DE CONEXIONES Y ENSOÑACIONES: Pynchon, los senoi, J.B., la breve historia de casi todo y Cataluña

mason dixon spa 200x303Últimamente no sé si creer. Que nadie se asuste, no se trata de convertirme ahora, a mi edad, en creyente de un “paraíso reservado a los islamitas, con beldades que un libro garantiza siempre vírgenes” como escribió José María Fonollosa y cantó Albert Pla. Se trata de que me ha vuelto a ocurrir. Quien siga con asiduidad este blog, si es que aún queda alguno de mis iniciales lectores, que han aguantado tanto desvarío, ya conocerá mis referencias a esas conexiones que unen, a veces, así de pronto, sin saber muy bien cómo, elementos que, en principio, no tienen demasiada relación. Un día sueñas con escarabajos y, al día siguiente, tu hija dice que le expliques la trama de Metamorfosis, mientras en la televisión están haciendo un documental sobre la preciosa ciudad de Praga. Levantas la vista y dices “que está pasando aquí”.

No hace mucho os comentaba que este verano pareció como si Italia rondara continuamente por mi mundo (Gomorra, La Gran Belleza, Mundo Babel…) y como mi amiga, un tanto egipcia, Nemrak, que por cierto no sé si seguirá por aquí leyendo estas bobadas, habla de conexiones que unen, en ocasiones, realidades aparentemente distanciadas. Pues me ha vuelto a ocurrir. Y esta vez los elementos estaban, verdaderamente, bien separados entre sí. O al menos eso creía yo. Y si no, decidme, qué relación hay entre Mason y Dixon, de Thomas Pynchon, Una breve historia de casi todo, de Bill Brynson, La saga fuga de J.B., de Torrente Ballester, el pueblo de los senoi y Cataluña. Pues la hay. O yo la he encontrado en estos días. Paso a explicaros el proceso antes de que creáis que mis neuronas patinan.

Siempre me gustaron los libros gordos. No me refiero a las sagas tipo El señor de los anillos (que mi amigo Manolo se leyó, allá por los ochenta, en un fin de semana encerrado en su casa) o la más reciente Juego de Tronos. Me refiero a literatura de libracos, de más de seiscientas páginas. Sin retrotraerme a mis juveniles años de lector, he disfrutado horrores con los mamotretos de Murakami (1Q84, Crónica del pájaro que da cuerda al mundo o El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas), con Q de Luther Blissett, o con El día de la Independencia de Richard Ford. Hace tiempo, más de un año, mi tantas veces citado aquí amigo Joan, es lo que tiene no tener muchos, pero de calidad, me dejó para que leyera Mason y Dixon, de Thomas Pynchon. Hablaba maravillas de él, pero el libro asusta. Son 958 páginas de lectura nada fácil. Esto no es Danza de Dragones, con sus más de mil páginas, de la serie Juego de Tronos. Aquí seguir la trama cuesta. Me lo fui dejando para cuando tuviera tiempo de leer largos periodos sin interrupción, unas vacaciones o cuando la preparación de clases no me agobiara. Allí estaba, sobre el estante de las lecturas pendientes. De vez en cuando lo miraba y decía, “venga, vamos a por él, atrévete, dicen que es fantástica, debe gustarte”. Lo cogí un buen día, pero no pude pasar de las cincuenta primeras páginas. Unos meses más tarde lo volví a intentar. Leí más de cien páginas, pero, nada, era como las películas de Andrei Tarkovsky, que te tienen que gustar, pero … no le encuentras la punta. Incluso, un día hice trampa. Me salté unas cuantas páginas y me fui a la parte en que los dos protagonistas llegan a Santa Elena, quizá esta parte me enganchara. Pero nada. Creía, ahora estoy seguro, que no estaba preparado. Hace unos días, no sé bien porqué (un chamán senoi, quizá me lo diría en sueños), sentí que ahora era la ocasión. Lo comencé de nuevo y me enganchó. Y enganchado estoy, aunque sólo llevo ciento cincuenta páginas. Me ha vuelto a pasar como en otras ocasiones. Prefiero que tenga esta barbaridad de páginas para que parezca que no tiene fin. Debe haber algo en mi subconsciente que me acerca a mundos sin fin. Yo sé lo que es, pues me parezco un poco a los senoi y, en muchas ocasiones, yo también me he analizado los sueños. No sólo los nocturnos, sino los que se producen durante la vigilia. Bueno, yo sólo no. Alguna ayuda de esos amigos de calidad he tenido. No os voy a engañar.

Ya he citado varias veces a los senoi y alguno estaréis en ascuas para que os cuente quienes son. Quizá otros ya estéis en la Wikipedia para salir de dudas, aunque para ello tendréis que saber inglés, alemán, francés, finés o tamil, pues en castellano aún no han recibido la consideración de los wikipedios. Yo los he conocido en Mason y Dixon. ¿Casualidad?  Desde hace años me asalta el pensamiento de que tan real es la vida que vivimos durante los momentos de vigilia como la que disfrutamos en los sueños. Fue una de las primeras cosas que escribí allá por los primeros ochenta. Ahora creo, además, que también son reales los sueños que tenemos durante los momentos de vigilia. Creo que desde siempre he utilizado una táctica para alcanzar mis breves periodos de sueño durante la noche: inventar historias que me gustaría que me sucedieran. Ello me transporta rápidamente al sueño. Más tarde he ampliado esos pensamientos a otros momentos del día en los que disfruto de mi soledad. Quizá todo ello forme parte también de mi vida, como si fuera real. Es cierto, incluso, que alguno de esos pensamientos, que un día parecieron irrealizables, se han convertido en “reales”, si no lo eran ya anteriormente a su materialización. Pues bien, existe un pueblo en las selvas de Malasia, los senoi, que han convertido los sueños en el eje de su vida cotidiana y en el centro y fundamento de su cultura. Y gracias a ello son un pueblo pacífico, en el que no existen los enfrentamientos violentos internos, en un pueblo sin problemas mentales como la depresión, el estrés, la esquizofrenia, etc. Los senoi creen que el mundo real está en los sueños y, por ello, los utilizan para poder soportar la otra parte de la existencia: la vigilia. Por la mañana, cada familia se reúne para escuchar el relato de los sueños de sus miembros. Entre todos los interpretan y los utilizan en provecho personal y de la comunidad. Utilizan los personajes que conviven en los sueños, que creen tan reales como los cotidianos, para aprender de ellos. Esta terapia onírica les permite alcanzar una armonía personal y social sin parangón en el mundo occidental.

