NACE LA AVN: Asociación de Víctimas de la Navidad

descargaAhora que la AVT (Asociación de Víctimas del Terrorismo) comienza a perder la razón de su existencia, no podíamos desde Un Club Sin Socios dejar huérfana a España de su acérrimo victimismo. Por ello, en este día (22 de diciembre) en el que se inaugura oficialmente la Navidad con su Sorteo millonario, damos la bienvenida a una nueva Asociación de Víctimas, en este caso de la propia Navidad.

Serán muchos los que en estos días lancen sus soflamas contra la Navidad. Son legión los que escriben (escribimos) contra ella, por lo que ya es hora de que nos unamos, como buenos ciudadanos, y registremos nuestra Asociación en el Ministerio del Interior. Si los personajes de Arto Paasilinna en su encantadora novela Delicioso suicidio en grupo fueron capaces de organizar un congreso de suicidas finlandeses, creo que los españoles, por una vez, seremos capaces de unirnos por algo (nuestro victimismo debe ayudar) y crear dicha Asociación. Si es preciso, como Felipe González con la Fundación que lleva su nombre, me presento voluntario para su organización y si cae alguna subvención, como a la del viejo Isidoro, ya me encargo de administrarla. Para otra cosa no serviremos los españoles, pero para formar asociaciones de afectados que saquen una buena tajada pública, nos pintamos solos.

Si es necesario, al igual que la AVT, podemos solicitar la ayuda de la iniciativa ciudadana ¡Basta ya!, que podría incluir entre sus objetivos además de la lucha contra el terrorismo, la defensa de sus víctimas y la salvaguardia del estado de derecho, la lucha contra la Navidad, la defensa de sus víctimas y la salvaguardia de nuestros cuerpos y mentes en estos días. También podríamos requerir la ayuda del Sindicato Manos Limpias, para que nos ayudara a mantener las nuestras impolutas de restos de mazapán, polvorones y turrones a la piedra que dejan los dedos pringosos.

Los actos perpetrados por la Navidad son cuantiosos y de gran peligro para la salud corporal y mental. Describirlos ayudará a  que logremos en nuestro próximo congreso fundacional el consenso que nuestros parlamentarios no logran obtener desde los tiempos de Suárez.

El primer acto comienza en el día de hoy con el Sorteo del Gordo de Navidad. Verdaderamente deberían sortear un señor obeso para hacerle pasar las navidades con alguno de nosotros y que se le quitaran las ganas de excesos digestivos. Pero no. Los niños (y niñas, desde hace unos años) de San Ildefonso (¿y San Indefonsa, debería decir?) nos martirizarán toda la mañana con su insoportable cantinela. Al menos cuando teníamos como moneda nuestra añorada peseta, la cantinela tenía su ritmo, pero ahora, con el euro, tiene menos melodía que J Ramírez (conocido como J, cantante de Los Planetas). Al final de la mañana, las televisiones inundarán todos nuestros rincones con las declaraciones de los agraciados, para envidia del resto del país. La lotera dirá que ella no se ha quedado nada del décimo agraciado, pero que está igual de contenta por haber repartido tanta alegría. ¡Y una mierda!, lo que quisiera es haberse quedado una serie completa, por lo menos, y cerrar el chiringuito lotero para siempre, retirándose a las islas Caymán con las inversiones de la millonada (una vez restado el 20% prescriptivo de Hacienda). Total, una vez convertida en multimillonaria, pasará a un nuevo status, el de los españoles defraudadores a ojos vista del Erario Público. Otros brindarán con champán (cava si cae el Gordo en Cataluña), pues ya sabemos cómo están las cosas con esto del referéndum y las campañas antiproductos catalanes.

