TODOS TRABAJAN EN EL SUBSUELO: Nuestra conspiración del silencio.

tumblr_inline_o2wg3m2oxo1t35chj_1280En una de las escenas de la memorable “Uno, dos, tres…” de Willy Wilder, el protagonista McNamara, director de la Coca Cola en Berlín Occidental, le pregunta a su secretario personal alemán, “Entre nosotros , Schlemmer , ¿qué hizo durante la guerra?”, a lo que éste contesta “yo estaba en los subterráneos”, “¿combatiente de la resistencia”, replica McNamara. “No, maquinista, en el metro, ya sabe… y no me enteraba de nada de lo que ocurría allí arriba”. Pero algo más tarde, el propio Schlemmer se descubre a sí mismo. Cuando llega un periodista que quiere destapar el engaño que está urdiendo McNamara (el increíble James Cagney) para tapar la boda de su jefe con un joven comunista, Schlemmer le reconoce: “¡Her Oberleutnat!”. “¿Ustedes dos se conocen?”, dice McNamara. “Él era mi superior”, “¿en el metro?”, “no, después de eso, cuando me reclutaron”. “Ajá, en la Gestapo”, “no, no, en la SS”, se le escapa, finalmente, a Schlemmer. Mientras tanto, el periodista se retira rápidamente sin pedir más explicaciones. Quizá por ello, Schlemmer se tira toda la película dando taconazos militares cada vez que habla con su jefe McNamara, lo cual desespera a éste.

El otro día veía en internet que se habían publicado nuevas fotos del nazismo, en este caso en color. Me impresionó especialmente la que ilustra esta entrada. Es verdaderamente estremecedora si uno se pone en situación. Núremberg, 1937. Una masa ingente de personas, me parecen un millón en la instantánea, están congregadas en una campa inmensa para escuchar la arenga del líder a favor de una Gran Alemania, de un Espacio Vital, y la pureza de la Raza Aria. Pero mirad atentamente. Son personas normales, no son cuadros del partido, son espectadores de un espectáculo aterrador. Dejemos pasar el tiempo. Digamos veinte años. En ese Núremberg de 1957, cuántos de aquellos que veían extasiados, entusiasmados, embriagados de fervor nazi no ocupan lugares de responsabilidad en la recién nacida República Federal Alemana: policías, jueces, profesores, políticos… Pero seguro que responden como Schlemmer, “no sabíamos nada, vivíamos en el subsuelo”. Mi queridísima amiga Carmen con sus siempre excelentes recomendaciones cinematográficas me aconsejó el otro día una película que ilustra el tema: “La conspiración del silencio”.

La película se desarrolla en Frankfurt en 1958, una ciudad donde nadie quiere mirar hacia el pasado del régimen nazi. Un joven fiscal, Johann Radmann, encuentra unos documentos que le permiten poner en marcha un proceso judicial contra algunos miembros de la SS. Pero aquellos horrores que nadie quiere recordar provocan críticas hacia su trabajo, pues todo el mundo parece estar implicado o es culpable.

Y, mientras esto sucedía, en mi cotidianidad, escuchaba, aunque he intentado retirarme yo también al subsuelo, diversas noticias sobre otros silencios y otros desconocimientos.

Se celebra estos días el juicio por el caso Noos y leía ayer que el otrora duque de Palma contestaba a instancias del fiscal con frases como “No lo recuerdo bien”, “no lo sé”, “no tengo ni idea”. Su esposa, la aún infanta Cristina, también ha declarado que ella no sabía nada de lo que firmaba a instancias de su marido.

La aún senadora Rita Barberá compareció el otro día en rueda de prensa para decirnos que “no sabe”. No sabe de qué se le acusa, no sabe nada de comisiones, no sabe por qué sus nueve compañeros de corporación han sido detenidos estos días, no sabe si existían cinco cajas B (que tiene gracia, deberían llamarse B, C, D, E y F, o B1, B,2 B3, B4 y B5, para aclararnos de dónde sale cada partida de comisiones).

Su jefe, el aún presidente Mariano Rajoy, dice que él tampoco sabía nada. Tiene varias docenas de altos cargos implicados en toda España y dice que no sabía nada.

Ante tanto personaje público español que dice no saber nada, sólo me queda pensar dos cosas. O trabajan todos en el subsuelo, como Schlemmer, pero no en el metro, pues no les veo con el mono puesto o conduciendo convoyes, sino en una especie de gran ciudad subterránea, con grandes centros comerciales en los que comprar bolsos de Vuitton, trajes de Armani o el Marca, en el caso de nuestro aún presidente. Algo así como Montreal, en Canadá.

Pero el desconocimiento de lo que ocurre debe ser general. En las últimas elecciones generales, en diciembre del año pasado, hubo sólo en la Comunidad Valenciana 837.055 votantes que parece que desconocían que el PP estaba podrido por la corrupción, hasta las cencerretas, diría mi abuela. O eso (ignorancia) o que eran tontos, pero como dice mi paisano José Mota, “no pa un rato, pa  siempre”. Hombre, queda una tercera posibilidad y es que no les parece mal que roben. Al fin y al cabo, son los suyos. Y para que lo hagan otros… Pero, aún hay más, en las últimas encuestas publicadas, el PP sigue siendo el partido más votado, y con diferencia. Mis conocimientos jurídicos son escasos, pero cuando alguien conoce un delito, no hace nada por evitarlo e incluso lo alienta, se suele llamar complicidad.

Así es que esto es lo que hay. Luego no me vengáis a decir como aquellos de la foto de Núremberg. Que no sabíais nada, que trabajabais en el subsuelo.

