ASCO DE EUROPA: o de género humano en general

1441529468-000par8264215Para este viaje no hacían falta tantas alforjas, se decía en mi pueblo o “Si lo sé no vengo”, rezaba el título de un programa concurso que emitía la 1 a mediados de los ochenta y que presentaba, como no, el eterno Jordi Hurtado, antes de que estrenaran “Saber y ganar”. Efectivamente, nos costó veintitrés años entrar en la Comunidad Económica Europea, nuestra primera solicitud se produjo en aquel año que me vio nacer de 1962, para ahora casi aborrecer haber entrado en aquel 1985.

En 1962 no nos dejaron entrar porque éramos una dictadura. El régimen decía que no tanto, que éramos una “democracia orgánica” y que, en lugar de partidos, aquí todos íbamos “a una” como Fuenteovejuna y que, por lo tanto, no nos dividíamos en ideologías sino en “órganos”, cual cuerpo que funciona armónicamente. Éstos eran aquellos que todo ciudadano poseía por el hecho de pertenecer a una nación (“la mejor, sin duda”): el municipio, la familia y el sindicato, vertical, por supuesto. Pero ni aun así coló. Europa era en 1962 democracia liberal, libertad de pensamiento, de reunión, de expresión, de  asociación… Se acababa de construir el Muro de Berlín, no olvidemos este detalle para lo que vendrá después, que dividía la Alemania libre de la Alemania sometida al comunismo. Los malos (comunistas) no querían que sus gentes cruzaran la frontera hacia la “buena” Europa y pidieran asilo allí donde les esperaba la felicidad en forma de Coca-Cola. ¿Recordáis la escena de Good Bye Lenin?

En 1985, diez años después de muerto el dictador, nos dejaron finalmente entrar en la Bella Europa. Nos habían puesto todo tipo de trabas para poder formar parte de aquel exclusivo club que sólo tenía nueve socios entonces: que si nuestro mercado estaba demasiado intervenido por el estado, que si nuestra industria necesitaba mucho apoyo financiero, que si nuestras infraestructuras eran deficientes, que si nuestra agricultura y ganadería truncarían los mercados, que si nuestra alta tasa de paro podría inundar la Bella Europa de inmigrantes como en los años sesenta… Pero, finalmente, el presidente Felipe González pudo hacerse la foto que llevaba años deseando y que le situaba a la altura de los grandes estadistas europeos (Willy Brandt, Adenauer, Olof Palme…), aunque para ello hubiera tenido que engañarnos con aquel “OTAN, de entrada no”. Pero, bueno si era por entrar en aquel club exclusivo, al que por fin nos dejaban entrar a los pobres, bienvenido sería. Aquel mismo año entró Portugal y al siguiente lo hizo Grecia. Aquel episodio me recuerda ahora a la maravillosa película de Luis García Berlanga (con guión del extraordinario Rafael Azcona) “Plácido”, que parodiaba la campaña que Franco había ideado unos años antes con el lema “ponga un pobre en su mesa”, para dar de comer a los indigentes en fechas tan señaladas como la Navidad.

Ahora podríamos decir aquello de “en mala hora”. Europa no sólo nos hace comulgar con ruedas de molino (léase recortes) sino que parece que, si bien nos han invitado a su convite navideño, ahora debemos pagar con magros intereses el traje nuevo que nos compramos para ir decentemente vestidos a su ágape y que nos tendremos que pagar el menú, pues finalmente, el catering ha salido más caro de lo previsto. Seguro que debemos fregar los platos y, a poco que nos descuidemos, nos acabará violando el señorito, como tantas veces ocurría en aquella España de los sesenta con las chicas del servicio.

Y total, ¿para qué? Para que esa Europa hermosa que anhelábamos se haya convertido en una vieja arpía, en un abuelo cascarrabias o, aún peor, en un hooligan futbolero que se dedica a mofarse de los pobres en la Puerta del Sol, a mear sobre ellos en el puente de Sant’Angelo de Roma o ridiculizar a un discapacitado en la Plaza Real de Barcelona. Y no es un caso aislado. En los últimos tiempos se repiten con demasiada frecuencia. Agresiones a centros de refugiados en Alemania y en Holanda son noticia habitualmente, en este último país cebándose con inmigrantes homosexuales. Sí, esa Holanda de paisajes idílicos sembrados de tulipanes, de jóvenes rubias paseando en bicicleta por los canales de Ámsterdam.

