UNA PATADA EN EL ESTÓMAGO: “EL PROFESOR, DETACHMENT”.

Cuando sales de la sala de ver El profesor, detachment (de Tony Kaye, American History X) puedes tener una doble sensación. “¡Vaya mierda de mundo en el que vivimos!” o, como dijo mi mujer, “¡pues no estoy yo tan mal, con la gente destrozada que hay por ahí!”. Yo elegí la segunda. Como pasa con Bajo el volcán, de Malcom Lowry, esta película anima a ver tu vida con mayor optimismo. Por contraste. Y para los que somos docentes por un doble contraste: no sólo mi vida no es tan desastre como me creo, sino que mi trabajo no es tan penoso. Conclusión: podía ser peor. Así que tomémonos la vida y el trabajo con algo más de optimismo.

Pero la película es terriblemente dura. Realmente (de realidad)  dura. Fui a ella animado por los consejos del crítico de cine de la Ser, que mi mujer aún escucha, pues me fio de su criterio. También por algún comentario que animaba a verla para observar formas diferentes de enseñanza. Pero quien aquello escribió no ha visto la misma película que yo. O quizá no ha querido verla. Como las señoras que tenía detrás de mi butaca que de cuando en cuando reían con estruendo. No sé de qué se reían, pues la película ofrece pocos instantes para la sonrisa. Aunque puede que sí que sepa de qué se reían: un mecanismo de escape para no pensar en que, en muchas imágenes, se veían reflejadas en su mundo vacío y en el camino que les espera. Al salir escuché algo de su conversación. Habían entrado al cine después de venir de compras sin saber qué película ver. Quizá el protagonista les atrajo (Adrian Brody), pero salieron decepcionadas, quizá no de la película sino de su propia vida.

La película trata el tema escolar, el duro sistema educativo en un suburbio de los Estados Unidos. Ya sabemos: marginación, drogas, prostitución… Y unos institutos llenos de delincuentes en potencia o declarados. Típica trama donde un profesor sustituto llega y consigue poner orden en el caos. No utiliza ninguna nueva pedagogía. Sólo una táctica demoledora: la empatía. Y un encanto personal que engancha a los alumnos. Yo, que lo he visto en alguno de mis compañeros, sé de qué hablo.

Algunos temas son muy cercanos a los que estamos viviendo también en nuestro sistema educativo: privatización de la escuela pública, falta de medios, profesores quemados, profesores que no se rinden, administración que sólo busca resultados, padres despreocupados… Dos escenas me son muy próximas. En una el Comisionado del Distrito le expone a la directora del Instituto que sus resultados son pésimos y tendrán que mejorar o cerrarán el centro. La Directora se defiende exponiendo que le han eliminado grupos, asesores, ayudas y programas de recuperación de alumnos. ¿Os suena? En otra se presenta el encargado de material de una empresa para ofrecer mejorar los resultados. A la reunión apenas si acuden media docena de profesores, pero toda la ayuda consiste en unos powerpoints y unos dvd’s. ¿Me suena?, sí.

Aún así la película ofrece una esperanza. Profesores que se implican, que luchan por conseguir sacar a algún alumno del pozo. Profesores que, cada día, ofrecen ayuda en lo más importante, que no son las matemáticas, la historia o la física, sino poder sobrevivir al mundo que les rodea y a ellos mismos.

Pero la película es algo más que un retrato del sistema educativo podrido del mundo Occidental. Es un retrato integral (como el pan, con todos su ingredientes) del mundo Occidental. Más concretamente del interior de las conciencias del mundo Occidental. Y, sobre todo, de cómo cada uno de nosotros escondemos unos fantasmas que nos persiguen implacablemente. En una escena alguien dice “¿nunca se preguntó cómo son los profesores en el exterior, en la vida real?”. Todos tenemos una vida real más allá de la que ofrecemos cada día en nuestro entorno. Que nadie es bueno ni malo en términos absolutos. Que el profesor que es tremendamente empático con sus alumnos (y con la joven prostituta que acoge en su casa) no es capaz de ser empático consigo mismo. Ni con los fantasmas familiares que le persiguen. Y pierde entonces los papeles. En otra escena la adolescente prostituta acaba enfadándose con el profesor que quiere rescatarla de ese mundo y le suelta “entre tú y yo, tú pareces ser el que tienes más problemas”.

De ahí su subtítulo detachment, “desapego”, “desprendimiento”. De uno mismo. Por eso aquella alumna de sensibilidad artística destructoramente desbordante lo fotografía como una persona sin rostro. Y no sólo para los demás, para sí mismo.

La película es, a mi corto entender cinematográfico, un ejercicio artístico que, en términos pictóricos, se situaría entre el impresionismo francés y el expresionismo abstracto. Por una parte, está contada a pinceladas, como los cuadros de Monet. Tienes que alejarte de la obra para entender su significado. Es decir. tienes que seguir pensando en ella un rato después para unir sus pedazos y entenderla. Pero como los cuadros del expresionista Jackson Pollock está realizada a brochazo límpio. Disparando colores y texturas sobre la tela. En este caso disparando fotogramas (a veces aparentemente sin significado) sobre la pantalla. Después tú le das significado.

Así, en la película aparecen, apenas esbozadas, historias paralelas de personajes secundarios. El viejo profesor que no se rinde, el profesor aterrorizado de sus alumnos (pero realmente aterrorizado de su propia vida junto a una mujer enganchada a la TV y a su hijo que lo está de los videojuegos), la directora de vida matrimonial acabada, la jefa de estudios que dice a aquella adolescente “qué vas a hacer de tu vida”, pero, en realidad, se lo está diciendo a sí misma, y un etcétera que os dejo que vosotros mismos descubráis.

En resumen, vedla si tenéis ocasión. Pero ya sabéis a lo que os enfrentáis: a una patada en el estómago, en el estómago emocional, que es mucho más sensible.

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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3 respuestas a UNA PATADA EN EL ESTÓMAGO: “EL PROFESOR, DETACHMENT”.

  1. Juan Antonio dijo:

    ¡Hombre! ¡Qué alegría!: Por fin un cambio, un giro, un vuelco… Aunque ya se notaba incluso antes de escribir este blog. Y eso siempre es una buena noticia entre otras cosas porque se contagia.

  2. Juan Antonio dijo:

    La transparencia siempre es positiva: se asocia a la sinceridad, a la permeabilidad, incluso a la luminosidad (porque lo contrario es lo oculto, lo impermeable, lo opaco. Aunque a veces también del que mira.

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