ZOOLOGÍA POLÍTICA: Del petiROJO a la GAVIOTA, su evolución.

petiROJOEl departamento de Biología de Un Club Sin Socios continúa sus investigaciones en el campo de la zoología política. Tras descubrir el endemismo español bautizado como Politicus hispaniensis y la línea evolutiva que lleva del delfín político al tiburón de la política, nuestros investigadores no han parado hasta que no han logrado las pruebas que certifican una nueva línea evolutiva. En este caso del petirrojo a la gaviota. En principio parecían muy lejanos en la taxonomía zoológica, pero dentro de la política hispana ya teníamos algunos indicios con diversos ejemplares de gaviotas (o al menos restos muy cercanos a esta especie) que se decía habían tenido un pasado como petiROJOS. De hecho, en estas mismas páginas ya hemos hecho referencia a ellos dentro del mundo de la Historia (Pío Moa), del periodismo (Jiménez Losantos o Hermann Tertsch) o de la más estricta política (Rafael Blasco, entre otros).

Largas investigaciones internáuticas, de laboratorio de imágenes, de pruebas contrastadas han logrado descifrar el eslabón perdido entre el petiROJO y la gaviota en suelo español. Los datos han sido enviados por Un Club Sin Socios a la Agencia Ejecutiva de Investigación en Bruselas para que la nueva teoría pueda ser validada a nivel europeo (e incluso mundial) y comprobar si es un fenómeno que se repite más allá de nuestras fronteras.

La investigación no hubiera sido posible sin la recopilación de datos que investigadores ajenos a Un Club Sin Socios han desarrollado a la largo de los años. Sería prolijo mencionarlos a todos, pero queremos destacar la labor de ConspiraciónPirata, una web que elaboró en enero de 2012 una escueta, pero interesante,  biografía de diversos especímenes de petiROJO español.

Para conocer la cadena evolutiva del petiROJO español hasta la actual GAVIOTA política era preciso observar de cerca todos los aspectos que atañían al modus vivendi y operandi de la primera de las especies.

El petiROJO español (Erithacus rubecula hispanicus) tuvo su máximo esplendor entre mediados de los 60 y mediados de los 70 del siglo pasado, aunque se cree que en la misma época también se desarrolló en Europa Occidental y otras áreas del Occidente desarrollado. Cumplía plenamente con las características generales atribuidas al petirrojo común: “pájaro sociable, atrevido y curioso que acostumbra a salir del bosque y plantarse a mitad de un camino para ver quién llega a su territorio, emitiendo su característica voz de alerta: un chip-chip metálico y seco. Su canto es un gorjeo musical, muy melódico, parecido al del ruiseñor” (Wikipedia). Efectivamente, a pesar de lo que pueda parecer ahora tras su evolución a GAVIOTA chillona en tertulias de TDT o radiofónicas, en su época era un pájaro (con perdón) sociable, pues se le encontraba en todas las fiestas (guateques se decía entonces) que se organizaban por colectivos diversos; era, sin duda, atrevido ya que no temía la incursión de la policía (los grises se llamaba en aquel tiempo) con sus lecheras en dichas fiestas. Su curiosidad quedaba demostrada por la avidez con la que leía cualquier manual de estructuralismo marxista que traducían editoriales progres como Fondo de Cultura Económica, Ruedo Ibérico o Ediciones Akal. También en nuestro caso emitía voces de alerta cuando oteaba el peligro. Se trataba de tararear una canción de El Pequeño Ruiseñor (Joselito, “el de la voz de oro” que decía Kiko Veneno), para disimular que en la reunión se estaba escuchando el recién llegado disco en directo de Paco Ibánez en el Olympia de París (“a galopar, a galopar hasta enterrarlos en el mar”).

¿Cómo podemos describir este modelo de petiROJO hispánico? Este petiROJO, que acabaría evolucionando a GAVIOTA política, pasadas unas décadas, era un individuo bien parecido, chaqueta de pana, pantalón acampanado, barba poblada, jersey de cuello alto bajo la chaqueta y bolso en bandolera. Pero ya le podíamos detectar algunos rasgos de su futura evolución: fumaba en pipa picadura holandesa (nada de Celtas Cortos, Goya, Sombra, etc.), traída de algún viaje pagado por papá en el que se hacía alguna incursión al Barrio Rojo, con afán puramente antropológico, claro está. Los ejemplares femeninos vestían largos vestidos estampados, llevaban flores en el pelo y no solían portar sujetador que constriñera la natural turgencia de unos senos aún juveniles. Era, éste último, todo un detalle de liberación. También en el caso femenino se podía detectar algún detalle nada acorde con el manual maoísta y que nos hace, tras el paso del tiempo, escudriñar que su futuro como GAVIOTA ya se podía atisbar. A veces, antes de salir de casa, la joven petiROJA, pasaba por el tocador de mamá y no podía resistir la tentación de ponerse unas gotas de Chanel nº5, traído por papá de algún viaje de negocios a París, en el canalillo del escote.

