2012: Annus horribilis

índiceAnnus horribilis, así titulaba su columna Suso de Toro en El diario.es tras el discurso del Rey. Decía Suso que “es un mal momento para su reinado, para la Monarquía, la mayor parte de la ciudadanía e incluso la existencia misma de España como nación unitaria”. No estoy de acuerdo con el principio y me importa poco el final de la frase. Sí creo, en cambio, que ha sido un mal año para la mayor parte de la ciudadanía española. No creo que haya sido un mal año para el reinado del Juan Carlos I: ha podido vivir a cuerpo de rey un año más. Sin gastarse un duro (perdón, un euro), sin verse afectado por el recorte en la paga extra (a las cacerías en Botsuana me remito), sin verse afectado por los recortes en la sanidad pública (a las operaciones de cadera en clínicas privadas me refiero) o en la educación pública (sus nietos estudian todos en colegios “bien” y privados).

Pero, para la mayor parte de nosotros sí ha sido un annus horribilis. Así que, me sitúo ante el teclado con el firme propósito de encontrar antes del final de este último escrito del año una razón para pensar que el título es inapropiado. Que, a pesar de todo, es posible la esperanza, pero no garantizo nada. Una buena terapia es copiar lo que en algunas ciudades italianas se tiene por costumbre en Nochevieja: tirar los muebles y enseres viejos por la ventana. Hagámoslo, metafóricamente, nosotros y tiremos todas nuestras viejas e inútiles noticias por la ventana. Así las recordaremos en este último día y, quizá, podamos dar entrada a otras mejores en el próximo.

Naturalmente, este año será recordado como el peor año en el retroceso del Estado del Bienestar, de los derechos de los ciudadanos, tan difícilmente conseguidos durante años de Transición hacia la nada. Hacia el mundo de “Los otros”, hacia la conversión en figurantes de “The Walkind Dead” (siento repetirme, pero me gusta la idea). Será el año de los recortes. No sólo de derechos sino de la propia democracia, recortada, mutilada, secuestrada por el poder político. Cada vez más poder, cada vez más político, menos ciudadano. Porque los ciudadanos poco pintamos ya, pues éste será el año de “donde dije Digo digo Diego”: no subiremos el IVA, no subiremos los impuestos, no recortaremos en Sanidad y Educación.

Se cierra el año con un récord histórico en las cifras de paro. Numerosos EREs han atacado las empresas españolas, pero recordaré este año como el año de la despedida de más de un centenar de periodistas de El País. Pues este año lo recordaré también por la muerte de una época en la que soñaba que cada día podías levantarte con la ilusión de compartir un periódico, una radio, una TV. Este ha sido un año de muertes: murió Megaupload, murió Carne Cruda, murió la TV pública de calidad con el despido de sus mejores profesionales, murió El País (aunque aún cree vivir, como “Los otros”), murió la libertad de expresión…

Pero para muchos no será un annus horribilis, pues han salido indemnes de los entuertos en los que se metieron. Especial mención merece un ingente número de empresarios amnistiados por el gobierno a pesar de su inmoral fraude fiscal, otro buen puñado de directivos “desahuciados” de sus sillones, previo cobro de otra inmoral indemnización y una nutrida caterva de políticos patéticos. Camps fue declarado inocente y ahora ocupa plaza en una Universidad privada valenciana, Andrea Fabra (la hijísima) puede insultar a los parados españoles (más del 25% de la población) con un “¡que se jodan!”, que en otro país la hubiera enviado al ostracismo político, Carlos Dívar (presidente del Consejo General del Poder Judicial) recibe una jubilación dorada, después de gastarse el dinero que la justicia no tiene para otros menesteres en viajes de placer a Marbella. ¿Y qué decir de Rodrigo Rato? Indemne de su excelente gestión al frente de Bankia. Indemne no, indemnizado con un millonario despido. ¿Ha sido para ellos un annus horribilis? Camps y Dívar tuvieron que dimitir, pero ahora contemplan El Hundimiento desde su retiro placentero, se sonreirán y comentarán las noticias diarias (desahucios, manifestaciones, huelgas de servicios públicos, aumento del paro, recortes…) y no descarto que algún “que se jodan” salga de sus labios.

