FUNCIONARIOS CULPABLES: La solución a la crisis

El 19 de julio del año 64 a.C. Roma ardía bajo las llamas provocadas, según el historiador romano Suetonio, por el propio emperador que deseaba reconstruir la ciudad a su gusto. O sea, un antecedente de los actuales PGOU, pero sin concejales que llenen sus maletines de euros que acaban en Paraísos (y no precisamente del Edén estamos hablando). Como el pueblo sospechaba la verdad, el emperador Nerón encuentró unos chivos expiatorios, unos culpables a los que achacar el muerto: los cristianos.
A fines del siglo XI, las huestes cristianas, dominadoras de toda Europa, necesitaban nuevos campos de batalla donde poner en juego el honor caballeresco y mantener el dominio feudal sobre las masas serviles. Qué mejor excusa que la religión para ello. Había que conquistar Tierra Santa. Se organizó la Primera Cruzada. Pero el camino era largo, el gasto cuantioso. Había que buscar dinero. Aprovechando que los judíos habían matado a su líder Jesucristo hacía ya más de mil años (algunos no olvidan las afrentas fácilmente), la emprendieron contra ellos. Acusados de estar enriquecidos a costa de los pobres cristianos se inició una persecución étnica por toda Europa que llevó aparejada la confiscación de bienes. No serían éstos para su distribución entre las masas, sino para enriquecimiento de los señores feudales y sus “guerras santas”.
Casi cinco siglos más tarde son definitivamente expulsados de España. El motivo: la unidad patria, católica, apostólica y romana. Todo por la Patria. Además, los judíos seguían siendo culpables de la muerte de Jesús. No había perdón para ellos.
La opulenta España de Felipe II, el rico Imperio del Rey al que no se le ponía el sol, había tenido que declararse en bancarrota tres veces (1557, 1575 y 1596). Los motivos: una deuda heredada de su padre de unos veinte millones de ducados debido a una política imperial llena de fastos y grandes acontecimientos. En este caso no fue la Formula 1, Terra Mítica, Aeropuertos sin aviones o Tranvías sin trenes: fue una coronación imperial, varias bodas imperiales, y guerras, muchas guerras, en defensa de la Cristiandad. El resultado, en cambio, semejante: la población soportaba una inflación brutal, por ejemplo el precio del grano subió un 50% entre los últimos cuatro años del siglo; la carga fiscal tanto en productores como en consumidores era excesiva. Debido a la inflación y la carga fiscal, cada vez existían menos negocios, mercaderes y empresarios dejaban sus negocios en cuanto podían adquirir un título nobiliario. La solución buscada, la misma que ahora: un acuerdo con los banqueros genoveses para seguir adelantando dinero a la Corona, pero a un precio muy alto para Castilla, que agravó su recesión.
Finalmente había que buscar un culpable. Felipe III, que se había encontrado con una deuda multiplicada por cinco a la que heredó su padre, localizó a quienes pudieran aplacar las iras del populacho: los moriscos. ¿Qué tenían que ver con la crisis? Nada. Pero se convirtieron en una buena propaganda al servicio de la Corona: no aceptaban la uniformidad cristiano-española, se les suponía amigos de los piratas turcos, eran industriosos artesanos y hábiles agricultores. El comienzo de una nueva etapa de recesión en 1604 derivada de una disminución en la llegada de recursos de América, provocó la reducción de los estándares de vida llevó a la población cristiana que miraban con resentimiento a la morisca. Solución: expulsarles del país. Consecuencia: más de 300.000 personas expulsadas y, por tanto, disminución de la fuerza de trabajo, abandono de los campos, pérdida de ingresos de los señores, disminución de la recaudación de impuestos. En suma, la decadencia del siglo XVII.
