MORRISSEY: A la caza del zorro inglés

morrissey--644x362--644x362No voy a justificar aquí mi pasión por Morrissey, sus canciones, también el personaje, como antes la tuve y la mantengo por The Smiths. Con más de cincuenta años uno ya no justifica sus pasiones, las disfruta. Ya pasó el tiempo de intentar convencer a los colegas porqué te emocionan sus canciones. A uno ya le quedan tan pocas pasiones en la vida que no merece la pena justificarlas ante nadie.

Esta semana ha estado en España Morrissey (yo también voy a decir aquello de excantante de los Smiths). Cuando me enteré de su visita me entraron unas enormes ganas de irme a verlo. Debí haberlo hecho, es muy probable que nunca vuelva a cantar en España. Pero mis compromisos sociales me lo impedían. Debí dejarlo todo y marchar a Madrid o Barcelona, pero… no lo hice, y me arrepiento. La última vez que visitó España fue en 2008, su éxito ya no es el de antes, su carrera está en declive, le costará volver a publicar un disco si sigue peleándose con todas las discográficas que le publican y, además, acaba de confesar que a él también le ha atacado el bicho y ha sufrido algunas intervenciones para extirparle algún pequeño tumor. Además, como dijo estos días El Asombrario, “España no es país para Morrissey”. Y lo acabo de comprobar con los comentarios a los conciertos de Morrissey, especialmente el de Madrid.

Las crónicas de los conciertos de Morrissey en Madrid y Barcelona son dispares, como dispar es la opinión hacia Morrissey. Levanta pasiones positivas y negativas, siempre ha sido así y él juega con ello. Sabe que además de un cantante es un personaje. Ha creado su propio personaje y debe ser fiel a él. Dicen de él que es un divo ególatra y deslenguado, que nunca superó nada de lo que hizo con The Smiths, que el verdadero alma del grupo era Johnny Marr… Todo ello es posible que sea cierto, pero ya dije que no justificaría mis pasiones. Ahora bien, a título de dato científico, es curioso que todas las crónicas se quejen de que sólo cantó tres canciones de su viejo grupo, cuando con él grabó cuatro LP’s y en solitario ya lleva diez, además de que The Smiths se separaron hace veintisiete años. Creo que tiene derecho a basar sus conciertos en sus discos en solitario, especialmente, como hacen todos los músicos en giras promocionales, en su último trabajo. En este caso World Peace Is None of Your Business. Un título que es toda una declaración de principios: la paz mundial no es de nuestra incumbencia, dejémosla a los políticos que la seguirán destruyendo:

La paz del mundo no es de tu incumbencia
Tu no debes interferir con arreglos
Trabaja duro y dulcemente paga tus cuentas
Nunca preguntes el para que
Oh, tu pobre tonto pequeño oh, tu tonto

                Pero si las crónicas de los conciertos no dejan de insistir en la decadencia de Morrissey, aunque hay quien dice que aun así volvería a verlo, los comentarios de los lectores no tienen desperdicio.

Desde hace un tiempo, me resulta más gratificante leer los comentarios de los lectores de las noticias digitales que la noticia misma. Se trata de un experimento sociológico: comprobar cómo está el personal. Cómo es la sociedad que me rodea, qué piensan todas esas personas con las que me cruzo en la calle, que me acompañan en la cola del pescado, que llenan conmigo un bar nocturno. Y la conclusión es que la gente está fatal.

Os pongo en antecedentes. En el concierto de Madrid, Morrissey, fiel a sus ideas, arremetió contra la llamada Fiesta Nacional (por cierto hoy, 12 de octubre, también es otra fiesta nacional que coincide con el inicio de otro exterminio, éste de indígenas en América). En su último disco aparece la canción The Bullfighter Dies (Muere el torero), donde se alegra de la muerte de un torero en una plaza de toros. Nada espectacular en el deslenguado Morrissey que llegó a decir de Margaret Thatcher en una canción (Margaret on the guillotine): “La gente buena / Tiene un sueño maravilloso / Margaret en la guillotina / … ¿cuándo te morirás?”. Además, en el preludio de la canción antitaurina, no se le ocurre otra cosa que decir que la Fiesta Nacional, es la “vergüenza de España”. Qué has dicho, ya la has liado parda Morrissey, ahora ya no tienen piedad contigo en los comentarios de los lectores, porqué, además, tienes otro pecado en tus entrañas: eres inglés. Bien está que se metan con nuestras ancestrales (y bestiales) tradiciones, pero que lo haga un inglés: ¡hasta ahí podíamos llegar!.

