NUEVAS ELECCIONES: Desde el futuro posible de 2018

campaña-electoral-302x300-302x280Han pasado más de dos años desde las elecciones de diciembre de 2015 y ahora, en junio de 2018, hay que volver a repetir las elecciones por quinta vez. El destino ha querido que nuevamente coincidan con un evento futbolístico de primer orden. En este caso el Mundial de Rusia. La primera vez que se repitieron, en junio de 2016, lo hicieron con la Eurocopa y la cosa no acabó mal. Para el fútbol, me refiero. España jugó la final contra Alemania y la ganó, como había hecho ocho años antes. Allí estuvieron en el palco el presidente en funciones Mariano Rajoy y el rey Felipe VI. Los más supersticiosos esperan que nuevamente los resultados, electorales me refiero, no den un ganador claro y así España vuelva a recuperar su cetro mundialista después de la debacle de Brasil en 2014, cuando fue eliminada en la primera fase, lo cual nunca le había ocurrido a un campeón en vigor. Si hemos estado más de dos años sin gobierno constituido, podíamos esperar otros meses más.

En las cuatro veces anteriores en que se han repetido las elecciones, el resultado ha variado poco. Ya se sabe, el español (y la española, por supuesto) es bastante más fiel de lo que las películas de Esteso y Pajares nos hacían creer allá por los años finales de los setenta. En realidad, el comportamiento electoral del español (y la española) se parece bastante al reflejado en dichas películas. Al español (y a la española, tras la liberación femenina) le gusta echar una cana al aire, flirtear en la discoteca o tontear en reuniones y congresos, pero al final siempre vuelve con “la propia” (o “el propio”). Es lo que ocurre en la cuestión electoral. Entre repetición y repetición electoral, las encuestas y debates televisivos hacen pensar que los españoles van a cambiar de opción, pero al final vuelven con el “propio”. Da igual que la corrupción salpique, mejor dicho empape, al PP o que en Andalucía ya no quede un socialista por encausar en la trama de los ERE; da igual que Ciudadanos cambie de criterio dependiendo quién o dónde hable alguno de sus dirigentes o que a Podemos se le sigan uniendo en las denominadas “confluencias”, el PACMA, los Verdes, y hasta el Partido Humanista. No hay manera, los posteriores encuentros entre líderes no dan fruto. No es posible un acuerdo sin un resultado con una mayoría clara.

La primera vez que se repitieron las elecciones, en junio de 2016, el rey se tiró todas las vacaciones en el palacio de la Zarzuela hablando con los líderes políticos para buscar un candidato. Rajoy se negó nuevamente pues las cuentas no le salían y tuvo que volver a proponer a Pedro Sánchez, más bien por ver si así podía retirarse unos días al Palacio de Marivent, en Mallorca, para ver a las niñas y a la reina Leticia que, dicho sea de paso, tampoco paraba mucho por la isla, pues había aprovechado la ocasión para apuntarse al Gran Slam de festivales que había organizado Radio 3: Vida, BBK, FIB y Sonorama.

Todo parece permanecer igual. Ninguno de los partidos ha cambiado sus candidatos. Era previsible que no lo hicieran los dos partidos emergentes, pues se habían creado a imagen (nunca mejor dicho) y semejanza de sus líderes: Albert Rivera y Pablo Iglesias. Pero tampoco lo han hecho los partidos tradicionales. Y eso que desde fuera y desde dentro de los respectivos partidos se alzan voces para que un nuevo candidato pueda desembrollar la situación. En el PP, el expresidente Aznar y la expresidenta Esperanza Aguirre han abogado por un nuevo candidato, quizá más afín y dócil a sus intereses. Pero Mariano no va a permitir soltar un poder que le ha costado tanto obtener. Y se ha acostumbrado a ser presidente en funciones. Total, tampoco hay tanta diferencia con serlo constitutivo. Va a los mismos eventos (futbolísticos especialmente), cobra lo mismo, tiene sus vacaciones y, además, no tiene que someterse al tostón del control parlamentario. Ha prorrogado los presupuestos de 2016 para 2017 y 2018 sin pasar por el Parlamento y en Bruselas han aceptado las cuentas a cambio de que dejemos de enviar Erasmus que conquisten a sus más provectos y provectas mentes universitarias, que acaban más pronto que tarde viniéndose a España buscando sol, playa y cerveza a dos euros.

También en el PSOE se han oído voces contra Pedro Sánchez provenientes del granero de votos socialistas que es Andalucía. Todos miran a la presidenta Susana Díaz, que se deja querer, pero que para nada va a aceptar la candidatura a unas elecciones que se repiten más que el salmorejo que se sirve a los turistas en los alrededores de la mezquita de Córdoba.

