EL BARRIO: La Plaza de Argel en la memoria

Hoy me han dado ganas de huir de la bonanza de mi situación. Cuando te hastía la lucha ya cansina contra una realidad que ciertos compañeros consideran insostenible en las aulas, dan ganas de volver a la lucha en la barricada. En la más dura de las situaciones de la educación de este país. En mi barrio de juventud y primera madurez: Virgen del Remedio, en la Plaza de Argel.

Hoy he vuelto a caminar por sus calles. Cada semana visito a mi madre allí, pero casi siempre aparco el coche junto a su casa, a pocos metros de ella. Pero hoy he recorrido sus calles, la Plaza de Argel.

En aquella plaza pasé muchas tardes. De solaz entre estudio y estudio. Algunos de nosotros, los habitantes de dicha plaza, pudimos permitirnos, con el esfuerzo de nuestros padres y madres, y los nuestros propios en trabajos estivales, pagarnos la Universidad. No éramos muchos, pero nunca nos sentimos extraños junto a gitanos (en el puro sentido étnico del término), trabajadores, señoras que limpiaban casas (como mi madre) y algún “yonki” bebedor que se sentaba no muy lejos de nosotros.

El resto de la ciudad pensaba que nuestra plaza (la Plaza de Argel, repito) era un lugar peligroso. Pero el único peligro que había en ella era tropezar con alguno de los socavones que el tiempo iba creando en sus aceras y que el ayuntamiento se negaba a arreglar.

Hoy he vuelto al barrio (así lo seguimos llamando quienes entonces vivíamos en él) y me han entrado ganas de dejarlo todo y volver a él. Luchar allí, en la difícil situación en la que ahora se encuentra: paro a mansalva, extranjeros de decenas de nacionalidades, adolescentes que son ya madres y ancianos a punto de morir.  Por cierto, he creído ver a mi padre en cada uno de ellos.

Hoy he visto que sigue habiendo más diversidad en sus gentes que la puramente étnica y de nacionalidad. En la ferretería me ha atendido un chico, unos veinte años, que, en los breves momentos en que hemos conversado y le he observado, me ha permitido imaginarme un mundo extraño. Escuchaba Radio 3, se dirigía a su abuelo, que le acompañaba en la tienda, con una ternura impresionante, y sus gestos eran de suave esmero por lo que estaba haciendo.

La situación en el Instituto de “Virgen del Remedio” o “Leonardo da Vinci” debe ser mucho más dura de la que cada día disfruto en mi “Enric Valor” de Castalla. ¡Qué harían aquí mis compañeros y compañeras tan preocupados de contenidos, materias, objetivos y evaluaciones regladas!

Antes de que nadie me lo envíe en un comentario, lo digo yo. No lo hago por cobardía. Porque me he acostumbrado, nos hemos acostumbrado todos, a la buena vida. Pero al menos yo sé de donde provengo. Hoy lo he vuelto a revivir.

Acerca de José A. Moreno

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2 respuestas a EL BARRIO: La Plaza de Argel en la memoria

  1. Juan Castells López dijo:

    Querido Jose, todos tenemos una plaza de Argel en la memoria (todos nosotros, quiero decir) y a élla volveremos, ( no es coña,no..)aunque sea en las alas del recuerdo, cuando la edad nos empiece a borrar los límites entre pasado, presente y futuro.
    No queda mucho, mi alzheimer así lo proclama; lo que por otro lado queda claro es que hay que hacer lo que hay que hacer cuando hay que hacerlo ( Ussía a mi lado es un comemierda).
    Por suerte para mí. mi memoria es corta y no me acuerdo de todas las veces en que debí hablar y no lo hice, debí actuar y no lo hice,o debí callarme y tampoco.Ya no tengo demasiado que perder, mi esplendoroso porvenir como funcionario parece que ya se ha gastado antes de usarse, mi familia deberá arrear y aprender. Me hace gracia pensar en un especial que ví hace poco sobre la “cierta” posibilidad de que dentro de poco vivamos 150 años de media y aprendamos cuales seran esas superenfermedades de la superevejez. ! Qué puto egoísmo nos tiene esclavizados!
    No ha sido bastante para nosotros ensuciar, joder e hipotecar el futuro de las proximas generaciones sino que deseamos permanecer en este teatro el más tiempo posible…
    Bien, como epítome de una de las generaciones más egocéntricas que ha visto el planeta me gustaría que pudiéramos comernos ( ¿Te vale con 110 años..? ) toda la mierda que hemos ido creando a nuestro alrededor,…claro,cada uno la suya eh…?
    O sea, que bien por los 150 años, pero con los últimos 50 en prisión preventiva y limpiando mierda en cualquier puto basurero del mar donde encontraremos las carcasas de todos los putos coches, móviles, televisores, ordenadores que gastamos y que ahora reciclaremos comiendonoslos co patatas y evacuandolos en forma de diamantes en el fondo del mar ( una nadería después de haber sido adiestrados en la limpieza de capitales, activos tóxicos, personas, animales y cosas).

  2. Pingback: LA TRANSICIÓN: enfermedad obsesivo-compulsiva | Un club sin socios

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