CUESTIÓN DE MEMORIA: CARRILLO vs. MARTÍN VILLA

No pienso romper mi silencio sobre los asuntos mundanos de la política española [This is the End]. Los políticos que encabezan este post ya no son políticos. Son personajes históricos. Y si no, preguntadles a mis alumnos de bachillerato que estos días se estrenan en las aulas universitarias.

Apenas si rompo mi compromiso de no escuchar las noticias de la radio. Con Radio 3 y sus especiales noticiarios que cada mañana me despiertan junto a mi hijo, mientras desayunamos, en “Hoy empieza todo” tengo suficiente. A mediodía, Javier Crudo me ofrece otra dosis de ¿realidad? Y tengo suficiente.

Pero mi chica sigue adicta a la Ser. Ayer la oí como escuchaba a su “admirado” Santiago Carrillo mientras debatía con Rodolfo Martín Villa. No interpretéis mal mis palabras. Ella nunca ha sido comunista, ni leninista, ni trostkista, ni maoísta, ni de ninguna otra especie. Su admiración es puramente vital. Le recuerda a su propio abuelo que vivió, lúcidamente, hasta los 94 años. Cuando lo escucha por las tardes, siempre repite lo mismo: “todavía está en plenas facultades”. Y sé que, entonces, recuerda a su propia abuelo Balduino.

No sé si la tertulia entre Carrillo y Martín Villa es tradicional o fue puntual ayer. Tampoco pienso averiguarlo. Pero me despertó la vena histórica. Estamos empezando el curso, eso debió ser.

Lo primero que se me ocurrió es que la memoria no es proporcional, siempre, a la edad. La memoria de Carrillo es espectacular. Debería ser estudiada por las facultades de Medicina. La de Alicante, perdón la de Elche, que está en San Juan de Alicante (no es surrealismo, es pura realidad española) tiene un Departamento de Neurociencias y debería estudiar su cerebro. Y quizá el resto de su organismo. Aún es más, creo que Carrillo puede llegar a contradecir que la muerte nos llega a todos.

Mientras tanto, Rodolfo Martín Villa, ministro del Interior con Suárez durante la transición (1976-1979) sólo tiene 77 años. Pero no se acuerda de nada. Ha perdido la memoria. ¿O no?

Analizaban la sentencia de la Audiencia Nacional sobre el caso Otegui. Debatían sobre la posibilidad de una amnistía si el proceso de paz en Euskadi acaba en éxito. Comparaban esta posibilidad con la amnistía que en 1977 se dictó, a propuesta del gobierno de Suárez, con Martín Villa como ministro del Interior. Y parece que Martín Villa no recuerda ni siquiera aquello de lo que fue protagonista principal.

Me siento obligado a recordarlo. No quiero que mis alumnos se hagan un lío después en la Selectividad. Ya se encargan los coordinadores de la Universidad de hacerlo, confundiendo el Valle de los Caídos con el Escorial. El fondo del asunto me interesa poco: que amnistíen a Otegui o no, me es indiferente. Pero no me es indiferente que se pierda la memoria.

Decía Martín Villa que no se puede hacer ahora ninguna amnistía porque no se puede ir contra una sentencia judicial. No se puede vulnerar lo que ha dictado un juez. Carrillo le respondió que su amnistía de 1977, con argumentos políticos, sí que lo hizo. Y Martín Villa, casi sin dejarle hablar, insistía en que no. Que allí no se atacó ninguna sentencia. Bueno, yo lo explico más claramente. A Martín Villa apenas si le entendía. Y tampoco dejaba que Carrillo le contradijera de manera sencilla. Pero es muy fácil. Sólo hace falta mirar la Wikipedia, no hacer un máster en derecho:

“La amnistía es una causa de extinción de la responsabilidad penal. Es un acto jurídico, normalmente emanado del poder legislativo, por el que una pluralidad de individuos que habían sido declarados culpables de un delito pasa a considerarse inocentes por desaparición de la figura delictiva. A diferencia del indulto, …/… la amnistía actúa sobre el delito mismo. Por ello, la amnistía suele tener efectos retroactivos y, entre otros, extingue toda responsabilidad penal o civil y anula los antecedentes penales”.

Es decir, toda amnistía actúa contra la sentencia de un tribunal que declaró culpable a alguien y que, por circunstancias políticas, el poder considera conveniente condonar la pena. Y si no, Rodolfo, ¿qué fue la amnistía de 1977? Suprimir los delitos, y las penas aún sin cumplir de centenares de presos, algunos con delitos semejantes a los del señor Otegui: apología del terrorismo y colaboración con ETA. Por ejemplo Mario Onaindía, que acabó como diputado del PSOE en el parlamento vasco (compartiendo coalición con la ahora combativa Rosa Díez).

Pero Martín Villa no lo recuerda. ¿O sí? Quizá no lo quiera recordar, al igual que no quiera recordar que antes de ministro “demócrata” de Suárez fue Delegado Provincial en Barcelona de los Sindicatos franquistas, Director General del gobierno de Franco, Gobernador Civil de Barcelona en 1974, con responsabilidad, por tanto, en la represión policial de la Universidad en aquellas fechas, y Procurador en Cortes (franquistas) durante cuatro legislaturas.

Es lo que tiene la Historia que es más duradera que la Memoria, menos para Santiago Carrillo.

A dos dels meus alumnes amants de la Història (Rubén i Dani), però que el seu camí acadèmic els ha dut lluny d’Ella, però que, tal volta, encare els agrade escoltar el seu “vell professor”.

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3 respuestas a CUESTIÓN DE MEMORIA: CARRILLO vs. MARTÍN VILLA

  1. Josep Bernabeu dijo:

    Tens raó, la Història és més duradora que la Memòria (sobretot de segons qui) perquè, com deia Benedetto Croce, tota la història és història contemporània.

  2. Paco dijo:

    En efecte, l’Alzheimer de la dreta espanyola és de llibre. Això també podrien estudiar-ho els especialistes, no? Probablement arribarien a la conclusió que ni tenen vergonya ni la coneixen.
    Per cert, a mi no se’m dóna igual que li fiquen 10 anys a Otegui per pensar diferent als membres (pansits) de l’organ franquista que és l’Audiència Nazional. La persecució, l’ensanyament i el carcamalisme de què fan gala és malaltís.
    La llosa que arrastrem, des de fa massa anys ja, és enorme, i ja cansa.
    Una abraçada, Jose
    Paco

  3. Pingback: CARRILLO “IN MEMORIAM”: mi memoria. | Un club sin socios

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