BLUE JASMINE: Un toque de real irrealidad

Blue-Jasmin_38La última obra de Woody Allen parece sacada del mundo real, al menos del occidental, ahogado por una crisis que ya parece alargarse demasiado. Así la anunciaban los críticos la pasada semana. Confieso que ello fue lo que me acercó a esta obra de uno de los más grandes de la historia del cine. Sólo por haber rodado “Match Point” merecería dicho honor, sin menospreciar buena parte de su obra, pero ésta tiene para mí un significado especial.

Pero, desgraciadamente no lo es. No es un retrato vivo de la situación actual de crisis. Al menos en lo que en España hemos visto y estamos viendo. En esta crisis los grandes potentados, los que durante los años de bonanza se forraron a costa de los demás, los que gastaban a manos llenas en yates, aviones privados, viajes de placer de fin de semana a París, compras compulsivas en Cartier o Dior… no están siendo detenidos en pleno Centro de nuestra ciudad, esposados e introducidos en un coche patrulla. Sus esposas no se tienen que refugiar en familiares que viven en una especie de Lian Shan Po, en los suburbios de la ciudad. Y, en fin, no se suicidan cuando las cosas les van mal. Aquí, en nuestra crisis, los únicos que se han terminado suicidando han sido los desahuciados por los bancos o algún vejete estafado por las preferentes.

Por eso la película es irreal. Nos muestra que los pobres, en el fondo son más felices. Y que los ricos, en su artificialidad, son odiados por sus hijos cuando descubren la mentira, acaban solos, y hablando solos, perdidos en un banco del parque con su prozac. Pero yo, en los bancos de los parques, sólo he visto pobres muertos de hambre (literalmente, no es lenguaje figurado) cubiertos por cartones. Los que toman ansiolíticos son los miembros de las familias que no pueden pagar la hipoteca.

O quizá Woody Allen quiso que así fuera: una irrealidad que debiera ser real. Rodar lo que a muchos nos hubiera gustado que ocurriera. Que los estafadores pagaran con sus huesos en la cárcel.

Pero la realidad es bien distinta. Los titulares de los periódicos se llenan cada día de encausados, descubrimiento de nuevas tramas, reapertura de viejos casos. Nos lanzamos (yo ya casi no, lo confieso, de esto también me estoy quitando) ávidos a leer las noticias en el periódico, en la i-pad, en el portátil. Nuevas revelaciones sobre el caso Noos, el caso Gurtel, los ERE de Andalucía… Y al final ¿qué? ¿En qué quedará todo? Quizá alguno ingrese en prisión unos meses, luego saldrá y podrá disfrutar de los millones estafados. Les sale a cuenta. Merece la pena el riesgo.

¿Y nuestras protestas contra los recortes educativos, sanitarios y sociales? ¿Qué se está logrando? Cuando dejan de ser titular de prensa, ¿en qué quedan? Ahora que es noticia, ¿qué quedará de Canal9 dentro de unas semanas? Cuando ya no exista, ¿quién se acordará de ella? Todo me recuerda al título de aquella magnífica película de Díaz Yanes “Nadie hablará de nosotras cuando hayamos muerto”. Efectivamente, nadie hablará de estas noticias cuando hayan muerto como actualidad.

Pero, ¿fue siempre así? No, creo que no. Llevo semanas dándole vueltas al asunto (soy, como sabéis de hacerlo con frecuencia) y me ha surgido la siguiente pregunta: ¿desde cuándo el poder, sea cual sea, se ha sentido impune? ¿Cuándo perdió la sociedad su capacidad de reacción? ¿Puede el poder hacer lo que quiera, pues no pasa nada?

Tarde o temprano la marea informativa apaga sus luces y a otra cosa. Tarde o temprano los jueces determinan que no ha pasado nada, que todo fue un accidente sin responsables. Durante la semana pasada se emitió la sentencia sobre el caso “Prestige”. ¿De qué sirvieron tantas protestas, tantas acusaciones, tantos titulares de prensa? Al final el juez establece que no hay responsables. Seguro que en casa de algún exministro se ha brindado con champán por el feliz suceso. Pero ahí quedarán las palabras de tanto responsable irresponsable, según el juez:

“La marea no va a llegar a las Rías Baixas” (21/11/2002); “El fuel no debe llegar a la costa pero se han tomado todas las medidas posibles” (28/11/2002), Mariano Rajoy, entonces vicepresidente del gobierno.

