OBITUARIO EN NEGRO HUMOR: Muere Javier Krahe y con él la irreverencia

548b4603c387fComo si todo formara parte de un plan diabólico del destino, ayer murió Javier Krahe, cantautor madrileño ligado, a mi entender, a una palabra: la irreverencia. Ahora que son tiempos de mordaza, de perseguir twiteros, de encausar cantantes irrespetuosos, de censurar webs y otros modernos centros de opinión mordaz, parece que Javier ha acabado diciendo “¡que os den!, ahí os quedáis”. Seguro que si seguía siendo fiel a sí mismo, cosa que siempre fue, hubiera acabado multado, censurado, encausado y, quizá, encarcelado en los tiempos que corren.

Me da la impresión de que este blog está acabando por convertirse en un espacio de nostalgia ochentera, galería de homenajes a héroes caídos y recuerdo de viejos tiempos. Es lo que tiene hacerse mayor, que ya no te queda más que pasado y que el pasado va haciéndose cada vez más lejano y algunos de los personajes que te han acompañado casi toda tu vida se quedan por el camino. Aquí he recordado a Labordeta, Carrillo, Antonio Vega, Drazen Petrovic o Fernando Martín. Ahora le toca a Javier Krahe. Quien me ha seguido en estos años que llevo desahogando mi tiempo, mis pensamientos o mis cabreos ya sabrá que Krahe ha sido un personaje varias veces citado por mí. Incluso le dediqué un par de entradas concretas. Una consagrada (¡qué ironía tienen a veces las palabras!) a glosar las diferencias entre las carreras musicales y personales de él mismo y de Sabina y otra a colación de la entrevista que otro Javier, Gallego (El Crudo), le realizó a finales de febrero de 2011.

No voy a glosaros la vida y milagros de Javier Krahe, ya lo han hecho muchos medios en el día de hoy, sino a describir mi relación con él, como en otras ocasiones realicé en momentos de obituarios varios. Porque lo necesito, porque para ello creé este espacio, porque me gustaría conversarlo con alguno de mis conocidos, pero el abandono del verano me deja pocas oportunidades y mi querido amigo Joan también debe descansar de mis largas y tediosas peroratas. Y, quizá también, para que alguno de mis alumnos conozca por voz de su viejo, cada vez más, profesor de Historia quien fue Javier Krahe. Uno de esos personajes que cada año cito cuando llega el momento de explicar la Transición Española, pero que no sale en los libros de Historia, aunque yo me encargo de rescatar, gracias al Youtube, del fondo de la memoria de muchos que hoy habrán hablado de su influencia, su libertad de pensamiento, su radicalidad, su irreverencia, pero que en su momento escuchaban sus discos en la clandestinidad del despacho de casa, pues habían desaparecido de la guantera del coche oficial aquel día de 1986 en que Felipe González prohibió a su queridísima amiga Pilar Miró que “Cuervo Ingenuo” sonara en el concierto que en el teatro Salamanca de Madrid se celebraba para pedir el No a la OTAN.

Javier Krahe pertenecía a esa galería de personajes que todos hemos identificado con una época que vivimos, los ochenta, y una ciudad que hubiéramos querido visitar entonces, Madrid. Ahora existe mucho cincuentón con ínfulas de modernez que asegura haber vivido aquel Madrid de Tierno Galván como alcalde, de Malasaña, de Rockola, de los fanzines, pero, la mayoría, como yo, no salieron, nunca, como yo, de su pueblo y conocían todas aquellas cosas por los programas de radio de Radio 3, programas televisivos como Popgramana, Musical Express o La Edad de Oro o la visita de algún amigo, conocido o excompañero que había decidido estudiar su carrera en Madrid (eran tiempos en los que no había una universidad en cada provincia e incluso dos o tres). Así conocí yo a Javier Krahe, gracias a Manolo, Mangual, el cual tenía una colección de discos propios y de sus hermanos que no parábamos de escuchar en aquellas tardes y noches de los primeros ochenta en su casa, que era nuestro refugio. El disco era el mítico “La Mandrágora”, que habían grabado entre el propio Javier, Sabina y Alberto Pérez. Fue todo un descubrimiento. No sólo de las canciones de los propios cantantes sino de Brassens, al que homenajeaban con varias versiones (“Marieta” o “La tormenta”). El proyecto de La Mandrágora no tuvo continuidad y cada uno derivó hacia carreras en solitario. No voy a insistir en las diferencias entre el inconformismo libertario de Krahe y el conformismo socialdemócrata de Sabina, pues ya les dediqué un artículo que más arriba os enlacé.

