VEINTE AÑOS DESPUÉS…

Si supiera que iba a dormir no estaría aquí ante el teclado en esta madrugada de sábado contando mis batallas de hace 20 años. Pero no tengo nada mejor que hacer. Además este blog, como leí hace poco en otro, ya cerrado, titulado “Caos Casual Chile” es un blog personal que trata temas de interés de su propio creador y por supuesto de opinión sobre lo que se me ocurra.

En unos días comenzaré el curso número 20 en el Instituto de Castalla, IES “Enric Valor” cuando la Consellería quiera. Como Serrat, llevaba tiempo pensando que sería un buen momento para hacer balance. Creo que me gustan demasiado los balances: debe ser deformación profesional (mi parte de historiador) o que temo no poder hacerlo en ese minuto fatal en el que tu vida pasa por delante de ti. En un minuto no tendré suficiente, así que me voy poniendo al día mientras tanto.

Desde luego no quería que fuera un balance de “abuelo cebolleta” donde se cuentan las historias acontecidas en estos veinte años. Para eso ya están las tertulias de profesores donde, como los médicos según dice mi amiga Berta, sólo sabemos hablar de nuestra profesión y acabamos contándonos viejas historias que hemos repetido ni se sabe las veces.

Estos veinte años no dejan de estar llenos de imágenes. La vista de la valla del viejo edificio el primer día que llegué con mi mujer para hacer una inspección ocular; la primera reunión en la que no supe callar a tiempo, como luego repetí tantas veces; la inauguración del nuevo edificio con los ahora “jubilados de oro” Zaplana y Camps; mi primera conversación en valenciano con Ximo; y tantos momentos de conversación reparadora, ha habido mucho que reparar profesionalmente y, sobre todo personalmente, en veinte años, junto a mis más íntimos amigos.

Y están llenos de caras. Las de mis compañeros que se han ido renovando cada año. Alguna la veías por primera vez pensando que sería una más en la larga lista de profesores incorporados, sin saber que se iba a convertir en una larga, fructífera e inquebrantable amistad. Otras se convertirían en una fuente de problemas profesionales y muchas pasaban de largo llevando su vida lejos de la mía. Algunas ya no volverán a cruzarse en mi camino, pues dejaron su vida en estos veinte años. Pero muchos rincones compartidos del Centro me los acercan cada día.

Pero también las caras de mis alumnos. Miles de ellos, imposible que recorrieran en ese último minuto mi imaginación. Por ello, ahora que tengo tiempo, os intento recordar a todos. Es imposible, me llegan muchos que crearon problemas a mi existencia, pero los aparto rápidamente. Busco, y encuentro con rapidez, a tantos que me habéis hecho la existencia más feliz. No voy aquí a poner vuestros nombres, nadie debe sentirse olvidado. Creo que los que leáis estas líneas sabéis quien sois. Cuando nos encontramos siempre nos acerca una sonrisa de mutua satisfacción.

Y también muchos padres y madres, más éstas que aquellos. Sí, es un reproche. Debemos los padres, varones, estar más cerca de nuestros hijos e hijas en la educación y en la vida. Si queremos una nueva sociedad, si reclamamos un cambio ético en la vida pública, comencemos por la nuestra. Y los hombres tenemos mucho que mejorar en la vida familiar. Se acercan en tropel a mi imaginación muchos padres y madres que en veinte años creyeron que éramos injustos con sus hijos. Nunca ocurrió por una decisión consciente, pero reconozco que podrían tener razón pues el sistema soporta todo tipo de profesionales. Pero llegan también en cuadrilla padres y, sobre todo, madres que han tenido palabras de ánimo, de agradecimiento, de apoyo, de comprensión…

¡Ha cambiado tanto el mundo en estos veinte años! Y también este país. Pero como pasa tantas veces más por fuera que por dentro. Estos días son noticia, como cada final de verano, los temas educativos. Llegan como las golondrinas las mismas noticias a los periódicos. Es, desde hace veinte años, lo mismo: falta de inversiones, movilizaciones, quejas de todos los colectivos, ahora también de la administración de que no trabajamos,  el precio de los libros, las mochilas que pesan y “que si la abuela fuma”. He tenido la tentación de hacer como los malos periodistas, sacar un dossier de otro año y publicarlo como si fuera actual. Publicar el post del año pasado por estas fechas y cambiarle el año. Serviría igual. Y si no comprobadlo.

Sé que muchos de mis amigos no lo vais a compartir, pero en veinte años las fuerzas del mal nos han vencido.

Ahora que pintan bastos en la economía española y ya no se forran banqueros y constructores, el desastre por ellos provocado lo paga la educación y la sanidad, entre otros servicios sociales. ¿Y qué culpa tiene el pobre interino de que se recalificaran terrenos como si se fuera a acabar el mundo y que los bancos prestaran dinero “a espuertas”? Pero claro, no podemos agobiar al “pobre inversor” para que reflote nuestra economía.

Quizá la culpa fue nuestra porque nos vendimos hace veinte años por un plato de lentejas: el consumismo. ¿Qué capacidad tenemos para cambiar la situación? Ninguna. Ya lo hemos visto con las propuestas del 15M. ¿En qué han quedado? Pues el 20N tenemos elecciones y parece que poco caso se va a hacer a sus proyectos. Y en qué van a quedar las movilizaciones previstas para este inicio de curso: en nada. Una noticia de portada durante unos días, un tema de conversación en el bar: que si los profesores tienen muchas vacaciones, que si tienen un trabajo para toda la vida, que si hay que luchar por la enseñanza pública, que si los barracones y que “si la abuela fuma”. Pero, al final se saldrán con la suya. Como hasta ahora.

