LA VERDADERA HISTORIA DE MI LIANG SHAN PO: entorno a “Las leyes de la Frontera” de Javier Cercas

20995506El origen de este comentario está en una frase del final del libro “Las leyes de la frontera” de Javier Cercas: “un libro es como un espejo, no es uno el que lee los libros sino los libros los que lo leen a uno” (p. 281).

He leído, hace poco, vorazmente las últimas cien páginas de este libro, casi de un tirón, en una tarde que oscurecía sin remedio, con un cielo que se hacía más gris a cada momento. Al final descubrí que el libro me estaba leyendo a mí.

El libro me atrajo, inicialmente, por un comentario escrito al poco de su aparición: era una historia de los que habíamos vivido la Transición en los barrios marginales, que entonces llamábamos Liang Shan Po, nombre del lugar donde moraban unos forajidos de la mítica serie japonesa (aunque trataba de chinos) de finales de los setenta “La frontera azul”. Quizá algunos aún recordéis su carátula de entrada:

Entonces se decía que algunos vivíamos en el Liang Shan Po porque estábamos “Chin Lu” (sin luz), Chin Agua y Chin Na.

La tarde que concluí el libro tuve la sensación de haber vuelto al Liang Shan Po, en mi pueblo se llamaba también el “barrio de las Eras”, ya que poco más allá de las últimas casas se situaban las eras para trillar el trigo. En otros pueblos reciben otros nombres que de igual manera indican algún aspecto de su marginalidad. En mi ahora pueblo de adopción (Castalla), que tanto se parece al mío de nacimiento (Villarrobledo), y no sólo urbanamente sino también sociológicamente,  a este barrio le llamaban “el de la cagarruta” pues por allí pasaban las ovejas trashumantes dejando sus redondos excrementos.

He pensado que quizá nunca salí del Liang Shan Po, como el verdadero protagonista del libro de Cercas (el Zarco), quizá por ello acabo siempre relacionándome (también en mi adoptada Castalla) con la gente del Liang Shan Po, o del “barrio la cagarruta” como ellos llaman. Sólo, en esa tarde de primavera que casi parecía invierno, escuchando música, volví a hacer aquello que más me gustaba ya en 1978 (fecha en que se inicia la novela): leer en la soledad de una casa vacía. He disfrutado horrores. Como entonces. No deseaba que se acabara el libro, como entonces. Deseaba buscar otro libro en la biblioteca del pueblo que me atrajera como el último. Como entonces.

Aún recuerdo como una de las últimas tardes que pasé en Villarrobledo, cuando ya sabíamos que nos marchábamos, seguramente definitivamente de allí (como así fue), bajaba por la calle Cazadores (que desembocaba precisamente en las eras) y pensé en cómo deseaba que llegara el momento de dejar aquel ambiente (el Liang Shan Po) que tanto me agobiaba a los 17 años. Yo era un espécimen extraño allí. Iba al Instituto, leía compulsivamente (por la calle, tomando el fresco, en mi casa con las visitas…), no me juntaba con “la basca” como dice Cercas.

Me marché a Alicante, donde acabé en otro Liang Shan Po: el barrio de Virgen del Remedio. En lo más profundo de él (la Plaza de Argel) y allí volví a ser un extraño. En aquellos inicios de los ochenta el barrio era un conglomerado de familias obreras que estaban en profunda transformación. Unas intentaban sacar a sus hijos del lodazal a través de la educación. Incluso algunas llevaron a algunos de ellos a la Universidad, como la mía conmigo, no sin unos sacrificios que nunca agradeceremos suficiente. Otras no lograban salir de la ciénaga, al contrario, se hundían más en ella: delincuencia juvenil, drogas (la heroína era la reina), pronto el SIDA. Allí nos encontrábamos mezclados unos con otros, allí nos sentábamos en los bancos de la plaza unos junto a otros. Unos pinchándose heroína, otros hablando de Schopenhauer o de OVNIS, que también estaban de moda. Unos jugando a pasarse la “litrona”, otros jugando al mus o al ajedrez en casa de mi ahora cuñado José Antonio.

Por todo ello el libro de Cercas “Las leyes de la Frontera” me ha transportado a aquel ambiente. ¡Son tantas las imágenes que he visto reproducidas! Las tardes en los billares, las canciones de Umberto Tozzi, los momentos en que debías sacar a alguna chica a bailar… Me ha confesado una íntima amiga de ahora cómo lo pasaba de mal en esos momentos, sintiéndose como el ganado en la feria, pero no sabe lo mal que yo también lo pasaba teniendo que escabullirme, sin que se notara, para no tener que ir a buscar a alguna chica para bailar. Odiaba ese momento, creo que es el origen de mi actual animadversión hacia el baile.

Para los que habéis estado algún día en el Liang Shan Po, aquel lugar donde los forajidos campaban a sus anchas, los que vivisteis aquella época acelerada de la primera Transición y para los que gustáis de un buen libro os aconsejo “Las leyes de la Frontera” de Javier Cercas. No entiendo mucho de técnica literaria (nunca saqué buena nota en Lengua, pues nunca tuve una “maestra fascinante”, aunque he sido siempre un gran lector), pero me ha encantado la estructura de la novela, construida a través del relato que los personajes hacen de sus recuerdos y vivencias de aquella época.

Quizá mi buena opinión sobre el libro tenga que ver con que, como al otro protagonista de la novela, Ignacio Cañas, tampoco a mí me acabó gustando lo que había más allá de la frontera del Liang Shan Po. Esta cita lo dice todo:

El caso es que precisamente en ese momento, cuando había conseguido el dinero y la posición por los que llevaba años peleando, me invadió un sentimiento de inutilidad, la sensación de que ya había hecho todo lo que tenía que hacer, de que lo que me quedaba por vivir no era exactamente la vida sino las sobras de la vida, una especie de prórroga insípida, o quizá la sensación era que, más que insípida o mala o prorrogada, la vida que llevaba era un error, una vida prestada, como si en algún momento hubiera tomado un desvío equivocado o como si todo aquello fuera un pequeño pero espantoso malentendido…” (p. 190).

Creo que contra esa sensación es contra la que me enfrento desde hace tiempo.  Pero  debo luchar durante lo que me quede. En el fondo no le ha ido tan mal a este habitante del Liang Shan Po. Ya lo decía el proverbio chino con el que comenzaba la serie:

No desprecies a la culebra por no tener cuernos, quizá se reencarne en dragón; también un hombre puede ser todo un ejército.”

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

7 respuestas a LA VERDADERA HISTORIA DE MI LIANG SHAN PO: entorno a “Las leyes de la Frontera” de Javier Cercas

  1. Juan Antonio dijo:

    Aunque a menudo sea imposible no caer en el desánimo, el mundo -por ejemplo el de la educación- sigue necesitando hombres-ejército que sigan luchando. Porque sabemos que, si estamos juntos -al menos unos cuantos- se puede.

  2. Francesc Verdú dijo:

    Molt bo, Jose!

  3. Pingback: ZOOLOGÍA POLÍTICA: Del petiROJO a la GAVIOTA, su evolución. | Un club sin socios

  4. Pingback: “STONER” DE JOHN WILLIAMS: o para qué sigo siendo profesor | Un club sin socios

  5. Pingback: Luis | elrecordaescena

  6. Pingback: Luis y Juancho, el primer Barri “Sant Jordi” | elrecordaescena

  7. Pingback: DYLAN CUMPLE 75 AÑOS: Yo más de 50 al calor de sus canciones | Un club sin socios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s