España ha caído, ahora a la altura de 2018 y después de cinco elecciones constitutivas, en una especie de continuo “deja vu”. De hecho la película “Atrapado en el tiempo” se ha convertido en un clásico que todas las cadenas emiten durante la jornada de reflexión, previa a las elecciones, para ver si al electorado se le abren las carnes y decide cambiar algo. Recordad, es esa en la que Phil (Bill Murray), el hombre del tiempo de una cadena de televisión, va un año más a Punxstawnwey, a cubrir la información del festival del Día de la Marmota y que en el viaje de regreso, se ven sorprendidos por una tormenta que los obliga a regresar a la pequeña ciudad y a la mañana siguiente, al despertarse, comprueba atónito que comienza otra vez el Día de la Marmota. Y así, cada día, en un bucle interminable.

Incluso páginas web un tanto cínicas como “La Página Definitiva”, cómics como “Orgullo y Satisfacción” o programas de radio (aunque sean vía internet) como Carne Cruda, han propuesto que se cambie el himno nacional por la versión castellanizada de la canción de Morrissey “Everyday Is Like Sunday”, que alguien había usado para promocionar la película y que habían grabado un conjunto de frikis mexicanos bajo el nombre de Mexissey. Tiene sus ventajas, pues es pegadizo, cantable y puede unir a monárquicos y republicanos, olvidando una de nuestras clásicas divisiones entre las dos Españas. Además tiene algunas partes en inglés, lo cual podríamos lanzar como un mensaje de que, por fin, estamos a la par con el resto de Europa en el conocimiento de la lengua de Shakespeare. Escuchadlo, cerrad los ojos e imaginaos cantándolo todos en el estadio mientras nuestros aguerridos futbolistas se cogen de los hombros. Se me ponen los pelos como escarpias:

No podemos ocultar que a estar alturas de la cuestión y tras seis elecciones en dos años y medio existe un poco de hastío y ya es difícil innovar para mantener al electorado atento a los mensajes de sus líderes. Durante la primera repetición se había reducido el presupuesto de los partidos y apenas si había carteles por las calles, durante la segunda repetición se suprimieron las cuñas radiofónicas y televisivas, en la tercera ya no hubo mítines en plazas de toros y ni siquiera en parques públicos, en la cuarta dejaron de producirse debates a dos, a tres, a cuatro, a cinco, con mujeres, con economistas o cualquier otro espécimen político, en esta quinta repetición ni siquiera se ha cambiado el slogan político de campaña. Los publicistas, directores de márquetin y asesores de imagen han cerrado sus empresas y, deprimidos, han tenido de que realizar un viaje salvífico al barrio de Palermo en Buenos Aires, también llamado “Villa Freud” por tener la mayor concentración mundial de psiquiatras y psicólogos del mundo. Lo único que quedaba para hacer un slogan era la hemeroteca y los partidos, faltos de ideas novedosas, hacen lo que los alumnos cuando no tienen tiempo para acabar el trabajo de sociales: “corta y pega”. El PP ha recuperado su primer slogan como tal partido en 1989 (“Palabra”) y lo ha adaptado a los nuevos tiempos y su electorado más “modelno”. Así ahora, bajo la cara de Rajoy la frase es “Te lo juro por Snoopy”. Sí, ya sabían que las nuevas generaciones peperas no saben quién era Snoopy, pero es que ya quedan pocos jóvenes que voten a Rajoy. Los jóvenes se han decantado por Albert Rivera y su Ciudadanos (ex Ciutadans), cuyo cartel recuerda al inicial de 2006 en las elecciones catalanas, sólo que ahora ya no aparece únicamente Albert Rivera desnudo tapándose sus partes pudendas, sino que también lo hace Inés Arrimadas, envuelta en una bandera española de seda que deja entrever sus encantos. Unos dicen que es por la paridad, otros que por captar el voto de español más casposo y otros que, en realidad, lo hacen por puro vicio o porque ya no saben qué hacer para cumplir las expectativas que las encuestas de Metroscopia le vaticinan una vez tras otra. Por su parte, el PSOE ha vuelto a un clásico, el eslogan que le hizo ganar por primera vez en 1982: “Por el cambio”. Ahora el que mira en lontananza no es Felipe González sino un Pedro Sánchez que más bien parece que mira embobado un escaparate de Massimo Dutti, donde se compra esas camisas blancas por docenas. La confluencia de Podemos-Izquierda Unida-Los Verdes-PACMA y diversos entes regionales o locales (hasta el grupo “Andaluces de Jaén” se les ha unido, pues las reminiscencias hernandianas venían muy bien en los mítines y casi todo el mundo se sabe la letra del poema-canción), lo tienen más difícil. No pueden apelar a la historia, pues se remonta sólo a 2014 y el conglomerado de fuerzas impide buscar un lema de consenso. Por ello, se ha buscado algo etéreo y un tanto intangible. Se pidió permiso a Pablo Coelho para utilizar una de sus frases y finalmente se optó por esa que dice “La posibilidad de realizar un sueño es lo que hace que la vida sea interesante”. Lo único es que las redes se han llenado de memes a tenor del sueño y el sopor de tener que repetir de nuevo las elecciones. En uno de ellos se veía a Pablo Iglesias y Alberto Garzón sobaos hombro con hombro en el banco de un parque mientras esperaban a que alguien acudiera a su mitin en Soria. Era el sexto en dos años y medio y la población de Soria no daba para tanto.

