ABSOLUCIÓN PENITENCIAL: el PP declarado “no culpable”

descargaEste post iba a titularse “Todo está perdonado”, antes de conocer la portada de la revista Charlie Hebdo. Por deferencia y respeto a lo que ello significa cambié el título para que tampoco se me considerara un oportunista. El título no hacía referencia a la portada sino al título de una novela de Rafael Reig. En Todo está perdonado (2011), la excusa de la investigación sobre el asesinato de una rica heredera de la jet madrileña sirve para trazar la historia de quienes ganaron la guerra en 1939 y también ganaron la paz en 1977. Todo ello porque, con el advenimiento de la democracia, “todo debía estar perdonado”.

Somos los españoles de perdonar mucho. Quizá tenga que ver con nuestros ancestros católicos. Ya “únicamente” el 72% de la población española se manifiesta católica (CIS, 2013), pero de ellos sólo el 12% acude al rito por antonomasia de la religión católica, la misa, y ya los matrimonios civiles (63% en 2012) han superado a los católicos. Pero aún debemos llevar dentro los más de dos años de catolicismo. Estamos, pues, muy lejos de cumplir aquella máxima expuesta por Azaña en octubre de 1931 ante las Cortes republicanas: “España ha dejado de ser católica”. No es así, somos de perdonar cualquier pecado, especialmente los cometidos en público, por personalidades públicas. Aunque no nos lo pidan, como hizo nuestro egregio rey jubilado Campechano I tras esa cacería que tan cara le (perdón, nos) salió. Muchos de nuestros públicos personajes están tan seguros que somos de perdonar que ya ni se molestan en pedirnos su perdón.

Todo se va preparando para que a finales de este año le llegue la absolución en las urnas al Partido Popular. El pueblo, con su soberana gracia, dictará sentencia de perdón al reo. Como en las películas americanas, como en la imborrable Doce hombres sin piedad, el veredicto será de “No Culpable”. Parece que el argumento de la obra dramática de Reginald Rose (adaptada magistralmente en 1973 para TVE, cuya grabación puede verse íntegra en youtube) se repite de nuevo. En Doce hombres sin piedad está cantada la culpabilidad del reo, pues once de los doce miembros del jurado están convencidos de ella. Pero el jurado número ocho (Henry Fonda en la película y el espléndido José María Rodero en TVE) plantea tener dudas. Poco a poco, con diversos argumentos, acaba por convencer al resto de los miembros del jurado. Finalmente, el veredicto es el de “No Culpable”, una figura del ordenamiento jurídico americano que no sé si existe en España: se considera que el reo “no es culpable”, aunque no se puede asegurar su “inocencia”. Creo que esto acabará sucediendo a finales de este año. Cuando el Gran Jurado de la Democracia se reúna en torno a las urnas, decidirá que el gobierno del PP no es inocente de todas las tropelías cometidas desde…. no se sabe cuando, pero tampoco “es culpable”.

Y ¿por qué? Pues porque el jurado número ocho ya está haciendo su labor. El reo (el Gobierno) ha hecho su alegato en favor de su defensa, pero el jurado número ocho (el periodismo “mainstream”, ¡cómo se me ha metido en la cabeza este término, aunque sea un anglicismo y alguien que me conoce bien me mate por ello!) está en plena exposición de motivos. Los datos macroeconómicos que presenta el Gobierno y airea el jurado número ocho (la prensa…) son el principal argumento: 550.000 puestos de trabajo creados en 2014, 338.000 nuevos afiliados a la Seguridad Social, una tasa de crecimiento del 2%, una inflación por debajo de cero, la energía cada vez más barata con el consiguiente incremento de las exportaciones y otras cifras en positivo. Ante este panorama tan halagüeño, a ver quién es el valiente que se atreve en el Juicio Sumario de las elecciones generales de 2015 a dictaminar culpabilidad.

Sí, en otros foros, en la propia campaña, se recordarán años de corrupción, cientos de casos, años de cesión ante la presión de la Banca para lavar sus culpas con nuestros dineros, años de recortes de servicios públicos, años de despilfarro en aeropuertos donde no aterrizan ni despegan aviones, autovías por las que no pasa nadie, estaciones de AVE más solitarias que la de Panticosa y fastos diversos (venidas del Papa, Fórmulas 1, Palacios de Todo Tipo). Pero, “todo estará perdonado”.

Por si los datos macroeconómicos del gobierno no fueran suficientes, el Gobierno y “su” jurado número ocho, tendrán en septiembre otro argumento de peso: el previsible resultado de las elecciones catalanas. Si todo sale como prevén las encuestas (la última vaticina 70 escaños para el denominado “bloque soberanista”) los partidos favorables a la secesión obtendrían mayoría absoluta. Sin quererlo (¿o sí?) le han salvado, también ellos, la vida al Gobierno de Rajoy. Si el resultado se consuma, Rajoy, junto a su cohorte de voceros (Marhuenda, Inda, Rojo, Losantos, etc.) lo tendrán fácil. La formación del gobierno catalán (si acaban las cuitas entre CiU i ERC) será coincidente con la campaña electoral de las generales. Ya puedo escuchar la “aterciopelada” voz del jurado número ocho. Incluso Jiménez Losantos, ahora crítico con Rajoy, hasta niveles de insulto (lo cual es seña de identidad del personaje) se transmutará en un converso como aquellos miembros del jurado de Doce hombres sin piedad. Con un mohín en la boca, perlado de espuma, no tendrá piedad con los soberanistas catalanistas. Entonces se sumará al coro de voces que nos alertarán de que la única forma de parar al independentismo catalán es votar al PP.