Por lo que respecta a su distribución y hábitat, lo podíamos encontrar, en su época de esplendor, a lo largo de toda la geografía nacional (incluidos ambos archipiélagos, plazas de África e islas adyacentes, como se decía entonces). Solían frecuentar las universidades españolas, especialmente los bares de ellas, aunque lo hacían fuera del periodo de exámenes, pues se ha descubierto, en la investigación realizada por Un Club Sin Socios, que, en general, eran buenos chicos y chicas que no descuidaban sus estudios. Se ha detectado que la mayoría de ellos obtuvieron una licenciatura en Derecho, en Economía o en alguna Ingeniería, trasladándose, más tarde, a completar sus estudios en el extranjero becados por alguna institución de prestigio, como Pilar del Castillo Vera (futura ministra GAVIOTA de Educación) que fue becaria Fulbright en Ohio State University donde cursó un Master en Ciencia Política. Otro ambiente frecuente eran las manis, organizadas por diversos colectivos ROJOS de la época. A la mayoría se les encontró en hábitats ROJOS bien conocidos como Bandera Roja, grupo maoísta español, pero también en otros más radicales como FRAP (es el caso de Rafael Blasco) o el Partido Comunista de Euskadi (como el actual GAVIOTA vocinglero Hermann Tertsch). Ya hemos dicho que también era frecuente encontrarles en todo tipo de fiestas, especialmente en las que las que se escuchaban los últimos éxitos de The Mamas & the Papas o Simon and Garfunkel, todo un antecedente de su posterior evolución a Mocedades, Sergio y Estíbaliz y, finalmente, Bertín Osborne y José Luis Perales. Naturalmente, no los encontrábamos en los parajes del Lian Shan Po, sino en los barrios más finos de ciudades, villas y pueblos. Sólo si eran excesivamente díscolos o malos estudiantes acababan en alguna reserva del rojerío más radical, drogadicto, marginal y heavy. El que escribe estas líneas se encontró, a principios de los ochenta, a alguno de estos ejemplares (de muy buena familia alicantina conduciendo aquel mítico Ford Escort XR3) en el Instituto Virgen del Remedio, todo un nido de estudiantes pobres, becarios, hijos de trabajadores manchegos a los que les gustaba el heavy local de Acero o el primer disco absolutamente políticamente incorrecto de Siniestro Total (con canciones como “Todos los ahorcados mueren empalmados”, “Las tetas de mi novia”, “Los esqueletos no tienen pilila” o “Los chochos voladores”).

En cuanto a su comportamiento, la sección de etología política de Un Club Sin Socios ha podido determinar que el petiROJO hispánico era un ave fundamentalmente nocturna, en contraposición a su pariente el petirrojo común, pues gustaba de jugar a la clandestinidad en los pisos y locales de amigos y papás. Se alimentaba principalmente de bocatas de calamares en los bares universitarios, de tortillas campestres (como aquella de la sección andaluza, aunque no parece que derivara exactamente hacia la actual GAVIOTA, pero la investigación sigue en curso) y de mistelas en los tugurios alternativos. Sin embargo, a alguno ya se le escapaba alguna observación contraria a mantener una dieta tan frugal tras conocer las excelencias del canapé precongresual, el volován selfservice y los aperitivos y combinados como el abstemio sanfrancisco o el daiquiri más chic.