Pero no hay descanso, el martes la Navidad volverá a perpetrar otro de sus actos malvados. Quizá uno de los más temibles: la comilona de la Nochebuena. Ello si hemos logrado ponernos de acuerdo dónde celebrar tan entrañable evento. Que si toca en mi casa, que si toca en la tuya, que si el abuelo no puede moverse de casa, que si en mi casa no cabemos, que si en la tuya estaremos apretados. Un lío, bien sea por deseos de hacerlo en la casa propia o por deseos de que no vuelvan a ella y te acaben rompiendo las pocas copas del ajuar que te quedan sanas. Y ello si hemos logrado consensuar el menú, ya decíamos que la poca práctica consensuativa española desde los tiempos de Suárez nos lleva a hacer peligrar el evento. La cena puede acabar con cuatro primeros y sin postre o tres postres y sin marisco porque nadie quería quedarse sin paga extra de Navidad otro año, al precio que está el susodicho manjar. Todo puede volver a derivar en otro “que si”: que si mi marido no puede probar el cordero, que si a la abuela no le gusta el pavo (“que se le hace bola”), que si el año pasado sobró de todo… ¿Y la hora? ¿Antes o después del discurso de Campechano I? “Mejor durante y así nos hacemos unas risas”, dice el cuñado republicano, que de todo tipo de cuñados está lleno el mundo.

Y durante esa tarde habrá comenzado uno de los daños colaterales de la Navidad, aunque puede convertirse en un suplicio: los mensajes de móvil felicitando la misma. Reconozco que los hay sinceros, pero otros los miras y te dices a ti mismo “pero éste/a que no se ha acordado en todo el año, ¿a qué santo me felicita la Navidad?”. Si tienes suerte sólo recibes una simple frase de felicitación, pero como tengas amigos/as con inventiva (copiada de internet, eso sí) te pueden llenar el móvil de frases más cursisque las de Superñoño, el héroe más blando que la mierda de pavo, que decían mis ínclitos paisanos de Muchachada Nui. Como por ejemplo ésta: “A veces alguien llega a tu vida y sabes de inmediato que nació para estar allí. Por eso te echo de menos tanto esta Navidad…”. Pues ya podías echarme de menos el resto del año y llamarme a ver cómo estoy o para devolverme ese libro que te presté hace mil años. Esta Navidad creo que puedo librarme de gran parte de estos daños colaterales, pues he oído que ya la gente no envía sms, que todos van a enviar wassaps, que son gratis. Y a mí no podrán lanzarme esos mensajes diabólicos pues carezco de él.

Tras la cena de Nochebuena, llega el día de Navidad. Vuelta a la opípara comida. Como hayas tenido mala suerte en el reparto de los eventos navideños, o tu casa sea la única donde caben veinte personas, te toca recoger los restos de la cena y preparar la comida de Navidad. Por ello, desde hace unos años se ha extendido la costumbre de irse a un restaurante. De esta forma evitamos hacer trabajar en la cocina a nuestra mujer (o marido como es mi caso) en un día tan señalado y revitalizamos la economía patria para que a Rajoy le salgan las cuentas del paro en el mes de enero. Tras la comida llega la tarde de Navidad, una de las tardes más tristes del año, máxime  para mí desde que se clausuró aquel mítico Torneo de baloncesto de Navidad del Real Madrid. ¡Cuántas tardes del 25 de diciembre pasé disfrutando de las proezas de Carmelo Cabrera, Luyck, Brabender, Walter Szczerbiak y aquellos pioneros del basket nacional! Tenían que traer equipos de gran valía para poner en aprietos al entonces imbatible Real Madrid que se paseaba en la liga española. Como en 1971 y 1974 al traer al Torneo a los Tar Heels de Carolina del Norte, cuando el basket universitario americano era un sueño (no digamos la intocable NBA, de la que no conocíamos ni su existencia).

Diréis que me he saltado el episodio de los regalos de Papa Noel, pero es que en mi casa somos de los Reyes (todos tenemos nuestras contradicciones, los republicanos también). Por ello no os puedo dar muchos detalles de sus fatales consecuencias. Espero que en el próximo congreso fundacional de la AVN alguien me relate algún suceso siniestro del gordo de la barba blanca.

