A FARAH: una alumna excepcional en tiempos de destrucción

Un día Farah salió de Mechra Bel Ksiri, su pueblo, allá por el interior de Marruecos. Siempre nos imaginamos un Marruecos árido, desértico y polvoriento. Pero es sólo nuestra imaginación de occidentales, ignorantes y llenos de prejuicios. Mechra Bel Ksiri se sitúa en una de las regiones más fértiles del norte de Marruecos, Gharb, bañada por el río Sebú (Ouadi Sebou), especializada en el cultivo de aceitunas, arroz, trigo, remolacha y uva. Vamos, un País Valencià más allá del Estrecho.

Ahora me pregunto, mientras escribo, qué pasaría por su mente en el momento de la partida. A lo mejor no podía ni imaginar cuál iba a ser su destino. Temor, tristeza por los amigos dejados atrás, amargura al renunciar a todo aquel entorno cercano. ¿Cuáles serían sus pensamientos durante tan largo viaje? ¿Qué pensaría encontrar aquí, en nuestra moderna Europa?

Era primavera de 2007. Un grupo de profesores y profesoras con un entusiasmo que no temía los embates de compañeros instalados en la triste repetición de programas educativos vetustos intentábamos cambiar rígidos esquemas organizativos en los Institutos de Secundaria. Éramos menos de los que entonces nos imaginábamos, pero teníamos unas ganas enormes de revertir una situación que, desde hacía años, se nos presentaba insoportable, irrespirable. Teníamos más ideas que, seguramente, recursos o formación. Pero necesitábamos respirar otro aire, realmente necesitábamos sólo eso, respirar.

Y en ese preciso instante llegó Farah. Y con ella muchos otros extranjeros que desconocían nuestras lenguas. Imaginación pusimos toda la que pudimos. Ideas siempre hubo quien, con suma inteligencia, las propuso. No fue fácil romper la vieja dinámica de que la educación se basa en rígidas evaluaciones, grupos cerrados, horarios estrictos, especialidades monolíticas. Pero creo que nuestro entusiasmo se contagiaba o que, como alguien con su fresca inteligencia denominó, toda la oposición que teníamos provenía del “escaqueo crítico”. Es decir, estoy en contra, pero no me preguntes qué alternativa tengo. Y así, mirados como raros especímenes, seguimos.

Pero si nuestro entusiasmo era desbordante, aunque no faltaron momentos en los que deseamos abandonarlo todo ante tanto acoso, las ganas de aprender de Farah nos animaban a seguir. Pronto supimos que era un caso único, quizá. Pero merecía la pena seguir porque creíamos, y creemos todavía a pesar de todo, que el éxito en educación no se mide en frías estadísticas de aprobados. Se mide en la sonrisa de un alumno o alumna cuando te lo cruzas por el pasillo. Cuando te busca para que le aclares un concepto. Cuando te pide que le expliques su nota. Cuando te necesita para algo más que para que le enseñes Historia o Matemáticas. Te necesita para que le orientes, le aconsejes, le consueles, o simplemente, o no tanto, le escuches. Y Farah no era la única en nuestro centro. Sólo que ella representa cómo ante las dificultades extremas se puede encontrar una salida si hay esfuerzo y alguien que lo sepa comprender. Porque ella aúna las condiciones de partida más difíciles en el mundo occidental de hoy. Sí, ese que llamamos civilizado, pero al cual solo hay que mirar de cerca para ver su atraso moral. Es mujer, extranjera y pobre.

Sólo utilizad un pequeño ejercicio de empatía. Pensad que sois vosotros, o mejor vosotras, quienes salís de vuestro país, con doce años, camino de otro en el que se hablan dos lenguas que no entendéis, que escriben en un alfabeto que no habéis trazado nunca y cuyo entorno os es totalmente hostil porque sois lo peor dentro del colectivo de extranjeros. Y, a pesar de ello, no os hundís. Trabajáis con tesón. Y, sin repetir ni siquiera un curso, acabáis Secundaria seis años después, mientras ciudadanos/as del país que os acogió han quedado por el camino o están aún en el intento. Pues esa es Farah.

Casi desde el primer día, Carmen, que por entonces impulsaba un aula para alfabetización de extranjeros, se dio cuenta de que estábamos ante un caso especial. Pronto tuvo que luchar contra esas viejas estructuras que no permitían aprobar sin pasar por exámenes casi computerizados para alumnos robots. Algunos le apoyamos, no sin granjearnos alguna enemistad, y Farah pasó de curso.