Por tanto, una conexión se ha producido esta semana entre Mason y Dixon y los senoi. Pero no acaba ahí la cosa. Entre mis blogs de referencia está “La página definitiva”, que podéis enlazar desde éste. La semana pasada, antes de comenzar la lectura de Mason y Dixon, venía un artículo sobre el libro de Bill Bryson, autor del cual desconocía su existencia, 1927, el verano que cambió el mundo. Como últimamente andaba perdido en qué lecturas poner en marcha, me pareció interesante y busqué en la biblioteca algún libro del autor y encontré Una breve historia de casi todo, un texto voluminoso sobre divulgación científica con un lenguaje asequible. Lo comencé, pero en el estante de los libros pendientes no hacía sino mirarme Mason y Dixon. Decidí dejar Una breve historia de casi todo para más tarde y volver a intentarlo con Mason y Dixon, algo me decía que éste era el momento. Al poco de comenzar la lectura intenté indagar algo más sobre el texto y sus mensajes ocultos, pues Joan, ya me había avisado de su existencia. Entré en un blog que parecía interesante, La medicina de Tongoi, y en el segundo párrafo del comentario sobre el libro de Pynchon, ¿a qué no sabéis cómo dice su autor que conoció la existencia de Mason y Dixon? ¡¡¡Pues leyendo Una breve historia de casi todo!!!, ya que en éste se narra las peripecias de estos personajes, que existieron, en sus viajes para la medición del mundo, entre otros, a las selvas de Malasia, donde viven los senoi. Pero, ¿qué pasa aquí? Cómo es posible que existiera esa relación entre ambos libros y sean los que yo tengo ahora en plena lectura. ¿Casualidad? ¿Eso creéis? ¿Entre dos libros que yo desconocía hasta hace poco? Pero aún hay más.

Mientras leía Mason y Dixon, y comenzaba a disfrutar de ello, me vino a la cabeza la similitud formal entre esta obra y La saga/fuga de J.B. de Gonzalo Torrente Ballester, que yo había citado a mi hijo y mi mujer la semana anterior a propósito de una conversación cuyo contenido no recuerdo, pero que iba relacionada al hecho de que la ciudad en la que se desarrolla la novela, Castroforte del Baralla, no está en los mapas ya que sus habitantes tienen la particularidad de hacerla levitar cuando están preocupados por un tema. Ello provocó que cuando llegaron los cartógrafos no la vieran pues levitaba en esos momentos. Si no habéis leído la novela, ya podéis correr a por ella, el placer de su lectura es inmenso. Por cierto, me la aconsejó hace más de tres décadas mi amigo Diego, que es junto a Joan la persona que me ha aconsejado lecturas más interesantes. Y música, dicho sea de paso. Pues bien, cuando acabo la lectura del artículo sobre Mason y Dixon en el blog La medicina de Tongoy, me entretengo en echar un vistazo a los comentarios que los lectores han hecho, de una profundidad  a veces diletante, para que luego digan que los blogs son entretenimiento baladí de frikis sin vida social. En uno de ellos aparece que la lectura de Mason y Dixon siempre le recordó a… La saga/fuga de J.B. Ya lo tenemos otra vez, una conexión que quizá sólo los senoi serían capaces de interpretar.

Y para finalizar las conexiones inconexas, estos días no hacen sino colgar en el Caralibro comentarios a tenor del asunto de Cataluña (sus elecciones, el derecho a decidir, las posturas de unos y otros). No estoy siguiendo mucho el tema, hastiado de conocer de antemano la posición de cada cual y encontrar trillados tantos comentarios. Pero, de vez en cuando, me doy una vuelta por él y en uno de ellos se recordaba estos días las declaraciones, de hace dos décadas, de Gonzalo Torrente Ballester a propósito del expolio de la documentación catalana sobre la Guerra Civil y su custodia en el Archivo de Salamanca, diciendo que se mantenía allí por “derecho de conquista”. No voy a comentar la frase, lo hace ella sola, pero sí que a veces es difícil separa la obra y el autor. Obras que te hacen disfrutar están escritas por autores con los que compartes poco de su forma de pensar.

A tenor de estas conexiones, no sé si comenzar a creer. A creer que mi mundo se está haciendo tan estrecho que los personajes que por él habitan no hacen sino chocar entre sí, como los autos de las atracciones feriales. Que, como los senoi, ya no distingo entre realidad y ensoñación. Y, qué queréis que os diga, que me está comenzando a importar poco lo que fuera de ese estrecho, apacible y reconfortante mundo ocurra.

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Una respuesta a DE CONEXIONES Y ENSOÑACIONES: Pynchon, los senoi, J.B., la breve historia de casi todo y Cataluña

  1. “Yo soy el traidor, yo abandoné La Tabla Redonda en 1936 y me salvé como pude. Aunque de eso ya hablaremos. Usted sabe como se desarrollaron los acontecimientos. El Rey Artús de entonces, por muy serenamente que haya muerto, era un imbécil”. Doncs això…

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