el partido decisivo (reformas sociales vs mantenimiento del sistema) cada cual sabrá en qué parte del campo debe situarse. Pero habrá quien siga picando en el anzuelo: ¿qué hizo la CUP si no cuando aceptó a Puigdemont creyendo que la independencia sería inmediata? Pues aquí le tenéis, dorando la píldora al PP y facilitando su gobierno.

Así pues, quedan dos soluciones para que Rajoy llegue (o más bien se mantenga en La Moncloa). Irá cogido de la mano de Ciudadanos (por mucho que se haga el remolón Rivera) y de socialistas o nacionalistas. Si lo hace de mano de los primeros (los socialistas) la derecha más tabernaria (hasta 13TV) dirá que ha sido por el “bien de España”, y los nacionalistas volverán a “decir” que se sublevan. Si lo hacen de la mano de los segundos (PVN y Convergencia), estos mismos medios (y sus tertulianos que ya han firmado un manifiesta adhoc) dirán que el PP ha logrado domesticar al soberanismo, “por el bien de España” y los nacionalistas expondrán que Madrid ha aceptado “el hecho diferencial de la nación catalana”. VOMITIVO.

Leamos las portadas de hoy (viernes 22 de julio) de los principales periódicos y observaremos cuáles son los movimientos. En El País, se dice que Albert Rivera le va a pedir al Rey que le diga a Pedro Sánchez que se abstenga en la votación para que se invista a Rajoy. ¡Pero este tío es tonto y no se entera de nada o tiene unos consejeros que no han acabado la ESO! A ver si te lo explico fácilmente para que lo entiendas. Según la Constitución, el rey no tiene papel político, no puede influir en decisiones políticas, es un “símbolo” (artículo 56). Pero El País con tal de sacar en portada a “su” Rivera es capaz de hacerlo incluso haciendo el canelo. ABC presiona a Rivera diciendo que Rajoy está pensando retrasar la investidura (¡a que nos quedamos sin vacaciones parlamentarias!), mientras anuncia que algunos exministros socialistas (esos de los que el diario monárquico despotricaba antaño por su corrupción y antiespañolismo) urgen para que se acabe este “sindiós” de no tener gobierno. No lo dicen, claro, pero los exministros abogan por la abstención. El Mundo indica en su portada que Rajoy amenaza con terceras elecciones, mientras la foto central es para Oriol Junqueras, en cuyo pie se puede leer “Madrid no le entiende”. Dice que le han ofrecido 1.600 millones de la deuda catalana, pero que le parece poco. “Estos catalanes que no se conforman con nada”, dirá ese señor de bañador hasta los sobacos mientras lee el periódico en su hamaca playera. No sabe que está todo “atado y bien atado”. Por cierto, de la entrevista de Francesc Homs con Rajoy antes de la elección de presidente del Congreso nada trascendió, pero ya sabemos el resultado. ¿Hace falta recordar que Homs tiene cita en el Tribunal Supremo en septiembre acerca de la consulta del 9N de 2014? Por su parte La Razón tiene prisa, dice que sólo queda una semana y que PSOE y Ciudadanos deben facilitar la continuidad de Rajoy en La Moncloa. ¿Y si lo hacen los nacionalistas? Pues sea. Por último, La Vanguardia ofrece una clave clara de lo que está pasando. Leed el titular, no se necesita mucha perspicacia: “Hacienda asumirá otros 1.600 millones de deuda catalana”, y añade “El Consejo de Ministros autoriza además nuevos créditos de 685 millones”. Todo muy VOMITIVO.

Así pues, vosotros seguid enarbolando banderas (cuatribarradas o tribarradas, qué más da) que ellos seguirán defendiendo sus verdaderos intereses. Igual que cuando vitoreáis a esos deportistas que llevan vuestra bandera en la muñeca, en la gorra o flameando al viento cuando dan una vuelta de honor tras triunfar en una carrera motociclista, como ese tal Dani Pedrosa que lidera la lista de deportistas morosos con Hacienda (7,8 millones). Pero no os preocupéis, si gana el próximo Gran Premio, volverá a dar la vuelta de honor con la bandera tribarrada, no habrá nadie que salga a la pista, se la arranque de cuajo y le espete “moroso, tú no paseas la bandera de un país en el que no pagas impuestos”. Pero claro, su victoria es a mayor gloria de la “nación”. VOMITIVO.

Bueno, ya lo solté todo, aunque creo que no es cierto, pues como en toda buena vomitera posborrachera, siempre te queda la impresión de que algo se te queda dentro, pero esa última arcada ya puede causar dolor. Mejor irse a dormir. Hagámoslo, pero no sin  antes ponernos algo de música, lo más bella posible, pues ante tanta podredumbre sólo nos queda disfrutar de las cosas bellas. Además, tengo una lectora que no me perdonaría no acabar con algo de música, dice que es lo que más le gusta de Un Club Sin Socios. Quizá tampoco conozca a Carla Morrison, así que disfruta de esta maravilla:

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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