RELATO NEGRO: “Duelo en la Caverna Mediática”

vota-mejores-aullidos-caverna-mediatica-espan-L-9NDLE9Este relato es un homenaje a tantas lecturas de Novela Negra americana, especialmente al último relato leído de Dashiell Hammett, “Ciudad de Pesadilla”, del libro de relatos titulado “Sólo te ahorcan una vez”. Y está basado en noticias leídas en las últimas semanas que se relacionan al final.

Hacía ya tiempo que habían pasado esos momentos dulces en los que atacar sin piedad a Peter Pan producía enormes dividendos en forma de lectores, oyentes y televidentes. Algunos, los más antiguos en la lucha antiprogre, ya habían criticado, en privado eso sí, a ciertos advenedizos que incluso venían de las filas del enemigo, como Hermann, también conocido como El austríaco o El primo, por su origen paterno y su parentesco con la exministra de Palacio.

Ahora eran tiempos difíciles. La Ley Seca, en forma de recesión económica, había limitado el mercado. ¡Qué lejos estaban aquellos felices primeros años del siglo XX! Todos pensaban que crear de la nada una ciudad mediática, tan falsa como Izzard, sería posible mientras hubiera Peter Pan al que atacar, monstruos en forma de abertzales y dinero de la Conferencia.

En realidad, todo se remontaba varias décadas. A aquellos tiempos en los que tuvieron que reunirse lo más granado de la profesión para defender los intereses de la ciudadanía contra la pérfida hegemonía del felipismo y el polanquismo. Les habían llamado El Sindicato del Crímen, pero ellos se sentían la única voz que permitiría el final de aquella época tremenda. Sí, era cierto que utilizaban técnicas y tácticas al borde de la ley. Pero, ¿no debía estar todo permitido por aquella bella y buena causa? Pero, ¿cuál era la causa? Nunca hablaron de ello en serio en sus reuniones, aunque se les llenaba la boca de “libertad de expresión”, “valores universales”, “Estado de derecho” y otras lindezas.

Ahora habían pasado ya los momentos gloriosos de principios de siglo en los que parecía que habían alcanzado la cumbre. Aquellos tiempos en los que todo conductor de taxis que se preciara llevaba a Federico (alias Fedegico) sintonizado todo el día desde su púlpito radiofónico. Su discurso era como una Magnum 357, que disparaba a cualquier objetivo que se pusiera a su alcance: socialista, perroflauta, nacionalista e incluso algún pepero que se mostrara díscolo a sus ideas. Especial refriega tuvo con el alcalde Gallardón al que disparó a bocajarro llamándole «traidor», «siniestro», «bandido», «lacayo del Gobierno» y «caradura». Al final el juez le condenó a una multa y a retractarse públicamente. Pero nunca le perdonó.

Poco a poco se habían hecho con la ciudad. El antiguo Sindicato del Crimen y sus nuevos allegados dominaban las ondas, los noticieros de papel y los digitales, y las nuevas cadenas de TDT. Era difícil pasearse por el kiosco de prensa, el dial o el zapping sin encontrarse a alguno de sus representantes disparando contra sus enemigos de siempre: sociatas, separatistas, sindicalistas…

Pero llegó la crisis. Cuando mejor se ponían las cosas. Sí, es cierto que las elecciones a sheriff del condado le habían sido propicias. Pero el vencedor, Maricomplejines, le llamaba Fedegico cada mañana desde su púlpito, era una mala versión del viejo líder Josemari. ¡Aquél sí que era un jefe con alma de pistolero desde aquel mítico “váyase señor Gonzáles”! (Todo ello dicho con ese acento tejano que había aprendido en Crawford Ranch, junto al Jefe Supremo Señor Bush). Fedegico hubiera preferido la victoria de la condesa Esperanza, pero habría que esperar, e intrigar, como en los mejores tiempos, para llevar al Sheriff Maricomplejines al patíbulo.

Pero la victoria de Maricomplejines había provocado las primeras escisiones dentro del Sindicato del Crimen. Al fin y al cabo ahora era él el dueño de las subvenciones, el que gestionaba la publicidad institucional, el que tramitaba las licencias de TDT. Ahí estaban, cada mañana, Marhuenda (alias Elsinrazón, por algunas de sus portadas despropósito) y Tres Letras (por el título de su cabecera) defendiendo lo indefendible en muchas ocasiones. Pero para eso se les pagaba. No eran unos traidores a la causa, como ya comenzaban a manifestarse los diversos secuaces de Ariza. Ya habían comenzado las deserciones dentro de su banda. La más significativa la de Enrique (alias El Barbas), uno de los más rápidos en desenfundar la Magnum, y conocido por su tremendo verbo asesino. Ya se había enfrentado, en un acto de enorme arrojo, con Fedegico y había creado su propia banda.

