BERLIN-CATALUÑA: Eje por la Libertad

BerlinermauerFue una pregunta de tantas que aquel último curso en el Instituto le realicé a mi profesor de Historia (Emilio Laparra), el culpable de que yo acabara estudiando aquella carrera. Creo que lo hice por su influjo y porque creía que estudiando Historia se me iban a resolver las dudas que ya me asaltaban entonces sobre el poco sentido del mundo. No sabía que cuanta más Historia iba a ir estudiando, más preguntas me iban a surgir y que pocas encontrarían una respuesta satisfactoria. La pregunta fue: “¿crees Emilio (ya entonces tuteábamos a nuestros profesores) que la Unión Soviética desaparecerá algún día?”. No recuerdo la respuesta exacta, pero no era partidario de que aquello ocurriera en nuestra generación: era un gigante demasiado poderoso, nuclearmente poderoso, para que cayera en un futuro inmediato. Era 1981. Una década le quedaba de vida. ¿Erró Emilio como historiador? No. Su análisis era correcto, pero los historiadores olvidamos, a veces, que somos testigos de cambios históricos que, al estar tan cerca de nosotros, no podemos verlos. Somos capaces de analizar las causas de la Revolución francesa, el nacimiento de los Estados Unidos, la Revolución Rusa o la Caída del Muro de Berlín (hoy hace 25 años), pero no vemos los cambios a nuestro alrededor.

Conste que escribo estas líneas con las primeras luces de la mañana del 9 de noviembre de 2014. Aún no sé qué está ocurriendo en Cataluña: si se han abierto los “colegios electorales” para votar, si los mossos han entrado a retirar las urnas, si la gente se manifiesta por la calle, ni siquiera he abierto aún la revista de prensa digital para leer nada sobre el asunto. Quiero escribir sin estar contaminado por la actualidad. Y es que ahora es a mí a quien le lanzan sus preguntas aceradas mis alumnos de Bachillerato. Porque en las clases de Historia, les interesa el futuro. La más recurrente es si Cataluña será un día cercano independiente. Y el otro día un alumno me puso sobre la pista de que hoy, día de la consulta catalana, se celebran los 25 años de la Caída del Muro de Berlín. ¡Qué casualidad! ¡Qué buena idea para escribir algo que relacione ambos eventos!

Naturalmente, mis alumnos enseguida quieren saber cuál es mi postura ante el tema, pero  se quedan con las ganas. Yo sólo procuro hacer análisis históricos en mis clases y no dar lecciones morales o políticas. Les digo que observo, o lo intento, ver el asunto con perspectiva histórica. Si los catalanes sienten, mayoritariamente, que desean la independencia, la lograrán más tarde o más pronto. Así ha ocurrido siempre a lo largo de la Historia, especialmente en el mundo occidental. ¿Y cómo se sabe que la quieren mayoritariamente sin votar? ¿Si no lo hacen, será ilegal todo el proceso? ¡Aquí la respuesta es tan obvia y fácil de ver para un historiador! Muchos tertulianos y columnistas no se hartan estos días de decir que lo que está ocurriendo hoy en Cataluña es ilegal, pues va contra la Constitución. Ya, claro que sí. Pero, ¿cuántos países han nacido en el mundo a través de un proceso que siga la legalidad del país del cual se quieren separar? No muchos. Durante la descolonización de África y Asia, algunos cuando las potencias europeas vieron que el proceso ya era imparable. Diría más, ¿cómo nacieron buena parte de aquellas potencias? ¿Cómo nació Estados Unidos? ¿Se presentaron los colonos un día en el Parlamento británico y pidieron, por favor, que les dieran la independencia? ¿Cómo nació la República francesa allá por 1792? ¿Le dijeron a Luis XVI, mira que vamos a proclamar la república, qué te parece?

