OCTUBRE DE 1982 (¿y dos?): Victoria o derrota, de ellos y de nosotros

Llevo días pensando por dónde voy a comenzar este post. Llevo días documentándome para dar una imagen lo más ajustada de lo que quiero contar. Ya tengo suficiente. No se trata de hacer aquí un tratado doctoral. Pero, ahora que me siento delante del teclado, se me han quitado las ganas. Se me han quitado las ganas seguro que debido a mi hastío personal con la política española, con la sociedad española en su conjunto, central y periférica, externa e interna, pasada y presente. Es probable que mis humores internos (como decían los griegos) no se encuentren en su mejor momento. Pero, además, traer al recuerdo determinadas noticias, comparadas y enfrentadas a las que nos rodean cada día, no ha ayudado mucho.

No ha ayudado mucho tampoco el que parezca que no han pasado treinta años. No porque se me hayan hecho cortos, que lo han sido, sino porque leídas algunas cosas de aquel momento, parece que seguimos en el mismo sitio. O, como mucho, que ya se veía venir el lugar en donde estamos.

No os voy a agobiar con mi propia crónica del desencanto. Sería interminable la lista de desagravios que aquel partido al que voté virginalmente (era mi primera vez) me produjo en sus catorce años de gobierno (1982-94). Sería también innecesario anotar sus éxitos ahora demolidos por ellos mismos y sus sucesores. En otra ocasión quizá escriba sobre unos y otros.

Sólo quiero aprovechar la conmemoración para recordar, recordarme, cómo se vivió aquella victoria del PSOE en 1982 en la prensa española, pues aclara fácilmente donde estamos. En el mismo sitio, repito. Y me refiero a nivel mental, intelectual se decía antes.

La que siempre se consideró prensa adepta (EL PAIS) tuvo una acogida sosegada a la victoria. Ya se le veía el plumero a Juan Luis Cebrián (alías EREs tú, el millonario). Quería dejar claro que estaba contento, pero vigilante. A ver si el nuevo gobierno se salía de madre y convertía este país en algo así como una Francia mitterraniana. Sí, de boquilla, adoraban a Olof Palme y la socialdemocracia sueca, pero ya el día de la victoria el editorial señalaba que “Felipe González [se obligaba] a ser respetuoso con sus propuestas de programa electoral sin intentar, ante las presiones internas partidarias, hacer honor, y desde el primer día, a lo que bien podría llamarse el programa máximo socialista”. Es decir, que había un programa de máximos (¿electoralismo?) y otro de mínimos. Cebrián sabría.

Y, como durante toda su vida (la poca que le queda quizá siga igual, aunque ya no lo leo ni el versión digital), EL PAIS gustaba de indicar el camino. ¡Cómo les gusta a los periodistas españoles conducir al pueblo, a los gobiernos y a las oposiciones! Es fruto de la transición. Se han creído a pie juntillas el papel de protagonista  que a la prensa adjudican muchos libros de bachillerato en la dichosa Transición. En este primer editorial, uno de los temas en los que quiere guiar EL PAIS es en el de la OTAN. Mucho se ha escrito sobre la desafección del PSOE con su electorado a propósito del lema “OTAN, de entrada NO”, transmutado en “Y de salida tampoco”. No es hora de machacar más a los socialistas con el dichoso asunto. Bastante tienen ahora con lo que tienen. Pero sí interesa decir que Cebrián y los suyos ya indicaban el camino: “su promesa de un referéndum acerca de nuestra integración en la Alianza tiene evidentes dificultades para llevarse a cabo en el corto y hasta en el medio plazo. La ausencia de un apoyo exterior a los deseos golpistas -digámoslo claramente, la suposición cierta de que una junta militar en España es algo no deseado por el Gobierno Reagan, y mucho menos desde el golpe en Polonia- podría quizá someterse a revisión si el referéndum llega a convocarse”.

¡Inaudito! No, verídico. EL PAIS, ese periódico que un día alguien dijo que era de izquierdas (¡todos tenemos derecho a equivocarnos!) elucubraba con la posibilidad de que si salíamos de la OTAN, los Estados Unidos podrían apoyar un golpe involucionista si se producía. Repito, está escrita dicha amenaza por EL PAIS, no por La Gaceta ni la Razón, tan deseosos ahora de intervenciones militares.