Pero, ¿por qué se comporta así el electorado, la ciudadanía española? La conservadora, especialmente. Pues porque no salimos del postfranquismo. Diría más, no salimos, no sale la gente de derechas de este país del propio franquismo. Del “los míos y los otros”. El llamado partidismo es en realidad en España aún el de una de las dos, que decía Machado. Y, cuando llega la hora de votar, para que no ganen “los otros”, los rojos (aún se les suele llamar así en la mayoría de comentarios de blogs y diarios digitales), lo mejor el votar a “los nuestros”, a nuestra España, aunque sean unos delincuentes, pero son “nuestros” delincuentes. Y así, durante años estos, los delincuentes, han creído que eran impunes, pues, como decía esta tarde mi amiga Amparo, les “absolvía” la exculpación de las urnas, cuando la única absolución que pueden obtener los delincuentes es la de los tribunales. Pero, durante años creyeron que éstos tampoco les tocarían, pues compartían con ellos andanzas en casinos, fiestas diversas y espectáculos de toda índole. Las campañas contra alguno de estos jueces díscolos por parte de los medios servilmente a su servicio hacía el resto. Pero, la denuncia de algunas asociaciones, partidos e incluso la iniciativa de algunos jueces (los menos, no nos engañemos) comenzó a destapar el tarro de las podridas esencias.

Queda aún otra posibilidad. La que tantas veces apunta mi amiga cinéfila, que el género humano no es de fiar y malvado, salvo contadísimas excepciones, por excelencia. Por ello, ni un lavado de cerebros postfranquistas acabaría con esta pertinaz manía de nuestros conciudadanos de derechas por votar, una y otra vez, a corruptos imperecederos. Alguien me dirá que en todos los partidos hay corruptos. Seguramente, pero recordemos que el juez que investiga el caso Bárcenas ha apuntado la semana pasada que ve indicios de banda criminal, organizada para delinquir, en el PP. ¿Os habéis parado a pensar lo que significan esas palabras? No es un caso aquí y otro allí: es una banda organizada para delinquir. La Cosa Nostra, la Camorra, la Ndrangheta calabresa tiene la misma consideración en el sistema judicial italiano. Y aun así, les siguen votando.

¿Qué remedio le queda al votante conservador? Desde luego lo tienen difícil, pues no se quitan el estigma de “los nuestros y los otros” de encima. Si España fuera un país políticamente maduro, vamos como el que recrea la serie Borgen, sería más fácil. Podría surgir un partido que aglutinara el pensamiento conservador sin sentirse atado a pasados regímenes execrables y votaría, sin ningún asombro de duda, a favor de la eliminación de la simbología fascista de nuestro entorno, apoyaría la recuperación de la memoria de los que no la pudieron tener nunca. Como hicieron en Alemania los miembros del centro derecha al final de la guerra. Y se sentirían herederos del pensamiento conservador más europeísta que dieron nuestras tierras, como Salvador de Madariaga, Ortega y Gasset o incluso José María Gil-Robles (padre) que de unaposición filofranquista derivó hacia la democracia cristiana, llegando a defender a Marcelino Camacho y sus compañeros de CC.OO. en el famoso proceso 1.001.

Es más, si España fuera ese país de Borgen, podría regenerarse el propio PP. Y ahora, en estos tiempos de desgobierno, por no tenerlo digo, tendría una magnífica oportunidad. Sólo debería abstenerse en el próximo debate de investidura de Pedro Sánchez y permitir un gobierno de coalición PSOE-Ciudadanos (130 diputados), pues el resto de partidos aunque votaran en contra (97 votos) no impedirían la investidura en segunda votación. El día antes saldría un recién nombrado portavoz no ligado a la actual dirección y explicaría su postura: “necesitamos una regeneración, pero interna, de nuestro partido, nuestros votantes no se merecen que les representen una banda criminal. Creemos que tenemos un programa que España necesita, pero no lo podemos llevar a cabo desde la indecencia. Prometemos una regeneración integral”. Al día siguiente de la votación, se convocaría un congreso extraordinario y se revisarían los twits de todos los posibles candidatos a dirigir el partido para no encontrar ningún “Viva Franco”, “con Franco las patatas eran más gordas”, “los rojos son unos cabrones” o cosas por el estilo. Con la fuerza de sus 123 diputados harían una fuerte oposición, leal, pero crítica mientras refundan el partido. Auguro que en las siguientes elecciones (no más de año y medio después, pues los matrimonios de conveniencia no suelen durar mucho), volverían a obtener una gran mayoría.

Claro, pero esto es política-ficción en un país como España, donde no es que cuesta matar al padre, sino al abuelo. Y no me digáis de nuevo que de esto no sabéis nada, que vivís en el subsuelo o en la inopia. A lo que os dedicáis es a propagar la conspiración del silencio.

Dedicado a nuestra queridísima Ángela, que estos días nos ha dejado y a la que seguro le hubiera gustado escuchar estas palabras, pues siempre que se sentaba a mi lado en nuestras comidas y cenas me preguntaba con su dulce voz, llena de total inocencia, “tú José Antonio qué piensas de esto”. Sé, creo que infundadamente, que apreciabas mi opinión. Yo te echaré mucho de menos. Vimos, con nuestros amigos, nuestra última película juntos aquí en casa, La Gran Belleza, que comienza con esta cita de Céline que cobra hoy sentido: “Viajar es muy útil, hace trabajar la imaginación. El resto no son sino decepciones y fatigas. Nuestro viaje es por entero imaginario. A eso debe su fuerza. Va de la vida a la muerte. Hombres, animales, ciudades y cosas, todo es imaginado. Es una novela, una simple historia ficticia”.

 

Anuncios

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s