Pero la Navidad no da tregua. Apenas transcurridos dos días del ataque de resaca, empacho, nostalgia y aburrimiento perpetrado el día 25, llega el día 28, Día de los Inocentes. La tradición católica conmemora una matanza producida hace más de dos mil años, pero la AVN debería reivindicar ese día como nuestro Día (nosotros somos los Inocentes), pues ya a estas alturas de la Navidad deberíamos sacar la bandera blanca y rendirnos ante tanto exceso. Volveremos a ver a las periódicos y a los noticiarios televisivos y radiofónicos contarnos noticias increíbles para que caigamos en la trampa cual inocentes ciudadanos. Pero este año lo van a tener muy difícil. ¿Cómo vamos a distinguir las noticias reales de las inventadas en estos días? Imaginemos que los medios abren sus informativos hace un año con estas noticias: “la Infanta Cristina es absuelta porque no sabía lo que firmaba”, “el President de la Generalitat Valenciana envía a la Policía Nacional a cerrar Canal 9”, “el Presidente del Gobierno, señor Rajoy, da una rueda de prensa a través de una televisión de plasma”, “el presidente de la CEOE, señor Díaz Ferrán, ingresa en la cárcel por delito fiscal”, “Felipe González crea una Fundación con su nombre para el estudio de su figura y se nombra a sí mismo presidente”, “la Guardia Civil registra la sede de UGT” o “llevar capucha en una manifestación podrá ser multado con hasta 30.000 euros”. ¿Hubiéramos pensado que eran inocentadas? Algunos, inocentes nosotros, hubiéramos creído que sí. Quizá el 28 de diciembre de este año, la noticia sea que los ministros Gallardón y Wert han presentado su dimisión y el presidente Rajoy, para seguir su línea de actuación, ha nombrado a monseñor Rouco Varela nuevo ministro, unificando las carteras de Justicia y Educación, las cuales pasarán a llamarse Ministerio para la Doctrina de la Fe (antes conocido como Santa Inquisición): “entre las primeras medidas propone la quema en plaza pública de las mujeres abortistas, la prohibición de la asignatura de Biología, sustituida por el estudio del Génesis, y la canonización de don Francisco Franco Bahamonde, Luz de Trento, martillo de herejes, espada de Roma…”. Yo ya no lo pillaría como una inocentada, quizá todo sea posible en este país de beaterío galopante.

Y sin tiempo para el respiro llega la Nochevieja. Vuelta a la misma discusión de la Nochebuena: en qué casa, qué cenamos, quién compra el cotillón, quién baja a los chicos a la macrofiesta del Centro… Es preciso cenar deprisa para poder preparar las uvas, algunos incluso pelarlas (los más delicados hasta quitarles la granilla). En los últimos instantes, nueva discusión para ver en qué cadena se ven y escuchan las últimas campanadas: “en la 1, que está la Igartiburu”, “venga ya, que está mayor, mejor en Antena 3, que sale la Anna Simon y seguro que enseña el canalillo, a pesar del frío”; “anda, salido, pon Telecinco, expone tu mujer, que las da Paco León, que tiene más gracia y también está bueno”; “venga, no discutáis, apostilla tu cuñado el progre, poned La Sexta”, mientras le babea la comisura izquierda de los labios, sabiendo que las da Sandra Sabatés.

Tras las campanadas vienen los brindis, los besos, los abrazos, la apertura del cotillón y… el aburrimiento. A cierta edad, ponerte a bailar la conga comienza a ser patético. Siempre queda el recurso de ver alguno de los programas televisivos de Nochevieja. Pero no sé qué será más decadente: volver a ver a Raphael, Bisbal, las actuaciones de Martes y Trece o los chistes de Eugenio. Nuevamente volverán a aparecer los mensajes de felicitación en tu móvil. Esta vez con deseos de felicidad (sí, hasta de ese compañero que ni te saluda por el pasillo), prosperidad, amor, salud y suerte. Alguno hará la típica gracia sobre tu  vida sexual o sobre las uvas que se te atragantan, o sobre ambas cosas a la vez.

Al final te vas a dormir a una hora prudente, mientras no puedes conciliar el sueño agobiado por dónde estarán tus hijos y a qué hora volverán. Si no has tenido suerte en el reparto de festejos navideños, tendrás la casa llena de confetis, polvorones espachurrados, restos de cabeza de langostinos rechupeteadas y alguna mancha en el sofá. Recoges lo que puedes, mientras llega la hora de poner en la TV el Concierto de Año Nuevo desde Viena, con sus valses y su Marcha Radetzky. A continuación era tradicional ver los saltos de esquí desde Garmisch-Partenkirchen, pero desde 2011 TVE ya no los emite. No entendías nada de lo que veías, pero era una tradición, como felicitar la Navidad, que tampoco se entiende.

