PLACERES MUNDANOS: Murakami y “1Q84, libros 1 y 2”

imagesLos seres humanos hacemos cosas muy extrañas: escuchamos música, vemos a otros interpretar falsas realidades (en directo o gravadas), intentamos saber el origen de las cosas y de nosotros mismos, miramos telas pintadas por otros, leemos historias de ficción… ¿Con qué fin? Si lo analizamos desde el punto de vista puramente animal, no tiene ningún sentido. Aún conservamos parte de ese componente básicamente animal. Por ello, con frecuencia alguno de nuestros semejantes no le encuentra sentido a que alguno de nosotros pase horas escuchando música, investigando, mirando cuadros o leyendo. ¿Para qué? Realmente no hay ninguna razón de índole práctica. Al menos, práctica desde el punto de vista animal. Y animal en el sentido de cumplimiento de las necesidades estrictamente básicas: alimentación, reproducción y conservación. Incluso de ellas, el ser humano ha creado una “innecesaria” elaboración trascendente: la gastronomía, el sexo y el urbanismo o la moda.

Una de las características del ser humano es que no todos los especímenes sienten igual placer ante el desarrollo, la contemplación o la elaboración de estos aspectos innecesarios de la vida humana. Los hay que creen inútil la contemplación del arte, la visión de una película o una obra de arte, la deleitación ante una buena comida, la investigación de un fenómeno o la lectura. Los más radicales, los que dicen no encontrar “utilidad” a ninguna de estas actividades, suelen decir que ellos son prácticos. Y dicen que su vida se rige por lo meramente “útil”, lo cual tienden a identificar con lo material: dinero, propiedades, riquezas varias. Recordad aquella genial frase de Groucho Marx: “Hijo mío, la felicidad está hecha de pequeñas cosas: Un pequeño yate, una pequeña mansión, una pequeña fortuna…”

Ignoran estos individuos que estas “necesidades” tampoco tienen ninguna utilidad. Finalmente quedarán aquí, no son eternas, como no lo son ellos mismos. Pero dicen que su vida así es más placentera. Pero, ¿por qué es más placentero gastar el tiempo en acumular dinero, poder o propiedades? ¿Para qué? Probablemente ello les haga más felices, pero que no se extrañen de quienes lo somos levantándonos una mañana para ver los tenues y exiguos rayos del primer sol de invierno, escuchando una música que nos transporta a otro tiempo o que, simplemente, nos hace más agradable un instante, viendo como unos personajes cuentan en una pantalla una historia que te hace reír, llorar o pensar, según el caso. O leyendo un grueso libro que alguien ha escrito sintiendo también placer en ello. Te adentras en su historia, sigues las peripecias de los personajes, intentas reproducir en tu mente paisajes reales o imaginarios, buscas sentido a las ideas y mensajes que el autor te traslada. O, simplemente, sigues las frases excelentemente hilvanadas del autor. No siempre sirven para nada en la historia, pero son bellas. Enormemente bellas, como un cuadro de Turner, una obra de Clint Eastwood, una foto de Gervasio Sánchez, una canción de Morrissey. Inútiles, totalmente inútiles, como ver un amanecer, pasear de la mano de tu pareja, conversar con un amigo, vivir, en fin. Pero, sin estas cosas, ¿no es la vida más triste?

¿A qué viene todo este rollo? Muy sencillo, quería transmitir el placer (“inútil” para muchos) que he sentido con la lectura de “1Q84. Libros 1 y 2” de Hakura Murakami. Son más de 700 páginas, pero no me hubiera importado que tuviera más. No pretendía conocer en qué acababa la historia, no lo hace en la última página pues hay una tercera parte que aún no he leído, sino disfrutar con cada instante en que abría sus páginas. Tampoco pretendo que a todo el mundo le guste su lectura, ni siquiera que le agrade la lectura misma. Mi amiga Berta no soporta a Murakami, pero hace ya tiempo que descubrí que cada ser humano encuentra placer (que es realmente vivir) en cosas diferentes. Y para mí también es un placer escribir, describir, aquello que en mi vida tiene sentido. No estáis obligados a leerlo. Pero al menos comenzad a leer “1Q84” y si no os atrapa, como a mí me ocurrió, dejadlo. Quien me hizo descubrir a Murakami tiene esa norma ante la lectura y es verdaderamente “útil”: si en treinta páginas una obra no te engancha, déjala. ¡Hay tanto por leer! Hace muchos años, cuando entre mis placeres estaba ir a la biblioteca de mi pueblo, leí una anécdota de Thomas A. Edison. Él también iba con frecuencia a la biblioteca, pero un buen día le entró una gran depresión cuando comenzó a hacer cálculos (es lo que tiene ser un ser humano) del tiempo que tardaría en leer todos los libros de ella. Y abandonó la lectura y se dedicó a descubrir cosas prácticas.

No tendremos tiempo de leerlo todo, de verlo todo, de saberlo todo. Pero sí de disfrutar de momentos, o sólo instantes, tan “inútiles” como los que aquí os he puesto como ejemplo.

