EL PSOE VUELVE AL MARXISMO: Pedro, Susana y Groucho.

3241102767_6303fe9204_mCorría el año 1979.Todo estaba preparado en el Palacio de Congresos de Madrid. En la puerta de entrada ondeaban unas cuantas banderas rojas. De un rojo intenso. Un rojo revolución. Se celebraba el 28º Congreso del PSOE. En el momento de la apertura, los primeros aplausos fueron para el Presidente del partido, Ramón Rubial, que no podía acudir por estar hospitalizado debido a una afección cardiaca. Era un viejo combatiente socialista. De los de antes: obrero (tornero fresador), vasco hijo de emigrantes, revolucionario en aquel fracasado octubre de 1934, encarcelado por ello, detenido tras la batalla de Norte por las tropas franquistas, condenado a muerte, conmutada la pena por otra cadena perpetua en un pelotón de trabajo, huida frustrada por el inspector torturador Melitón Manzanas, destierro a las Hurdes y continuas detenciones por sus intentos de reorganizar el PSOE. Todo un ejemplo para aquellos jóvenes socialistas que ahora dirigían el partido. El primero en tomar la palabra fue Alfonso Guerra, que se dirigió a los asistentes con aquel “compañeros y compañeras” que se convertiría en un clásico de la dicción guerrista. A continuación, habló a los asistentes don Enrique Tierno Galván, en su calidad de alcalde de Madrid, sede del Congreso. El viejo profesor sabía cómo realizar una buena puesta en escena: allí estaba, con su aire de catedrático bonachón, con su clavel rojo en la solapa y su dicción magistral. Pidió a todos alzarse para cantar la Internacional, lo cual cumplieron con el puño en alto. A la vieja usanza revolucionaria.

Se te pueden saltar las lágrimas al ver ahora el documento, que guarda el archivo de RTVE, no sé si de pena, de lástima o de risa, al ver a Felipe González, Alfonso Guerra o Javier Solana (futuro Secretario General de la OTAN) cantar ufanos aquel himno que había sido el oficial de la Unión Soviética hasta 1943. Pero no todos en la mesa levantaron el puño. No lo hizo Enrique Múgica, pero bueno, él no era un socialista de pro. Se había incorporado al PSOE desde el PCE, sector católico arrepentido de sus culpas. ¿Era aquello una señal?

Seguidamente subió al estrado el Secretario General, Felipe González, que dijo que su discurso sería breve: una hora y diez minutos tardó. Se ve que entonces todavía medían el tiempo de sus discursos con la escala castrista. El camarada Fidel era raro que se demorara menos de cuatro horas en los suyos. Aún ostenta el récord de discurso más largo ante la Asamblea de la ONU, con cinco horas, y eso que también anunció que sería breve. Claro, cinco horas para Fidel eran simplemente un exordio, pues en 1968 realizó uno de doce horas, con un único descanso. Ante ese ambiente teñido de rojo, las acreditaciones, el tapete de la mesa, el atril, todo era de ese color, Felipe González anunciaba que, después de haberlo meditado mucho, pensaba, y lo decía a título personal, no como Secretario General, que “había que ser socialistas antes que marxistas”. Lo decía a título personal, pero el muy truhán, acabó dimitiendo ante la derrota de sus tesis ideológicas.

El partido se encontró descabezado, pues con él se marcharon todos los miembros del “clan de la tortilla” (Yáñez, Guerra, Chaves) y “acoplados”, que dicen ahora (Solana, Múgica, Redondo…). El partido pasó a ser dirigido por una gestora comandada por José Federico de Carvajal, un histórico socialista proveniente del sindicalismo ugetista, al que después le pagó Felipe González sus servicios convirtiéndolo en el primer presidente socialista del Senado en 1982.  Tras unos meses de intentar encontrar una salida, en septiembre se inician los debates del Congreso Extraordinario. A las once treinta, dicen las crónicas, puño en alto, a los acordes de la Internacional, entra en escena Felipe González, que es recibido por una señora de edad, pelo blanco, pinta de vieja militante socialista republicana, y le planta cuatro candorosos besos en las mejillas. Quizá toda la escena fuera preparada por el teatrero de Alfonso Guerra, que se jactaba de leer hasta cuatro libros al mismo tiempo y que había pertenecido a los numerosos grupos teatrales universitarios.

Finalmente, Felipe se salió con la suya. Fue elegido Secretario General, de nuevo, retirándose el término marxismo del corpus ideológico del partido, manteniéndose sólo en la introducción como un referente histórico.

