UNA NUEVA DESPEDIDA EN EL IES ENRIC VALOR DE CASTALLA: Juan Antonio, Cristina, Bea y Jorge

66Aquí estamos, un año más, un curso más, ante una nueva despedida. A veces da la impresión de que la vida es una continua despedida. Es cierto, en los últimos años ha habido en mi vida constantes despedidas y pocas (¿ninguna?) bienvenida. Debe haber en la vida un momento en que cruzas la frontera. De las bienvenidas a las despedidas.

Al principio, especialmente desde la adolescencia, todo son bienvenidas. Nuevos amigos, nuevos compañeros, familiares que conoces por primera vez. Esta memoria eidética que me acompaña a cada momento me trae siempre el recuerdo de la primera vez que vi a la mayoría de la gente que conozco: un pub en el pueblo, una puerta que se abre y descubre (pelo corto, polo blanco) a quien está a mi lado ahora cada día, una fiesta de Navidad, un primer día de colegio o instituto…, todo son recuerdos. En esa época de adolescencia exploradora, a veces la vida te exige alguna despedida. Un traslado que te obliga a dejar amigos (aún recuerdo a mi amigo de la infancia Antonio Rodes, ¿qué será de él?), una decisión aleatoria (elegir tu camino en los estudios), la búsqueda de tu propio camino, perdiendo amigos que un día fueron íntimos, y, en fin, la muerte que se lleva a alguien cercano a edad bien temprana y te pilla desprevenido: tía Bony, ¡cuánto te he echado de menos en estos casi treinta años!

Pero no he comenzado este post para hablar de mí, aunque quizá uno no deje de hablar de sí mismo nunca, incluso cuando habla de los demás. Quería comentar que también este final de curso hay despedidas en mi Instituto: el IES Enric Valor de Castalla. Como dije, me da la impresión de que, desde hace unos años, hemos cruzado aquí también la frontera entre las bienvenidas y las despedidas. Hace años veía llegar gente, las conocía, intimaba con ella, a veces de forma sorprendente para un “raro” como yo, trabajaba con ella. Pero ahora, parece que todo son despedidas: Paqui, Elena, Maku, Toni, Paco…, los más cercanos.

Este año la despedida es múltiple y diversa, como las propias relaciones humanas y la mía con ellos. Acaba su trabajo la directiva que sucedió a la nuestra hace cuatro años. Creo que el IES Enric Valor es un Centro extraño, pues no es frecuente que la dirección de ellos varíe tanto. Los directores y directoras se eternizan. Aunque dicen que es un cargo duro (y lo es), ahí siguen año tras año, década tras década. Los hay que parece que nacieron con el cargo y morirán (o se jubilarán si les deja la futura ley) en él. Hay institutos que en mis veinticinco años de profesión no han conocido más que un director o directora. Dicen ahora que el señor Wert quiere profesionalizar la dirección de colegios e institutos, pero ¿no lo está ya en muchos casos? Quizá a lo que se refiera es a que él, o el gobierno de turno, pueda elegirlos (cualquier sistema de acceso amañado como la actual inspección puede ser válido).

Pero tampoco hemos venido aquí para hablar del señor Wert. Estamos, decía, de despedida. Y de agradecimiento a quienes han dado cuatro años de su vida profesional a la gestión de nuestro centro. Quizá lo que vaya a contar aquí no sea del agrado de muchos de mis compañeros, alumnos, padres/madres o conocidos en general, pero ya sabéis lo que dice este blog en su subtítulo, copiando a José Bergamín: “Si me hubieran hecho objeto sería objetivo, pero me hicieron sujeto, soy subjetivo”.

Como cada vez tengo más despedidas en mi vida, he decidido homenajearles contando cómo fue mi bienvenida con ellos. Es mi contribución a la relación que nos ha unido y que cambiará a partir de mañana que dejan profesionalmente de estar unidos a mí. Espero que lo sigan estando emocionalmente, aunque sea en la distancia. Es lo que suele ocurrir en este mundo que nos agobia cada día con actividades diversas (estúpidas las más de ellas) y no nos deja tiempo para una llamada, una conversación, un mensaje de amistad. ¡Cuánto odio esa frase que demuestra hasta qué punto hemos perdido un mundo de relaciones verdaderamente cercanas!: “tenemos que quedar”. Pero, en fin, me vuelvo a desviar del tema. Ellos me perdonan, ya conocen que es uno de mis vicios: desviarme, abrir ventanas, interrumpir, perderme…

Mañana dejan su cargo cuatro personas que han formado un equipo (malgré lui), pues nos han representado, ayudado, apoyado y dirigido. Pero ahora los trataré como personas y, por tanto, como individuos específicos, diversos, únicos.

