RESUMEN MUSICAL DE 2015: Personal y transferible

imagesNo hay medio de comunicación que se precie que no realice a estas alturas un resumen del año que se acaba. Era yo muy aficionado a pasarme estas fechas por los diarios mainstream (en concreto El País) para leer en su suplemento dominical dicho resumen. Incluso los coleccionaba. El trastero de mi madre es testigo de ello. El último día del año acostumbraba a ponerme Radio 3 mientras fregaba los cacharros de la comida y escuchar a Julio Rey hacer su resumen musical más moderno. Ahora, mientras intentaba quemar las calorías acumuladas durante esta primera parte de la Navidad, he estado escuchando el que realiza estos días el que es ahora mi programa de radio favorito: Carne Cruda. No lo busquéis en ningún dial (ya lo suprimieron de Radio 3 y después de la SER), pues emite por internet y está autofinanciado por los que somos sus oyentes.

No sólo los medios de comunicación hacen su balance anual, cada uno de nosotros siente la tentación estos días de sentarse un momento junto a la ventana, en el soleado balcón que estos días de eterna primavera invernal nos regala el cambio climático y echar la vista atrás, a los últimos 365 días y recordar cómo ha sido el año.

Yo voy a juntar ambos quehaceres, pues Un Club Sin Socios no es sino un medio de comunicación personal para espantar fantasmas. Mi resumen anual está lleno de músicas (como la que escucho mientras esto escribo, un nuevo hallazgo: Mark Giuliana), pues mi vida está llena de ellas. No concibo mi vida sin la música y, como en la mayoría de lo que hago, voy picoteando de aquí y de allí, pues no soy ningún experto, únicamente las utilizo para acompañar cada uno de mis momentos del día. Por ello, van ligadas a diferentes instantes de mi vida, del año que acaba, de los sentimientos que suceden a cada instante. Ya aviso, antes de que nadie comente mis errores cronológicos que muchos de los discos que ahora comentaré no son propiamente de 2015, pero yo los he descubierto este año.

En los días de trabajo, suelo comenzar el día de la misma manera. Saco el coche de parking y me encamino hacia el trabajo. Hacia ese pueblo (permitidme este apelativo, aunque sé que os gusta decir que es oficialmente una ciudad, pero es mucho más entrañable este término) que me ha acogido desde hace más de veinte años y en el que ya no sé si trabajo o voy a él para recordar el mío que perdí hace casi cuarenta años. O quizá para encontrar un espacio que sea verdaderamente mío.

Muchos de esos días, para el corto viaje (algo más de veinte minutos), necesito despertar mi apatía y, entonces, nada mejor que el nuevo disco de Best Coast, publicado, este sí, en 2015. La mayoría de las canciones hacen ponerte en marcha, pero especialmente la primera del álbum (Feeling ok), que comienza con esta frase apropiada para esos días en los que te quedarías en casa, pero no puedes hacerlo: “Wake up, you know I feel ok”:

Otros días, no estás para muchas alegrías y sabes que nada animará tu desazón. Seguro que será pasajera, pero en esos momentos necesitas algo de ternura existencial y ahí tienes a Perfume Genius, un descubrimiento alucinante de hace unos años y que publicó el pasado 2014 Too Bright, que ya he glosado aquí. A veces tengo que hacer pasar algunas canciones, pues antes de llegar al trabajo necesito escuchar la última estrofa de su última canción, “All Along”, que dice así: I don’t need your love / I don’t need you to understand / I need you to listen (“No necesito tu amor / No necesito que me entiendas / Necesito que me escuches) [Nota: si eres capaz de escucharla sin que se te haga un nudo en la garganta, avísame, los ciborg existen):

También hay días en los que el aislamiento que te has propuesto de la vida política cotidiana no es posible y alguna gota ha colmado algún vaso y necesitas algo combativo. Este año conocí a León Benavente, un grupo formado por músicos de diversa procedencia (la banda de Nacho Vegas, Tachenko y Schwarz). En su primer LP han acumulado una serie de canciones comprometidas que van desde las más desesperanzadas (“La Gran Desilusión”), hasta las que denotan más esperanza (“Revolución”), pero me quedo aquí con la que abre el disco, que es un homenaje, bastante ácido, a los nos formamos en aquella patética Inmaculada Transición, y que sabemos lo que fueron los ochenta, como dice la canción:

El viaje de vuelta necesita, después del ajetreo que supone trabajar con adolescentes, algo de calma. Entonces un poco de la dulce voz de Natalie Prass, que ha sacado su primer álbum este año no viene nada mal

Y si el día sigue así, tristón y con ganas de calma, en el mp4, cuando salgo a correr por la tarde, para quemar toxinas físicas y, especialmente mentales, qué mejor que suene el último disco de otro descubrimiento que le debo a la web Deezer, la mexicana de voz angelical Carla Morrison, que este 2015 ha editado nuevo trabajo (“Amor Supremo”), que profundiza en las canciones desgarradas:

Otras veces, la desintoxicación en forma de carrera urbana necesita de referencias vitales que encuentro en letras siempre cercanas a mí. Este año, que ahora termina, ningún disco las tiene tanto como el primero en solitario de Robe Iniesta (cantante de Extremoduro), titulado “Lo que aletea en nuestras cabezas”, que tiene canciones como esta “Un suspiro acompasado”, con imágenes que se me acumulan de un pasado que aún es cercano:

La ducha reparadora puede dar lugar, si el trabajo lo permite, a la lectura de alguna obra tan embaucadora como la que en estos momentos me llena estos días de descanso, “Jo confesso” de Jaume Cabré. Para entonces, Deezer en modo Flow, no viene mal, pero en otras ocasiones, es placentero elegir música que no entretenga y que envuelva la lectura en un ambiente adecuado. Este año, entre las músicas que utilizo en estos momentos, destaco personalmente el nuevo disco de Ludovico Einaudi (conocido por el gran público por la banda sonora de Intocable y por el anuncio de este año de la lotería). Se titula “Elements” y tiene preciosidades como ésta:

También el jazz más clásico ayuda a la concentración que necesita la lectura de obras como la referida o complejos ensayos como los de Gregorio Morán que leí este año (“El cura y los mandarines” y “El precio de la Transición”). Y éste 2015 será siempre el año en que descubrí a la jovencísima voz de Andrea Motis, de la que ardo en deseos que en el próximo 2016 tenga ocasión de escuchar en directo. Acaba de sacar nuevo disco junto a su mecenas Joan Chamorro y su banda. Es una grabación en el Palau de la Música de Barcelona, que se cierra con el clásico “Feelling good”, escrita en 1965 para el musical “The Roar of the Greasepaint – The Smell of the Crowd”, con docenas de versiones (quizá la más conocida es la de Nina Simone). Ya formaba parte de su repertorio y aquí la tenemos, con sólo diecisiete años, en 2012, en una interpretación magistral (y magistralmente acompañada de, quizá, la mejor banda de jazz española actual, la de Joan Chamorro):

Y esta fue, más o menos, la banda sonora de mi vida en 2015. Sólo espero que 2016 me depare tan buenos momentos y nuevas experiencias. Prometo compartirlas. ¡Qué me queda sino!

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a RESUMEN MUSICAL DE 2015: Personal y transferible

  1. Diego Nieves dijo:

    Te dejo uno que he descubierto este año, por si no lo conoces:

    Ah. Andrea Motis tocó el año pasado aquí y tiene un directo bastante bueno. Merece la pena.

    Y aunque diferente y por otros motivos, también esta canción:

    Un saludo.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s