CIEN AÑOS DE PERDÓN: El atraco al Banco Central de Barcelona y otras historias olvidadas

1290411277831Conste que yo no creo que la desmemoria del pueblo español sea tanta como mi mujer dice que sucede realmente. Pero ella insistía ayer, a la salida de “Cien Años de Perdón” (Calparsoro, 2016) que debía escribir algo sobre el paralelismo que yo encontré desde la primera escena entre la trama que cuenta el film y el llamado “atraco al Banco Central de Barcelona” en mayo de 1981. Fue ver el edificio del banco, en una excelente entrada en escena del film, con ese edificio señorial, de principios del siglo pasado, con esa impactante fotografía que me recordaba a los mejores cómics contemporáneos y acordarme de aquellas imágenes que nos impactaron en 1981: el primer atraco televisado en directo en España. Pero la trama también recuerda a lo sucedido en aquel atraco. Lo que conocimos, lo que nos contaron, lo que nunca supimos, lo que no nos contaron.

Fui a ver “Cien años de perdón” animado por una entrevista que al director (Calparsoro) y a uno de sus protagonistas (Luis Tosar) le hizo Javier Gallego en “Carne Cruda”, ese programa de radio en internet que me mantiene levemente informado de la actualidad más rabiosa, que dirían los periodistas clásicos. El film se presentaba como una de esas historias en las que acaban ganando los que supuestamente son los malos (los atracadores) y en las que se mezcla el mundo de los bajos fondos y la política. Elegir Valencia como escenario del film no debió ser una casualidad. Por cierto, las imágenes casi aéreas de una Valencia mojada torrencialmente por la lluvia y de aspecto bellamente señorial es de lo que más me gustó a nivel estético. Que aparezca un disco duro con información confidencial que el partido del gobierno quiere destruir y la líder femenina de un gobierno en Madrid (la cinta no aclara si es presidenta del gobierno o de la Comunidad) nos lleva a la más cercana actualidad. El director asegura que el guión ya estaba escrito cuando sucedieron hechos que todos tenemos en mente y que es la actualidad la que se acaba pareciendo a la ficción. Me lo creo. No sería la primera vez. ¡Son tan previsibles nuestros políticos!

Cuando descubrí que el propósito principal del atraco no es el botín sino recuperar ese disco duro que se custodia en una caja de seguridad del banco, me vino a la memoria aquel 23 de mayo de 1981. Algo semejante pululó en determinadas informaciones del atraco al Banco Central de Barcelona. Luego todo se desmintió, pero elementos demasiado turbios nunca quedaron aclarados y cuando los protagonistas son de determinado cariz, cualquier cosa es posible. Para los que no recordéis el suceso o seáis tan jóvenes que nunca hayáis oído hablar de él os hago un somero resumen. Es uno de esos sucesos que están grabados en el imaginario de nuestra generación y que quizá pronto queden olvidados para siempre, pero forman parte de una compleja realidad que si la piensas detenidamente te dejaría patidifuso (bella palabra que ya se ha dejado de usar). El mundo de los confidentes policiales, los infiltrados en los grupos antisistema o, incluso, terroristas.

Era, como decía, el 23 de mayo de 1981 y se cumplían, por tanto, tres meses exactos del intento de golpe de estado de Tejero, Armada y Milans del Bosch (y quién sabe si alguien más). A primera hora de la mañana un grupo de encapuchados entran en la sede del Banco Central de Barcelona, un elegante edificio de la plaza de Catalunya. Dentro hay 263 personas entre clientes y trabajadores que se convierten de inmediato en rehenes.

Los asaltantes llaman al Diario de Barcelona y avisan de que han dejado un comunicado en una cabina de la Gran Vía de les Corts en el que explican los motivos del atraco. En él dicen que el asalto pretende “acabar con el terrorismo rojo” y exigen la liberación de cuatro militares “héroes del 23F”, el general Torres Rojas, el coronel San Martín y los tenientes coroneles Tejero y Pedro Más. Primera pregunta, ¿por qué ellos y no otros? Para ello deberá proveerse un avión para enviarlos a Argentina. Dan un plazo de 72 horas para no iniciar la típica matanza escalonada: 10 personas primero y cinco más por cada hora que pase.

