BOLSILLOS ROTOS: voy a perdelo todo

descarga            Cada vez tengo más rotos los bolsillos del pantalón. Por eso cada vez pierdo más cosas por sus agujeros. Echo la mano a los bolsillos, especialmente en tardes de ordenador y música, y no encuentro ya nada. Por las mañanas cuando me levanto, rebusco en el fondo de los pantalones. Mientras intento dormir un poco más, mientras procuro poner en marcha mi cuerpo, mi mente, me entran ya pocas ganas de ver si hay algo dentro.

Llevo mucho tiempo perdiendo cosas por los agujeros de los pantalones. Dice mi madre que son demasiado viejos y ya no tienen remiendo posible. Va a ser eso. Antes era posible poner recosidos para evitar perder las cosas por los orificios. Estos se han convertido últimamente en boquetes. Son cada vez más grandes y pierdo cosas más importantes cada vez. Un día perderé el ánima y no me daré ni cuenta.

Al principio los agujeros eran casi imperceptibles. Era difícil que algo se escapara por ellos. Sólo notaba su existencia. Metía la mano en el pantalón y tocaba levemente mi muslo frío. Pero nada se escapaba por ellos. Después se fue abriendo una abertura algo mayor. Y se escaparon las primeras cosas. Les tenía bastante aprecio. Las había cuidado durante tiempo. Formaban parte de mí. Y, la mayoría de las veces, las perdía sin darme ni cuenta. Un día miraba en el bolsillo, sacaba su forro al completo y ya no estaban allí. A pesar de mi connatural vergüenza, acababa llamando por teléfono para ver si las había dejado olvidadas. O para conocer si no habían caído del bolsillo y había sido culpa mía y las había extraviado en un banco del parque, como aquellas gafas de sol mientras veía como mis hijos se columpiaban.

El boquete fue creciendo en tamaño y cada vez perdía más cosas y más importantes. Un día perdí una apreciada bola de la suerte. Era naranja. La había conseguido casi sin esperarla. Pero la retuve muchos años. Varias veces estuve a punto de perderla, pero su sonido contra el suelo delataba su caída y la introducía de nuevo en uno de mis bolsillos. A ser posible en el menos roto de ellos. Más tarde perdí la llave de la caja fuerte de los deseos. Aunque era de metal, no escuché su sonido contra el suelo. Volví sobre mis pasos cuando detecté su pérdida, pero no me fue posible recuperarla. Quizá se había caído en alguna de las ciénagas que recorro en mi camino diario hacia el trabajo.

Muchas veces, cuando perdía alguna de estas cosas, intentaba convencerme, por propia iniciativa o influido por otros, de que no eran cosas importantes, de que no me eran realmente necesarias. A veces llegaba incluso a creerme que ello podía ser cierto. Pero con el paso del tiempo he ido reconociendo que hubiera sido mejor no perderlas.

En cambio, reconozco que a veces me metía cosas en los bolsillos con la esperanza de que se acabaran perdiendo. Descubrí la estrategia cuando el agujero de mi bolsillo derecho alcanzó un tamaño considerable. Era un buen sistema para deshacerse de cosas viejas, usadas, rotas, despreciables. Muchos me reclamaban, a veces, su devolución si no eran mías o que se las enseñara, pues habían sido motivo de alegría entre la concurrencia en otro tiempo. Pero ya eran otros tiempos y era mejor deshacerse de aquellos objetos que sólo me provocaban desasosiego. ¡Qué bien venían en aquel momento los agujeros de mis bolsillos!

Un día metí la mano en el bolsillo derecho y ya me cabía entera en el orificio. Ya no era un simple agujero. Se había convertido en un verdadero boquete. Era posible introducir la mano hasta la mitad de la pierna. Me asusté. Ya no sería posible meter nada en ese bolsillo. Había quedado inutilizado. Ahora entendía por donde había perdido cosas tan importantes. Ahora comprendía por qué en mi mesa de escritorio cada vez quedaban menos cosas. En ciertos momentos aquello tenía sus ventajas: menos que ordenar, menos que limpiar. Pero otras me entraba una fuerte preocupación pues no tenía nada con lo que distraer mis interminables momentos de soledad. Antes, cuando el agujero era apenas imperceptible, tenía objetos varios con los que entretenerme: mi colección de coleópteros, que he perdido poco a poco al sacarlos para enseñarlos a las visitas, mis sellos con las banderas del mundo, que he extraviado mientras los llevaba a la reunión del Grupo de Amigos de los Sellos con Banderas del Mundo y mis miniaturas de coches de carrera que se debieron caer del bolsillo cuando iba a dejárselos a aquel niño que jugaba con ellos en el parque.

Ahora sólo me queda practicable, como tal, el bolsillo izquierdo. Pero también tiene un agujero considerable. Y tengo miedo de perder las pocas cosas de valor que me quedan. Últimamente me ronda por la cabeza la idea de que sólo deseo irme antes de que caigan en algún lugar donde no pueda recuperarlas. La idea de que algunas caerán próximamente por mi pierna izquierda a través de ese maldito agujero me ha llegado en la última reunión del Grupo de Amigos de los Jóvenes Ilusionistas. Ya me han anunciado que tarde o temprano perderé los grabados con sus fotos, las que me regalaron en aquella caja de mimbre hace unos años. En cuanto pasen unos meses el agujero será suficientemente grande para que las pierda. No desearía que ocurriera, pero me han dicho que no podré evitarlo. Que por mucho que lo intente, no será posible impedirlo.