Que es un caso aislado, pensáis. El Partido por la Libertad, de tendencia ultraderechista, es el tercer partido en el Parlamento holandés (con casi un millón de votos) y en 2010 llegó a un acuerdo de gobierno con el centrista Mark Rutte para obtener su investidura, aunque sin participar en el gabinete. Recordemos lo ocurrido en las pasadas elecciones regionales en Francia, donde el centro derecha de “Los Republicanos”, nueva marca de Nicolas Sarkozy, se tuvo que aliar con los socialistas para derrotar al Frente Nacional en la segunda vuelta. Éste, en la primera, había obtenido la victoria en seis de las doce regiones de la Francia europea. En Suecia, las pasadas elecciones de septiembre de 2015 produjeron un enorme ascenso del partido racista de derecha Demócratas Suecos. En la por tantos envidiada Finlandia, el denominado PERUS, “Los Verdaderos Finlandeses” (¿os imagináis un partido en España que se llamara Los Verdaderos Españoles?”) ya es la segunda fuerza del país y gobierna en coalición con otros dos partidos de centro y centroderecha. En Austria ya no es sólo el consolidado Partido de la Libertad (tercera fuerza del país) sino que han surgido otros partidos aún más extremos si cabe: el Team Stronach del millonario Frank Stronach, ultra euroescéptico que propugna la vuelta al chelín austríaco. Hoy mismo ha soltado uno de los miembros de dicho partido por esa boca de blanco europeo que sólo come mantequilla de vacas austríacas y merienda sachertorte una de las perlas más negras, fétidas y nauseabundas que se le ha oído a un europeo desde su conciudadano Hitler: “Ahora traemos a esos neandertales aquí. Gracias a Dios ya estaban extintos en nuestro país”, refiriéndose a los refugiados sirios. Habría que recordarle a este energúmeno que cuando en Siria en el siglo VIII gobernaban los Omeyas en la Damasco medieval, con jardines impolutos, con una refinada cultura que supo aprender lo mejor de Bizancio y del Lejano Oriente (China) su amada Austria era un margraviato de los bávaros que se vestían con pieles, que no se lavaban ni por casualidad, que comían con las manos, que morían como chinches pues no conocían ni la más rudimentaria medicina y que lo más refinado que conocían eran sus cuernos para beber cerveza. Si aquella Damasco quedó poco a poco convertida en el montón de ruinas que es ahora, habría que preguntarle también algo de ello a la Vieja Europa, especialmente a Francia y Gran Bretaña y como usaron su poder colonial para jugar a guerras contra sus parientes los alemanes.

Allí mismo, en Alemania, hoy es noticia que esa chica que parece no haber roto un plato (Frauke Petry), líder del ultraderechista Alternative für Deutschland (Alternativa para Alemania) se alegra de haber logrado entrar con fuerza en los parlamentos de los tres estados que el pasado domingo celebraban elecciones en Alemania: los occidentales Baden-Wurtemberg y Renania-Palatinado; y el oriental Sajonia-Anhalt. Ahora quieren construir muros que les separen de todo aquello que desprecian, pues no es sólo de los inmigrantes de quien se queja la mencionada señora. También de esa Europa que ya no les sirve, de la que ya han sacado todo su jugo en forma de cadenas de hoteles que han comprado a precio de saldo en Grecia o España, en supermercados que han instalado junto a nuestras casas (Lidl, Aldi) o en coches trucados que nos han vendido (Volkswagen). Sólo nos quieren para venir a beber cerveza barata, bañarse en nuestras playas impolutas y jugar al golf todo el año en nuestros verdes campos. Nosotros somos los apestados. Si los sirios son los neandertales, nosotros debemos ser los Cromañones. Ahora bien, a ellos debemos seguir dejándoles entrar en nuestras calles, ciudades, hoteles y campos de fútbol para que se meen en nuestros discapacitados, denigren a nuestros mendigos e insulten a transeúntes y señoras que pasaban por allí.