No cejó en su deseo por aprender. Recuerdo como en aquellas tertulias de café Carmen nos contaba cómo Farah le pedía más y más para poder avanzar. Hubo que seguir luchando para que tuviera refuerzos, para que los profesores y profesoras que la iban conociendo comprendieran su ansia de saber, de superarse, de alcanzar una meta que tenía clara: acabar el Bachillerato.

Es de justicia reconocer que buena parte de ese colectivo que ahora se siente menospreciado por la administración educativa le echó una mano. Sin su ayuda no lo hubiera logrado. Ahora, en estos momentos de amargura profesional, deberíamos plantearnos una verdadera insumisión ante la política educativa. Dedicarnos a quienes verdaderamente pueden apreciar nuestro trabajo: nuestros alumnos y alumnas. No vamos a recibir apoyo de quienes deberían hacerlo (la Administración Educativa, llámese Ministerio o Consellería), pero con eso ya contábamos cuando elegimos esta profesión en este país. Aquí, los ciudadanos somos enemigos, los funcionarios somos escoria (para nuestra propia Administración). En los tiempos que corren, el Poder sólo se ríe de nosotros, sólo desea reproducirse a sí mismo, vivir en la opulencia económica y en la miseria moral. Cuanto antes lo comprendamos, antes podremos ser felices. Si no nos atrevemos a salir a derrocarlos, al menos vivamos al margen de ellos. Que se pudran en sus millonarios sueldos, sus prebendas, sus trasnochadas ideas, su podredumbre moral.

Y ahora se nos va Farah de nuestro Instituto. Ha acabado sus estudios en él. Con una valentía desbordante irá a la Universidad. Sí, de Mechra Bel Ksiri a la Universidad de Alicante. Y es como si con ella se nos fuera una parte de nosotros. Pero, lo que es peor, como si con ella se fuera aquella forma de entender la educación. Éramos pocos entonces, somos cada vez menos ahora. Aún nos queda quien estira de nosotros, pero vemos tanta ruina que nos sepulta cada día con sus viejas ideas de una educación clasista, estructuralista, basada en el currículo, en el resultado numérico, en el adoctrinamiento con un saber del que nos creemos depositarios absolutos.

Pero en tu memoria, Farah, algunos seguiremos luchando. Aunque sepamos que, quizá, sea inútil, inútil convencer a tanto inútil. Cuando nos sintamos al borde de la rendición pensaremos que contigo fue posible y seguiremos intentándolo con lo único que aún da sentido a nuestro trabajo: nuestros alumnos. Aunque sabemos que no es fácil encontrar tanta motivación como tú tenías. Pero intentaremos despertarla, aunque seamos derrotamos, en más ocasiones de las deseadas, por influjos tan poderosos como la alienante televisión y la ética del dinero fácil.

Hace ahora poco más de un año, en un viaje a Marrakech encontramos vagando por la calle a una niña cuya mirada nos impactó. Se llamaba Sarah. Quizá hubiera podido tener una oportunidad, como Farah. ¿Será sólo casualidad que una letra separe únicamente sus nombres? Hay ciertas conexiones cósmicas que son difícilmente explicables para una mente tan racional como la mía. Pero quizá…

Y para quines no creeis que la diversidad es la más fructífera de las oportunidades, escuchad esto:

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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3 respuestas a A FARAH: una alumna excepcional en tiempos de destrucción

  1. Elena dijo:

    Enhorabona a Farah. quina alegria m’ha donat llegir aquesta entrada al teu blog, José Antonio.
    Gràcies per aquestes reflexions que ací fas… em recorden qui sóc i què vull continuar fent en aquest meravellós treball nostre.
    Una abraçada, amic

  2. Diego Prats dijo:

    Cada vegada que llig una de les teues entrades recorde tots els bons moments de l’institut, i recorde que gràcies a la vostra dedicació i treball, el meu destí es va aclarir, volia ser PROFESSOR.

    Ara, després de 3 anys estudiant a la Universitat d’Alacant, puc dir que sóc professor. Altra cosa sera el dia que comence a treballar i donar-ho tot per els meus alumnes i ajudar-los en tot allò que faja falta, però hem de confiar en què les coses arribaran a poc a poc. Saluts Jose Antonio! Una abraçada!

  3. Francesc Verdú i Pérez dijo:

    Molt emotiu, Jose. Realment Farah és una persona extraordinària. Quasi no he tingut relació amb ella, però destil·lava ganes de viure i d’aprendre. Paral·lelament a eixe sentiment d’admiració, conviu l’altre de ràbia, en veure com molta gent que ho té molt més fàcil, no sap apreciar ni aprofitar les possibilitats de formació que se li ofereixen. Afortunadament no són tots, però sí que en són massa.
    És part de l’ofici, no?
    Una abraçada!

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