EL IMPOSTOR: ¿Javier Cercas o el protagonista de la obra?

descarga (1)Dice Cercas que él no quería escribir ese libro. Lo dice en la primera frase. Pues allá voy yo: “yo no quería leer este libro”.

Reconozco que me acerqué a esta nueva obra de Cercas receloso por alguna de sus últimas declaraciones y por cierto hartazgo de lo que los ingleses llaman mainstream, traducido normalmente por cultura dominante. El término se usa habitualmente en la música popular para designar a la que se oye habitualmente en Los Cuarenta, KissFm, Europa Fm, etc. Pero el término tiene un sentido mucho más amplio.

Creo que Cercas ha sufrido una evolución en su obra que le ha llevado de una prosa enrevesada y difícil para el lector medio (me costó acabar El vientre de la ballena y tardé en entrar de lleno en La velocidad de la luz, aunque disfruté mucho cuando le pillé el punto) a un estilo periodístico, que tanto éxito le dio con Anatomía de un instante. Posteriormente escribió la obra con la que más he disfrutado, Las leyes de la frontera. Creo que recordaré siempre aquella tarde que pasé devorando las últimas ciento cincuenta páginas de la novela, de un tirón, cosa que no hacía desde joven. Quizá fuera que el mundo que reflejaba la novela me era muy cercano, pero reconozco que su técnica era admirable y sus novedosas propuestas estilísticas eran atractivas. Durante años, mientras impartía la asignatura de Tendencias historiográficas actuales en la Universidad de Alicante (algo así como las formas de escribir la Historia) ponía como ejemplo Anatomía de un instante como el tipo de escritura que deberíamos imitar, o al menos intentarlo, los historiadores para dejar de ser aburridos escritores de ensayos intragables para consumo interno, de nuestra propia especie.

Vaya todo esto por delante para demostrar que es (¿era?) un autor que he leído con admiración y placer. Quizá con ello no haga sino algo parecido a lo que él mismo hace para justificarse antes de escribir algunas obras, artículos, entrevistas, que puedan ser mal entendidos. Siempre se ha jactado de ser de izquierdas (¿hay alguien dentro del mainstream español que no lo haya hecho?), de estar contra la dictadura de Franco, de ser republicano, incluso de ser ateo y anticlerical. Pero, ¿ejerce de tal? Comienzo a dudarlo. Comienzo a dudar que haya alguien de izquierdas o anticlerical dentro del mainstream. La CT (la Cultura de la Transición) se los comió a todos. Queda muy cool decir que eres de izquierdas, que eres anticlerical y republicano, pero, como Andrés Calamaro, levantarte a aplaudir a Campechano I el día de la Corrida de la Beneficencia, tras su abdicación y tener la desfachatez de decir que lo haces porque Él (el todopoderoso Campechano I) es quien te ha dado la ciudadanía española. Como si viviéramos en la Francia de Luis XIV (el Estado Soy Yo) y fuera el monarca, y no el Estado de derecho, quien ejecutara, dictaminara y juzgara las leyes. Puede uno ser amante de los toros (error: de los toreros, quería decir, las frases hechas es lo que tienen, que se te escapan), pero ello no te obliga a adorar a todos los que comparten dicha afición (error: quería decir atrocidad).

Comienzo a estar un poco harto de todos estos intelectuales españoles que proclaman su adhesión a la CAUSA, pero se dedican a mantener el SISTEMA. Cercas se declara republicano, pero escribió uno de los más pasteleros artículos a favor de Campechano I y la monarquía en aquella campaña pagada por El País tras su abdicación, cuando algunos (un puñado de jóvenes, y no tan jóvenes) salieron a la calle a reclamar, legítimamente (¿o no se pueden pedir ya cosas en esta democracia blindada?), un referéndum sobre la forma de gobierno. A los que así lo hicieron les tildó de “hipócritas”, “locos” y “comodones”. Y dijo una de las frases más demagógicas que leí aquellos días: “prefiero mil veces vivir en una monarquía como la sueca que en una república como la siria”. Cercas nos sitúa a los lectores con dicha frase en la categoría de “gilipollas integrales”. En que no somos capaces de pensar por nosotros mismos y, porque lo diga Cercas (el mainstream), ya tiene razón. En que no somos capaces de rebatir que algunos preferimos vivir en la República Francesa antes que en la Monarquía española (por no decir la saudita, que está más próxima a su ejemplo y que, por cierto, tanta amistad tiene con la nuestra).  No creo que sea tan estúpido como para creerse sus propias palabras. Por lo tanto, ¿qué pretende cuando escribe esto? Muy sencillo: el aplauso fácil del borreguil lector abducido por una firma de prestigio: “qué razón tiene Cercas, yo también pienso como él”. Y el hecho de pensar como Cercas te eleva a la categoría de cuasi intelectual.

