POSITIVO VS NEGATIVO: Houellebecq vs Newsroom

descargaNo es ninguna novedad la bipolaridad que consume mi existencia. En el día de hoy, lleno de influencias negativas en el trabajo y de momentos gozosos, con los que me quedaré, como me enseñó mi terapeuta particular, también tengo ocasión de reflexionar sobre dos versiones de la realidad (positiva y negativa) que me han llegado estos días.

Ya dediqué mi anterior artículo a mis impresiones, muy particulares e influidas por emociones personales, de la novela de Michel Houellebecq El mapa y el territorio. Lo hice antes de concluirla, por lo que se trataba de una visión parcial. Tampoco pretendía hacer una crítica de la novela, no es mi oficio ni me siento suficientemente capacitado. Cuando comento alguna sólo me interesa exponer mi visión particular, la mayoría de las veces afectada por otros influjos del momento. Ahora, recién finalizada su lectura, me parece aún más extraordinaria. He ido leyendo, por malsana curiosidad, algunos comentarios que en la red se vertían sobre la novela y el autor. Se le tacha de ególatra, de hueca literatura, de no tener argumento, de sinsentido. Me interesa poco la personalidad del autor, sus intenciones y su relación con el mundo literario francés. Lo que me interesa de una obra, literaria o no, es que me enganche. Y El mapa y el territorio me ha enganchado. Cuando estaba acabando su lectura he tenido una sensación que me invade cada vez que cae en mis manos uno de estos libros: no deseo que se acabe. Y una desazón: la de tener que volver a la biblioteca para buscar otro libro que lo sustituya. Últimamente encuentro dificultades para encontrar literatura atrayente y dejo muchos libros a medias. Cuando encuentro uno de la categoría de El mapa y el territorio, me invade el miedo y la sensación de que voy a ir a la biblioteca y no encontraré nada igual.

No voy a desvelar los elementos dramáticos de la trama que la hacen verdaderamente atractiva. Algunos dicen que no tiene argumento, incluso que sus tres partes parecen elementos extraños. Efectivamente, podrían ser tres relatos cortos independientes, pero deben verse como los trípticos del Renacimiento. No sé si el autor no ha pretendido algo así en su obra que tiene el arte contemporáneo como uno de sus temas.  En cierta manera me recuerda al Jardín de las Delicias de El Bosco. La mayoría conocemos el panel central, pero en realidad es un tríptico que representa El Génesis o el Paraiso, en su panel izquierdo, La Lujuria, en el central, y El Infierno, en el derecho. Algo así es la obra de Houellebecq: del génesis, al infierno, pasando por la lujuria de la vida. Y todo ello encerrado bajo la imagen de La Creación del Mundo, porque no muchos conocen que el tríptico de El Bosco se cerraba y entonces aparecía otra obra (casi desconocida) que representaba el mundo en plena creación, envuelto en una esfera (el Universo) en la que no hay seres animados, solo plantas y minerales. Como en la obra de Houellebecq, dentro de ella, encerrada en ella, sólo hay un Mundo inerte sin seres animados. En fin, la sociedad actual en la que es fácil desencantarse del género humano.

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Pero, al otro lado del espejo se encuentra otra realidad. En POSITIVO. Una realidad que hace renacer la esperanza. Mejor que la esperanza: la realidad de que aún hay quien no se mueve bajo espurios intereses. Ayer tuve un momento de goce con la única serie de TV que soy capaz de seguir. Ya os hablé de ella en otro momento: se titula Newsroom. Trata sobre la vida (y los personajes) de la redacción de un programa de televisión sobre temas de actualidad en una cadena ficticia (ACN). El arranque de la serie fue lo que me atrajo, como ya dije: tras tener un problema con una espectadora en un debate, el presentador, Will McAvoy (Jeff Daniels), pierde su popularidad y todo su equipo dimite. Pero el jefe de la cadena, Charlie Skinner (Sam Waterston), confía en él, contrata como productora ejecutiva a su ex-novia, Mackenzie MacHale (Emily Mortimer) y a todo un equipo de jóvenes reporteros que creen en el verdadero periodismo. Su nuevo lema es que van a contar no lo que la gente quiere oír sino la verdad por muy incómoda que sea.

En la primera temporada se atrevieron con el Tea Party, aunque McAvoy se declara republicano, pero no por ello debe tragar con todo lo que el partido indica. En uno de los episodios, al ser cuestionado por la antigua jefa de campaña de un candidato republicano sobre si se declaraba republicano para tener legitimidad a la hora de poder atacarles, Will contesta con estas palabras que no me resisto a transcribir por su irreal esperanza:

“No, me llamo a mí mismo un republicano porque soy uno. Creo en las soluciones de mercado, en la realidad del sentido común y en la necesidad de defenderse contra un mundo peligroso. El problema es que entonces tengo que ser homófobo. Tengo que contar el número de veces que la gente va a la iglesia. Tengo que negar los hechos y pensar en la investigación científica como una gran estafa. Tengo que pensar que los pobres lo pasan bien y tengo que tener un impresionante complejo de inferioridad porque temo a la educación y a la inteligencia ¡en pleno siglo XXI! Pero por encima de todo, el mayor requisito que se me pide – el único requisito, de hecho – es que tengo que odiar a los demócratas”.