A Juan Antonio le escuché antes de verlo y desde ese momento le define, para mí, una palabra: entrega. Hay muchas más, las tiene en su álbum de recuerdo, pero ésta es esencial. Describo la escena. Acababan de nombrarme director del IES Enric Valor de Castalla (entonces IES de Castalla y a este cambio también le debemos su impulso) y aunque tenía larga, excesivamente larga, experiencia necesitaba la ayuda de todos para “desfacer el entuerto” que habían creado mis predecesores. Desde un primer momento nos marcamos dos líneas de actuación: la convivencia y la atención a la diversidad. Necesitaba impulsar el grupo de Diversificación y mis noticias eran que el nuevo profesor de Lengua Castellana, que aún no se había presentado en el Centro, tenía experiencia en dicho grupo en su anterior destino. Logré su teléfono y le abordé. Recuerdo perfectamente, sí soy eidético, que estaba en el balcón de mi anterior casa, y recuerdo que se ofreció a ayudarme desde un primer momento.

Así conocí a Juan Antonio y siempre siguió la misma línea: entrega. Poco más tarde, no es hora de precisiones cronológicas, se ofreció a impulsar un grupo de alumnos de compensatoria, los más disruptivos (dicho finamente), los más descolgados del sistema, los más difíciles, vaya. Hizo lo que pudo, no era fácil, pero nunca vino con sus problemas para que yo, el director, se los solucionara. Venía con proyectos para que yo los autorizara, los estudiara y los apoyara.

Y llegó aquel día, aquella tarde mejor, en la que tras una comida-reunión no encontrábamos salida a mi deseo de no continuar en la dirección. Eran mis peores momentos profesionales (desencantado), físicos (agotado) y emocionales (perdido, absolutamente perdido). No había contado con que él pudiera sucederme, pero en un momento de la conversación soltó la idea: “yo puedo intentarlo”. Hubo un silencio, todos procesamos la idea y la aceptamos. ¿Por qué no se nos ocurrió antes? Hace mucho tiempo, hay cosas que no recuerdo y hay otras que no deseo recordar.

Formó su equipo, que en parte era el mío (Bea y Elena) y se dispuso a trabajar. No voy a contar aquí sus logros, algunos los tenéis en la presentación que cierra este post, pero he visto a pocos directores poner tanta pasión en su trabajo. Que mejoró todo cuanto yo inicié no es un secreto, sólo tenéis que ir a nuestro Centro y comprobarlo. Que lo hizo gracias a mucha gente que desarrolló sus ideas, no cabe duda. Pero hay que estar ahí, en los momentos difíciles que han sido muchos.

Juan Antonio, creo que no hay palabra más adecuada y emocionante que GRACIAS.

Cristina no fue la primera Jefa de Estudios de este equipo directivo que ahora finaliza su trabajo. Antes lo fue Elena, que había comenzado conmigo, y de la que ya os hablé hace tiempo, en otra múltiple despedia. También cuando parecía que no había solución al continuo trasiego de profesores por Castalla, Juan Antonio encontró a Cristina. O quizá siempre estuvo allí, preparada para el cargo más difícil de un Instituto, Jefe/a de Estudios.

La forma en que la conocí define, también, perfectamente su carácter personal y profesional. Y es que la conocí y no me enteré de que lo había hecho. Yo debí conocer a Cristina hacia 2007, pues fue alumna mía en su último curso de la Licenciatura de Historia. Pero no supe de su existencia hasta su llegada al Instituto en el curso 2009-10. En clase, me confesó cuando le dije que no me sonaba su cara, era muy discreta. Esa es la palabra que la define. Pero hay otra que le imprime mayor valor: arrojo. Y esta palabra no denota temeridad, sino falta de miedo, decisión, ganas de aprender y superación constante. Sólo unas notas clave de su carácter. Cuando llegó, el departamento de Geografía e Historia le había dejado todo el primero de la ESO, cuatro grupos. Jamás había dado clase (¡había aprobado las oposiciones a la primera!) y ya sabemos cómo se las pueden gastar alumnos recién llegados al Instituto, con todo por hacer, con un nuevo mundo que descubrir, con lo que ello puede significar en la primera adolescencia. Pues bien, Cristina no tuvo ni una palabra de queja, y menos de temor. Llevó aquel curso como si décadas de experiencia la contemplaran. La ayudamos, claro que sí, pero conozco a profesores de largo currículum que hubieran puesto el grito en el cielo y que no hubieran salido airosos del envite. Pero Cristina sí.

Y por ello, Juan Antonio sabía que estaba preparada para un nuevo reto: la Jefatura de Estudios. Y aquí ha sido donde hemos visto su verdadero rostro (angelical por cierto, si me lo permite): siempre atenta, siempre dispuesta, nunca un mal gesto, una mala respuesta. Y os puedo asegurar que los profesores podemos llegar a ser crueles con nuestros directivos, en ocasiones por una minucia: una guardia de menos, un alumno de más… Por ello siento tanto ahora haberle hecho pasar un mal momento con uno de los post que escribí aquí. Pero sé que me ha perdonado y yo se lo agradezco. Como le agradezco tantas cosas, las que sabe y las que no.

Por todo ello, a ti también GRACIAS, Cristina.

