UN ENDEMISMO ESPAÑOL: El “Políticus hispaniensis”

En España cada vez hay más especies en peligro de extinción. Según la web http://www.animalesenextincion.es/ un 37% de los vertebrados, de los cuales un 7% están en total peligro de desaparecer. Pero hay una especie, un espécimen, que no peligra: el político aferrado al poder caiga lo que caiga. Podemos definir dicha especie (el Político español, o Políticus hispaniensis según la nomenclatura latina) dentro del género “Paniaguado”, de la familia de los Inamovibles, del orden de los Squamata (por su capacidad para reptar y “camaleonizarse”), de la clase de los Sauropsidos (por su función reptil) y del Reino Animal.

Es una especie autóctona, aunque está repartida por todo el ecosistema mediterráneo, por lo que podríamos hablar de un endemismo mediterráneo. En España apareció como evolución de otras especies anteriores vivientes ya en la Edad Media. Se data su presencia en España ya a fines del siglo XV, aunque no se descarta su existencia en épocas finales del feudalismo, en las primitivas Cortes de los Reinos Hispánicos de Castilla y Aragón.

A partir de estos primeros especímenes se produjo una rápida expansión por toda la península gracias a su enorme capacidad de reproducción, en muchos casos de tipo asexual, es decir por mitosis, en la que en parte o en su totalidad el sujeto se divide y origina uno o más individuos con idéntica información genética.

Algunos de estos primeros especímenes fueron particularmente famosos, como Torquemada, Francisco de los Cobos o Alonso Pérez de Guzmán (Duque de Medina-Sidonia). El primero fue Inquisidor General, confesor de la Reina Isabel la Católica y quien ordenó la expulsión de los judíos, aunque él era de familia judía. Un primer caso de camaleonismo, en su vertiente de “lo mejor para trepar es ser abanderado de lo contrario de lo que fui”.

Francisco de los Cobos fue secretario de Carlos V y fiel ejemplo del espécimen de Politicus Hispaniensis pues tiene varias características fundamentales de éste: vivir a todo tren, enriquecerse y enriquecer a los suyos, gastar a manos llenas y liquidarse cualquier intento de reforma administrativa que menoscabe su poder, especialmente si viene del extranjero. O no les suena algo de esto: en 1530 inicia la construcción de un gran palacio en su natal Úbeda. La casa diseñada medía casi 50 metros de fachada, con un fondo de algo más de 66 metros, un huerto de 31 metros, 2 pisos, patio y corrales, y encarga en Roma  una fuente de piedra para el patio. La casa prácticamente no la habitó nunca, pero se hizo construir junto a ella la Capilla del Salvador, joya del Renacimiento español, para ser enterrado en ella. Y todo ello desde el simple cargo de secretario real. Pero en 1520 encuentra la oposición de Gattinara, un jurista centroeuropeo (¿os suena?) que llega con el Emperador Carlos V para poner orden a la administración española (¿la primera intervención?) y sobre todo a la Hacienda y a las Indias, cuyos tesoros se estaban gastando sin medida. El final: Gattinara es apartado del poder hacia 1530 por de los Cobos y los suyos, “van a venir de Europa a decirnos cómo se gobierna España”.

Y, por último, el Duque de Medina-Sidonia, ejemplo de político español que a pesar de su manifiesta incapacidad es nombrado para altos encargos de Estado. En 1588, a la muerte del marqués de Santa Cruz (el mejor marino de su época) es nombrado el Duque de Medina-Sidonia capitán general del mar Océano, es decir comandante de la Armada que se preparaba para invadir Inglaterra. Todo ello a pesar de su manifiesta incapacidad, falta de experiencia y mareos que le producía el viaje en barco. El final de la Armada Invencible ya es conocido, pero quizá no sepan que tras el desastre el Duque retuvo sus títulos de Almirante del Océano y Capitán General de Andalucía incluso con el desprecio que expresaba por él la nación entera. ¿A qué se parece este caso?

Desde entonces el Políticus hispaniensis se fue extendiendo por toda la península, hasta convertirse en una especie dominante, especialmente en el ecosistema de la Alta Administración. De tal forma que considera que es su hábitat natural. De hecho, el resto de las especies, agrupadas bajo la Familia denominada Populus hispaniensis, pariente por tanto de la anterior, pues en el fondo aspira, en gran parte, a mutar y pasar a ser un Políticus hispaniensis, le considera parte de su vida. Por ello, a pesar de que dicha especie fagocita todos los recursos del ecosistema, putea todo lo que puede al Populus hispaniensis y se reproduce sin cesar, no muestra síntomas de poder ser controlada. Siempre encuentra formas de dar a conocer la necesidad de las medidas que toma para esquilmar el ecosistema y, especialmente, se adapta a las modificaciones de éste.