Es el año, éste que acaba, en el que hemos pasado de ser ciudadanos a ser “enemigos”. Así lo declaró otro de los tristes protagonistas de este triste 2012 (el comisario Antonio Moreno) cuando se vio obligado a atacar las peligrosas huestes de estudiantes de secundaria en Valencia. Porque en este año las “fuerzas del orden” (palabra ésta de moda ante el desorden provocado por manifestantes y huelguistas airados) han vuelto a recordar viejos tiempos con “lecheras” patrullando la ciudad, “grises” apaleando mujeres hasta sacarles los ojos, y sus jefes (o jefas, en este caso) multando a manifestantes insumisos.

Además del número de parados, este año ha batido otro récord: cantidad de huelgas generales. Nunca había habido dos huelgas generales el mismo año. Pero, se lo tiene bien merecido nuestro presidente Rajoy. No lo digo sólo por sus medidas políticas y económicas, sino por haberla pedido ya a principios de este año. El momento fue captado por los micrófonos de las cámaras de la cumbre europea de Bruselas cuando hablaba con el primer ministro finlandés: “La reforma laboral nos va a costar una huelga general”. Pues no ha sido una sino dos.

Ha sido el año de la muerte también de las Cajas de Ahorros. Ese peculiar sistema crediticio español, basado en la participación de los impositores en la gestión, en la utilización de sus fondos para el desarrollo regional y en la reubicación de las ganancias con fines sociales. Les tenía aprecio a las Cajas de Ahorro. Sería por su cercanía y su trato humano pues aún recuerdo como acompañaba a mi abuela, casi ya inválida, a sacar el dinero de su escasa jubilación cada mes y como éramos tratados con cariño por el empleado. O quizá sería porque sobre sus orígenes en la Edad Moderna trató mi primera investigación presentada al Primer (y último) Congreso de Historia de Castilla-La Mancha. Ahora se han transformado en bancos (o han sido absorbidas por ellos) a los que tenemos que rescatar ante las tropelías de sus directivos.

Ya he dicho que ha sido un año de pérdidas irreparables, pero debo añadir el nombre de algunas personas que en este año nos han dejado. No debemos olvidar que cada año perdemos a un inmenso número de personas anónimas (ya lo dice Nacho Vegas en Secretos y mentiras, “gente nace y gente muere cada día, los demás nos limitamos a estorbar”), pero a algunos quiero recordar en este último día por los buenos momentos que me hicieron pasar. Momentos de risa infantil ante la televisión con Miliki, momentos de grata lectura con Antonio Tabucci, Ray Bradbury o Gore Vidal, momentos de placer musical con Whitney Houston, Enrique Sierra (Radio Futura) o Bernardo Bonezzi. Y, especialmente, momentos de reflexión ante las palabras de tres figuras irrepetibles: el historiador Eric J. Hobsbawn, el poeta Agustín García Calvo y el político Santiago Carrillo. Fueron muchas las horas leyendo al primero, admirando al segundo y escuchando al último.

Y así acaba este 2012. Entre penas, hastío y decepciones. Derrotas, como la última de los médicos y sanitarios madrileños que deponen su huelga ante la aprobación del decreto que privatiza una parte de la Sanidad pública. Una capitulación más en este annus horribilis. Prometí buscar algo que negara la realidad del título, me gustaría creer que el mensaje del artículo leído hoy en El Diario.es (Las incontables pequeñas acciones de la gente desconocida) se convertirá en realidad en el próximo 2013, pero…

Mientras tanto, nos queda hacer más radiante el día a día de los que tenemos más cerca. Desde nuestra cotidianeidad hacer más soportable la existencia. No abandonar, pero no quemarnos en la batalla. Es difícil, son momentos difíciles. Es duro, es desalentador ver lo poco que podemos hacer. ¿O sí podemos?

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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Una respuesta a 2012: Annus horribilis

  1. Juan Antonio dijo:

    Creo que sí se puede y se debe, otra cosa es que logremos conseguir estar a la altura de las expectativas…

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