LA HISTORIA DE RICK, CASABLANCA Y EL 29 M.

Rick había luchado a favor de muchas causas perdidas de su tiempo (Etiopía, la España republicana…). Rick se había cansado de estar siempre del lado equivocado. Ahora, cuando le preguntaban su nacionalidad contestaba: “borracho”.

Una crisis emocional le había llevado a Casablanca. Y prometió no meterse en más líos. No abrazar más causas perdidas. Se había refugiado en Casablanca, en su “Rick’s Café”, como otros nos hemos refugiado en “Un Club sin Socios”, en la Íntima Clandestinidad, en nuestra Autosuficiencia.

Todos creían que a Rick ya no le importaba nada de lo que le rodeaba. Que sólo pensaba en su negocio. Ni siquiera se sentaba con los clientes para alternar con ellos. Pero, de cuando en cuando, se le veía rechazar dinero de los nazis o servir a algún colaboracionista francés.

Algunos decían que Rick parecía un amargado, pero desconocían los motivos, no como mis lectores de “Un Club Sin Socios”, que bien saben los míos.

Pero un día Rick tuvo que tomar una decisión. Había pensado que ya nada le afectaría, que no decidiría nunca más tomar partido. Quienes estaban de su lado, le habían abandonado (la SDN en el caso de Etiopía y los aliados a la España republicana), incluso su amada Ilsa. Ahora tenía que decidir entre salvar a Ilsa y a quien se la había arrebatado, Laszlo, su marido y activista antinazi, o unirse a ella y huir hacia el amor y la salvación. De nuevo pudieron sus ideas.

Siempre que he visto el final de Casablanca he pensado que Rick no sabe hasta el último momento qué va a hacer con los salvoconductos: dárselos a Laszlo para que huya a América con su amada Ilsa o fugarse con ella y usar él los salvoconductos.

Al final, quizá volvió a tomar la decisión equivocada. En Casablanca, Rick y el capitán Renault, que ahora se ha pasado a la Resistencia francesa, se ocultan en la niebla mientras Rick “este puede ser el principio de una gran amistad”. Me puedo imaginar cómo yo hubiera rodado la prevista, y nunca rodada, segunda parte de Casablanca, que iba a llamarse “Brazzaville”, la capital del Congo francés donde supuestamente huirán Rick y el capitán Renault. Seguro que el capitán se la acaba jugando, se convierte en un líder del ejército de ocupación francés en el Congo. Rick se pondría de parte de los independentistas congoleños y, de nuevo, estará en el lado equivocado. Seguro que después de la victoria de los independentistas congoleños, también se sitúa junto a la tribu que no gobernará en nuevo Congo.

En resumen, hay quienes tenemos la costumbre de colocarnos siempre en el lugar equivocado. Cuando hace unos meses los funcionarios éramos insultados como culpables de la crisis, nadie salió a defendernos. Cuando la educación es atacada año tras año, gobierno tras gobierno, la ciudadanía sólo está preocupada porque sus hijos e hijas estén el máximo tiempo posible en Colegios e Institutos. Cuando tomas medidas radicales contra lo que crees que son tus derechos, los sindicatos te recuerdan que lo que estás haciendo es ilegal y te dejan en la estacada. Cuando pides a tus compañeros directores y directoras de Institutos que se nieguen a cumplir órdenes absurdas de consellers absurdos, te dicen que no se van a jugar su puesto por ello.

Por todo esto y mucho más, dije que me mantendría en esta Íntima Clandestinidad. Pero mañana, haré como Rick. Volveré a ponerme de lado de quienes piden un cambio en la política económica y laboral del gobierno. Aún a sabiendas que es una causa perdida. Que muchos de los que mañana gritarán contra dicha política han permitido que accedan al gobierno con mayoría absoluta. Que muchos de los líderes políticos que saldrán a hacerse fotos con los manifestantes han hecho lo mismo que este gobierno sólo hace unos meses. O que, aún peor. Como uno ya tiene cierta edad y además se dedica a analizar la Historia, ya ha visto a varios de estos líderes anticapitalistas convertidos en líderes neoliberales: Ramón Tamames, Salvador Forner, José María Fidalgo

Pero, qué le vamos a hacer Rick, “siempre nos quedará París”.

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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