Alemania, 1933. Como la economía alemana dependía fundamentalmente de los préstamos estadounidenses, la reducción del mismo a partir del 1929, tuvo efectos directos en la economía. La decisión del gobierno de mantenerse en la ortodoxia generó más desocupación, la caída del producto bruto interno y el colapso del sistema bancario. Pero la culpa no fue de la hiperinflación de la postguerra ni de la especulación de los años veinte. La culpa era de los judíos. Otra vez los judíos. Nuevamente culpables de la muerte de Jesucristo y, ahora, también de la crisis de Alemania.
Principios del siglo XXI. Crisis crediticia, hipotecaria y de confianza en los mercados. Esta crisis surge de la expansión crediticia ficticia orquestada por los bancos centrales, y que ha motivado que los empresarios invirtieran donde no debían. En las “sabias” palabras del conseller de Economía valenciano, José Manuel Vela: “hemos gastado más de lo que teníamos”. Impresionante. ¡Qué análisis más profundo! ¡Qué intuición deductiva! Pero no se podía esperar menos: es licenciado en Ciencias Económicas y Empresariales, Premio Extraordinario de Licenciatura, doctor en Ciencias Económicas y Empresariales y Premio Extraordinario de Doctorado. Además es Catedrático de Economía Financiera y Contabilidad de la Universidad Politécnica de Valencia. Ostentó también los cargos de director del Instituto Valenciano de Estadística de la Generalitat y Subsecretario de Política Presupuestaria y Tesoro de la Generalitat Valenciana. Es decir, sabía que los números no cuadraban, pero siguió gastando. Ahora nos informa de que, efectivamente, no se dieron cuenta. Gastaron más de lo que tenían.
Y quién será el nuevo chivo expiatorio si ya no podemos perseguir cristianos (más bien ellos nos persiguen desde sus TDTs, webs y periódicos varios), expulsar judíos (ya están todos encerrados tras los muros que ellos mismos han construido en Palestina) o moriscos (aunque a muchas de esas mismas ultraTDTs y periódicos digitales les están entrando ganas de acabar con todo musulmán viviente). Me informan que hace poco una señora alentaba al Presidente de la Generalitat a acabar con los nuevos culpables: LOS FUNCIONARIOS. “Duro con ellos”, parece que se le oía decir.
Pues duro con ellos. Que se nos recluya en guetos, que se nos señale con símbolos distintivos (FC, de funcionario culpable), que se nos obligue a trabajos de reinserción social por nuestros pecados o que, finalmente, se nos expulse de la rica Europa. Comienzo a tener miedo de despertar las iras del populacho por el hecho de ser funcionario. Temo que al entrar en un bar se me diga: “fuera funcionario nefando. Por tu culpa estamos así”. Mientras tanto, volverá la cabeza hacia la televisión de plasma de última generación donde retransmiten el Gran Premio de Valencia de Fórmula 1. Y grita “vamos Alonso”, que en su casco luce la Bandera Nacional. Sí esa del país en el que no paga impuestos: España.
Pues siento deciros que ni así podríamos pagar la deuda de 840.000 millones de euros que tiene contraído el Estado español (unos 140 billones de las antiguas pesetas).
Señora Merkel, lo sentimos, no vamos a poder pagar. Sólo se me ocurre una solución: les vendemos Mallorca. Total ya el 20% del suelo es propiedad de los alemanes. Pero en la venta incluiremos un regalo. Mandaremos a la Familia Real al Palacio de Marivent y allí se quedarán. Se los tendrá Ud. que quedar. Este es el pacto. O lo toma o lo deja. Además como el palacio es grande incluiremos a cuñados, excuñados, sobrinos paniaguados y tías de avanzada edad. Si el regalo le parece envenenado, imagínese a nosotros que llevamos siglos aguantándolos. Y, ¡cuidado!, que si no lo acepta se arriesga a que a nuestro preclaro líder, Rajoy, no le quede más remedio que declarar, como Felipe II, la bancarrota. Y, entonces, se queda sin dinero, sin isla y sin Familia Real.

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Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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Una respuesta a FUNCIONARIOS CULPABLES: La solución a la crisis

  1. Francesc dijo:

    BONISIM, i que llegits esteu es Ciències Socials

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