El tema de la reproducción ha necesitado de un análisis exhaustivo y de una gran labor de desbrozamiento de datos que pudieran conducir a resultados erróneos. En un primer lugar, las declaraciones de los propios especímenes dieron lugar al convencimiento de que era un pájaro (nuevamente con perdón) de enorme actividad sexual, pero las investigaciones de laboratorio han determinado que todo era un farol de tertulia cervecera. Aunque, efectivamente, en fiestas y reuniones había mucho toqueteo, mucha mirada lasciva y algún que otro beso (de los sin lengua, denominados en el argot ornitológico “darse un pico”) la cosa no llegaba a mayores. Y no sólo por la castidad de las hembras de nuestro espécimen, que no dejaban de asistir a misa los domingos con la familia, sino porque el macho era más bien fanfarrón y un poco “fantasma”, como se decía en argot. Si alguna hembra de petiROJO deseaba llegar al apareamiento, al individuo macho le entraban los sudores de la muerte pues podía descubrirse su falta de pericia en el arte amatorio. En algún caso, sí se producía el apareamiento, ocupando para ello el nido paterno en vacaciones o fines de semana cuando la familia marchaba al chalet de la sierra o al apartamento de las playas del Norte (más chic que las populares del Mediterráneo, reservadas para paletos y clase media – ¡qué asco!, se comentaba–). Fruto de estos apareamientos, pues la educación sexual del petiROJO se limitaba a los mitos y leyendas urbanas que pasaban de generación en generación (“la primera vez no pasa nada”, la famosa “marcha atrás” y el cálculo “ojínico”) se producía algún embarazo no deseado. Pero el petiROJO (y la petiROJA) recordemos que era de buena familia y podía organizarse una excursión a Londres para utilizar los servicios de las clínicas abortivas prohibidas en España, únicamente suplantadas en los ambientes más pobres por la peligrosa curandera que no iba a utilizar una familia de tanta alcurnia.

Al igual que el petirrojo común que ocupa un lugar destacado en el folclore británico y del noroeste de Francia, el petiROJO hispánico se encuentra en numerosas manifestaciones culturales. El cine español de los sesenta y setenta está lleno de ellos, especialmente el auspiciado por el recientemente desaparecido Elías Querejeta, pero también en otras menos comerciales aunque totalmente esclarecedoras como “El desencanto” (1976) de Jaime Chavarri, que narra la historia de una de estas familias (los Panero). En la literatura aparecen aquí y allá en la narrativa y el teatro españoles de los sesenta y setenta (Goytisolo, Benet, Nieva, Buero Vallejo…), pero destacamos a Rafael Sánchez Ferlosio y su “El Jaráma”, obra definitoria de esa lucha entre el petiROJO de ciudad y la autentica vida campestre. Es de gran interés teniendo en cuenta que está escrita por un miembro de la propia clase social originaria del petiROJO, ya que Sánchez Ferlosio era hijo del escritor e ideólogo del falangismo Rafael Sánchez Mazas, una de cuyas hijas (Gabriela) acabó casándose con Javier Pradera, columnista durante décadas del ROJO diario El País, e icono de la más odiada izquierda light. De este matrimonio nació, entre otros, Máximo Pradera, humorista y presentador de los primeros momentos de aquella filial de la progre PRISA que era (¿es?) Canal Plus. Y en el mismo nivel social y literario encontramos a otro gran representante de ese mundo donde anidaba el petiROJO (mi favorito, dicho sea de paso), el poeta Jaime Gil de Biedma, hijo de una familia de la alta burguesía castellana, trasladada a Barcelona, entre cuyos descendientes se cuentan dos acreditadas GAVIOTAS: la pintora y fotógrafa Bárbara Allende y Gil de Biedma (más conocida como Ouka Lele) y, sobre todo, la CELEBRITIES Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, expresidenta de la Comunidad de Madrid.

Para conocer a Jaime Gil de Biedma es imprescindible leer sus memorias tituladas Diario del artista seriamente enfermo (1974) o visionar la película El cónsul de Sodoma (Sigfrid Monleón, 2009), si estáis preparados para bajar a los infiernos de la más cruda realidad humana. En esta película encontró el departamento de Biología de Un Club Sin Socios una de las pruebas más directas de la línea evolutiva entre la GAVIOTA hispana y el petiROJO hispano. Ya la presentamos en otro de nuestros post, pero por su claridad expositiva la volvemos a incluir.

En la escena, Franco acaba de morir y una subespecie del petiROJO (la gauche divine barcelonesa) se reúne para brindar por el suceso. En la fiesta (ahí están el editor Carlos Barral, la fotógrafa Colita, la cantante Guillermina Motta o el escritor Juan Marsé) toman champán y canapés (ya han descubierto sus excelencias frente a la tortilla y la mistela), mientras les sirve el último amante de Jaime Gil de Biedma, un gitano guapísimo llamado Manolo. Mientras suena “Se va el caimán”, canción prohibidísima, Manolo dice a la concurrencia petiROJERIL: “No os quejéis, que tampoco os ha ido tan mal. Lo que pasa es que vosotros queréis tenerlo todo: dinero, buena conciencia… Porqué no reconocéis de una vez que sois de derechas. A mí no se me caen los anillos. Soy de derechas: quiero un buen coche, una buena casa, quiero ser rico. Soy de derechas”. Jaime le contesta: “Macarra. Es que el chico hizo la mili en las COE’s y eso marca, imprime carácter”.

