MIS HIJOS, BOB DYLAN Y LA HISTORIA

No sé si son buenas noticias los planes de mis hijos en los próximos días. No sé si es que hemos hecho algo mal en su educación o, por el contrario, hemos sido buen padre y madre, por supuesto y esencialmente. Además, y esta deber ser otra mala noticia: ¡cómo pasa el tiempo!

Como les digo a mis alumnos, vamos por partes o si no ustedes no entenderán nada. Mi hija sale mañana para el FIB (Festival Internacional de Benicassim para los no entendidos) para ver, entre otros, a Bob Dylan, uno de mis ídolos juveniles; y mi hijo se matriculará, si no pasa nada extraño, la semana que viene en la carrera de Historia.

Ante este panorama me asaltan las dudas. No sé si es bueno para ellos el camino que están tomando. Que a mi hija le guste Bob Dylan y no Bisbal o el Pablo Alborán no sé si es buena señal. Sí, ya sé que el señor Dylan ya no es ese joven contestatario de los sesenta. Como dice en su artículo de hoy Patricia Godes, “el Dylan que este miércoles actúa en Bilbao es un señor de 71 años, bien trajeado y elegante, tan hosco como era cuando tenía 20”. Pero me temo que en las casas del barrio de Majadahonda o los bares del de Salamanca no suena el “bardo de Minessota”.

Mi hija quiere que le grave mis mejores discos de Bob para mañana, mientras viaja en autobús hacia Benicassim, ir imbuyéndose del espíritu dylaniano. Espero que ella encuentre la respuesta en el viento mediterráneo, haga, junto a sus compañeros de generación que los tiempos cambien, para que los maestros de la guerra no sigan dominando el mundo.

Con mi hijo he hecho todo lo posible para que eligiera una carrera que no le hiciera pensar a cada momento en quién lleva razón, porqué se producen las cosas que se producen en nuestra sociedad y cuál es el origen del mal. Hubiera sido mejor que estudiara Derecho, se colocara en un bufete de abogados de prestigio, se dedicara a defender a políticos corruptos (no se le iba a acabar la faena) y lograr pingues beneficios, dádivas varias y, quizá, un puesto en una lista electoral mayoritaria y acabar sentado en un escaño leyendo el periódico plácidamente como nuestro exalcalde Alperi. O quizá estudiar Económicas, entrar en Banco futuriblemente rescatable (después de hundirlo sin reparo alguno), autoasignarse una indemnización multimillonaria y retirarse a un Consejo de Administración para pasar el rato, mientras lee el Marca y glosa, en el bar de la empresa, las glorias de la Roja.

Pero no, han decidido escuchar a Bob Dylan y cursar Historia. Allá ellos. Les veo en un futuro escribiendo en un blog para olvidarse de cómo pasa el tiempo, recibir algún cariñoso halago y recordarte a ti mismo de que estas vivo.

A Carlos y Laura, ellos.

Acerca de José A. Moreno

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3 respuestas a MIS HIJOS, BOB DYLAN Y LA HISTORIA

  1. God save St. Bob. Dylan forever…

  2. Pingback: DYLAN CUMPLE 75 AÑOS: Yo más de 50 al calor de sus canciones | Un club sin socios

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