LA GRAN BELLEZA: De como descubrir que es un truco

decadencia-300x204Hay películas que nunca me cansaré de ver: Amanece que no es poco, American Beauty, Casablanca, Mujeres al borde de un ataque de nervios, Uno, dos tres… Hace un par de días volví a ver La Gran Belleza (Paolo Sorrentino, 2013) y de nuevo entró en mi vida como la primera vez. Ya comenté aquí mismo que se trata de una de esas películas que en el fondo las amas porque hablan de ti mismo. O porque tú quieres creer que hablan de ti mismo. Las haces tuyas, como algunas obras literarias. Las amas porque tu miserable vida nunca alcanzará las cuotas de belleza de los personajes que allí se desenvuelven. Hay obras de arte (cine y literatura, especialmente) que te atraen por su factura, por cómo reflejan un mundo ajeno, pero que te impacta por su realismo, a veces duro realismo. En estas primeras semanas de vacaciones he vuelto a ver Gomorra, la serie, de una crudeza impresionante. Es una serie inquietante, pues te pasas los primeros capítulos intentando identificarte con alguno de los personajes, pero, poco a poco, te vas dando cuenta de que todos son absolutamente miserables, rastreros, violentos, odiosos… ¿Cómo la vida misma?

En La Gran Belleza, como en muchas obras literarias y cinematográficas, acabas viendo tu propia vida. Por ello, dependiendo de tu situación ves una película u otra. Es lo que se denominan múltiples lecturas. Pero la película no tiene múltiples lecturas, tú tienes múltiples lecturas. La película comienza con una cita de Celine, en su Viaje al fin de la vida. “Viajar es útil, ejercita la imaginación. Todo lo demás es desilusión y fatiga. Nuestro viaje es enteramente imaginario. Ahí reside su fuerza. Va de la vida a la muerte. Personas, animales, ciudades y cosas, todo es inventado. Es una novela, nada más que una historia ficticia. Lo dice Littre, él no se equivoca nunca. Y además, cualquiera puede hacer otro tanto. Basta cerrar los ojos. Está en la otra parte de la vida”. Y acaba con un monólogo de Gep, el protagonista, en un tono semejante: “Termina siempre así, con la muerte. Pero antes, hubo vida. Escondido debajo el bla, bla, bla, bla. Y todo sedimentado bajo los murmullos y el ruido. El silencio y el sentimiento, la emoción y el miedo. Los demacrados, caprichosos destellos de belleza. Y luego la desgraciada miseria y el hombre miserable. Todo sepultado bajo la cubierta de la vergüenza de estar en el mundo. Bla, bla, bla, bla. Más allá, está el más allá. Yo no me ocupo del más allá. Por tanto, que esta novela dé comienzo. En el fondo, es sólo un truco. Sí, es sólo un truco.”

Durante toda la película se nos ofrece un paseo por la vida de Gep, sus amigos y conocidos desde su juventud. Ha cumplido 65 años y hace repaso a su vida, mientras nos enseña Roma. Y su falsedad, como la de toda la vida, todas la vidas. Quien se vea atraído por el título o algún comentario pensando que encontrará en la película una especie de decálogo a lo Jorge Bucay o Paulo Coelho para amar la vida, se equivoca. No lo olvidéis, es todo un truco. Y cada día nos inventamos nuevos trucos para seguir aquí, dándole vueltas a nuestro mundo, como Gep lo da a Roma. En realidad la película no hace otra cosa que lo mismo que Gep realiza con su amiga Estefanía en una de sus más memorables escenas. Esta madura activista de izquierdas e intelectual de poca monta intenta convencer a sus amigos de que su vida ha tenido sentido: ha sido madre y mujer. Pero todos en la reunión saben que es mentira, como es mentira la vida de cada uno de ellos. Al final Gep se lo toma en serio y le lanza las verdades que todos conocen, pero por mantener la amistad de Estefanía, por educación, porque son gente tranquila, nadie dice nunca:

“Stefa, tú lo has querido. En orden aleatorio… Tu vocación civil en la universidad no la recuerda nadie. Sin embargo muchos recuerdan otra vocación. Una vocación que se consumía en los baños de la universidad. Escribiste la historia del partido porque eras amante del líder. Tus 11 novelas publicadas por una pequeña editorial suscrita al partido, analizadas en pequeños periódicos cercanos al partido… son novelas irrelevantes, lo dice todo el mundo. Eso no quita que mi novelita juvenil fuera irrelevante, tienes razón. Tu historia con Eusebio… ¿cuál? Eusebio está enamorado de Giordana. Lo sabe todo el mundo. Hace años que comen en Arnalda, en el Panteón, bajo el perchero como dos enamorados bajo un roble. Todos lo saben pero fingen como si no. La educación de tus hijos que llevas minuto a minuto… Trabajas toda la semana en la TV, sales todas las noches, incluso los lunes, cuando no salen ni los camellos de popper. No estás con tus hijos ni en las largas vacaciones que te concedes. Además precisando, tienen mayordomo, un camarero, un cocinero, un chófer que lleva a los niños al colegio y tres niñeras. ¿Cómo y cuándo se manifiesta tu sacrificio?… Estas son tus mentiras y tu fragilidad. Stefa, madre y mujer. Tienes 53 años y una vida devastada. Como todos nosotros. Así que en lugar de darnos clases de ética y mirarnos con antipatía, deberías mirarnos con afecto. Estamos todos bajo el umbral de la desesperación. No tenemos más remedio que mirarnos a la cara, hacernos compañía, tomarnos el pelo. ¿O no?”.

 

Impresionante, demoledor, absolutamente real. Es genial en la escena como la cámara recorre sus caras, mientras Gep le suelta este discurso a Estefanía, y le indican que calle o en su rostro se refleja la inquietud de quien está pensando “vaya, la está liando”. ¿Cuántos de nosotros no nos hemos callado comentarios semejantes ante nuestras amistades? De todas formas, Gep es un personaje de ficción, fijaos que no os aconseja que lo hagáis: “Estamos todos bajo el umbral de la desesperación. No tenemos más remedio que mirarnos a la cara, hacernos compañía, tomarnos el pelo. ¿O no?”. Pues eso. Seguid leyendo a Bucay, a Coelho, pero no olvidéis que es todo un truco.

La primera vez que vi la película (ya llevo tres, la última en VOS, escuchando la impresionante dicción en italiano de Toni Servillo) me atrajo una de sus frases: “El descubrimiento más consistente que he hecho tras cumplir 65 años es que no puedo perder tiempo en hacer cosas que no quiero hacer”. La repetí en tertulias diversas como pretendiendo aplicármela a mí mismo. Diciendo, supongo, que yo con menos edad iba a ponerlo en práctica. Pero no es cierto, yo no soy capaz de aplicar la máxima de Gep. Y lo peor es que todo aquello era un truco, otro más, yo sabía que no sería capaz. He seguido haciendo cosas que no quería hacer. Es más no sé si las cosas que hago las quiero hacer. Quizá a cada uno de vosotros os suceda lo mismo, pero también os mentís, como yo. Mientras veía por tercera vez la película el otro día, pensé que lo que verdaderamente me gustaría a mí es algo diferente. Parafraseando a Gep: “El descubrimiento más consistente que he hecho tras cumplir 52 años es que sigo sin hacer cosas que me gustaría hacer”. Y no las hago porque no soy un personaje de ficción.  ¿O sí? Cuando veo mi imagen reflejada en un espejo, veo que soy real, que ya ha pasado el tiempo por mi rostro. Pero quizá por mi mente no. Y hago cosas que no se corresponden a mi edad, a mi condición, a mi personaje. Otras las planeo, pero, como no soy tan valiente como Gep, las abandono, pues no forman parte de lo que la ficción espera de mí. Una de ellas es continuar escribiendo este blog. ¿Tiene sentido? No, pero de alguna forma tienes que abrir la puerta para que los fantasmas se escapen. Quizá todos somos así. Un truco. Pero la realidad no nos atrevemos a contárnosla. En mi vida hay pocas personas que conozcan mi realidad (¿tan sólo dos, quizá? Además, no todos tenemos un Gep que nos la suelte a la cara. Quizá para eso está el arte. Para que tú mismo descubras que vives en un continuo espectáculo de magia. Con sus trucos.