Como no me fio del President Mas, creo que esta posibilidad también ha sido contemplada por él para decidirse finalmente por el adelanto electoral. También a los soberanistas en Cataluña les interesa un gobierno del PP. Otra posibilidad abriría la necesidad de sentarse a negociar: un nuevo modelo de Estado, las condiciones de un referéndum, una salida “política”. Lo que no tengo muy claro es lo que piensan hacer si se consuma la victoria soberanista. Espero que le presenten una “hoja de ruta” a sus ciudadanos antes de las elecciones. Pero, me temo, que todo quedará en vaguedades semánticas a las que es tan aficionado el President Mas.

De todas formas, el periodismo “mainstream” (perdón…) ya contempla que la victoria del PP no será por mayoría absoluta y está preparando el camino. Desde hace unas semanas no paro de ver (poco, pues no veo mucho la TV, como sabéis), de oír y de leer a Albert Rivera y a su “Ciudadanos”, antes Ciutadans. Primero fue su frustrado matrimonio con UPyD, la Rosa no quiso pasar por el altar y defenestró incluso a la alcahueta, el eurodiputado Francisco Sosa Wagner. Después, su eclosión en las encuestas. Entremedias, las continuas noticias en la prensa del Régimen (La Razon y ABC), pero también en la menos adepta (El País). Creo que El País, ha dejado en la estacada a su otrora querido el PSOE. En realidad, no hacen sino volver a sus inicios, pues no debemos olvidar que el diario “progresista” fue fundado a instancias de Fraga Iribarne (que deseaba un medio para convertirse en paladín de la Transición) y entre sus plumas más prolíficas de aquellos años finales de los setenta estaba el ínclito Ricardo de la Cierva, conocido por ser el biógrafo oficial del dictador Franco. Cuentan con que quizá con el apoyo de “Ciudadanos” y algún otro partido regionalista (¿Asturias?, ¿Canarias?, ¿Cantabria?, ¿Navarra?…) se pueda formar un gobierno de coalición que nos salve de Podemos y su política bolivariana, iraní y no sé cuántas perrerías más. Es imposible que Podemos logre el poder directamente, pero no vaya a ser que estos socialistas, con tal de volver al poder, se les ocurra la maldad de aliarse con ellos. Por lo tanto, “todo debe ser perdonado”.

Lo que no tengo muy claro es cómo de viable sería un gobierno de coalición en España. Estoy (estamos toda la familia) disfrutando (y no es una forma de hablar, es totalmente real) de la segunda temporada de la serie danesa Borgen. Allí vemos cómo se comportan los europeos (los de verdad, los del Norte) en gobiernos de coalición. Hay luchas internas, puñaladas por la espalda, traiciones, corruptelas, malas artes de toda índole, pero ninguno de los partidos desea machacar al otro. No desea su desaparición. Saben que el juego de la democracia debe componerse de todos ellos. Aquí, en el Sur, las coaliciones se montan para que el partido mayoritario se coma al minoritario. Y si no que se lo pregunten al PCE de los ochenta en cientos de municipios españoles, y alguna autonomía, a costa del PSOE; o a la ya olvidada Unió Valenciana, a manos del PP. ¿En qué creéis que está pensando Susana Díaz estos días mientras deshoja la margarita, ella también, del adelanto electoral? En si ya han logrado fagocitar a IU. Si ya lo han desgastado suficiente como para convertirlo en cenizas en unas nuevas elecciones. Por otra parte, un gobierno de coalición entre PP, Ciudadanos, UPN, FAC, incluso VOX, no tendría nada que ver con el de Borgen, donde conviven liberales, laboristas, ecologistas y centristas. Aquí estaríamos ante una cohabitación incestuosa, pues en realidad todos son hijos del mismo padre (no olvidemos la militancia juvenil de Albert Rivera en el PP y la de Álvarez Cascos en el propio PP, por no hablar de VOX y UPN).

Quizá esté ocurriendo ahora lo mismo que cuenta Gregorio Morán en El cura y los mandarines (pronto le dedicaré un post, o varios pues 800 páginas da para mucho) que sucedió en la Transición: la intelectualidad se creía que la sociedad era más radical de lo que ellos pensaban. Todos auguraban el gran éxito del PCE, en pago a su lucha antifranquista, y por ello se apuntó dicha intelectualidad (los mandarines) al comunismo, incluso a sus versiones más radicales (maoísmo, trotskismo…). Cuando vieron que lo más que hizo aquella radical sociedad fue votar al PSOE, dieron un paso atrás, algunos tan atrás que volvieron casi al falangismo de donde provenían algunos. ¿Qué hará nuestra querida clase media a finales de este año? ¿Se lanzará a los brazos de Podemos? No lo creo: “todo está perdonado”.

P.D. musical. Quizá a finales de 2015 tengamos que darle, nuevamente, la razón a Víctor Jara cuando dijo “Mi padre fue peón de hacienda / y yo un revolucionario, / mis hijos pusieron tienda, / y mi nieto es funcionario”.

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