Y si triste era la tarde del día de Navidad, qué decir de la tarde de Año Nuevo: aburrimiento total. No tienes ganas de salir, ni de ver nuevamente repetido el Especial de Nochevieja, ni de seguir comiendo hasta el reventón final.

Y cuando el resto de países cierran la Navidad con este evento, en España damos una vuelta de tuerca más y a los cuatro días nos damos de bruces contra la Cabalgata de Reyes, la Noche de Reyes y el Roscón. ¡Será por comida! Las parejas más jóvenes se afanarán en la búsqueda de los regalos para los niños, dónde esconderlos (¡pero si algunos ya tienen wassap y se han pasado el mensaje de “los Reyes son los padres”!) y hasta dónde completar la lista de agraciados: sobrinos, resobrinos, tíos… Tendrán que llevar a los niños a la Cabalgata y sortear los caramelos que los pajes y reyes lanzan como si de bombas de racimo se tratara. Las parejas más maduras se debatirán entre seguir ejercitando el viejo rito del regalo sorpresa o ir al Corte Inglés y repartir a cada uno una tarjeta-regalo y que se apañen.

A la mañana siguiente tienes la plaza llena de niños con su bicicleta nueva, sus coches teledirigidos y sus muñecas parlanchinas, que no duran más de esa mañana, pues al llegar a casa, durante la tarde, niños y niñas cogen su videoconsola y su móvil y se dedican a matar monstruos de variada especie.

Y así llega el final de la Navidad. Las bajas han sido cuantiosas: tu tarjeta de crédito, tu estómago maltrecho, tu casa con necesidad de restauración y tus fuerzas agotadas. Con estos ánimos te toca volver al trabajo. Depresión postvacacional, lo llaman ahora. Entonces todos tus compañeros cuentan sus peripecias y los estragos de la Navidad. Sería el momento preciso para concienciarlos a todos y, aprovechando el primer fin de semana, celebrar el Congreso Fundacional de la Asociación de Víctimas de la Navidad.

P.D. No os he hablado de las canciones navideñas, otro ataque furibundo en estos días, pues ya sería alargar en exceso la lista de agresiones navideñas. A este respecto, muchas han sido las canciones contra la Navidad escritas en idiomas varios, pero por haberme sido recomendada por una muy estimada persona que también sufre con los excesos navideños os dejo con la de Ska-P, La Navidad es mentira. La propondré como himno de nuestra asociación.

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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3 respuestas a NACE LA AVN: Asociación de Víctimas de la Navidad

  1. Francesc Verdú dijo:

    Una informació “adicional”: A Castalla algun foraster ha posat megafonia pels carrers i ens bombardegen “all the day” amb cançonetes i comentaris, pitjor que si estigueres tot el dia al “Parrús de My LadY”. Cutre, cutre, cutre… Per favor, apunta’m ja a l’Associació

  2. Joan Castells López dijo:

    I ja dura més de 50 anys aquesta tradició, hem de fer alguna cosa?…O fins i tot, ens agrada perque ens fa reviscolar el passat?
    Avís: l’únic regal que he rebut fins ara és un llibre:”Al envejecer los hombres lloran”. …al dia següent em vaig comprar un cinturó de pell de serp, els que em coneixeu podeu tirar-se les mans al cap. No sé com acabarà, però aquest Nadal no està desmereixent una merda d’any com el que hem viscut.

    • Ay, company i amic! Com sempre què raó tens! Si es que en el fons ens agrada fer com si tingueren 20 anys! Acabe de parlar amb la nostre estimada amiga i companya de fatigues i m’ha recordat una altra tradició, aquesta de Nitvella: la conga, ballant amb el collar de hawaiana i el matasogres. Matar sogres no sé, però el collar, com siga un tant resistent, no sé si no acabarà amb el mateix ús que el teu cinturó de pell de serp.
      Resiste!!! Jo he agafat, de nou, la teua novel·la recomanada “Mason y Dixon” de T. Pynchon, són 958 pàgines que fan més lleugeres les tradicions del Nadal.

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