Aún más, y aquí viene la razón del eje Berlín-Cataluña, ¿cómo se produjo el proceso de reunificación alemana tras la caída del Muro de Berlín hace hoy 25 años? Desde luego no le preguntaron al gobierno de la RDA si quería unirse a la RFA, no hubo referéndum, no hubo elecciones. Recordemos que todo comenzó con unas multitudinarias manifestaciones, la primera de ellas en Leipzig, el 4 de septiembre de 1989, con tan sólo 1.000 manifestantes, que se extendieron por todo el país. Las de la primera semana de noviembre en Leipzig, Dresde, Halle y Karl-Marx-Stadt (actualmente Schwerin) y finalmente la de Alexanderplatz (Berlín) el 4 de noviembre, precipitaron la renuncia de nueve miembros del gobierno germano-oriental. Cinco días más tarde unos jóvenes se encaramaron al Muro y comenzaron a derribarlo. No llegaron los buldóceres del gobierno: lo hizo el pueblo de la Alemania Oriental. Lo cual era ilegal, recordémoslo.

Y de ahí, una cosa llevó a la otra. El 28 de noviembre, Kohl, el presidente de la RFA, comunicó al Bundestag (parlamento de la RFA) el Programa de los Diez Puntos con el fin de facilitar la transición democrática en la RDA y la materialización de una unificación entre ambos Estados alemanes. ¡El presidente de otro estado le dice qué tiene que hacer para unirse! Todo ILEGAL, según la legalidad vigente aún en la RDA. Pero la reunificación se hizo finalmente.

¿Y qué pensaban las otras potencias del proceso de Reunificación alemana? También sobre esto hemos oído hablar estos meses respecto al denominado problema catalán. Que si la Unión Europea se muestra contraria, que si Estados Unidos, que si Alemania… Pues bien, recordemos hoy, 25 años después de la Caída del Muro, cuando todos se apuntarán a la fiesta, que la señora Thatcher se mostró contraria a la Reunificación, poniendo, eso sí, todo tipo de excusas geoestratégicas. El presidente francés, el socialista Mitterrand, se manifestaba a favor de la libre determinación del pueblo alemán, pero con el acuerdo de la Unión Soviética y las potencias occidentales. Así se lo dijo al presidente soviético, Gorbachov, y se lo trasladó al presidente alemán Helmut Kohl: la reunificación alemana «no estaba a la orden del día y tardaría varios años». La Unión Europea, entonces Comunidad Económica Europea, se mostró también preocupada, sobre todo respecto al trazado de la frontera con Polonia y Checoslovaquia. La presidenta Thatcher quiso jugar el temor a una Gran Alemania. En una llamada telefónica al presidente Bush (padre), la Dama de Hierro mostraba su inquietud con estas demoledoras palabras (relatadas por Condolezza Rice que más tarde fue Secretaria de Estado con Bush hijo):

“Alemania se convertirá en el Japón de Europa, pero peor. El presidente francés está de acuerdo conmigo respecto a que los alemanes pacíficamente lograrán lo que Hitler no alcanzó en la Guerra. Sr. Presidente, sugiero la permanencia indefinida de las tropas soviéticas en Alemania; ello nos permitiría mejorar nuestras relaciones con Gorbachov y a la vez controlaremos a los alemanes”.

Quizá dentro de 25 años todos se apunten a la fiesta de la Independencia de Cataluña. Quizá entonces ya no recordemos cómo ocurrieron las cosas. Y, ¿cómo pueden ocurrir? Pues no tengo ni la más remota idea. Yo como Marx (Groucho) tengo mis principios, pero si no les gustan, tengo otros. Lo que sí sé es cómo han ocurrido en otras ocasiones. Cuando la Historia se empeña en que pase algo, pasa. Sea legal o no. Sea justo o no. Sea deseable o no. Estoy harto de oír el término LEGAL, para los procesos históricos. De cuando en cuando, algún historiador revisionista, del estilo de Pío Moa, salen con sus estudios sobre la II República diciendo que su advenimiento fue ilegal, pues el Gobierno Provisional de Alcalá-Zamora no nació de unas elecciones, ya que lo único que había sucedido el 12 de abril eran unas elecciones municipales que ni siquiera está claro que la monarquía perdiera. Ya, acepto pulpo como animal de compañía, aceptemos que la II República llegó de forma ILEGAL. ¿Y qué? ¿Es que Estados Unidos, la Francia republicana, la Alemania Unificada, Estonia, Letonia, Lituania, Ucrania, Croacia, Eslovenia…, lo hicieron? ¡Qué pronto se les olvida la Historia a los historiadores cuando se meten a tertulianos o columnistas incediarios!

