LA INVASIÓN DE LOS “MUMOS” VIVIENTES

Nos han invadido sin hacer ruido. No sabemos si su transformación ha sido fruto de una radiación como la de los zombis en “La noche de los muertos vivientes”. Pero si no vamos con cuidado nos convertiremos todos en… “mumos vivientes”.

Se entiende por “mumo”, palabro aún no aceptado por la RAE, pero que he aprendido de mis amigos Paco y Tomás (uno valenciano, el otro manchego, por lo que el término acepta el bilingüismo), a aquella persona con la que te cruzas, a veces diariamente, y que ante tu saludo no se inmuta. Tampoco agacha la cabeza o te desprecia, simplemente se comporta como si no existieras.

Fijaos bien. Cada vez son más numerosos. Tienen el aspecto de zombis, más limpios, pero igual de inquietantes. Ya te los puedes cruzar cada día, que no se inmutan. Además su comportamiento es contagioso. Aunque no muerdan, son capaces de contagiarte su forma de actuar.

Te los puedes encontrar en el trabajo y, aunque os rocéis en una escalera, no os devolverá el saludo. Están en nuestros edificios y puedes llegar a impregnarte de su perfume, pero nada, como si no existieras. A veces entran en pareja al ascensor y se te unen en tan íntimo trayecto, pero los “mumos” están en su mundo, su conversación y a ti te ignoran. Te los puedes encontrar en tu club social, pero aunque llevéis años compartiendo bar, canchas o jardines, no te preocupes que si se cruza contigo te ignorará. Yo un día me encontré uno de estos “mumos”, con el que compartía cafetería todas las semanas, en el urinario de un Polideportivo. Nuestros cuerpos estaban impúdicamente juntos, casi al borde del pecado, pero nada, que no hubo manera de que me devolviera el saludo. Paco dice que también los ha encontrado en la montaña. Llevas horas caminando en solitario hacia aquella cumbre. De pronto ves que de ella baja una persona. El sendero es estrecho. Esperas un saludo, una sonrisa cómplice, al menos, pero nada, el “mumo” pasa junto a ti y no se perturba.

Mi amigo Óscar dice que es que son tímidos. Tomás le contesta que una cosa es ser tímido y otra maleducado (gilipollas dice más concretamente). Paco, en cambio, dice que cuando se los encuentra por la montaña les arrea como a las mulas cuando no hacían caso.

A veces estos “mumos” se alejan de tu vida y cuando vuelves a verlos con el paso de los años han perdido la memoria. Has compartido con ellos uno o más años de trabajo en el mismo lugar, conversarte con él después de mucho aplicar tus habilidades sociales, le invitaste a algún café, pero cuando vuelves a verle ya ha perdido la memoria. “¿No te acuerdas? ¿Si estuvimos juntos en…?”. Nada, “pues no me acuerdo, lo siento, es que tengo mala memoria para las caras”, te espeta. ¡Lo que pasa es que eres un “mumo”!

Debéis tener cuidado. Amigos casi íntimos pueden convertirse en “mumos”. Existe una frase que avisa de su transformación: “tenemos que quedar”. O también: “te llamo y quedamos”. No te preocupes. Jamás te llamará. No quedará contigo nunca. Os volveréis a encontrar en otro acto social y volverá a decir lo mismo. O algo peor: “déjame tu e-mail y estamos en contacto”. Ni se te ocurra. Entonces sí que cumplirá su promesa. Te comenzarán a llegar todo tipo de mensajes absurdos: chistes sin gracia sobre la ideología contraria a la suya, y que quizá, casualmente sea la tuya, convocatorias varias, cadenas de ayuda humanitaria, avisos de muerte informática por infección vírica, presentaciones glamurosas y, lo peor, adhesiones al último “excelente” artículo de Pérez Reverte, donde ataca, espada en ristre, contra políticos, funcionarios y otros malandrines.

Hace tiempo, mucho tiempo ya, los “mumos” no existían. Aún recuerdo mi vida en el pueblo, en casa de mi abuela y mis tías cuando, no sólo se saludaba a los vecinos, sino que se les llevaba un “presente” después de la matanza. Era un plato con algunas viandas del cerdo recién matado: un chorizo, una morcilla, un trozo de lomo… Después, el vecino te devolvía el presente cuando él hacía la matanza. Era una excusa para visitar al vecindario y pasar una tarde de tertulia. Así conocí grandes historias de los vecinos de mi abuela: la vecina casada pasados los cuarenta, pero que ya llevaba tres maridos; la hija del cura del pueblo vecino; el hijo que era del abuelo, pero que siempre se había dicho que era del hijo, tenido con una criada… Ahora de nuestro vecino “mumo” no sabemos ni el nombre.

En aquellos tiempos se salía al fresco en las noches de estío manchego. Y se saludaba a todo el que pasaba. Cuando venía alguien que no conocía, preguntaba a mi tía Bony. Y me contaba alguna historia, que nunca supe si era verídica: “es cuernos de oro; se llama así porque es hijo bastardo de un señor que aceptó que su mujer, muy guapa, tuviera relaciones con el señorito. Tuvieron un niño y el señorito le dijo que debía decir que era fruto del matrimonio y que le pagaría bien si callaba. Por eso cuernos de oro”.

Con mi tía Bony salíamos muchas tardes de visita. Visitábamos a la familia, visitábamos a la que hubiera sido su familia política, pero que nunca lo fue porque su novio se mató en un accidente de moto. Ella nunca se volvió a enamorar, nunca se casó, pero visitaba a aquella familia como si fuera la suya. Visitábamos a los vecinos, a los amigos, a los enfermos, a las embarazadas…

Eran otros tiempos, ahora nos invaden los “mumos”. ¡Ten cuidado! Es contagioso. Si algún día dices a alguien “tenemos que quedar”, aguarda una semana y llámale. O si no, un día te cruzarás con él y no le saludarás. Te habrás convertido en un “mumo”.

Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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6 respuestas a LA INVASIÓN DE LOS “MUMOS” VIVIENTES

  1. John dijo:

    Molt bo!,
    Efectivament hem d’extremar les precaucions, perquè el virus és extremadament contagiós.
    De fet jo conec a un que és “mumo” davant la seva pròpia esposa.

  2. Juan Antonio dijo:

    Jo conec a varios.

  3. Francesc Verdú i Pérez dijo:

    No sé quina part de culpa tindrà la genètica. N’hi ha de ben jovenets, no crec que ho hagen aprés, és innat en alguns (no sé si en tots els qui ho pateixen).
    Front això propose de fer més ostentosa la nostra salutació, que no siga per nosaltres; un pessic carinyós, unes cusquelles… seguit d’un “disculpa, t’havia pres per un altre…” Qualsevol excusa per trencar el gel, i si no funciona, li trenquem el gel al cap de veritat.
    Igual és el principi d’una gran amistat… o no, mai se sap!
    Salut

  4. Elena dijo:

    Recorde un institut a Castalla on els mumos eren minoria i quasi tots tenien paraules amables quan et recuperaves d’una malatia o tenies a ta mare a l’hospital. Sembla que has estat a algun centre d’Alacant que jo conec….
    Un besaeta gran.

    • És que la “plaga” dels “mumos” s’exten cada vegada més ràpida per tot arreu. Fins i tot els que creus més pròxims, acaben un dia no preguntant-te per “la teua mare malalta”, com bé dius. Una abraçada, amiga.

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