Ahora, treinta y cinco años más tarde, a tenor de las últimas noticias leídas en el que otrora fuera casi la publicación oficial del partido, El País, una especie de Pravda soviético a la española y dirigido por un pilarista (en cuanto que alumno del superpijo colegio de El Pilar de Madrid) de raíces falangistas como Juan Luis Cebrián, creo que el PSOE vuelve al marxismo. Sólo que parece que, después de tanto tiempo fuera de él, cuando han ido a la biblioteca a ilustrarse con las ideas del viejo filósofo, se han equivocado de autor. Quizá uno de estos jóvenes socialistas llegara a la biblioteca de su ciudad y recorriera las estanterías para buscar obras de Marx con las que dar un impulso ideológico al maltrecho partido. Fue a la M y recorrió con la vista los lomos de los polvorientos libros, llegó a Marx y dijo, voilà, aquí está, pero no comprobó que antes de Karl Marx, está Groucho Marx, y ya la ha liado. Quizá también le pudo despistar la primera frase que leyó en la contraportada del primer libro que cogió: “una de las mejores frases del autor es estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”. Le cuadraba perfectamente con lo que había visto hacer a sus antiguos maestros del partido: Felipe, Alfonso, Luis Solana (de “OTAN no, bases fuera” a Secretario de la misma”), al referido Múgica (de comunista seminarista a apoyar la construcción de muro de Gaza por los israelíes), a Barrionuevo (de antifranquista a impulsor de los GAL), y tantos otros.

Verdaderamente, el socialismo español parece que ha entrado en una nueva fase marxista. De Groucho Marx, naturalmente. La actual dirección recuerda bastante al famoso camarote de los hermanos Marx, en la película Una noche en la ópera. En la misma, dos chicas dicen venir a limpiar el camarote, una de ellas debía ser Susana Díaz, seguro, que desea higienizar la suciedad que se viene acumulando desde la llegada de Pedro Sánchez. En los minutos siguientes, en la escena no para de entrar gente en el camarote. Vamos, como la última semana en el PSOE: además de los mencionados, hemos tenido noticias de Zapatero, de Bono, en cuya casa se ha celebrado la entrevista entre aquel y Pablo Iglesias (PODEMOS), y decenas de candidatos a alcaldías y autonomías que han entrado en escena para apoyar a unos u otros.

No saben todos estos nuevos socialistas que lo que Zapatero pretendía con su entrevista no era otra cosa que poner en práctica el nuevo marxismo grouchiano, pues otra de las máximas del maestro era aquella de que “La política no hace extraños compañeros de cama. El matrimonio sí”. Por lo tanto, porqué no un matrimonio político PSOE-PODEMOS, debió pesar el candoroso expresidente Zapatero. Pero, claro, si a la presidenta andaluza le está costando aguantar su matrimonio con Izquierda Unida, cómo iba a aguantar uno con PODEMOS. Eso sería como casarse con el diablo. O peor, practicar el bestialismo. Y claro, una cofrade de La Esperanza de Sevilla cómo iba a matrimoniar con los de PODEMOS, cuya candidata sevillana Begoña Gutiérrez, ha tenido la feliz idea de pretender llevar a referéndum la Semana Santa de Sevilla.

Estamos, por cierto, asistiendo estas últimas semanas a una reproducción de la famosa escena de “Los hermanos Marx se van al Oeste”, cuando, para hacer marchar el tren (léase la política de la Transición) se dedican a desmontarlo al grito de “más madera, esto es la guerra, más madera”. Así es, los conductores de este vehículo, ya casi desvalijado, que es la Transición, es decir los medios de comunicación, se han lanzado a seguir las órdenes del marxismo grouchiano. Esto es la guerra. El antiguo diario oficial, El País, ha tomado partido por Susana. Creo que su dicción andaluza, sus dotes para la vacía oratoria o su capacidad para enfrentarse a la izquierda radical (sea Izquierda Unida o Podemos), esos comedores de niños, le recuerdan a aquel joven Felipe González que tanto hizo por el socialismo, y por el grupo PRISA, dicho sea de paso. Mientras tanto creen que el guapo Pedro Sánchez no es sino otro blando al estilo Zapatero, que tiene menos posibilidades de reflotar el PSOE que Belén Esteban de entrar en la RAE. La edición del pasado jueves era paradigmática. A doble página, ilustraban el debate socialista y el lío de la entrevista entre Zapatero y Pablo Iglesias con dos fotos. A la izquierda, Pedro Sánchez saludando al “vendido” de Zapatero, a la derecha (del Señor, si fuera preciso) Susana Díaz rodeada de unos cuantos candorosos niños, con una maternal sonrisa, mientras deshoja la margarita del adelanto electoral. En la misma edición de El País se prosigue su campaña anti-PODEMOS, con unos tintes xenófobos que enturbian, y convierten en hipocresía (ya nos imaginábamos que lo era) el tan repetido eslogan “Je suis Charlie” con el que nos bombardearon la semana pasada. Ahora resulta que tener afiliados musulmanes es un desdoro. O así lo cree El País que titula “El Círculo islámico de Podemos” para hablar de un sector del partido cuyos miembros profesan la religión de Alá y que se llama “Círculo Musulmanes”; pero, claro, es más impactante decir islámico, suena más… como diría… potente, violento, repugnante, odioso.