“Una primera impresión de la situación, después de haber sobrevolado la zona, es bastante positiva, ya que puedo decir que no hay playas manchadas de chapapote”, (24/12/2002), Federico Trillo, ministro de Defensa en aquel momento.

“Probablemente el fuel no toque la costa gallega” (14/11/2002); “El destino del fuel en el fondo del mar es convertirse en adoquín” (19/11/2002), Arsenio Fernández, que era delegado del gobierno en Galicia.

Pero, sin duda, la mejor es la que realizó la esposa, en aquel entonces, del presidente del gobierno y actual alcaldesa de Madrid: “En la catástrofe del Prestige solo hay un culpable: el barco” (12/12/2002). Pues tenía razón, o así lo ha declarado el juez. Es lo que tienen los barcos que tienden a hundirse por sí solos y quienes tienen que evitar las consecuencias de su hundimiento, deben limitarse a decir la primera parida que se les ocurre.

Y este fin de semana hemos tenido otro esperpento más de nuestra (sic) clase política. El juez encargado del caso Noos se desplaza a Valencia a tomar declaración a, entre otros, la alcaldesa de Valencia (Rita Barberá) y el expresidente de la Comunidad Valenciana, Francisco Camps. Éste como miembro de la casta de los “intocables” (¡qué diferencia con los que pueblan la India!) puede declarar por escrito y a su domicilio se desplaza el juez con el secretario del juzgado, pero no está en casa ni coge el teléfono. Arden las redes sociales. En internet no se habla de otra cosa: el expresidente ha desaparecido. Pero él dice que está en su casa tranquilamente y que el juez no ha hecho mucho por buscarle. Y que él no se ha enterado de nada. Pero, vamos a ver, este hombre es peor que yo: ¡es que no tienes wasap, Francisco! Ninguno de tus “amiguitos del alma” te ha enviado un wasap diciendo “eh, que te busca el juez, que me he enterado en el twiter”. Se ve que no. Y el juez, que se le va a hacer, contesta que ya volverá otro día, que no pasa nada. Ahora imaginemos que tú, o yo mismo, nos viene a buscar el juez y no abrimos la puerta. ¿A qué te metes en un lío? Pues ellos saben que no, que no pasa nada. Que nos haremos unas risas en el programa de Wyoming, que el ABC y La Razón le echarán la culpa al juez, o a Rubalcaba, o a los sindicatos, o a ETA como la cosa se ponga fea.

Y como no pasa nada, aquí seguimos. A nuestro rollo cada uno. Ellos impunemente haciendo tropelías, pues las posibilidades de que tengan que pagar por ello son mínimas. Y nosotros, tertulia va y tertulia viene, siempre con la misma cantinela. Y ellos lo saben. Saben que hablamos de ellos, y que lo hacemos mal, pero… No pasa nada. Que hay que borrar el disco duro de un ordenador, pues se borra. El juez decreta que nada tiene que ver con la causa. Que hacer desaparecer los datos de un ordenador donde, supuestamente, se guardaban datos contables sobre el partido nada tiene que ver con la causa. Y nosotros comentamos la jugada. Unos juramos en arameo, cansados de tanta mierda, otros excusan lo inexcusable con razones de peso: “si el juez lo ha dicho, será que es verdad”.

Y si no les parece bien la ley, la cambian. Es lo que tiene la soberanía nacional depositada en sus señorías.

Y así llevamos desde… Realmente no lo sé. A alguno de mis amigos y amigas les he trasladado la cuestión. ¿Cuándo el poder se transformó en el Estado? ¿Cuándo se apropió de él y nos dejó al resto indefensos? Aún no me han dado una respuesta convincente.

Por todo ello creo que la película de Woody Allen no refleja la realidad, sino una irrealidad que desearíamos que se cumpliera. Que los culpables paguen, que se depriman, que se tengan que sentar en un banco a hablar solos y que nosotros les miremos con cara incrédula y les dejemos allí con sus neuras y su prozac.

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s