A veces me gustaría ser como mi amiga Merichel que le ha acabado quitando los bolsillos a los pantalones y sólo lleva las pocas cosas que aprecia en un bolso de mano, para no perderlas. Ni le importa llevar bolsillos en los pantalones ni haber perdido determinadas cosas, que ella no considera necesarias.

¿Y qué solución me queda a mí? El otro día me vino una idea a la mente que quizá sólo sea una ocurrencia, pero debo madurarla para mantener las pocas cosas preciadas que me quedan en los bolsillos. Agrandar esas cosas. Ya que no puedo hacer más pequeño el agujero, mi madre dice que les ocurre a todos los pantalones con el paso del tiempo, voy a ver si puedo hacer crecer esas pocas valiosas cosas que me quedan encima del escritorio y que no tengo más remedio que llevar de cuando en cuando en los bolsillos. Quizá no quepan por el agujero izquierdo y pueda retenerlas hasta el final.

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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7 respuestas a BOLSILLOS ROTOS: voy a perdelo todo

  1. Francesc Verdú dijo:

    Afortunadament l’amistat no cap per eixe forat, segur. Una abraçada!

  2. Elena dijo:

    Sense voler llevar-li el lloc a la nostra amiga Maku, avui vull regalar-te aquest poema en anglés… d’eixos que -com tu dius- ens lligen a nosaltres,… jo me’l vaig trobar en època de moltes coses perdudes. Visca l’art de perdre tot allò que necessiten deixar enrere per poder continuar.

    ONE ART
    The art of losing isn’t hard to master;
    so many things seem filled with the intent
    to be lost that their loss is no disaster.

    Lose something every day. Accept the fluster
    of lost door keys, the hour badly spent.
    The art of losing isn’t hard to master.

    Then practice losing farther, losing faster:
    places, and names, and where it was you meant
    to travel. None of these will bring disaster.

    I lost my mother’s watch. And look! my last, or
    next-to-last, of three loved houses went.
    The art of losing isn’t hard to master.

    I lost two cities, lovely ones. And, vaster,
    some realms I owned, two rivers, a continent.
    I miss them, but it wasn’t a disaster.

    – Even losing you (the joking voice, a gesture
    I love) I shan’t have lied. It’s evident
    the art of losing’s not too hard to master
    though it may look like (Write it!) like disaster.

    Elisabeth Bishop

  3. Elena dijo:

    I estic molt d’acord amb la teua proposta: fer grans les coses que no volem perdre… genial.
    Una forta abraçada.

  4. A Paco i Elena: sou tan grans no mai entrareu pels forats de les meves butxaques

  5. Joan Castells López dijo:

    Descosidos,rotos,agujereados llegan nuestros bolsillos a estas alturas del camino; en el arte de vivir deprisa- siempre difícil – se descosturan nuestros seres y ya somos cual tropa de famélicos bandoleros sin pasado. Enganchados a nuestras pobres monturas avanzamos,avanzamos y parece que el desierto ( la nada ) nos gana terreno puesto que la distinguimos entre nosotros y un raquítico horizonte. Enfebrecidos, buscamos en la mirada de los compañeros el hálito de esperanza que parece huir de nuestro mismo interior y cuando vemos el dolor o la duda o el frio en esa mirada, un pequeño derrumbe se produce en algún lugar entre tu coraza y tu puro hueso.
    Amic, germà, hi veuràs de tot als meus ulls però et necessite per continuar en esta boja cavalcada, t’ho diu algú que ha viscut sense butxaques fins que algún altre li ho va fer veure. Jo no he sigut conscient dels meus propis forats fins que no he volgut desmontar i buscar herba per al meu cavall i per mí mateix, no hi havia res per ficar puix que no hi ha lloc per ficar-ho.
    Ara, en els retalls que porte i on intente guardar algunes coses que queden al meu abast, estas tu i t’has enganxat a la vora com un veí assegut a la porta i mirant el seu voltant, mirant-me i considerant-me com un igual, en qualsevol moment podem anar-nos en, junts, sense direcció i sense voler parlar-ne tampoc.

  6. Juan Antonio dijo:

    Leo tu entrada con sensaciones contrariadas: la de la tristeza que contagias y la de la admiración por la expresión cada vez más acertada de unos sentimientos que, aunque son propios, reflejan los nuestros. La oscuridad del pensamiento frente a la brillantez de la metáfora.
    Pero lo más importante es que al final relumbra la esperanza de saber quedarse con lo mejor de la vida, o, al menos, de hacer el esfuerzo por conseguirlo. Hoy, maestro, nos has dado otra lección. La más importante.

    T’estime.

  7. Pingback: DYLAN CUMPLE 75 AÑOS: Yo más de 50 al calor de sus canciones | Un club sin socios

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