CONVERSACIONES CON MARIO: Primera media hora

Este rincón está bien. Sentémonos un rato. Ya está bien de caminar. Me cuesta seguir hablando si no veo si me haces caso.

¿Te he contado que estoy volviendo a ver la serie “Retorno a Brideshead”? La otra tarde estaba ocioso, algo melancólico, con ese nudo en la garganta que últimamente llevo a todas partes y recordé la ternura de sus imágenes. No recordaba que el amor entre Sebastian y Charles fuera tan explícito, oníricamente explícito. He ido a buscar la novela y creo que el autor nos engaña cuando expresa la idea principal de la obra. Dice que es «la intervención de la gracia divina», es decir, el acto de amor unilateral e inmerecido por el que Dios llama continuamente las almas hacia Sí. Puede que fuera su propósito, pero lo que yo veo es algo más bello: la intervención del amor en nuestras vidas. La cálida y profunda huella que el amor deja sobre nosotros y del cual no nos podemos escapar.

No me mires de esa manera. Crees que soy un poco cursi. Pues para compensar, algo sofisticado y delicioso a la vez. Mi música favorita desde hace semanas es un tanto terrible en sus letras y bellamente sencilla en su melodía. No la puedo dejar de escuchar a cada momento: son los dos discos hasta ahora publicados por Perfum Genius. ¿Qué quién es? Te lo dije un día, pero, como la mayoría de las veces da la impresión de que no me escuchas, no lo recuerdas. En realidad se llama Mike Hadreas. Sí, tienes razón, parece que tengo algo de fijación con los cantantes que cambian su nombre y son sexualmente algo confusos. Ya me pasó con Antony, de Antony and the Johnsons.

No te preocupes. He visto la traducción de sus letras y esta vez no me ha pasado como con Russian Red, que un día me enteré se ha convertido en musa de La Gaceta y La Razón. Las letras de Perfum Genius, cortas la mayoría, están llenas de mensajes en clave sobre su propia vida. Una vida plena de autodestrucción, pero que creó en su primer disco (“Learning”) obras tan bellas como la canción del mismo título o “Lookout, Lookout”. Su último disco (“Put Your Back N 2 It”) indican las críticas que es más positivo, incluso tiene una canción dedicada a su madre (“Dark Parts”) que le dijo un día que siempre hacía canciones tristes. Pero sigue conteniendo sus obsesiones más oscuras: el suicidio (“17”) o el sexo como mercancía (“AWOL Marine”).

No me digas eso. Deberías escucharlo primero. Yo lo hago diariamente. Sí, tienes razón, soy algo obsesivo con las cosas que me gustan. Ya deberías conocerme. No sé de qué te quejas. Son muchos años de estar juntos. ¿Qué si tengo abandonado a Morrissey? Sabes que no. Mozzy es algo especial. Vale, últimamente es un poco divo. Pero creo que es una pose. ¿Has leído una de sus últimas entrevistas? La hizo vía e-mail, pues está cansado de proyectar la imagen que todos nos hemos hecho de él. Incluso dice que ya no soporta mirarse al espejo, como yo. Pues dice que cree que no llegará a los 55, “la realeza británica habrá acabado conmigo para entonces”. Es una de sus obsesiones, pero ya nos gustaría que en España alguno de nuestros mitos pop fuera tan ácido con el poder como Morrissey (¿recuerdas su canción “Margaret on the guillotine”, dedicada a la Dama de Hierro). También ha dicho que la familia real británica son “las personas más disfuncionales, desagradables y arrogantes del planeta, una teleserie amarga, y todos deberían renunciar y retirarse” y que el príncipe Harry es “un absoluto idiota”.

Vale, un día te pondré a Perfum Genius en casa, un sábado por la mañana, mientras hacemos la limpieza o mientras cocino. Porque tú con mirarme tienes bastante. Me aprovecharé de que no sabes inglés (¿creo?), pues sino sus letras iban a deprimirte algo. De todas formas, últimamente me estoy planteando incluso si me entiendes a mí, pues mucho caso no pareces hacerme. Con asentir, mirarme y cambiar de postura tienes bastante.