No son gestos cualquiera los de esos hooligans holandeses en la Puerta del Sol de Madrid. Es el gesto de la Europa rica que se puede permitir el lujo de lanzar unas monedas a los más pobres o quemar billetes de veinte euros. Con ese gesto nos dicen quiénes son: somos ricos, os hemos comprado y podemos permitirnos tirar o quemar el dinero, mientras vosotros tenéis que mendigárnoslo en la Comisión Europea. Es una de las bajezas más espeluznantes que se pueden cometer.

Pero no olvidemos que todos estos abominables gestos tienen un caldo de cultivo, tienen una hoguera que los alimenta, tienen detrás toda una forma de pensar que les hace fuertes. Desde mañana la Unión Europea cierra sus fronteras a los refugiados, que serán devueltos a Turquía si entran de forma ilegal. El gobierno turco obtiene 3.000 millones de euros en una primera fase y otros tantos en una segunda para distintos proyectos, que nada tienen que ver con la acogida a los refugiados, y la promesa de desbloquear el ingreso de Turquía en la Unión Europea. Vamos, que los turcos se quedan con los refugiados y nosotros acogemos a los turcos. Realpolitik lo ha llamado la Comisión Europea. Compadreo lo llamaba mi abuelo. No olvidemos que Turquía es un país en plena emergencia económica. Ya es el 17º en la lista del PIB, sólo un puesto por detrás de España, y todo ello con la inestabilidad que provocan los atentados de Estambul. Cuando su turismo resurja, ya nos podemos dar por derrotados y nos adelantarán sin remisión.

Que aquí, en España, también tenemos brotes de xenofobia y de racismo no me lo tenéis que contar. Veo poca televisión, pero conozco las andanzas de algunos de nuestros políticos que dan ejemplo a la ciudadanía con sus declaraciones. La organización SOS Racismo Madrid ha denunciado estos días de atrás al concejal del Partido Popular, Mario de la Fuente, por realizar declaraciones racistas en el pleno municipal de la localidad madrileña de Robledo de Chavela. No es extraño cruzarse, como yo el otro día, con grupos de desocupados que viven del subsidio estatal que insultan a extranjeros que han abierto tiendas en nuestro barrio. ¡Pues no quedamos en que no los queríamos si no venían a trabajar! Y si lo hacen, entonces ¿de qué nos quejamos? Claro, si quienes debieran tener un comportamiento ético se dedican a azuzar al personal, es poco lo que sucede aún.

Es por ello que, en estas ocasiones, pienso que el dios de la Biblia podía haberse puesto a descansar al quinto día y no al sexto. Haber dejado la tierra poblada de “animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie”. Pues efectivamente, como dice, “era bueno”. Donde metió la pata fue al sexto día. Ahí la cagó. Dice que lo hizo a su imagen y semejanza. ¡Pues estamos arreglados! No sé si es el género humano lo más parecido a la divinidad. Yo, si creyera en su existencia, la imaginaría más como uno de esos animalillos que corretean por el bosque o que vuelan en las alturas. Tengo una amiga que estará conmigo seguro en esta apreciación y disfruta de sus pajarillos cuando los ve irse a dormir bajo el tejado de su casa o cuando ve llegar las tórtolas en las soleadas mañanas de domingo. Esto es lo más divino que podemos encontrar en la Tierra y no esos energúmenos, que encima se creen dueños de la civilización. Eso y rodearse de algunos seres humanos apreciables, que quizá pertenezcan más al reino animal que al humano.

P.D. musical. He conocido gracias a Javier Gallego (Crudo) al grupo madrileño Mechanismo, que acaba de sacar nuevo disco “The Forlorn Hope”, en el que se incluye este “Citizens Arrest” (Arresto de ciudadanos), que podéis escuchar en este extracto del programa:

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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