Krahe pertenecía, también, a ese Madrid burgués, libertario e irreverente, aunque ahora estos términos suenen a contradictorios. Estoy seguro que algún blog, diario digital o twitero fascistoide ha recordado hoy su origen social: nacido en el megapijo barrio madrileño de Salamanca, estudió en el supermegacyberpijo Colegio de El Pilar. Allí compartió aula y patio con lo más granado de los padres, madres, sobrinos, yernos y cuñados de la Transición Española como Juan Luis Cebrián (primer director de El País y actual jefazo de Prisa), Rafael Arias-Salgado (mano derecha, derechísima, de Adolfo Suárez), Javier Rupérez (otro ucedista de pro), el filósofo Fernando Savater (del sector nacionalcentralista), Javier Solana (socialista de “¡OTAN NO, Bases fuera!” y presidente más tarde de la Alianza Atlántica, o sea, la OTAN) o Alfonso Ussía (periodista, versión bocazas, de ABC y La Razón); y también de hombres de las finanzas de la “categoría” de Juan Abelló o Alberto Alcocer y Alberto Cortina (“Los Albertos” se les llamaba en los noventa, casados ambos con las hermanas Koplowitz, Alicia y Ester, dueñas de Construcciones y Contratas). Me imagino al adolescente Krahe contando algún chiste verde o anticlerical en aquel patio del Colegio El Pilar, donde se criaban tan preclaros hombres de la patria, las letras y la empresa.

Encerrado en los garitos de Madrid, pasó durante años desapercibido para mí. Hasta que en 1986 volvió a aparecer en la gran escena, rodeado, nuevamente, de la polémica. En 1986, en vísperas del referéndum para la salida-permanencia en la OTAN, ese momento que marcó para siempre a una juventud que nos creíamos capaces de cambiar algo y que nos llevó a muchos hacia la pendiente de la desazón, el descreimiento, la desesperanza y el desencanto (que dirían los Panero de Jaime Chavarri) se planificaba un multitudinario concierto en el teatro Salamanca de Madrid de Sabina y el grupo Viceversa, televisado por TVE, la Única, en aquel entonces. Se rumoreaba que iba a ser una reunión de izquierdistas recalcitrantes que no se habían dado cuenta de lo bueno que era ahora la OTAN, incluso alentar a policías para acabar en una guerra sucia con ETA. Allí estaban Luis Eduardo Aute (el de “Al Alba”, cuya canción homenajea a los etarras fusilados por Franco en 1975), Javier Gurruchaga (del sector vasco más festivo y bastante travesti), Ricardo Solfa, un personaje que merece él solo un artículo que llenaría varias páginas con sus diferentes alter egos (Jaume Sisa o El cantautor galáctico) y el propio Krahe, que acaba de componer “Cuervo Ingenuo”, una canción que glosaba la doblez socialista en temas como la OTAN, la reconversión industrial o las torturas policiales.

Tú mucho partido, pero

¿es socialista, es obrero,

o es español solamente?