Si veo que te pone triste la música de Perfum Genius te la cambiaré por otra mucho más alegre. La he descubierto en la página de Deezer mientras aleatoriamente escuchaba la emisora de Morrissey. No sé qué tiene que ver, pero ha sido un bonito descubrimiento. Se llaman Best Coast y me atrajo la voz femenina (Bethany Cosentino) y el entorno garaje de la guitarra, que también toca ella, y la batería en plan lo fi. El grupo (dúo realmente) se completa con Bobb Bruno, que tiene una pinta de lo más friki. Sus letras son intrascendentes en muchos casos (las que he podido mal traducir), pero a primera hora de la mañana, mientras a veces cuesta ponerse en órbita, resulta una música tan agradecida como el mensaje de mi taza de cereales (“It’s a beautiful day!”). No todo van a ser oscuros mensajes, trascendentes letras y canciones que te llevan a tu propio mundo (como Nacho Vegas). Yo también tengo días buenos. ¿Qué miras? ¿No te lo crees? Si no fuera así, no estarías aquí.

Tengo ganas de acabar, por cierto, este librito (CT o la Cultura de la Transición) que me he traído al banco del parque. Se está poniendo un poco reiterativo y no sé muy bien a dónde quiere ir a parar. Más que un libro es un refrito de artículos, que parecen sacados de blogs más o menos interesantes. Lo tenía en mente antes de que alguien me lo recomendara, pues a su compilador (Guillem Martínez) lo entrevistó Javier Gallego (Crudo) en su extinto programa de Radio 3. ¿Te acuerdas verdad? Aquel programa que se han cargado estos meapilas y ultras (-conservadores?) que han OCUPADO la televisión pública. Lo poco bueno que hizo ZP.

¿Qué si no me ha gustado? Pues hay de todo, como en botica, como decía mi abuela. Al ser un libro de articulillos, hay de todo. El principio es un poco raro. Quizá debería decir pretencioso. Total, lo que quiere decir es que durante 35 años de Transición se ha creado un entorno mediático que determina qué es lo políticamente correcto para poder transmitir a los españoles que todo está (como decía el general) “atado y bien atado” y que cualquier elemento situado al margen puede resultar peligroso. Peligroso para la propia democracia y es mejor no hablar de ello. Y que cada grupo creado durante la Transición ha generado unos espacios de sociabilidad (así lo llamamos en Historia Cultural) y una simbología de la cual no debes apartarte.

Sí, a mí también me recuerda esto a aquella vez que conté el chiste del comunista ante mis amigos y excompañeros, todos lectores de EL PAIS (¿qué dirán ahora de su tótem Cebrián?), versados en música clásica y admiradores de Julián Marías. ¿Te acuerdas lo que me contestó nuestro amigo …? Que el chiste se podía aplicar también a los miembros del OPUS. Y me lanzó una terrible mirada. Pues claro. Pero tenía más gracia si era comunista. ¿O no te acuerdas de aquellos profesores de Universidad? Todos rojos, todos revolucionarios, todos con Mundo Obrero bajo el brazo y el BMW en el parking del apartamento en San Juan para que no se conocieran sus gustos capitalistas. Es verdad, entonces aún no estabas conmigo, pero ¡te lo he contado tantas veces! Es que soy un poco pesado contando siempre lo mismo.

¿Qué no te acuerdas del chiste? Sí hombre, es aquel en el que, en una reunión del Comité Central del PCE, el Secretario General le dice a un individuo que desea entrar en el Partido, “pero, ¿tú darías tu casa por el Partido?” y contesta el aspirante “naturalmente que la daría”; y sigue el Secretario General “¿y tú darías tu coche por el Partido?”, “pues naturalmente”, contesta el otro; “¿y darías tus ahorros por el Partido?”, le inquiere, de nuevo, contestando “por supuesto”; y, finalmente, le pregunta “¿y tu moto la darías por el Partido?”, a lo cual le contesta, “no, mi Secretario General, la moto no”; “¿y por qué?”, se extraña. A lo que contesta el candidato a comunista de pro, “pues porque moto tengo”.

Ya, ya, ya recuerdo que no les hizo mucha gracia. Pero es que la mayoría sólo sabemos reírnos de los demás, del otro, del enemigo, pero no de nosotros mismos, de los nuestros, de sus miserias, de las nuestras.