La última adaptación se produjo con la llegada de una nueva era geológica denominada Transición. Se produjo entonces un doble fenómeno: los viejos especímenes se adaptaron fácilmente a las nuevas formas de vida, denominada Democracia; y los antiguos grupos que habían luchado contra el Políticus hispaniensis en la anterior era, llamada Franquismo, fueron progresivamente mutando hasta formar un todo único e indistinguible.

Y aquí siguen. No hay manera de acabar con ellos. Ahora el ecosistema llamado España está a punto de hacer “crack”, pero no hay signos de que la especie denominada Políticus hispaniensis pueda sufrir los efectos de la denominada “Crisis”. Se está produciendo un hecho relativamente curioso, si no estuviéramos en España, y es que los mismos que iniciaron la destrucción del ecosistema se están encargando de solucionarlo. Consecuencia: el ecosistema se quiebra pero el Políticus hispaniensis sigue fagocitando los recursos a través de comisiones, cobro de dietas por desplazamiento y manutención, a pesar de vivir en la misma localidad donde ejerce su poder, concesión de cuotas de poder a una prole de “asesores” (subespecie dentro del Políticus hispaniensis), hospedaje en hoteles de superlujo (como el diputado Durán i Lleida, que se aloja habitualmente en el Ritz de Madrid) o vacaciones de lujo en cacerías africanas.

Ahora se habla de que se necesita ayuda exterior para “rescatar” el ecosistema español en quiebra por falta de recursos. De momento, el Políticus hispaniensis ha pedido que se abone con una ingente cantidad de euros, pero no desea la llegada (“intervención”) de forasteros para que digan cómo hay que utilizar dicho abono. Se sospecha que si llegan interventores centroeuropeos y descubren lo que se llevan entre manos desde hace siglos, no van a permitir que dilapiden el nuevo abono de euros en nuevos saraos, léase aeropuertos sin aviones, circuitos de F1, Ciudades de…, asesores por doquier, sueldos de millones de euros y demás.

De todas formas, desde Un Club Sin Socios tenemos la teoría de que si dichos interventores llegan y ven el panorama salen huyendo de nuestro ecosistema a los quince días. O bien consideran que esto no tiene remedio o, más probablemente, el Políticus hispaniensis saca una de sus armas secretas (el patriotismo español) y, con la alianza del Populus hispaniensis consigue la expulsión de esos extranjeros metomentodo que nos quieren explicar cómo se hacen las cosas. ¡Cómo si aquí no supiéramos arreglarlas! Pero a nuestra forma. No sería la primera vez.

Ya hemos hablado de Gattinara y su proyecto de reforma y racionalización del Estado. Pero hay más ejemplos. En 1700, junto con Felipe V llegan a la Corte un grupo de “interventores” franceses para poner orden a una administración colapsada, corrupta e ineficaz. Pero sus intentos son un fracaso. Por ejemplo, en 1713 se intenta la reforma del viejo Consejo de Castilla. Dura catorce meses, tras los cuales se vuelve a su viejo e ineficaz sistema de funcionamiento. Crean los Intendentes para controlar unas provincias que nadie conoce cómo funcionan, cuánto gastan y campan a sus anchas (¿a qué se parecerá?). Pues nuevo fracaso. La reforma dura sólo unos años y únicamente se impondrá en los antiguos territorios de la Corona de Aragón (Cataluña, Aragón, Valencia y Mallorca) que para algo han perdido la denominada Guerra de Sucesión y no tienen derecho a quejarse.

En 1808, otra intervención. Tras la crisis financiera de 1804 (España emite Deuda Pública –vales reales- sin cesar y no puede pagar sus intereses) Napoleón se muestra decidido a “ayudar”, aunque se le ve el plumero de sus ansias expansionistas. Pero cuando llega en 1808 su plan es de modernización del ecosistema español, aunque sea para su beneficio (¿o creéis que Alemania vendrá por humanitaria motivación?): acabar con el Antiguo Régimen, la nobleza, el poder de la Iglesia, la Inquisición y, nuevamente, racionalizar la administración española creando un sistema de provincias a semejanza del francés.

El resultado es conocido. En 1814 vuelve la monarquía borbónica (Fernando VII) y el Populus hispaniensis recibe al monarca, al amparo del Políticus hispaniensis, al grito de “Vivan las cadenas”. Es decir vuelta al Absolutismo, la Iglesia dominadora, la Inquisición y una administración corrupta y dilapidadora. Los pocos que osaron oponerse acabaron exiliados, ajusticiados o fagocitados por el viejo orden.

Así que, desde Un Club Sin Socios, observamos la crisis del ecosistema español bajo la perspectiva de “Nada nuevo bajo el Sol”. Y esta especie no desaparecerá si no se produce la caída de un meteorito como ocurrió con la extinción de los dinosaurios.

Acerca de José A. Moreno

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3 respuestas a UN ENDEMISMO ESPAÑOL: El “Políticus hispaniensis”

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