Se desata entonces todo nuestro vesánico odio a lo inglés. Se despierta el más acendrado sentimiento nacionalista español y, aprovechando la coyuntura (que está como está estas fechas), arremetemos también contra los catalanes. He leído de todo en dichos comentarios: que si podía meterse con la caza del zorro en Inglaterra (y se abre un estúpido debate sobre si sigue prohibido o no), que si Gibraltar “español”, que si podía meterse con la reina de Inglaterra y dejar a nuestro jubilado rey, Campechano I, en paz. Todo porque dijo que debería estar en la cárcel por matar elefantes en África. Por eso y por muchas otras cosas, añadiría yo. Algún comentario, raya en la histeria patriotera y no tiene desperdicio. Como éste de javivibc: “no he oído ninguna de tus canciones, no he ido a ningún concierto tuyo, ni siquiera tengo el disgusto de conocerte, pero, ¿cómo te atreves a hablar de mi país, de mi rey, de mi fiesta nacional? ¿Acaso yo voy a tu país a criticarte a ti o a tu gente, a tus costumbres o a tus gobernantes? Hazme un favor, vuélvete por dónde has venido, metete en tu puta casa, escucha tus canciones de mierda, critica a tu propio país y a tus gobernantes, y déjanos a los españoles en paz”.

Se podría hacer una tesis doctoral de Sociología sólo con este comentario, pero lo voy a dejar para mis alumnos. Únicamente comentar la facilidad con que nos contradecimos continuamente cuando nos ponemos en modo NACIONAL. Lo de “yo no voy tu país a criticarte” es todo un clásico. Es un argumento tan castizo como el Tranvía del Ocho en Madrid. Y no sólo lo usamos contra los extranjeros, también contra el forastero. O no habéis oído eso de “¡a mi pueblo vas a venir tú a decirme como torturo yo a mis animales!”. Pero además, con Morrissey nada de lo que dicen estos patrióticos comentarios sirve. Nadie como él se ha metido con la familia real británica. El concierto de Madrid, sin ir más lejos, se abrió con esta frase: “tengo una buena noticias que daros…” y comenzó a sonar la espléndida The Queen is dead (“La Reina ha muerto”), mientras aparecía sobre el escenario una imagen de la reina de Inglaterra haciendo una peineta. Por cierto, hace eso aquí cualquier grupo musical y aparecen los antidisturbios para parar el concierto y arrear una somanta de palos. Pero como es la reina de Inglaterra, ¡qué le den! Además, en otro momento del concierto apareció una frase proyectada sobre una imagen de Kate Middleton y el Príncipe Guillermo: United King-dom. Algo así como Reino Bobo Unido. ¿Alguien da más en la crítica a su propio país y la bobería hacia la familia real? Sobre su posición contra la caza del zorro, poco que decir de quien ha criticado por ello no sólo a la familia real británica sino a músicos como Bryan Ferry y PJ Harvey.

La histeria se desborda. Hay quien llega a decir que hizo una encerrona a quienes pagaron los 56 euracos que costaba el concierto al escuchar las lindezas de Morrissey contra la “vergüenza nacional”. ¡Pues si alguien paga esa pasta por un concierto y no sabe de qué va el cantante, qué se lo haga mirar! Pero, claro, es posible que haya todavía quien siga yendo a los conciertos para acompañar a un nuevo ligue y ver si después de él cae algo. Y se llega ya al súmmum cuando alguien dice que a  ver si se atreve en el concierto de Barcelona (que era al día siguiente) a meterse con los castellets, pues son un peligro para la integridad de los chavales. Ya digo, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, me meto con Cataluña, que es otro deporte que se está convirtiendo en “Fiesta Nacional”.

En fin, que la gente está fatal, ya digo. A mí me sigue emocionando escuchar a Morrissey mientras corro por las mañanas, y por las tardes, mientras escribo, mientras leo, mientras conduzco, mientras… Y es una pena que quizá no vuelva por España, aunque me queda la opción de coger el petate, marchar a una ciudad europea y esperar que su salud o sus berrinches no le hagan cancelar el concierto. Mientras tanto, me conformaré con escucharlo en conciertos grabados tan emocionantes como este de Glastonbury en 2011:

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