A media mañana sueltan a los primeros rehenes, llegan los GEO y Tejero y la extrema derecha niegan cualquier relación con los hechos. Los asaltantes han acumulado 600 millones de pesetas en un gran montón y amenazan con quemarlo, a la vez que también lo hacen con volar el edificio con cargas explosivas que han colocado en las paredes del banco y en el sótano. Mientras, utilizan a los rehenes como escudos humanos en su deambular por el edificio (incluso un atracador sale con uno de ellos a la calle a dar un paseo) y para cavar un túnel que les comunique con las alcantarillas, hasta que se dan cuenta de que el subsuelo es de roca maciza. Aquí tenemos los otros interrogantes extraños. Unos atracadores que suman más de dos docenas (¿alguien ha visto una banda de semejante tamaño?), un montón de dinero acumulado para después tener que volver a recogerlo y llevárselo, unos atracadores que salen a dar una vuelta por la calle con un rehén –lo podéis ver en el resumen que aparece al final– (¿para qué? ¿es que se aburría?), un desconocimiento total de las características del edificio. O eran unos absolutos chapuceros (¿27 atracadores chapuceros? ¿no había entre ellos ninguno con sentido común?) o había algo más que un atraco.

Desde la azotea del edificio colindante (el banco de Vizcaya) los GEO inician su asalto al Central, pero son repelidos por los atracadores, aunque uno de ellos pierde la vida. Será la única víctima del suceso. Finalmente, los GEO entran en el edificio y se produce un tiroteo durante el cual 42 rehenes aprovechan para escapar por la puerta que da a las Ramblas. Entre ellos parecen escaparse algunos asaltantes, mientras otros son detenidos en el interior. Más interrogantes: ¿por qué inician el asalto los GEO poniendo en riesgo la vida de centenares de rehenes? ¿son detenidos realmente todos los implicados en el caos que se produce a la salida en tropel de los rehenes, como se puede ver en las imágenes? ¿es que conocían los mandos policiales a los cabecillas del grupo? ¿a qué habían ido realmente los asaltantes? ¿era necesario el primer comunicado implicando a la trama de 23 F?

El gobierno siempre mantuvo la teoría de que el asalto había sido obra de delincuentes comunes (“macarras y chorizos” les llamaron) y que su cabecilla era José Juan Martínez, alias “El Rubio”. Éste tenía un curioso historial que llena aún más de interrogantes el caso. Era un delincuente común con delitos de poca monta (¿y se le ocurre semejante asalto con 26 compañeros?) que también había sido utilizado por la policía como confidente e infiltrado en grupos anarquistas. Concretamente había participado en el grupo creado por la policía a finales de los años setenta para desacreditar a dichos grupos. En enero de 1978 un grupo de estos infiltrados policiales incendiaron la sala de fiestas Scala de Barcelona, donde murieron cuatro personas. Los primeros intentos de implicar a la CNT se vieron truncados cuando se descubrió que el incendio había sido provocado desde dentro por un grupo de estos confidentes policiales. El mencionado José Juan Martínez había contactado, además, durante una de sus estancias en Carabanchel con grupos de la ultraderecha, lo que, a su vez le vinculaba con la trama civil (nunca aclarada) del golpe del 23F y con policías y guardia civiles golpistas.

“El Rubio”, que cambio en varias ocasiones su declaración, llegó a afirmar que había sido reclutado por un hombre en Perpiñán, que le había proporcionado dinero y armas, con el objetivo de entrar en el banco para rescatar unos papeles comprometedores respecto al 23F y que podía implicar a las más altas instancias del país. Más tarde, en una entrevista a TV3 declaró que su objetivo eran los papeles que había sacado el capitán de la Guardia Civil Gil Sánchez Valiente cuando se vio que el golpe de Estado iba a fracasar. Desapareció dicho capitán después del 23-F, camino de Perpiñán. ¿Coincidencia? ¿Cómo conocía el asunto “El Rubio” que era un simple delincuente común de 25 años casi analfabeto? Pero hay más elementos oscuros. No solo desapareció Gil Sánchez Valiente. El cajero mayor del banco, que llevaba cuatro años trabajando, llegó al día siguiente de la liberación de los rehenes, el lunes, contó el dinero, y desapareció; nunca más se supo de él. Por otra parte, “El Rubio” llegó a afirmar que él no era el cabecilla sino José Cuervos, el asaltante fallecido en la azotea, al que quisieron silenciar para siempre.