Vedla, es auténticamente probatoria de la evolución de petiROJO a GAVIOTA.

Por último, la clave evolutiva del petiROJO hispano. Al igual que su pariente común, este espécimen tiene la propiedad denominada magnetorrecepción. Mediante ella, y a través de la visión, es capaz de detectar el campo magnético de la tierra para la navegación según la luz que entra en el ojo del ave. Aunque todavía no se entiende por completo el mecanismo físico de su sentido magnético, se considera que podría incluir entrelazamiento cuántico de espines de electrones. Esa capacidad de magnetorrecepción fue utilizada por el petiROJO para detectar por dónde iban los aires políticos españoles a partir de los ochenta, especialmente. Fue a partir de entonces cuando el petiROJO, gracias a la magnetorrecepción, fue evolucionando, primero hacia posiciones de izquierda light (recordemos el paso de Jiménez Losantos desde Bandera Roja al PSUC, posteriormente al Partido Socialista de Aragón y, más tarde, al Partido Socialista de Andalucía, antes de acabar como ideólogo GAVIOTERO). Descubrió el petiROJO que no había futuro en la izquierda radical y que mejor era, como decía Manolo, reconocer que les gustaba la buena vida, la buena tertulia ante un gintonic de Tanqueray en el Ateneo de Madrid, una buena comida en Lardy o el humo de un excelso Cohiba Behike 54 de a 30€ la pieza.

Y así, gracias a esa capacidad de detección y evolución, llegaron hasta aquí estos especímenes que ahora pueblan los estercoleros más inmundos con sus gritos antiprogres. Pero, recordemos, un día fueron petiROJOS: Josep Piqué (ex ministro Asuntos exteriores del PP), Pilar del Castillo (ministra de Educación, Cultura y Deporte con José Mª Aznar), Guillermo Gortázar Echevarría (miembro del comité ejecutivo del PP), Félix de Azúa (fundador de la plataforma política Ciutadans de Catalunya), Celia Villalobos (ex ministra y diputada del PP), el ya archicitado Federico Jiménez Losantos, el polémico Hermann Tertsch, el economista Ramón Tamames, el cercano Salvador Forner o el defenestrado Rafael Blasco.

Pero no sólo están estos destacados miembros de la especie GAVIOTA. Hemos localizado en nuestra indagación, apoyada por numerosos investigadores externos, variados ejemplos de petiROJOS que pululan en el ambiente más gavioteril: Ignasi Faura (secretario general Hispacoop), Luis Rebullida (empresario en Corea del Sur, su empresa es Independent Building Materials Professional), Antoni Zabalza (presidente de Ercros), Manuel Campo Vidal (periodista de TVE, actualmente director general y consejero delegado de la productora Lua Multimedia, así como director del Instituto de Comunicación Empresarial, centro dedicado a la formación de portavoces y altos directivos en el ámbito de la comunicación), Ricard Domingo (director de la editorial Difusora Internacional y de Planeta-DeAgostini), Josep Miquel Abad (director de la Editorial Planeta) o Miguel Rodríguez Domínguez (empresario, relojes Festina). Como se observa, todos ellos han cumplido el sueño de Manolo, el amante de Gil de Biedma: ser ricos. Ahora bien, ¿también habrán logrado tener buena conciencia? Creemos, desde Un Club Sin Socios, que probablemente no puedan simplemente porque en el proceso evolutivo la perdieron. Ahora se han convertido en detritívoros (toman la comida viva o recogen la basura que tengan oportunidad), pues muerden a todo aquel que se encuentran a su paso (como en la película de Hitchcock “Los pájaros”) o escarban en ese estercolero llamado “sociedad española”.

Y para acabar qué mejor que unos versos de Gil de Biedma, donde se describe a sí mismo y vemos una apocalíptica descripción del ambiente donde anidaba el petiROJO hispánico:

Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

(Del poema “Contra Jaime Gil de Biedma”)

Acerca de José A. Moreno

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