Mientras tanto, el ABC, portavoz de la Casa Real, reinante o no, ha tomado partido por Pedro Sánchez. En su editorial del viernes le apoyan ante el torpedeo proveniente del sur y recuerdan lo ya sucedido con Josep Borrell en 2003 cuando los ataques del felipismo y El País le obligaron a dimitir. Creo que ABC piensa que un PSOE dirigido por Pedro Sánchez se hundirá en la miseria, parte de sus votantes acabarán votando al PP, perdonando  los pecados veniales de los recortes ante la mejoría macroeconómica. Además, el socialismo andaluz siempre le ha provocado cierto repelús al monárquico periódico.

Susana, a pesar de su catolicismo, practicante o no (fuera de su abnegada labor como costalera de La Esperanza), también se ha convertido al marxismo, versión grouchiana. Es lo que tiene enviar becarios a repasar las clases de Filosofía del instituto, que confunden a Karl con Groucho. Así debe ser, pues la hemos visto, estas últimas semanas, aplicar algunas de las máximas de nuestro inefable hombre del bigote pintado y el puro sin encender. Decía Groucho, “conozco a centenares de maridos que serían felices de volver al hogar sino hubiese una esposa esperándoles. Quiten a las esposas del matrimonio y no habrá ningún divorcio”. Es lo que piensa Susana de los gobiernos de coalición. Si quitáramos a los molestos partidos coaligados, que se deben comportar como sumisas mujeres, ¡qué bonitos serían los gobiernos de coalición! Haciendo lo que nosotros le pedimos, sin rechistar, sin tener voz propia, sólo haciendo las labores propias de su sexo como pequeños partidos: ¡¡votar el día de la investidura y después callar!!

También dijo Groucho en una ocasión que “el matrimonio es una gran institución. Por supuesto, si te gusta vivir en una institución”. Eso es lo que piensa Susana. La coalición es una gran institución de la democracia, evita los gobiernos absolutos de mayorías absolutas, como el de Rajoy. Pero, claro, la coalición es muy bonita si te gusta la institución, pero a los socialistas (y al resto de partidos españoles) no sé si les acaba de gustar esta institución llamada democracia. ¡Como tenemos poca costumbre histórica! Lo que les gusta es mandar. ¡Qué bonita fue aquella primera coalición (=matrimonio) en pueblos y autonomías españolas allá por 1979 entre PSOE y PCE para arrebatar el poder a la derecha (UCD)! Aquel matrimonio fue el primero y le han tomado, especialmente los socialistas, cariño al principal objetivo cumplido: obtener el poder y liquidar al pequeño partido coaligado. El PCE (y sus hijas espurias como IU) no se han recuperado desde entonces. Ahí está la idea que Susana ha sacado de su interpretación del marxismo grouchiano y de la historia de nuestra democracia. Adelanto elecciones, le echo la culpa a IU de la ruptura del matrimonio, el juez (=electorado) me da, a continuación, la custodia de los hijos (mayoría absoluta), al menos por cuatro años. Todo ello antes de que la nueva, moderna, dicharachera, divertida última amante de la izquierda (PODEMOS) acabe encandilando al electorado y tengamos un problema.

Pero, ¿y si ya es demasiado tarde, Susana? ¿Y si en las elecciones andaluzas no obtienes mayoría absoluta? ¿Buscarás otra vez el apoyo de IU como esos maridos puteros que, arrepentidos van a casa de la suegra a buscar a su antigua esposa diciendo aquello tan regio de “lo siento mucho, me he equivocado, no lo volveré a hacer más”? ¿Un matrimonio entre tres, vosotros, IU y PODEMOS? Una cosa es que aprobemos el matrimonio homosexual y otra que aceptemos el vicio del ménage à trois. A que te descuides, Susana, acaban los dos (IU y PODEMOS) pasando de todo, viviendo en soledad y con la casa (el poder) ocupada por el enemigo (PP). Seguro que entonces, vuestros voceros periodísticos e intelectuales salen con aquello de que la culpa es de ella (IU), como en Extremadura, por dejar abandonada la casa de la izquierda.

¿Y qué podemos hacer los hijos, mientras? Quizá seguir leyendo a Marx (Groucho) y buscar alguna máxima que lanzarle a este socialismo, que hace tiempo dejó de ser de izquierdas. Yo ya he encontrado una: “No mire ahora, pero en esta habitación sobre alguien… y me parece que es usted”.

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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