Si esto contaba el periódico supuestamente adepto a los victoriosos socialistas, el principal periódico contrario al resultado, ABC, señalaba su aceptación de la victoria y, ¡pásmense!  “declara públicamente su propósito de no poner obstáculos sin causa en el camino del Partido Socialista”. O sea, que podría hacerlo, pero cómo son buena gente, por esta vez, y vista la abrumadora victoria, van a portarse bien. ¿Es necesario que un periódico diga que acepta la victoria? ¿Puede hacer otra cosa? ¿Cuál es esa otra cosa? ¿Es ese el papel de la prensa? No sigo pues parezco Will McAvoy, el protagonista de “Newsroom” entrevistando a sus invitados, hasta acorralarlos.

Y también opinaba ABC qué debe hacer el nuevo gobierno, ¡faltaría más!, sino no sería un periódico español. Y qué debe hacer: no aplicar el programa electoral que habíamos votado más de doce millones de españoles, debía dar “prioridad al bien común por encima de las opciones de su partido”. Y ¿qué es el bien común?, ¿quién lo determina?, ¿el periódico ABC? ¿EL PAIS? Vuelvo a parecerme a Will McAvoy.

Pero también estaba contento ABC con los resultados electorales. ¡No iba a ser menos! Como la mayoría de los partidos en la noche postelectoral, aunque tienen la opción de esconderse hasta digerir la derrota, hablar con los allegados y poder asegurar su sillón a pesar de la debacle (véase a Rubalcaba en los pasados días). Y ¿por qué estaba contento el ABC? Pues porque UCD, al que tildaba de “peculiarísima experiencia política” se había hundido. Es decir, que el partido que, según mis libros de bachillerato, había protagonizado y guiado la transformación de la dictadura franquista en democracia en la dichosa Transición, era denominado “peculiarísima experiencia política” según el principal periódico conservador. Claro, más adelante aparece la clave. Quien debía haber sido el conductor de aquella nave, era Fraga, don Manuel. Ahora era el líder de la leal oposición, como dirían esos ingleses que tanto amaba/odiaba don Manuel (según el momento histórico). Por fin el electorado premiaba “su tenacidad…, la inteligencia política…, la voluntad consecuente”. No le faltaban verdad a estos adjetivos: tenacidad (desde 1953 en política), inteligencia política (hoy franquista, mañana demócrata) y voluntad consecuente (“de aquí no me mueve ni Dios”).

En algo estaban de acuerdo ABC y EL PAIS. En lo mismo que ahora. Su Majestad Campechano I era el garante de todo el chiringuito. Y debía dejársele tranquilo. Con sus líos, sus cacerías, sus amigotes.

Esa era toda la “verdad” que se nos contó el día después. Pero ningún periódico contó entonces, sólo lo hicieron brevemente días más tarde, que el día antes un grupo de militares habían intentado otro golpe militar. Se prefirió el silencio. Años más tarde, otra intentona volvió a ser silenciada, el 2 de junio de 1985, pues no convenía que el pueblo supiera que su democracia estaba aún en peligro. Era mejor que la “prensa libre” decidiera qué debemos saber. Era mejor, es mejor, que el gobierno decida qué debemos saber.

Y llegué al final. No era todo lo que quería contar. Cómo hacen los buenos periodistas me he guardado la parte que no es conveniente que sepáis: que este país tuvo una oportunidad, una oportunidad de que la crisis no la pagaran siempre los mismos, que tuvo una oportunidad de que el Estado no costeara los caprichos educativos de quienes desean mantener privilegios religiosos seculares, una oportunidad de que la política fuera algo más que contar lucecitas en el hemiciclo, una oportunidad de que la libertad de expresión no fuera ahogada por periodistas con ínfulas de poder y por comisarios políticos (Sotillos y Pilar Miró en RTVE).

Cuando en 1986, Javier Krahe iba a cantar en el concierto de Joaquín Sabina en Salamanca, la entonces directora de RTVE Pilar Miró prohibió que se emitiera la canción “Cuervo ingenuo” que satirizaba la ambigüedad ideológica de PSOE. Si lo dice la poesía ácida de Javier Krahe, ¿para qué voy yo a escribir más?

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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Una respuesta a OCTUBRE DE 1982 (¿y dos?): Victoria o derrota, de ellos y de nosotros

  1. Josep dijo:

    Tens tots la raó. Però pensa que ja ho va anunciar Alfonso Guerra el mateix any 82: “Vamos a dejar España que no la va a conocer ni la madre que la parió”. Vistes les coses amb la perspectiva dels anys Guerra l’encerta plenament, l’han deixat tant malament que ni la mare que la va parir reconeix el país. Cada dia que passa els dirigents socialistes se semblen més al dirigents del PP, per això perden tants i tants vots. I pel que fa a la premsa què t’he dir que no hagis comentat ja. És trist, i cada cop sento més vergonya aliena de molts companys periodistes. HO deixo aquí, no em vull encendre.

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