Todos, cuando vemos una película o leemos un libro, creo que intentamos identificarnos con un personaje. Yo, desde la primera vez que vi La Gran Belleza, me identifiqué más con Romano, el amigo de Gep, que con éste. Un aprendiz de escritor que a lo más que llega es a poder intentar adaptar a D’Annunzio al teatro y a escribir algunos monólogos para recitar en cafés-teatro. ¡A mí, con frecuencia, no me hace falta un Gep que me cuente mis verdades, yo me las conozco y me las digo! ¿Un truco?

No me había percatado, en las dos anteriores veces que vi la película, lo cercano que me es uno de esos monólogos de Romano. El último antes de que le confiese a su amigo Gep que se vuelve a su pueblo, de donde, quizá, nunca debió salir hacia esa Roma llena de personajes vacíos. Dicho monólogo habla de los veranos, como éste:

“Me he pasado todos los veranos de mi vida haciendo planes para septiembre, pero ya no. Ahora me paso el verano recordando los planes que hacía y que se han desvanecido. Un poco por pereza y otro poco por miedo. ¿Qué es lo que tenéis contra la nostalgia, eh? Es la única distracción que nos queda a los que no tenemos fe en el futuro. La única. Sin la lluvia, agosto se termina y septiembre no empieza. Y yo soy muy ordinario, pero no hay que preocuparse. Está bien, está bien así”.

Es suficiente. Volvamos a la representación. Nos espera nuestro público. Aunque quizá nos ocurra como a Simon Axler (La humillación, Philip Roth) y un día perdamos nuestro encanto y ya no nos recordemos de actuar.

Dedicatòria: A altre Toni (com Toni Servillo, el actor que encarna a Gep), doncs ja he vist que segueixes aquest bloc. Veritablement, veure que així és, en la distància, m’anima a continuar representant aquest personatge en Un Club Sin Socios, si no ja hauria tancat la funció.

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Un socio sin club
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4 respuestas a LA GRAN BELLEZA: De como descubrir que es un truco

  1. Juan José Castells López dijo:

    Ara, després d’anys de lenta construcció d’un personatge ( persona? ), és quan més clarament ens asalta el dubte: Si no ets eixa persona ( personatge? ), per que està clar que no ho ets, qui ets tú? On t’has quedat? Pots trencar amb una persona que ja saps que no ets? Per a ser qui? L’engany. sota l’efecte del qual has funcionat els darrers anys, ja no s’aguanta més dins el teu cap, sovint la resta del món continua avaluant-te com la persona que has construit i que ja saps que no ets. I baixar-se de l’autob´s no està permés, llevat que acceptes relliscar suaument cap a la figura del “homeless”, del SDF, d’aquell que no té més que passat i que renuncia al futur. En realitat ja no impora qui ets, això és un peatge que has degut pagar per a lliberar-te d’altres cadenes. Ara ja sols importa el que fas, com de fet sempre ha sigut, el teu personatge valida el que fas, però ja no necessites que el que facis valide el teu personatge. Eres lliure, espantosament lliure per a explicar que tot ha estat mentira,que has descobert que t’has inventat a tú mateix per a tenir un lloc al sol amb els demés, però que, una vegada fet, tot s’ha convertit en un mar de dubtes i incerteses.
    Céline no era esgarrifadorament jove quan va escriure ” Voyage..”, tot i això, encara van passar vora 30 anys fins la seua mort; repassant la meua biografía, sempre m’he considerat un supervivent, potser només he sigut un altre mentider. Tal vegada ja no importa si has estat un gran mentider si deixes que el teu cor parle i que parlen per tú eixos centenars de cors que t’han emocionat i t’han fet oblidar la persona ( personatge? ) que tan acuradament havies dissenyat.Bon estiu, Jose,el necessitem.

  2. Pingback: DECIR ITALIA, ES DECIR…: La culpa es de Il dolce far niente | Un club sin socios

  3. carlos dijo:

    Gracias por tu crítica, me he identificado mucho con ella, una gran película para mi la veedad, y solo tengo 32 años, está película me ha enseñado mucho. Un abrazo desde Valladolid

    • Encantado de que te haya gustado. No sólo es una gran película, sino que conforme la ves más veces encuentras nuevas enseñanzas y, en mi caso, motivos para hacerla especial. Saludos desde Alicante y espero seguir contando contigo.

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