Poco que deciros de la obra en sí. Es un libro puramente Murakami. Denso, con historias entrecruzadas, descripciones de realidades heterogéneas, unas verídicas, otras casi mágicas, personajes intensos, solitarios y perdidos. Como las personas que nos cruzamos cada día en el mercado, en una acera, en el trabajo, en el ascensor. ¿Quién te dice que no es una asesina, una niña maltratada, el líder de una secta, una señora mayor con deseos de reordenar la injusticia en el mudo, un guardaespaldas homosexual, un profesor de matemáticas que escribe novelas en sus ratos libres…? Y encontramos las constantes del universo Murakami: las sombras, cocinar platos minimalistas, la música o escaleras que bajan a la profundidad del mundo. De éste o de otro. En realidad de eso trata este libro. O así lo interpreto yo: de los diversos mundos que pueblan nuestra existencia. De cómo salimos y entramos en ellos. Un pasaje del libro lo ilustra: los trenes que al llegar a un cambio de agujas (desvío en las vías férreas para los que nunca habéis montado en tren) cambian de vía. Y al llegar a otra lo vuelven a hacer, quizá volviendo a la inicial. Pero, ¿cómo sabemos que es la originaria? Y, luego unos kilómetros más adelante, vuelven a cambiar. Así es nuestra vida, sólo que nosotros no sabemos quién acciona la palanca. Nosotros no tenemos un cartel que nos indique hacia dónde se dirige la nueva vía, incluso no sabemos si es una vía sin destino: una vía muerta.

Para los menos introducidos en Murakami os dejo un enlace para conocer al autor y su obra, pero lo mejor es leerlo. Haz clik aquí

Para todos os dejo un trozo de belleza:

https://www.youtube.com/watch?v=kbmlVQ5w_PE

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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3 respuestas a PLACERES MUNDANOS: Murakami y “1Q84, libros 1 y 2”

  1. PereGf dijo:

    Totalmente de acuerdo en lo que dices. Antes de hacer algún comentario, me gustaría alabar tus palabras al artículo de Sergi en el Facebook. Leí vuestra discusión y no he podido dejar de pensar en lo que le dijiste acerca de la “cultura de la discusión”. En efecto, el bello y didáctico placer del diálogo y el intercambio de conocimientos se esta perdiendo a pasos de gigante. Cada paso equivale más o menos a cada tweet que se publica en esa fantástica red social. Pero bueno, no es mi intención lanzar aquí una crítica, que me resultaría interminable, a las redes sociales (aunque tienen sus cosas positivas, por supuesto). Lo que si que quiero es reivindicar esa cultura de la discusión que por lo que veo tú anhelas, y manifestar que tiene en mí a un fiel seguidor.
    Respecto a este artículo, leí el libro que me aconsejaste (Tokio Blues) y la verdad es que estuvo a la altura de tus elogios. Y ahora, refiriéndome a esos “placeres inútiles” (pero totalmente vitales e imprescindibles, diría yo), pienso que, como la cultura de la discusión, están en una evidente decadencia.
    Cualquier gusto excesivo por la lectura, la contemplación del arte o la visión de películas (con un mínimo de contenido, películas como “Project X” son instultos a la cultura cinematográfica) está quedando demasiado obsoleto en la sociedad en que nos movemos. Y esto es triste. Triste y sintomático de que las cosas no van bien. La crisis no es sólo política, institucional o económica. Hay una decadencia social tremenda, y se manifiesta en que, como te decía antes, leer un libro o visitar un museo se están convirtiendo en esfuerzos desprovistos de todo placer. A costa de esto cobra su mayor apogeo lo instantáneo, las imágenes, la publicidad en pro del consumo, los tweets insustanciales y que se toman como fuentes de sabiduría. Hace poco leí que la mentalidad actual no es capaz de seguir un razonamiento que dure más de diez minutos, y me lo creo y lo comprendo.
    Por todo ello estoy de acuerdo contigo en que esos placeres inútiles son necesarios, son tan necesarios que son nuestro vivir. Y esos placeres están muy bien descritos en Murakami, por cierto.

    • Un “placer” ver que sigues esto que escribo, “por placer”. ¿Quién dijo que la juventud está muerta? No conocen a muchos de mis alumnos, nunca sereis ex (no me gusta la palabra). Cierto, falta cultura de la discusión y sobra superficialidad “tweetera”. Por cierto, creo que el gran enemigo de nuestro tiempo es “wassap”: algún día le atacaré.

  2. Francesc Verdú dijo:

    Hola José A. Aquests nadals m’he llegit “Crònica de l’ocell que dóna corda al món”, del mateix autor. Realment és un escriptor novedós, aporta una visió diferent de la forma d’entendre el món… No sé si perquè és japonés o perquè és la seua manera de viure/veure la realitat que l’envolta, però fresca. Tenia intenció de llegir “1Q84”, i ara tu me n’has fet més ganes.
    Continuarem, no?
    Salut!

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