Otro problema es el de las encuestas. Allá por 2015 las empresas de encuestas habían hecho su agosto vendiendo resultados cocinados a diversos medios. Unos como Metroscopia patrocinando lo que El País tanto deseaba, la eclosión de un partido bisagra que junto al PSOE (o el PP, que a estas alturas ya tanto le daba a Cebrián) formaran un gobierno estable que siguiera pagando la inmensa deuda de Prisa y el inmenso sueldo de su Presidente. Así nació la eclosión de Ciudadanos. Otros como Invymark no paraban de inflar los datos de Unidos Podemos Más (que era el nuevo nombre de la coalición tras la suma de otros grupos) para ver si Pablo Iglesias le daba el sorpaso no sólo al PSOE sino también al PP. Pero ni por éstas. Las empresas para no caer en la ruina ya habían dejado ni siquiera de preguntar al personal para luego cocinar sus respuestas, simplemente se inventaban los datos. Total para lo que servían. Ya se publicaban las encuestas como una costumbre, pues si no el electorado podía llegar a olvidarse de ir a votar.

Porque esa era otra, cómo animar al electorado a continuar acudiendo a las urnas una vez cada seis meses aproximadamente. En la primera repetición no hizo falta mucho acicate, pues el español (y la española) es fiel a unos colores y con tal de que no gane el contrario hace lo que sea. Pero tras la caída de la participación al 51% en la segunda repetición, el gobierno en funciones, con el acuerdo de todos los grupos, que para esto sí lo hubo, decidió idear formas de incentivar el voto. En la tercera repetición, a principios de 2017, se optó por devolver cien euros de las compras navideñas a cada familia que acudía junta a votar; en la cuarta, en julio de 2017, el gobierno llegó a un acuerdo con Movistar para que cada votante obtuviera un bono de tres meses gratis de la liga de fútbol en su plataforma, el cual incluiría los dos derbis Barça-Madrid. Con ello se alcanzó una participación record del 82%. En esta quinta repetición, en junio de 2018, el aliciente es una pack de la selección española de fútbol, que inicia su defensa del título europeo en estas fechas, compuesto por una bandera para el balcón, dos gorras, una bufanda para el coche o los partidos y una camiseta imitación de la oficial. El pack se repartirá a la salida del colegio electoral y siempre que se enseñe el preceptivo recibo expedido por el presidente de la mesa, pues ya conoce el gobierno las argucias del español con tal de obtener un regalo a cambio de nada.

Y con estas aquí nos encontramos ante un nuevo evento futbolístico de la selección española y ante una nueva repetición de las elecciones. Hay quien ha señalado, medio en broma, medio en serio, que se haga como en el fútbol cuando, tras la prórroga, nadie consigue deshacer el empate: una tanda de penaltis. Lo que ya no está tan claro es en que pudiera consistir ésta a nivel político. El PP ha propuesto que gobierne el partido más votado, pero ésta es una vieja canción que nadie acepta; el PSOE ha sugerido que sea el candidato más apuesto, pero Ciudadanos dice que su Albert Rivera lo es tanto o más que Sánchez; Unidos Podemos Más ha apuntado que se podría hacer un concurso al estilo de “Saber y Ganar”, pudiendo presentar la coalición a Errejón, que tiene pinta de niño sabiondo.

Como no hay acuerdo, desde Un Club Sin Socios proponemos que se haga como en el fútbol anterior a esa lotería de los penaltis: un sorteo. Así fue España eliminada del Mundial de Suiza 1954 por el bambino Franco Gemma que sacó la papeleta con el nombre de Turquía, pues ni siquiera existía el gol-average. España había ganado 4 a 1 en el Bernabeu y perdido 1 a 0 en Estambul. Ves, Rajoy como lo del partido más votado es sólo una opción. También la URSS (la Rusia más confluencias de la época anterior a la caída del Muro de Berlín) dejó de acceder a la final de la Eurocopa de 1968 por un sorteo frente Italia. El caso más curioso de sorteo futbolístico ocurrió en Argentina en el denominado “partido más largo de la historia”. En 1962, las selecciones de Mar del Plata y Necochea tuvieron que disputar una eliminatoria de tres partidos (pues persistía el empate), más dos tiempos suplementarios de 30 minutos y una tanda de penaltis. Y al final, cuando se acabaron los jugadores que lanzaban penaltis, se decidió que una moneda diera un ganador. Necochea, que eligió cara, se llevó finalmente el triunfo y pasó la eliminatoria.

Queda una última solución, también muy futbolera, y es que se amañe el resultado para un ganador claro, pero entonces a ver como el PP y Ciudadanos (con la ayuda inestimable del ¿socialista? Felipe González) iban a acusar a Unidos Podemos Más de connivencia con el chavismo y con el expresidente Maduro, al que acusaban de fraude electoral. Expresidente, porque recordemos un golpe militar había hecho volver al orden liberal-democrático a Venezuela, tras la victoria de Donald Trump en las elecciones presidenciales americanas de 2016.

Así que, mañana hay elecciones, otra vez, como decía Phil (Bill Murray) en “Atrapado en el tiempo” con el día de la marmota.

 

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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