ATLETISMO E INMIGRACIÓN: hipocresía deportiva

201508231450163befdNo hay día en que no nos encontremos en los periódicos españoles (o europeos) una noticia sobre el drama de la inmigración africana a Europa. Ahora se ha aumentado con la procedente del conflicto bélico en Siria. Hoy (23 de agosto) dos son portada en mi diario digital de referencia: “6.000 refugiados cruzan en un día la frontera de Macedonia a Serbia” e “Italia culmina una operación masiva de salvamento en el Mediterráneo: 4.400 personas rescatadas en 24 horas”. Mientras tanto, te sientas tranquilamente en tu sofá una tarde de sábado, con tu aire acondicionado, tu gin-tonic y tu mando a distancia para contemplar la prueba de Maratón de los recién iniciados Mundiales de Atletismo de Beijin (China) y observas como el podio es copado por tres atletas africanos: un eritreo, un etíope y un ugandés. Entre los diez primeros sólo dos italianos y un atleta de Bahréin (Shumi Dechasa, nacido en Etiopía) no eran de nacionalidad africana. Sigues viendo pruebas, series clasificatorias de diferentes disciplinas por donde desfilan atletas de todas la nacionalidades, incluso de las más extrañas, como representantes de Anguila, Islas Turcas y Caicos, Monserrat (por un instante piensas que son una sección de catalanes que han conseguido la independencia y la entrada en la IAAF) o la república de Kiribati; aun siendo licenciado en Geografía e Historia necesitas unos momentos de reflexión para situarlos en el mapa.

En la placidez de la tarde, gin-tonic en mano, repantingado en el sofá, con algún que otro pestañeo por el sopor veraniego y la pesadez de los tiempos muertos entre prueba y prueba, se me comienzan a cruzar los titulares leídos en la mañana con algunas extrañas figuras de atletas. Ya he mencionado al nacido keniata y nacionalizado en Bahréin Shumi Dechasa, pero los casos se multiplican con el devenir de las pruebas. Observo que Bahréin se ha convertido en una potencia del medio fondo y fondo, pues en la prueba de 3.000 obstáculos presentan dos atletas de nombre inconfundiblemente africano (Cherutich y Koech). Mi vena investigadora me lleva a abrir el portátil y comprobar que Bahréin ha llevado diecinueve atletas, la mayoría de ellos de inconfundible nombre africano. Entre ellos, siete son mujeres de origen africano (keniatas, etíopes y nigerianas) a las que las castas autoridades del emirato musulmán no les debe parecer mal que se exhiban en pantalón corto y enseñando el ombligo, si alguna medalla cae para el país. Pero no se queda ahí la cosa. En las series de 1500 mujeres, veo participar a Sifan Hassan, por los Países Bajos. Sospecho que el nombre no es muy holandés que digamos. Investigo, de nuevo. Efectivamente, nació en 1993 en Adama, una populosa ciudad del centro de Etiopía y que llegó como refugiada a Holanda en 2008, obteniendo la nacionalidad en 2013. No fue expulsada, por tanto; quizá ayudó en algo que ese año se convirtió en campeona de Europa sub-23 de cros. ¿Qué opinará de ello el Partido de la Libertad, contrario a las adopciones de inmigrantes? Recordemos que es el tercer partido en el Parlamento de La Haya. Estaré atento el martes a la final, pues es una de las favoritas. Quizá algún líder del Partido de la Libertad derrame alguna lágrima si consigue una medalla y Sifan Hassan se pasea ufana por el anillo del Estadio Nacional de Beijín, con la bandera holandesa.

Me hace reflexionar este asunto sobre la hipocresía europea, mundial, sobre la inmigración. El deporte es un claro exponente. Los citados casos no son anecdóticos. La nacionalización de inmigrantes es una práctica antigua. En el atletismo, que ahora nos ocupa, parecía una práctica reservada a países con antiguas colonias, especialmente Francia y Gran Bretaña, pero el fenómeno se ha extendido. Se ha extendido a la par que el problema de la inmigración nos estalla en la cara cada día en las portadas de los periódicos. En el atletismo es especialmente sangrante por varios motivos: la pobreza de los países de origen y la utilización que de ellos hacen los gobiernos.

Mientras miles de africanos y africanas se juegan la vida diariamente en busca de ese El Dorado europeo que han visto en la televisión, los países europeos endurecen sus políticas de inmigración y, lo que es más grave, continúan preconizando un sistema económico basado en la explotación del Tercer Mundo: expolio de materias primas, venta de armas a guerrillas y gobiernos afines, especulación con los productos agrarios en perjuicio de los países más pobres… Mientras este drama se sucede, estos mismos países se dedican a reclutar jóvenes promesas deportivas para traerlas, esta vez sin rasgarse las vestiduras por los puestos de trabajo que puedan sustraer a los “nacionales”, pues todo se hace por el bien de la nación, la bandera y el himno, que un día será agasajada, izada y cantado en un estadio cualquiera para mayor gloria del gobierno y la patria. Ocurre en muchos deportes, pero, como decía, en el atletismo es especialmente sangrante, pues la superioridad física de los atletas africanos en la mayoría de pruebas (medio fondo y fondo, especialmente) es tal que a Europa sólo le ha quedado una salida: comprarlos. No se libra ningún país de la Europa Occidental (supongo que la Oriental no tardará en caer en el vicio).