Te decía que tengo ganas de acabar “CT o la Cultura de la Transición” no porque no me guste sino porque estoy deseando coger el que me compré el otro día. El título ya era sugerente (“Gente peligrosa”) y trata, como dice su subtítulo, del radicalismo olvidado de la Ilustración europea. Analiza a un grupo de ilustrados que se reunían jueves y domingos en casa del barón d’Holbach a mediados del siglo XVIII para configurar un nuevo mundo que colocara como centro de su pensamiento la ciencia y sus métodos. Querían cambiar el mundo, pero quedaron relegados a un segundo plano de la historia cuando sus contemporáneos deístas, como Voltaire y Rousseau, se llevaron  todo el protagonismo de la Ilustración. Y además les encantaba comer bien, demasiado diría yo. Mira sino la descripción de una de su cenas: “una tarta de pichón, una fuente con dos poulets à la reine, un pecho de ternera en fricassée de pollo, un rabo de buey en revoltillo, una fuente de cordero a la brasa, otra de palates de buey cortado en pequeñas tiras, un budin negro de conejo y una coliflor empanada”. Y era sólo el primer plato.

Sí, otra vez los que pululan por los márgenes de la Historia, no hace falta que me lo digas. Ya sé que tengo cierta obsesión con el tema. Y con los perdedores. No hace falta que me mandes al psicoanalista. Además, sabes que durante mucho tiempo, cuando me gustaba el fútbol (antes de la era Gil y Gil), era del Atlético de Madrid. Ya te lo he contado mil veces. Era una tradición familiar: lo fue mi abuelo y lo fue mi padre. Ellos nunca fueron ganadores. Mi abuelo fue el único de su familia que no hizo fortuna tras la Guerra Civil. Claro, por ello comprendo que en las siestas me hablara de Julián Besteiro, del Campesino, de Líster, de Negrín. Y, de mi padre, que voy a contarte que no sepas ya.

Cierto, recuerda este libro sobre los Ilustrados olvidados y perdedores a aquel que nuestro buen amigo Joan nos recomendó un día y que devoramos aquel verano: “Q” de Luther Blisset. Otro libro sobre perdedores, olvidados y radicales: los anabaptistas.

Bueno, Mario, nos tenemos que ir. Comienza a refrescar y no me he bajado la chaqueta. Debe estar a punto de comenzar la películilla que te comentaba esta mañana. Se titula “Total” y la anuncian como el antecedente de nuestra querida “Amanece que no es poco”. Sí, esa que hemos visto tantas veces, en la que sale esa frase que tanto te repito: “todos somos contingentes, pero tú eres necesario”. ¡Ay, si a ti tampoco te pudiera ya contar estas cosas!

Ven que te ponga la correa, Mario. Ves, no te enfades, pero me tendría que haber comprado un tamagochi aquellos de finales de los noventa para contarle este rollo y no tendría después que recoger la mierda. La que tú defecas y la que yo te cuento.

A mis amigos y amigas, a quienes añoro tanto, a quienes necesito tanto.

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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3 respuestas a CONVERSACIONES CON MARIO: Primera media hora

  1. Diego Nieves dijo:

    Ahora que veo que la mencionas, no se si sabes que hay una ruta turística que recrea algunos pasajes de la película “Amanece que no es poco” en Ayna, Molinicos y Lietor. La puedes ver en la siguiente página:
    http://www.turismocastillalamancha.com/escapadas/nuestras-escapadas/rutas-cinematograficas/ruta-amanece-que-no-es-poco/
    La ruta es un poco pobre de contenido. Te envio de todas formas una foto a tu correo emulando a Luis Ciges.
    Y te dejo con una frase gloriosa de la película, de las muchas que tiene y que curiosamente nunca pasa de moda: “En resumen, hemos ganado los de siempre. O sea, yo alcalde. De cura, Don Andres. De maestro no se ha presentando nadie, o sea que sigue don Roberto, de puta Mercedes ..”
    Un saludo

  2. Elena Martínez dijo:

    Crec que és el millor acudit que he sentit en temps… i gran conversa aquesta.
    Continue llegint el que escrius i desitjan eixa cervessa carregada de pedagogia… encara que cada vegada semble més difícil apropar-nos.
    Una besaeta gran

  3. Francesc Verdú i Pérez dijo:

    Com sempre, dóna gust passar una estoneta amb tu. Una abraçada!

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