Desde luego resulta curioso que la extrema derecha siempre se halla librado de cualquier implicación en el 23F y toda la documentación que hubiera podido hacerlo haya desaparecido: el maletín del capitán Gil Sánchez o las grabaciones de las conversaciones entre Tejero y el exterior durante el asalto al Congreso, las cuales desaparecieron, al parecer, en su traslado al juicio. Sólo quedaron fragmentos de las que se realizaron desde el domicilio de Juan García Carrés, un ultraderechista que tenía pinchado su teléfono por la policía, y que fue el único civil condenado. Antena 3 le dedicó un especial en 2001 del que podéis leer una transcripción aquí.

Durante el asalto al banco Central de Barcelona y meses posteriores también se propagó la teoría de la implicación de la ultraderecha en el suceso para desacreditar al sistema democrático, pues era frecuente escuchar en aquellos tiempos que la democracia no era capaz de contener la ola de disturbios de todo tipo, desde la delincuencia común hasta el terrorismo. Pues, a pesar de lo dicho y escrito de que con la aparición estelar del Rey en la noche del 23F se acabaron las intentonas golpistas y se consolidó la democracia, nada más lejos de la realidad. Existen un par de sucesos ahora casi olvidados, con la colaboración de la prensa del momento, que merece la pena mencionar, aunque buscaré otro momento para relatar más detalladamente.

En 1982 se descubrió un plan para preparar una intervención militar el día de reflexión de las elecciones programadas para el 28 de octubre. Se producirían varios atentados, de los se culparía a ETA, y los militares intervendrían ante el caos formado, ya que en dichas condiciones no se podían celebrar las elecciones. Se descubrió a tiempo, pero la prensa no dio la noticia hasta mucho tiempo después y minimizando el asunto. Además, la lista elaborada por el CESID con más de 400 sospechosos nunca fue publicada.

En 1985 existió un plan urdido por militares y civiles de la ultraderecha para atentar contra la tribuna presidencial durante el Día de la Fuerzas Armadas en La Coruña en 1985. A él asistiría casi el gobierno en pleno, con su presidente Felipe González a la cabeza, y toda la Familia Real. Pretendían construir un túnel y, a la manera del atentado contra Carrero Blanco, volar la tribuna. Después se culparía a ETA y los militares ocuparían el vacío de poder provocado con el magnicidio. El plan fue descubierto durante la Semana Santa, pero el gobierno, a instancias del propio Felipe González, lo mantuvo en secreto durante quince años. Eran los meses previos a la entrada de España en la Comunidad Económica Europea y no era cuestión de que siguiéramos pareciendo una república (perdón, monarquía) bananera con golpistas en cada cuartel. De los culpables nunca se supo. Ni el gobierno los detuvo, ni fueron degradados ni nada de nada. Según Felipe González, se les tuvo siempre bajo control, por si acaso, pero no se les quería dar publicidad. Él sabrá, como tantas cosas que, probablemente, se llevará a la tumba. Sí, Felipe, ese modelo de demócrata que ahora da lecciones de como de transparentes deben ser países como Venezuela.

Y es que una cosa me sugirió, entre otras más evidentes (como la comparación con nuestra política diaria) la visión de “Cien años de perdón”: que poco sabemos de los entresijos del poder. Que poco conocemos del mundo de los infiltrados, de los confidentes, de los espías, de los contraespías, de las alcantarillas del poder. Da escalofríos pensar en la red que tienen tupidos los servicios de espionaje, confidentes e infiltrados en nuestro entorno. “Eldiario.es” acaba de publicar la primera parte de una entrevista a Edward Snowden y algunas de sus palabras dan verdadero pavor: “nos espían a todos”. Quizá yo ahora mismo lo esté siendo, saben que escribo este blog, habré sido incluido en alguna lista… por si acaso, supongo.

http://www.rtve.es/alacarta/videos/fue-noticia-en-el-archivo-de-rtve/imagenes-del-atraco-banco-central-barcelona-23-05-1981/1105900/

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s