Pero entremos en su último título, El impostor. ¿Qué pretende con esta obra? ¿Es una boutade? ¿Es una impostura? La verdad es que 425 páginas para contar una mentira, 425 páginas para decirnos, continuamente, que lo que cuenta no sabe si es verdad o no, me parecen muchas páginas. Podía haber escrito una columna en El País y tan campantes. A él se le habría pasado la quemazón que le roía por dentro desde que su amigo Vargas Llosa le dijo que escribiera sobre el caso y a nosotros nos habría ahorrado el suplicio de leer una y otra vez lo mismo. En realidad, ya había escrito un artículo sobre el caso, pero parece que no quedó contento.

Para los que no conozcan el origen de la obra, ésta trata de Enric Marco, un personaje que se inventó su paso por el campo de concentración de Flossenbürg, llegando incluso a presidir la  “Asociación Amical de Mauthausen”, hablar ante el Congreso de los Diputados y, casi (le faltaron dos días, pues fue descubierto) estar en la presidencia, junto a Zapatero, de los actos de conmemoración del sesenta aniversario de la liberación de Mauthausen. Vamos, algo así como un “pequeño Nicolás”, en versión izquierdista.

A partir de ahí, Cercas intenta reproducir la biografía, entresacando lo cierto de lo ficticio, del tal Enric Marco. Pero, ¿es un libro de historia, una biografía, una novela histórica? No, ni una cosa ni otra, creo que pretende ser una boutade. Un ejercicio de estilo para dejar impresionados al personal. Ya dije que el Cercas metido a historiador de Anatomía de un instante me pareció no sólo interesante y novedoso sino admirable como historiador académico que soy. Pero aquí la historia no daba para tanto. Pero conoce los trucos para enganchar a los incautos. Abre la obra con una disquisición sobre la depresión que le produjo el periodo posterior a la publicación de Anatomía de un instante y que necesitaba la no ficción, tanto que necesitó ayuda psicológica. Voy a hacer aquí de Cercas y decir que no sé si lo que cuenta es cierto o no, como le ocurría a él con Enric Marco. Pero, quizá algún lector llegue a derramar alguna lágrima en este pasaje.

Lo que sí sé es que algunas de las propuestas que pretende el libro son absolutamente falsas. Podría haber hecho una novela basada en un hecho histórico, como hizo en Soldados de Salamina, o un ensayo relativamente bien documentado, como en Anatomía de un instante, pero aquí ha pretendido hacer…. ¿qué? Una boutade, repito. La obra está repleta de información que él mismo dice que no sabe si es verdad (¿o sí?, dice con frecuencia), pero no aporta nada para demostrar una cosa ni otra. Sólo testimonios indirectos, la opinión del propio Enric Marco, y, de cuando en cuando, algún documento que no cita adecuadamente. Debemos creerle (¿o no?, diría yo).

Por si fuera poco, nos abruma, de cuando en cuando, con citas de textos propios o ajenos, pero no una cita al uso sino, a veces, hasta cuatro páginas. ¿Están de relleno o son una boutade más? Las biografías tienen sus reglas y él no las sigue. Las novelas también, pero él dice que no es una novela. Ya, pero algunos cuando leemos una novela queremos creer que lo que nos cuenta es mentira. Ese es el atractivo de una novela. Como leí un día no sé dónde: cuando ves una obra de teatro, sabes que es mentira, para la realidad ya tienes el día a día.

Pero, además, lo que cuenta en las entrevistas postpublicación y la propia publicidad de la obra son de una pretenciosidad que no se ve en todo el libro. Dice que el libro “no habla de Enric Marco sino de usted, lector; también el libro más insumiso y radical de Javier Cercas: un libro asombroso que, con una audacia inédita, ensancha los límites del género novelesco y explora las últimas fronteras de nuestra humanidad”. ¡Ahí es nada! Pase que la última frase se les ha escapado en un momento de “me voy arriba” al redactor de la contraportada, pero lo de “insumiso y radical”, no lo veo, qué queréis que os diga. ¿Dónde está la insumisión? ¿Dónde la radicalidad? ¿En que un señor que dice que es de izquierdas escribe las miserias de otro que mintió durante toda su vida diciendo que también lo era? Pues si éste es el grado de insumisión de nuestro mainstream, ahora comprendo la situación cultural del español medio.

