DIÓGENES EN LA ERA DIGITAL: Un mundo lleno de basura

images¿Alguien se ha puesto alguna vez a ver las fotos que ha hecho con su cámara digital después de grabarlas, convenientemente clasificadas, en el ordenador?

¿Alguien ha vuelto a ver esas presentaciones tan chulas, esos vídeos tan graciosos, que a uno le envían por e-mail (a los más modernos por wasap) tras guardarlas en alguna subcarpeta, creada “por si acaso”?

¿Alguien ha releído esos textos que recopila por aquí y por allí para utilizarlos en el momento más oportuno?

¿Cuántos números de teléfono tenéis en la agenda a los que nunca habéis llamado?

Es la cultura digital Diógenes, acumular, llenar el disco duro, la memoria del móvil, con restos de nuestro pasado más inmediato, con basura digital.

Guardar, recopilar, coleccionar, no es cosa de este mundo digital. En mi casa siempre hubo una caja de cartón donde mi madre guardaba las fotos de la familia. Era pequeña (la caja y la familia), pero se fue vaciando, poco a poco, no sé muy bien porqué. Creo que mi madre iba retirando las de los familiares fallecidos o aquellos a los que era mejor no volver a ver. Ahora ya casi está vacía, es el paso del tiempo, es la consecuencia de continuos desencuentros.

Mi abuela también acumulaba cosas. Acumulaba víveres, por si acaso. Por si venía la guerra. Siempre tenía en la despensa azúcar, sal, aceite, harina. Con estas vituallas básicas siempre se podía hacer buen pan o buenas tortas. Pero, antes de caducar, mi tía Bony nos daba alguna alegría, sin que se enterara mi abuela, y nos ofrecía un pequeño festín de rollos de anís, tortas fritas o de manteca. Cuando llegaba el verano, en la casa del pueblo, mi tía organizaba una especie de kermés sabatina en la que nos dedicábamos, antes de que mi abuela despertara, a tirar todos los objetos viejos, inservibles, desusados, que habíamos acumulado en el último año.

No había espacio para acumular indefinidamente. Las agendas tenían un número de páginas, las casas un límite de espacio, a los álbumes no les cabían más fotos, las estanterías no eran interminables. Pero ahora, nos encanta acumular recuerdos digitales. Tenemos nuestras “micro-memorias” llenas de restos de nuestro paso por el mundo. Creo que, en el fondo, es nuestra forma de mantenernos unidos a un mundo que creemos cercano: el grupo con el que nos hicimos la foto, los amigos que nos envían e-mails, los conocidos que, por Navidad, nos envían un sms, los compañeros que nos recomendaron aquel texto… Pero, como los pacientes del síndrome de Diógenes, es porque estamos completamente solos. Cada vez más unidos al mundo a través de estos endiablados teclados, a estas maléficas pantallas.

En mi juventud, para hacer un amigo había que seguir un proceso. Era lento, podía ser traumático emocionalmete si no tenías éxito, requería unas estrategias (ahora creo que se llaman “habilidades sociales”). Era preciso gastar en invitaciones, había que pensar bien donde te metías. Ahora, es tan secillo. Clic en “Confirmar” y ya tienes un nuevo amigo. Buscas en “Personas que quizá también conozcas” y les envías una “Petición de amistad”. Al rato te han aceptado. ¡Qué sencillo! Si en mi época hubiera sido así de fácil en el mundo real, no en el virtual, cuántos desasosiegos me hubiera evitado.

Pero quizá todo esto sólo me pase a mí. A mí, que voy perdiendo, a cada paso del camino, lazos reales que me unan al mundo. Como ya no me queda gente con la que sentarme en la piedra de la Iglesia de San Blas un domingo por la mañana, como éste, mientras espero a que mis amigos aún creyentes salgan de misa, me dedicó, no sé muy bien para qué, a escribir quizá porque “escribir es vivir” (José Luis Sampedro). Y como ahora ya no hace falta que nadie te pida que le cuentes algo, sólo un leve gesto es suficiente, voy a hacer clic sobre la tecla de “Publicar”. Quizá luego, como en la vieja era del mundo en papel, me tire días mirando el buzón cada vez que bajaba a la calle, pero voy a ver si ello no me acaba derrotando.

CLIC.

PD: He actualizado la sección sugerencias (ahora, “desde la piedra de San Blas virtual”, que llega más lejos y causa menos traumas), por si acaso.

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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