Entonces, ¿qué puede pasar en Cataluña? La Historia nos dice que cuatro cosas, resumiendo. Una, lo que yo llamo el “modelo Europa del Este”: que el llamado proceso soberanista acabe con unas elecciones en las que los partidos independentistas tengan mayoría y el Parlamento catalán realice una declaración unilateral de independencia. La comunidad internacional se muestra reacia a aceptar los hechos, pero al cabo de un escaso tiempo, las potencias descubren que tampoco es tan malo una Cataluña independiente. Alguna de ellas abre la espita, por motivos económicos generalmente, y el resto acaban aceptando la situación. Fue lo ocurrido en los países de la ex Unión Soviética.

Dos, el que podríamos llamar “modelo checoslovaco”. Podríamos escuchar al señor Rajoy decir, como a Vaclav Havel: “si el pueblo eslovaco quiere vivir en un Estado independiente, ni los checos ni yo le negaremos el derecho a hacerlo”. Claro, alguien dirá, es que Havel era un intelectual (escritor y dramaturgo) y Rajoy registrador de la propiedad en excedencia desde 1981. A partir de entonces, como en Checoslovaquia en 1992, podrían iniciarse negociaciones para la independencia, dimitiría el presidente Rajoy (como hizo Havel ante el fracaso de su idea de unión federal), y se produciría un proceso de separación pacífica.

Tercera, la “vía quebequiana”. Finalmente, el gobierno español accede al referéndum catalán, previa modificación de la sacrosanta Constitución. Se desarrolla con normalidad y el resultado es negativo a la independencia. Años más tarde, otro gobierno catalán pide que se repita el referéndum por la independencia y vuelve a ganar el no, pero muy apretado (en Quebec en 1995 por sólo 54.000 votos, 49,6% frente al 50,4%). Esto obliga al gobierno español a aceptar la consideración de Cataluña como nación dentro de España, aunque los cambios legales y de competencias apenas si varían.

Cuarta, la denominada “vía balcánica o argelina”. El Parlamento catalán, actual o futuro, declara la independencia, el gobierno español lanza un ultimátum con la velada amenaza militar. La cosa se complica, la amenaza se convierte en realidad, comienzan los primeros disturbios, el ejército español toma posiciones, el gobierno catalán pide ayuda a la comunidad internacional ante tal agresión, la comunidad mira para otro lado, lanza declaraciones de solicitud de alto el fuego, de que se sienten a parlamentar las partes, el gobierno catalán, acorralado, acepta ayuda militar de quien sea (Rusia, China, Irán, ¡vete tú a saber!). Es la guerra. Después de años de conflicto, Cataluña acaba o independiente o sometida militarmente, según el signo de la victoria. Pero el conflicto sigue allí.

Esta es la Historia que puede suceder. Ahora elige la que más te guste. Yo tengo la mía. Y no haré como en clase, callármela. El futuro de Cataluña será el que los catalanes quieran, para bien o para mal, le pese a quien le pese. Así ha sido siempre. Que elijan, españoles y/o catalanes cualquiera de las tres primeras.

Por cierto, dicen que esta canción habla de Peter Fechter, la primera víctima del Muro de Berlín tras su intento de cruzar hacia la libertad. Deberíamos aprender que la construcción de muros sólo provoca víctimas, y que no hay peores muros que los mentales. (¡¡Atención al logotipo de Canal9 en la pantalla!!, ¿un guiño a la Libertad? “chi lo sa”):

 

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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Una respuesta a BERLIN-CATALUÑA: Eje por la Libertad

  1. MªCruz dijo:

    Si haguera tingut profes de Història que ho explicaren tot tant clar…a ben segur que haguera estudiat G&H.
    Quina capacitat de síntesi….i pensar que hi ha gent, que se creuen entesos en la materia i van de programa en programa contant “milongues”.
    Una abraçada virtual

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