Otra cuestión repetida en el texto, y que se ha apresurado a lanzar a los cuatro vientos en las entrevistas previas a su publicación (¿estrategia de marketing?, o no), es su desconsideración con la Memoria Histórica. Dice de ella que es una moda y una industria. Su declaración de izquierdista (¿o no?) no le faculta para ofender a quienes tenemos a nuestros muertos, enterrados no se sabe dónde. ¡Cuánto me recuerdan estas palabras a las del actual portavoz del PP en el Congreso, Rafael Hernando, cuando dijo aquello de que los de la Memora Histórica se han acordado de los muertos cuando ha habido subvenciones! Se olvidaba Rafael Hernando, se olvida Cercas, de que no pudimos hacer negocio con nuestros muertos (como hicieron los vencedores en Los Caídos, Fiestas del 18 de Julio, Día de José Antonio y Asociaciones de Excombatientes) porque era delito. Se olvidaba Rafael Hernando, se olvida Cercas, de que no pudimos poner de moda la Memoria Histórica tras la muerte de Franco, y durante otros casi cuarenta años, porque el franquismo lo dejó todo atado, y bien atado, con la Transición. Poco de lo que diga yo al respecto podrá superar la crítica que a esta opinión de Cercas ha hecho Vicenç Navarro en un artículo titulado “Javier Cercas, el rey y los republicanos”.

Finalmente, me asaltan varias dudas: ¿está Cercas ya contaminado del virus que afecta a todos los literatos castellanoparlantes nativos de Cataluña o crecidos en ella? ¿Veremos, por tanto, a Cercas en la próxima campaña electoral junto a UPyD o Ciutadans? ¿No es posible que un intelectual español del mainstream acabe siempre en el mismo lugar? Tengo una teoría. En realidad es una hipótesis si nos ponemos puristas en la terminología científica. Creo que en muchos casos ocurre que tomas una posición, por lo que sea (porque eres columnista de El País, porque te invita a cenar Vargas Llosa, porque te cae mal Oriol Junqueras), y a partir de ahí una cosa lleva a la otra. Lo he visto tantas veces. Quizá todo lo que pretenda Cercas es engrosar la lista de Académicos de la RAE, como sus amigos Vargas Llosa, Muñoz Molina o su jefe Juan Luis Cebrián. Seguro que ya le están haciendo sitito. Sólo espero que no sea el que de la letra F, vacante por muerte de mi admirado José Luis Sampedro.

P.D. Ahora me voy a leer a Andrea Camilleri y su detective Montalbano, por lo menos éste sé que todo lo que cuenta es mentira. Pero no me engaña.

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4 respuestas a EL IMPOSTOR: ¿Javier Cercas o el protagonista de la obra?

  1. Com sempre, magnífic article. Jo estava convençut de que aquestes festes em llegiria El impostor, però després de llegir-te a tu, estimat amic virtual, tinc els meus dubtes. Com tu, jo també vaig quedar fascinat amb Anatomia de un instante i amb Las leyes de la frontera i molt decebut, molt, amb moltes de les darreres declaracions públiques d’en Cercas (les que tu has esmentat i les que ha fet referides al procés sobiranista català, entre d’altres). Tot i això, volia llegir El impostor, entre d’altres motius perquè a causa de la meva activitat professional he tingut l’oportunitat de conèixer l’Enric Marco (abans de que es destapés la seva gran mentida) i he estat una de les víctimes de la seva impostura. Ara bé, si em dius que en Cercas s’ha limitat a escriure una boutade, una gran boutade, doncs què vols que et digui, m’has destrempat. M’ho rumiaré molt abans de comprar el llibre. Si només ha de servir per alimentar la butxaca i l’ego d’un vulgar mainstream…Que passis unes bones festes!

    • Per sort per a mi, jo el vaig llegir de la Biblioteca municipal. Això que m’he guanyat!!!!Acabe de començar “El cura y los mandarines” de Gregorio Morán i pareix com si hagera llegit “El impostor”. Diu que el motiu de la seva censura ha estat el desig de tot intel·lectual espanyol de ser acadèmic.

  2. Aquest d’en Moran també el tinc a la llista, i més després de saber que Planeta va decidir no publicar-lo si abans no el censuraba adequadament. Espero amb impaciència la crònica.

  3. Pingback: LO BEAUTIFUL: Otra teoría sobre la Transición | Un club sin socios

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