MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA: El bosque se incendia de nuevo

Hacía mucho tiempo desde el final del último incendio. Muchos ya no se acordaban de ello. Lo habíamos pasado mal. Los pandas nos acabamos refugiando en las alturas. Pero, aún así algunos de nosotros éramos perseguidos. Se nos amenazaba con la expulsión del bosque, mientras contemplábamos como se iba incendiando por todas partes.

Pero nadie hacía nada por sofocar el incendio. Las hienas se habían apoderado del territorio. Y ahora se limitaban a reírse de todo: de nosotros, de nuestra candidez, de nuestro bosque. Realmente nos dimos cuenta de que eran hienas cuando les vimos disfrutar con la carroña. Durante un tiempo creímos que eran simples perros de compañía, aunque alguno ya ladraba con rabia sospechosa.

El incendio se iba haciendo cada vez más grande. Los pandas nos habíamos quedado sin comida, pero las hienas seguían disfrutando porque no les faltaba carroña para comer. Era carroña chamuscada, pero les seguía agradando.

Un día las hienas recibieron un mensaje de otras hienas que habitaban un bosque más lejano. Allí había más carroña y la vida era más cómoda. Realmente a nuestras hienas nunca les había gustado estar aquí, pero no podían abandonarlo sin permiso del Rey León, que vivía en la tranquila sabana, pero nos vigilaba siempre.

Los pandas decidimos bajar de nuestro tranquilo refugio en lo alto del bosque. Nos haríamos cargo del asunto. Las hienas podían irse tranquilas.

Cuando llegamos, el panorama era desolador. Las llamas lo habían arrasado casi todo. Pero creíamos que podíamos sembrar de nuevo y recuperar el bosque. Tiramos semillas sobre las cenizas. Nos costó explicar al resto de los habitantes del bosque que las semillas del bambú tardaban mucho en brotar, pero cuando lo hacen crecen con rapidez. Había que tener paciencia.

Muchos no creían que crecería el bosque, pero se conformaban con que lo hubiéramos limpiado. Poco a poco volvió la vida al bosque. Cada vez había más animales, pero el bosque no crecía, aunque ya no era un lugar inhóspito.

Y empezaron a emerger los primeros brotes verdes. Y crecieron con rapidez. Tanto que se llenó de animales, casi todos ayudaban a cuidar el bosque. Incluso un día, el Rey León nos felicitó por cómo había crecido el bosque.

No sabemos cómo ocurrió. No nos dimos cuenta que entre los animales que habían llegado también había hienas. Eran otras hienas, pero de nuevo creímos que eran dóciles perritos. A las hienas se les unieron los chacales. Y los buitres bajaron de sus escondites rocosos para el reparto de la carroña.

Creo que fuimos demasiado ilusos. Debimos habernos dado cuenta de que los pandas no servimos para la acelerada vida del terreno sólido del bosque. Allí, cuando no te encuentras con una hiena lo haces con una serpiente que se arrastra y quiere estrangularte.

Ahora el bosque se ha vuelto a incendiar. No está claro quién lo ha hecho. Unos dicen que han sido las nuevas hienas para conseguir carroña con la muerte de los animales. Otros dicen que la culpa es de los buitres que siempre sobrevolaron nuestro bosque.

Lo cierto es que los pequeños animales que ahora mueren abrasados por doquier no tienen la culpa de nada. Nos da lástima a los pandas verlos de nuevo sufrir entre las llamas. Pero no es la primera vez. Debíamos haber aprendido algo de un libro que un día nos leyó uno de nuestros camaradas más trabajadores. El libro se titulaba “Q” y en él se demuestra que siempre, en todos los bosques, los perdedores son los mismos. En todos los bosques los depredadores deciden cómo se hacen las cosas.

A nosotros, los estúpidos pandas, nos gusta la vida tranquila, sosegada. Nos gusta también escuchar el ruido del viento, el de las hojas al caer levemente sobre el suelo de bosque y el de los pequeños pájaros que ahora devoran las hienas al caer abrasados. También nos gusta cantar nanas a nuestros pequeños y leerles breves fragmentos de poesía antes de dormir. En estos días nos costará cantar y leerles, porque son

“Malos tiempos para la lírica”.

Para tí y para el juez Garzón, en estos días de derrota.

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Acerca de José A. Moreno

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Una respuesta a MALOS TIEMPOS PARA LA LÍRICA: El bosque se incendia de nuevo

  1. Palmira dijo:

    Fantàstic poder continuar aprenent del teu profe d’història uns 10 anys després.
    Una abraçada des de Barcelona!
    Palmira

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