Algunos casos son patéticos por el cinismo que reflejan en nuestra vieja Europa. Austria, gobernada por una coalición entre socialdemócratas y el ÖVP, contrario a la inmigración, sólo ha llevado cinco atletas. Entre ellos está el maratoniano Kipchirchir E. Kemboi, casado con una rubísima austriaca, gracias a lo cual consiguió su nacionalidad en 2011. A esta inmigración no parece que se oponga el ÖVP. Por otra parte, la otrora potente selección de atletismo de Alemania no hace ascos a presentar en sus filas a hijos de emigrantes africanos (como el excampeón del mundo pértiga Raphael Holzdeppe), a los que no piensa expulsar como a la familia palestina que estos días se hizo famosa en la red por la actuación de la señora (sic) Merkel. Seguro que si fuera una atleta en potencia, la cancillera le daría gustosa la nacionalidad alemana, la recluiría en un centro de alto rendimiento de su Alemania Oriental de origen y, con los medios legales o ilegales, la convertirían en una atleta de élite que pasearía la bandera por la pista, lanzando besos a toda la federación alemana. Pero también la selección alemana de atletismo se ha dedicado a la compra, dicen que fichaje, de atletas de cierta categoría originarios de Angola (Aleixo-Platini Menga) o Chad (Sosthene Moguenara). Bien haría ese grupo de descerebrados nazis que estos días asaltan los centros de refugiados en Alemania en dedicarse a buscar entre ellos a promesas del atletismo para que dentro de unos años puedan enarbolar su queridísima bandera y cantar el “Deutschland über alles” y así recuperar algo del prestigio perdido del atletismo alemán. En los pasados mundiales de Moscú (2013) sólo alcanzó la irrisoria cifra de siete medallas, tres menos que Etiopía y cinco menos que Kenia.

No hablemos ya de la selección francesa que se nutre casi en su totalidad de atletas de origen africano en primera o segunda generación. De los 46 presentados a los mundiales de Beijín, sólo catorce son de origen europeo (blancos, que se diría en lenguaje poco correcto). No sé de ello que pensará la futurible presidenta francesa Marine Le Pen. Pero también los países nórdicos, de gran tradición atlética, comienzan a nutrirse de atletas originarios de África: por Noruega compite Ezinne Okparaebo, nacida en Nigeria, con varias medallas en los europeos indoor, y por Suecia lo hace Abeba Aregawi, nacida en Etiopía, y actual campeona del mundo de 1.500.

El dinero todo lo puede y la Europa rica busca joyas emergentes o atletas consagrados que buscan el dinero fácil de los mítines y los patrocinadores millonarios. Pero también la Europa menos rica, la del sur, la que la troika ha llamado “PIGS” (cerdos= Portugal, Italia, Grecia y España), intentan suplir sus pobres resultados con atletas africanos, aunque, claro, con menos recursos y menos organización, se consiguen menos resultados. Por Italia ya ha corrido Jamel Chatbi, de origen marroquí, que no ha pasado del noveno puesto en su serie; por Portugal ya ha competido Patricia Mamona, de origen angoleño, que sólo ha conseguido la decimosexta plaza, sin pasar a la final. A Grecia ya no le quedan recursos ni para conseguir alguno de estos atletas en algún saldo, aunque en otros deportes, sí que tienen representación de emigrantes o hijos de emigrantes. En el mundo del basket, quién no conoce a “Big Sofo”, el Saquille O’Neill griego, Schortsanitis, el enorme pívot de peso tan confidencial como la clave del Teléfono Rojo, nacido en Camerún, o a los hermanos Antetokounmpo (Giannis y Thanasis, aunque se prepara la llegada de otros dos, Kostas y Francis), de ascendencia nigeriana, nacionalizados en 2013.

Naturalmente, España también se ha apuntado a la moda del fichaje de atletas africanos, ¡faltaría menos!, ¡será por dinero! España siempre ha pretendido ser una potencia en atletismo, a pesar de sus resultados mediocres. Pero sus dirigentes, especialmente el sempiterno presidente de la Federación, José María Odriozola, que la dirige desde 1989 (algún día escribiré algo sobre esa especie tan española que es el presidente de federación deportiva, que es más longevo que Jordi Hurtado, el de “Saber y Ganar”), debe codearse con lo más granado de la IAAF (Federación Internacional). Por ello, España envía siempre a todos los eventos atléticos una nutrida representación. Este año en Pekín, cuarenta y cinco atletas, al nivel de Francia y muy por encima de Italia (33), aunque la mayoría no pasen de la primera serie, a excepción de los marchadores, esa disciplina atlética que consiste, como dijo alguien, en la negación de la naturaleza, “ir deprisa, sin correr”.

