JOSÉ LUIS SAMPEDRO CUMPLE 95 AÑOS: homenaje a un sabio.

Mañana cumple 95 años José Luis Sampedro. Hace poco ya comenté mi admiración por él. Hoy quiero celebrar que aún está vivo.
Si nuestra civilización occidental no fuera tan “desarrollada” como cree y viviera aún en la Grecia de los Siete Sabios. O hubiera copiado de la cultura hindú el aprecio por los gurús y no hubiéramos contaminado con nuestras fábricas la suya, provocando tragedias como la de Bhopal. O hubiéramos aprendido qué son los chamanes siberianos y no sólo que Siberia es un lugar inhóspito donde los soviéticos enviaban a sus enemigos. O hubiéramos asimilado el papel de los ancianos sabios en las culturas africanas en lugar de traernos a sus hijos y nietos como esclavos. Entonces, José Luis Sampedro sería nuestro SABIO, nuestro GURÚ, nuestro CHAMÁN, nuestro ANCIANO SABIO.
Efectivamente, los Siete Sabios de Grecia era el título dado por la tradición griega a siete antiguos sabios, antes de la Grecia Clásica, renombrados por su sabiduría práctica que consistía en una serie de aforismos memorables. Quizá, amigo Joan, por aquí hay que tirar del hilo de Ariadna para saber cómo soportaron su existencia los griegos, como me planteabas el otro día. José Luis Sampedro también nos ha dejado algunos aforismos tan memorables como aquellos: “El capitalismo es el abuso de poder por el capital”.
El gurú significa el “maestro espiritual”. Desde hace muchos siglos este término se ha empleado en la India para designar a una persona importante que mostraba el sendero del yoga, enseñaba las técnicas de meditación, y a quien se le pedían consejos. El domingo pasado Jordi Ébole, en “Salvados”, se acercó a pedir consejo a nuestro gurú José Luis Sampedro y nos dejó varios de enorme interés: a los políticos que dicen que no están de acuerdo con las medidas que toman, pero que no queda más remedio les dijo: “pues deje usted la política, no haga lo que no cree. Pero le conviene a Ud. no hacerlo y seguir tan a gusto”.
El chamán, presente en diversas culturas, es un individuo al que se le atribuye la capacidad de modificar la realidad o la percepción colectiva de ésta, de manera que no responden a una lógica causal. Esto se puede expresar finalmente, por ejemplo, en la facultad de curar, de comunicarse con los espíritus y de presentar habilidades visionarias y adivinatorias. También José Luis Sampedro nos cura con sus palabras de los peores males, los del espíritu, nos permite conocer la realidad desde otro punto de vista, el verdadero: “el ciudadano que acepta los recortes sociales lo hace por miedo”, “te amenazan de que te van a degollar, después no lo hacen pero te explotan y te atan a un carro”. Y también tiene facultades adivinatorias, como los chamanes: “Viene una revolución, los de abajo suben arriba y cuando están arriba se convierten en lo que eran los de arriba de antes”. Y, “¿cómo arreglamos esto?”, “si le interesa mucho el asunto, procure ser de arriba”. Apabullante.
Como a los sabios ancianos de las culturas africanas, también nos acercamos a ellos para que nos cuenten historias que nos recuerden el pasado. “Un anciano que muere es una biblioteca que se quema”, decía Hampate Ba, escritor maliense. José Luis Sampedro nos contó el domingo pasado como durante el franquismo se permitía a Tierno Galván, López Aranguren y otros, como él mismo, decir “cosas poco elegantes” contra el régimen. Así daba la sensación de que había libertad, “le hacíamos un favor al sistema; el sistema es muy listo”. Ahora también, maestro.
Quienes seguís este blog sabéis de mi incredulidad sobre etéreas realidades. Pero, a veces, a mí también me dan miedo ciertas coincidencias. Tengo una amiga a la que se le anticipan realidades, sueña cosas que luego ocurren, pronostica escenarios que se cumplen más tarde. Yo no llego a tanto. Pero en estos días se han producido acontecimientos que se relacionan curiosamente entre sí.
El sábado fuimos a ver la obra de teatro “La sonrisa etrusca”, basada en la novela homónima de José Luis Sampedro. Otro anciano nos impactó: Héctor Alterio. Ochenta y dos años y en escena, aún lúcido, espectacular, impactante, vital. Pero la obra, a pesar de la interpretación excelsa de Héctor Alterio, no dejó de producirme una amarga sensación. Toda la obra me recordó los últimos momentos de mi abuelo, de mi padre, quizá los que serán los míos. En suma, una amarga belleza.
El domingo, el programa “Salvados” de la Sexta emitió una entrevista demoledora, áspera, aterradora sobre la realidad económica actual. Y cuando busqué la edad de José Luis Sampedro, mi curiosidad de historiador es así, descubro que su cumpleaños está próximo, sólo quedan tres días: 1 de febrero.
¿Habrá alguna conexión en todo ello? Quizá todo estuviera destinado a que yo escuchara el final de la entrevista del domingo que reproduzco aquí:
“En este momento, yo no tendría ningún inconveniente en morirme, no tengo ningún interés en seguir; lo que pasa es que quiero a mi mujer, sé que le hago falta, sé que le conviene y estaré todo el tiempo que haga falta; pero hoy ya, la serie de molestias que tiene la vida de un viejo sordo, medio ciego, porque soy casi tuerto y con otros inconvenientes que no voy a describir; todos estos inconvenientes, que todas las mañanas me tengo que levantar y que además de ponerme la camisa, me tengo que poner las muelas, me tengo que poner los ojos, me tengo que poner las orejas, todo eso no me interesa ya porque además, ya he visto el espectáculo y me importa tres pepinos. Pero, yo tengo que vivir, porque se habla mucho del derecho a la vida, pero hay más, el deber de vivirla. Hemos recibido una vida, pues vamos a vivirla”.
Cuando alguien de 95 años te dice estas palabras te quedas paralizado, sin aliento. Cuando las piensas con 49, es más delicado; pero quiero, debo, quedarme con el final. Efectivamente amigo Joan, nadie nos preguntó si queríamos estar aquí, pero aquí estamos. Vamos a vivir.
Por tanto, querido sabio, gurú y chamán José Luis Sampedro aguante todo lo que pueda. Le necesitamos para que nos diga una frase impactante, nos dé un buen consejo, nos ilumine la realidad o nos cuente una historia que no deba perderse.

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Acerca de José A. Moreno

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