Y ahora llegan Bea y Jorge. No podría hablar de ellos por separado. Son pareja desde…, desde siempre diría yo. No sé si me lo invento, pero quizá la idea de concebir a Jorge por parte de sus padres es que ya habían concebido a Bea (apenas se llevan unos meses de edad). Fueron juntos al colegio, fueron juntos a la Universidad y fueron juntos al altar (no podía ser de otra manera). Y claro, fueron juntos a Castalla, al IES Enric Valor. No llegaron juntos al equipo directivo, pero casi. Bea formó parte de mi equipo directivo en los dos últimos años y Jorge pasó a colaborar en la Secretaría con mi estimadísimo Toni. Por ello, casi que también llegaron juntos, y se van juntos. Aunque no se van del todo, pues ellos permanecen como profesores en nuestro centro. Ahora tienen entre manos algo más importante que cualquier profesión. Es pequeña, pero les necesita más que nosotros. Es Marta, su primera hija.

Mi historia con Bea es un poco estrambótica. Es una prueba de cómo no conocemos qué nos podrá deparar el destino cuando somos aún jóvenes. Os describo cómo conocí quién era Bea. Una mañana en la sala de profesores yo hablaba con alguien en valenciano (es mi segunda lengua, la primera para muchas cosas, y estoy orgulloso de ello), pero ante un comentario sobre mi pueblo de procedencia (Villarrobledo) se extrañó. Le aclaré brevemente mi biografía (veinte años en Castalla) y mis ancestros. Bea me hizo saber que su padre, Horacio Toledo, había sido maestro en mi pueblo, pero no recordaba la fecha ni el colegio. Días más tarde me aclaró que lo había sido hasta 1978 y que el colegio era Jiménez de Córdoba: era el mío y yo cursé allí estudios hasta 1977. ¡Había sido profesor mío a más de 200 kilómetros de donde ahora me reencontraba con su hija! Pero no le recordaba, hasta que bajando la escalera después de una clase me vino un flash: era Don Horacio, el profesor de matemáticas y secretario del colegio. ¡Claro, con el don sí que lo identificaba!

Y junto a ella conocí a Jorge. Una mente privilegiada, pero de una dulzura en el trato que sé utilizará ahora con su hija. Una palabra les define también a ambos: profesionalidad. He visto a poca gente con tantos recursos profesionales con tan poca edad. Son ejemplo de esa juventud tan preparada que ahora se nos tiene que marchar, allende las fronteras, a desarrollar su enorme talento. Y son hijos e hijas de la LOGSE. La denostada LOGSE, querido Pérez Reverte, también crea mentes excelentes (ahora que está de moda la dichosa palabra excelencia). Pero además, son ejemplo de que la inteligencia no está reñida con la amabilidad. Conmigo siempre lo fueron. Y os aseguro que no les faltó ocasión para enviarme más allá de dónde decía mi querido Labordeta, pues a veces puedo ser particularmente pesado, arisco, insociable e intratable. Pero conmigo se guardaron sus reproches, me consta, para su intimidad. Me reconforta que Bea se quedará en el Instituto, y con ella su imperecedera sonrisa, sus gestos de complicidad y sus palabras amables. Y que Jorge, como podía no ser así, también permanezca. Echaré mano de ti cuando me falle una conexión (no las neuronales que para ello tengo otros técnicos) y siempre vendrás con esa tímida sonrisa hacia mí (creo que conozco su razón, pero siento vergüenza admitirlo).

Por ello, también GRACIAS, Bea y Jorge, Jorge y Bea, nunca la frase tuvo más sentido: tanto monta, monta tanto.

Y eso es todo, al menos por ahora. Espero que la vida nos siga dando oportunidades de encuentros. Serán diferentes, serán más distanciados en el tiempo y en el espacio. Con unos será más que con otros, pero a todos y todas os echará de menos este Instituto que vosotros habéis ayudado a crecer y ser un lugar agradable en el que cada día venir a trabajar.

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3 respuestas a UNA NUEVA DESPEDIDA EN EL IES ENRIC VALOR DE CASTALLA: Juan Antonio, Cristina, Bea y Jorge

  1. Juan Antonio dijo:

    Gracias de todo corazón por tus palabras y por tu amistad.

  2. Elena dijo:

    Meravellosos records -barrejats amb altres d’un amarg intens- al costat de gent estupenda amb la que treballar… Enhorabona a aquest equip que ara s’acomiada i molta força per emprendre nous camins … laborals o personals. Una gran besaeta a Jorge i Bea (i la seua preciosa Marta) i a Toni i Juan Antonio, perquè llegir tot el que ací escriu Jose m’ha permés recordar que en aquesta professió nostra hi ha gent disposada a tirar-li moltes hores, professionalitat i coratge per traure endavant la seua aposta personal per l’educació dels adolescents. (En certs llocs és fàcil oblidar-ho) A Cristina l’he coneguda menys, però igualment una abraçada tota plena d’admiració.
    I moltes gràcies a tu, José Antonio, per fer-me tornar per uns minuts al meu estimat Castalla i tot el que allí vaig aprendre.

  3. José Antonio dijo:

    Escoltant converses com les d’ahir es dona compte un com d’afortunat soc d’haver caigut a aquell poble, aquell Centre i amb tots vosaltres.

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