España siempre ha sido un país de paso de diversas culturas y nuestro atletismo así lo constata. En la selección que el ínclito Odriozola se ha llevado a Beijín, hay un poco de todo: además de nuestra representación colonial (Aauri Bokesa, de origen guineano, aunque ya nacida en Madrid, que ha quedado última en su participación en los 400 metros), una representante de la Europa del Este, Júlia Takács, nacida en Hungría y emigrada a España con catorce años, que competirá en los 20 km marcha y un atleta de padre americano y madre catalana, Pau Tonnesen, que ha preferido competir con España para evitar la dura competencia en el equipo americano de declatón. Y naturalmente fichajes africanos: la etíope Trihas Gebre, que vino a España a correr una prueba en San Sebastián y allí la ficharon (ha sido 16ª de 24 participantes en los 10.000 de Beijín), el marroquí Adel Mechaal (corredor de 1.500, que dice correr por España mientras Cataluña no sea independiente), la nigeriana Josephine Onyia Nnkiruka, con la que España “ha puesto el huevo”, pues ha sido pillada por dopaje por cuarta vez y expulsada de la competición antes de comenzar, el también marroquí Illias Fifa y el también etíope Alemayehu Bezabeh, que correrán ambos los 5.000 metros. Nos detendremos un poco en estos dos últimos, pues sus vidas reflejan esa doble moral e hipocresía de los países occidentales europeos y, concretamente, España.

Alemayehu Bezabeh nació en 1986 en Addis Abeba (Etiopía), vivero de atletas de fondo y gran fondo, y uno de los países más pobres de la tierra (en las estadísticas de IDH – índice de Desarrollo Humano – ocupa el puesto 173º). Llegó a España en 2004 como tantos inmigrantes más, sin papeles, a buscarse la vida. Durmió en la calle y estuvo a punto de ser expulsado en varias ocasiones. Pero tuvo suerte: un hogar de acogida y un talento natural, como no podía ser menos en un etíope, para el atletismo. Entró en su vida una persona que cambió su destino: Isidro López. El dueño de las tiendas especializadas en atletismo Bikila y patrón del equipo del mismo nombre le acogió en su club. En 2008, el gobierno le concede la nacionalidad española por “carta de naturaleza” y “en interés general de la nación” (sobran las palabras) acortando los plazos legales. No ha llegado a cumplir las expectativas que el gobierno se prometía y Canal Plus vaticinaba en un documental (ver), aunque en 2013 consiguió el triunfo en el campeonato de Europa de cros.

Similar es el perfil de Illias Fifa. Cruzó el estrecho a los 16 años, desde su Marruecos natal, en los bajos de un camión, como tantos otros inmigrantes. Al ser menor pasó por varios centros de menores tutelados por la Generalitat. En Barcelona comenzó a demostrar sus cualidades atléticas, llegando a ganar la Jean Bouin, una de las carreras urbanas de mayor tradición en España (se celebra en Barcelona desde 1920), en 2011. Hasta 2012 tuvo que compaginar el atletismo con un empleo de limpiador de parkings en Barcelona, pero en 2013 acabó decantándose por la nacionalidad española, a pesar de la llamada de la federación marroquí.

Como en tantas cuestiones de esta vida, la definición de un concepto depende de su posición en nuestra escala de valores. O en la escala de valores que el Poder quiera otorgarle. Un inmigrante ilegal pasa a ser un héroe si reporta beneficios al Poder, al Estado, a la Patria, y hondea nuestra bandera y llora al sonar nuestro himno.

¿Existiría otra forma de hacer las cosas? Siempre existe. Los países que fichan a estos atletas que quieren salir de la miseria, podrían invertir en su país de origen. Crear escuelas de atletismo, dotarlas de los mejores medios, de los mejores entrenadores. Dejarles desarrollarse en su país y competir por él. Cuando logren éxitos, ellos mismos podrán convertirse en entrenadores, en agentes, en ojeadores de futuras estrellas. Entonces ya no les hará falta nuestra ayuda. Con las ganancias quizá podrían financiar la construcción de alguna escuela en su pueblo natal o un hospital en su región de origen. Pero claro, eso sería hacer las cosas con una ética que nuestro nacionalismo capitalista no puede permitirse. Si hiciéramos las cosas de otra manera, cumpliríamos el viejo proverbio chino “regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día, enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”, pero, además, en sus propios ríos.

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2 respuestas a ATLETISMO E INMIGRACIÓN: hipocresía deportiva

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