El ambiente se notaba cargado desde hacía tiempo en la ciudad. Fedegico había tenido sus más y sus menos con alguno de los llamados Razonables, como Alfonso El Vuecencia. Y había sido un golpe duro la marcha de El César de las huestes de Fedegico. Pero lo peor estaba aún por llegar.

Aquella mañana amaneció plomiza. Era verano. Un verano cálido y amenazante. Las calles estaban llenas de polvo tras semanas sin lluvia. La ciudad exhibía su suciedad. El cartel del garito donde se habían reunido desde siempre hacía meses que no se limpiaba. Los moros que se encargaban de ello se habían marchado a Alemania en busca de mejores oportunidades. Apenas si se distinguía ya el nombre: La Caverna. En aquel local, que antes había sido testigo de sus animadas partidas de Tute (ese juego tan español) y esas tertulias que en nada envidiaban a las televisivas, aderezadas con un buen Rioja, respiraba una extraordinaria tensión. En las mesas se hablaba en voz baja, con miedo a que el vecino escuchara. Nada tenía que ver con aquellos tiempos en los que se chillaba, procurando soltar la mayor perla contra los consabidos enemigos. De pronto estalló lo que tanto tiempo se venía anunciando.

Fedegico no iba tolerar que se le implicase en ningún asunto cornamental. Saltó, sin más explicaciones, sobre El Barbas, le asió por las solapas y, a pesar de la corpulencia de éste, le derribó, aunque para ello tuviera que utilizar esa maltrecha rodilla que tanto se había jactado de exhibir en ferias y mercados tras ser atacado por los separatistas de Terra Lliure. De la mesa contigua se alzaron, rápidos como linces Elsinrazón y Tres Letras. Hacía tiempo que le tenían ganas a Fedegico. No hubo manera de conocer cómo se desarrolló la secuencia de los hechos. En unos segundos las manos volaban, los bastones (algunos de raigambre aristocrática como el de Vuecencia) y los zapatos de refinada piel eran utilizados contra las partes más nobles e innobles de todo aquel que se ponía al alcance. La sangre brotaba de narices, cejas y pómulos. Algunos perdieron momentáneamente la visión y chocaban contra el mobiliario de La Caverna. Los vasos de Macallan, de Rioja Gran Reserva o de gintonics  de Citadelle Reserve (a 30€ cada uno) volaban cual pelota de feria de pueblo. En algún rincón se observaba un amasijo de brazos, piernas y cuerpos enroscados en el que era difícil encontrar el dueño de cada una de las partes corporales. El montón más bien parecía uno de esos monstruos medievales que asustaban a niños y mayores. Como si el diablo se hubiera transformado en informe grupo humano.

De pronto alguien alzó la voz por encima del estruendo. Nadie pudo identificar a su autor. “Escuchad fuera, no oís ese crepitar, parece un incendio”. Nadie le hizo caso, sólo El César, gran lector y furibundo escritor, aunque las malas lenguas siempre habían dicho que utilizaba negros para ello, tuvo tiempo de recoger la ajada última página del relato que había estado leyendo antes de la trifulca. Y leyó:

“La chica puso el coche en marcha y volvieron a rodar. Steve sintió una gran necesidad de dormir. ¡Qué pelea! ¡Qué pelea!

– ¡Mira el cielo!- exclamó Nova.

Steve hizo esfuerzos por abrir sus pesados párpados. Ante ellos, por encima de ellos, el cielo se iluminó del azul oscuro al violeta, del malva al rosa. Steve giró la cabeza y miró hacia atrás. En Izzard un monstruoso incendio teñía el cielo como un diamante que despide llamas.

– Adiós, Izzard – murmuró con voz adormecida.

Se repantingó cómodamente en el asiento. Contempló una vez más el cielo, impregnado de un rosa incandescente.”

Fuentes documentales:

Losantos y Vidal:

http://www.elconfidencial.com/comunicacion/2013/07/17/cesar-vidal-rompe-con-jimenez-losantos-cansado-de-estar-a-su-sombra-125108/

Diego Ariza (Intereconomía) y Enrique de Diego (Alerta Digital)

http://www.prnoticias.com/index.php/television/353/20123038-enrique-de-diego-ariza-es-como-hitler-de-el-hundimiento

El Mundo vs. ABC

http://www.periodistadigital.com/periodismo/tv/2013/07/16/bieito-rubido-abc-elmundo-pedrojota-barcenas-hermann-tertsch-jaime-gonzalez-antonio-jimenez-perez-henares-gil-lazaro.shtml

PJ contra ABC y La Razón

http://www.periodistadigital.com/periodismo/tv/2013/07/09/barceneando-pedrojota-ramirez-angel-exposito-luis-barcenas-francisco-marhuenda-ernesto-saenz-buruaga.shtml

 

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s