Aquellos demócratas socialistas, encabezados por la directora de Televisión Española, Pilar Miró, amiguísima de Felipe González (no en vano a su único hijo, cuyo padre nunca se reveló, le llamó Gonzalo), solicitaron a Javier Krahe que no cantara aquella canción a lo que él se negó. Javier subió al escenario, pero el realizador José María Quero, dejó de emitir durante la canción. De todas formas, alguien gravó las imágenes que han quedado para la historia y que yo reproduzco cada año en mis clases para ilustrar aquellos momentos de la Transición Española:

 

Yo seguía, bastante esporádicamente tengo que decir, la carrera de Javier Krahe, pero sobre todo era testigo de sus andanzas como irreverente personaje. En 2004 volvió a meterse en otro lio, que ilustra nuestra sociedad y cómo cambian los tiempos. Durante un programa de Canal Plus (propiedad de Prisa, que dirigía su compy de El Pilar Cebrián), Lo más Plus, dirigido por Máximo Pradera, otro hijo de papá (Javier Pradera) de la progresía madrileña más adocenada y servil. El presentador quiso hacerse el graciosillo ilustrando una entrevista a Krahe con un fragmento de la película Esta no es la vida privada de Javier Krahe, que incluía una parte, sin su autorización, de un vídeo casero en el que se ofrece una receta para cocinar un crucifijo, con sus patatas y cebolletas, gravado en ¡1978!. Inmediatamente, toda la sociedad bienpensante española arremete contra Krahe, incluido el propietario de Canal Plus y Prisa, Jesús de Polanco, que le declara persona non grata, para que en ninguno de los medios de su propiedad (entonces la mayoría de la radio española, por ejemplo, como La Ser, Antena 3 Radio, Los Cuarenta, M80 Radio o Cadena Dial) aparezca ni él ni sus canciones. Otro ejemplo más de lo “demócratas” que eran, son, aquellos miembros de la izquierda de mentira. Seguro que Polanco llamó a su despacho a Cebrián y le preguntó: “pero, ¿este Krahe no fue compañero de clase tuyo en El Pilar?, pues vaya educación que le dieron”. “Lo siento, padre padrone, debió decir Cebrián, es que se fue a Canadá y conoció una muchacha un poco hippie que le hizo escuchar a Leonard Cohen”.

La querella fue archivada en dos ocasiones, pero una asociación de juristas (Tomás Moro) volvió a interponer recurso, el cual se vio en vista oral en mayo de 2012 (¡ocho años después de los hechos!). Allí comparecieron, arropando a Krahe, lo más granado de la irreverencia española (Anton Reixa, Miguel Ríos, Alex de la Iglesia, Leo Bassi, el Gran Wyoming), algunos de los cuales habían participado en la grabación casera en una fiesta privada. La asociación jurídica pretendía que se aplicara el artículo 595 del Código Penal, reformado en 1995 (con el último gobierno de Felipe González) que defendía “los sentimientos religiosos de los miembros de una confesión religiosa”. El fiscal se negó a presentar cargos y el juez no sólo dictaminaba que no había delito sino que los hechos eran el resultado del legítimo ejercicio de una expresión artística que “con un componente burlesco, hizo una crítica del fenómeno religioso en nuestra sociedad”. En el corto, según el juez, había “un inequívoco sentido satírico, provocador y crítico, pero no el de ofender”. ¡Qué tiempos aquellos de 2012, cuando España era un país libre y sin mordaza! Ahora a Krahe le hubiera caído una multa, hubiera tenido que dimitir (no sé de qué, pero hubiera tenido que dimitir, pues lo habría pedido Esperanza Aguirre) y el juez hubiera sido inhabilitado de por vida.

A finales de 2013, Javier Krahe publicó el que será su último disco, “Las diez de últimas”. ¡Qué título tan agorero! Como si el propio Krahe se hubiera aplicado ese humor negro que tanto está ahora de moda y que él tanto usó contra todos. Javier Gallego le hizo esta entrevista en su programa “Carne Cruda”, cuando aún se emitía en la Cadena Ser. Sí, aquella que le había negado el pan y la sal en 2004. ¡Ironías de la vida! Una más en la vida, y la muerte, de Javier Krahe. Aquí os dejo el podcast del programa y las imágenes de la polémica. ¡Hasta que el tema de la Transición nos vuelva a unir, GRACIAS, compañero Krahe!

http://cadenaser.com/programa/2013/12/18/audios/1387336422_660215.html

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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