A JOSÉ LUIS SAMPEDRO, PREMIO NACIONAL DE LAS LETRAS

Creo que nunca un santo me cayó tan bien. Sí, ya sé que es con M, pero con M de Maestro. Por eso me alegro de que el Ministerio de Cultura, antes de su inmolación en aras de la mejoría del Déficit Público, le haya concedido el Premio Nacional de las Letras.

Me enteré de la existencia del profesor Sampedro durante un “Talk show” que en los Ochenta emitía TVE. Me impactó la imagen de serenidad, desapego al mundanal ruido y a las posesiones materiales de quien era un economista de reconocido prestigio. Tengo dos recuerdos unidos a aquella imagen. Uno sé que coincide con la realidad. El otro no sé si es inventado, como aquellas cosas que repites tantas veces, pero ya no sabes si las has imaginado o son reales.

El primero está relacionado con una frase que me dejó sin dormir aquella noche, y muchas otras. Decía Sampedro que no llevaba reloj porque no deseaba ver como se producía el inexorable paso del tiempo y no quería que nadie se gastara el dinero en un objeto tan inútil. Ahora, repasadas imágenes suyas recientes, he visto que sí lo lleva. ¿Tendrá algo que ver con el título de la última sección de su blog en ClubCultura.com?: “En la Sala de Espera”, a sus 94 años de edad.

El segundo se refiere a una frase que siempre la he asociado a él, aunque, ya digo, no sé si es de Sampedro o de cualquier otro. Pero le cuadra perfectamente: “un economista es una persona que está diez años estudiando qué va a suceder en los siguientes diez, para, después, estar otros diez explicando porqué no sucedió aquello que dijo iba a suceder”.

En estos días de crisis económica, sus palabras, si lo son, alcanzan una dramática realidad. ¡Tanto economista suelto para que estemos ahora así! Pero no os preocupéis. Ya han encontrado el remedio: la Reforma del Mercado de Trabajo. ¿Dónde habré oído yo esta frase antes? Tecleo en Google y me salen 17 reformas laborales en España desde la Democracia (1975). Esto empieza a parecerse a la Reforma Agraria de antes de la Guerra Civil, pero en sentido contrario. Ahora en lugar de mejorar el empleo se trata de empeorarlo. Si ya lo han intentado en 17 ocasiones para qué insistir en lo mismo. “Es que no hay otra solución”, pues sí la hay. Y aquí vuelve el señor Sampedro.

Un hombre que con 94 años todavía tiene fuerzas para rebelarse contra lo “económicamente correcto” es digno de toda admiración. Ahí están títulos como “El mercado y la globalización” (2002), “Los mongoles en Bagdad” (2003), contra la invasión de Irak, “Sobre política, mercado y convivencia” (2006) o “Economía humanista. Algo más que cifras” (2009). Y que este año haya colaborado en la publicación de “Reacciona”, opúsculo contra la política neoliberal europea, ya no os digo nada.

De sus novelas me encantaron “La sonrisa etrusca” (disfruté recordándome a mí mismo junto a mi abuelo) y “Congreso en Estocolmo”, dinámica y moderna para estar escrita en 1952. Espero, ahora, entrar en alguna más.

Sampedro debería ser incluido en la “Historia de los heterodoxos españoles”, volumen 3. Y si no leed su discurso de entrada en la Real Academia de la Lengua: aquí unas frases y un cuento japonés (como el del Bambú “germaneta”) con el que acabó el discurso:

“Si hubiésemos procedido hacia fuera de estos muros hubiéramos hallado otras fronteras: en las divisorias materiales, en las leyes que prohiben o permiten, en los recintos, en los hábitos. Fronteras por todas partes, delatadas por banderas, colores en el mapa, idiomas y otros signos innumerables”.

“Lo esencial del capitalismo no está en que utilice el mercado mucho más que el plan. Lo fundamental es su creencia de que, gracias a la competencia privada, cuanto más egoístamente se comporte cada individuo, tanto más contribuirá al progreso colectivo. Por tanto, es deseable que cada uno aumente al máximo su beneficio a costa de quien sea y a partir de esa creencia se pasa insensiblemente a pensar también que en la vida sólo importa lo que produce ganancia monetaria. Así se desprestigian todas las actitudes cuyos móviles no sean los económicos; es decir, lo que no se cotiza en el mercado no tiene valor”.

“En un antiguo monasterio el monje jardinero llevaba varias semanas preocupado. Había anunciado su visita el abad de otro cenobio cuyo jardín era reputadísimo, e importaba no desmerecer ante sus ojos. Para eso el monje venía perfeccionando el pequeño microcosmos de su jardín, repasando las ondas de arena finísima que representaban el océano, tallando el boj delimitador, aclarando el musgo y los líquenes que envejecían la roca central, símbolo de la montaña sustentadora del cielo. La víspera de la anunciada visita su propio abad acudió a felicitarle, pero el monje se sentía inquieto ante su jardín: algo faltaba. De pronto tuvo una inspiración. Se acerco al cerezo que descollaba entre los arbustos y sacudiéndolo con cuidado logró desprender de una rama la primera hoja del otoño. La hoja osciló despacio en su caída y se convirtió en una mancha amarillenta sobre el verdor impoluto del césped. El monje sonrió: el jardín perfecto quedaba completado con la imperfección. Ahora si representaba el cosmos.”

ENHORABUENA MAESTRO.

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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2 respuestas a A JOSÉ LUIS SAMPEDRO, PREMIO NACIONAL DE LAS LETRAS

  1. Juan Antonio dijo:

    Tenemos mucho que aprender de él y, por lo visto, muy pocas ganas de hacerlo.

  2. Pingback: JOSÉ LUIS SAMPEDRO: In memoriam | Un club sin socios

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