En otro episodio, cuando un tertuliano se extraña de que sea republicano criticando como lo hace a los republicanos contesta que sí es republicano pero “no por ello creo que los terremotos se deben al matrimonio homosexual”. ¿Se imaginan esas palabras dichas por un periodista de Intereconomía o por uno de la SER, tanto se me da?

En la segunda temporada están siendo aún más duros, pues la trama central se produce en torno a las tropelías del gobierno americano (en manos de Obama, por cierto) y del ejército americano en Afganistán, Libia e Irak. ¡Se imaginan algo así en España! Pronto saldría la AVT, el sindicato Manos Limpias o los cachorros de Nuevas Generaciones para montar una mani en Madrid, como la del próximo fin de semana, insultar al programa, linchar al presentador y pedir el cierre de la cadena por delitos contra la Patria.

El episodio de anoche fue demoledor. ¡Si fuera posible que algo así ocurriera! Los mismos guionistas ya reconocen que la serie es de ficción y que no creen que algo así pudiera ocurrir ni en Estados Unidos. Pero su planteamiento de partida es: ¿y si fuera posible? Os cuento someramente el episodio. Todo había comenzado en el anterior, cuando les había llegado el rumor de que un comando del ejército americano había utilizado gas sarín en una misión (bautizada como Génova). Movilizan todos sus recursos para averiguar los hechos. Comprueban todos los datos infinidad de veces. Entrevistan a posibles protagonistas. No se fían de sus declaraciones, aunque les den la razón en su hipótesis inicial. Están once meses en plena investigación (¡11 meses!) y aunque quieren dar la noticia, no lo hacen pues no están seguros al cien por cien. Veis, todo ficción. Aquí la noticia se hubiera dado sin más comprobación, si es mentira, al menos nuestros lectores, televidentes, audiencia, es lo que quieren oír y siempre dirán: algo habrá de verdad.

Finalmente, consiguen un testigo directo. Un general que estaba presente en la operación y que se aviene a ser entrevistado, aunque siempre que se mantenga su anonimato. Allá van dos reporteros a grabar la entrevista. Finalmente, al parecer, el general dice que se utilizó gas sarín y que Estados Unidos aún lo posee a pesar de las prohibiciones internacionales. Tras un largo debate (espectacular, aleccionador de cómo debería ser el periodismo), deciden salir en antena con la noticia y dedicar el programa a la operación Génova. La sorpresa viene cuando el general dice que su entrevista está manipulada. Efectivamente, el periodista que la realizó la cortó y manipuló porque, según él, cuando el general dijo que se utilizó el gas, aún no habían empezado a rodar. La otra periodista no puede corroborarlo, pues no estaba presente en este momento. ¿A quién creer?

El periodista es cesado fulminantemente. Y, ¡sorpresa! todo el equipo presenta la dimisión y el programa no se volverá a emitir. Saldrán esa noche a desmentir la noticia de la operación Génova y que se equivocaron, que no lo volverán a hacer más y que lo sienten (¿dónde he oído esto?), pero que se marchan, en consecuencia. ¡Qué lección, S.A.R! Pero no acaba aquí, la realidad ficticia, utópica, de la serie. La dueña de la cadena, Leona Lansing (Jane Fonda), se niega a aceptar su dimisión. Sus palabras, en un lenguaje directo e impropio de una dama de la alta sociedad americana, acaban con un aire tremendamente fresco y positivo sobre una profesión llena de falsedad. No pueden hacerles el juego a sus enemigos. Se han equivocado, bien, pero siguen siendo los mejores y les apoya. El culpable pagará, pero no los demás.

Te quedas con las ganas de decir, y digo, ¿y si esto fuera posible? ¿Y si, algún día, el periodismo nos contara la realidad, aunque fuera contra los propios intereses de la cadena, las ideas preconcebidas de sus clientes, el “interés general”?

En resumen, el mundo parece ser tan terrible como en El mapa y el territorio, pero nos agradaría que fuera como en Newsroom.  El comienzo de la serie os dará una pista. Es absolutamente sublime:

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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2 respuestas a POSITIVO VS NEGATIVO: Houellebecq vs Newsroom

  1. Si com afirmes a l’article El mapa y el territorio t’ha enganxat, llegeix-te (si no ho has fet ja) Plataforma: Houellebecq en estat pur, provocador, misogin, irreverent…

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