¿Realmente al Estado, al Poder, al Sistema le interesa la EDUCACIÓN? En absoluto. Y creo que a la Sociedad Civil, como se dice ahora, tampoco. Mientras esto escribo, mi mujer y yo quedamos alucinados de la noticia que escuchamos en la radio: se ha producido este sábado una concentración en el Retiro (Madrid) contra los recortes en Educación. A ella han asistido la friolera cifra de… 50 personas. No han llegado a convocar ni a los 3,000 interinos que se van a quedar sin trabajo. Claro, ahora que lo pienso, a esa misma hora hacen un Real Madrid-Getafe en las televisiones de pago. ¡Cómo nos lo vamos a perder!

Esto iba a ser una reflexión de mis veinte años en el Instituto de Castalla y acaba siendo una dramática y amarga perorata sobre mi decepción en la mejora de la educación en ese tiempo.

Hubo una oportunidad de hacer cambiar el concepto de educación en España. Tiene un nombre que causa “repelús” entre las huestes conservadoras, especialmente ultracatólicas, pues se iba a comer a los niños crudos e iba a convertirlos a todos en “perroflautas” con rastas, “maricones” y “ateos relativistas”:  la LOGSE. ¡Cuántos chistes me han llegado vía e-mail contra ella! ¡Cuántas gracietas se han hecho en Intereconomía con sus siglas y los niños educados en ellas! Pero, ¿alguien se ha leído cuáles eran sus principios básicos?:

a) La formación personalizada, que propicie una educación integral en conocimientos…

b) La participación y colaboración de los padres …

c) La efectiva igualdad de derechos entre los sexos …

d) El desarrollo de las capacidades creativas y del espíritu crítico.

e) El fomento de los hábitos de comportamiento democrático.

f) La autonomía pedagógica de los Centros …

g) La atención psicopedagógica y la orientación educativa y profesional.

h) La metodología activa …

i) La evaluación de los procesos de enseñanza y aprendizaje …

j) La relación con el entorno social, económico y cultural.

k) La formación en el respeto y defensa del medio ambiente.

 

Naturalmente, significaba un cambio radical con nuestra tradición en la enseñanza/aleccionamiento/instrucción/memorización.

Y, ¿por qué fracasó? Por lo de siempre. Al PSOE felipista le interesaba más gastar el dinero público en fastos (Expo, Olimpiada), en autovías que unen tan populosas ciudades como  Villarrobledo y Tomelloso (en mi tierra para que así nadie se sienta ofendido) y en no cabrear a la jerarquía católica y continuar pagando sus colegios “concentración”, perdón, quise decir “concertación”.

Pero, nuevamente nosotros, los docentes en este caso, tuvimos mucha culpa. No queríamos que nos cambiaran nuestra enseñanza secundaria elitista, corporativista y basada en la trasmisión de conocimientos. Se nos abrieron las carnes cuando nos dijeron que teníamos que aguantar a los alumnos/as hasta los dieciséis años, llenamos las reuniones de chistes malos porque nos iban a mandar un psicopedagogo, y nunca entendimos que debíamos, además de enseñar, educar.

Pero no os preocupéis alumnos, alumnas, padres, madres, compañeros y compañeras del próximo curso, si alguno leéis este “post”: llegaré el próximo miércoles a la presentación de mi tutoría con más ilusión que nunca. No la he perdido. Es más no dormiré la noche de antes pensando en hacerlo lo mejor posible y me emocionaré al ver la cara de mis alumnos y alumnas de 4º ESO, a los que vi llegar hace cuatro años al Instituto. Será un año especial para mí.

Y entraré el jueves a conocer a mis nuevos alumnos y alumnas de Segundo de Bachillerato. Me costará aprenderme sus nombres (lo siento Maku), pero estaré a su lado hasta que se los lleve la Universidad. Y entraré ilusionado por enseñarles el vídeo que he preparado durante todo el verano para hacerles entender en qué va a consistir, y en qué consiste, la Historia de España que voy a intentar mostrarles y que procuraré que aprendan a observar con sus propios ojos.

Así que, no hay peligro. A mí no me han derrotado. Veinte años después subo cada día a Castalla con veinte veces más ilusión que entonces. Yo no era un profesor vocacional. La vocación me la ha dado el contacto con LA CLASE. Y muchos días es duro porque no es un trabajo sencillo en estos tiempos intentar transmitir valores de colaboración, respeto y ética a un grupo heterogéneo de adolescentes. Pero ¿qué trabajo no tiene sus dificultades y sus días malos? Además, yo no aprendí pedagogía en la Universidad, pero me valgo cada día de la que me han enseñado tantos días en ese aula de apoyo vital en que se convirtió el bar Las Cañas. Allí he tenido mis verdaderos profesores de pedagogía.

Y dentro de cinco años celebraré mis bodas de plata con el IES de Castalla, espero que entonces “Enric Valor”. Si estoy aquí pienso contarlo. Y si no, ha sido un placer.

Dedicated to “my sister”, and mental coach, which will remember every day of this course so special to her and me.

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Acerca de José A. Moreno

Un socio sin club
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4 respuestas a VEINTE AÑOS DESPUÉS…

  1. Paco dijo:

    Com passa el temps…!
    Certament quan trobem ex-alumnes és dels pocs moments que se’ns alça la moral. Massa coses no han canviat gens… o quasi. Seguirem intentant-ho, no?
    Una abraçada, amic.
    Paco

    • Com diu el programa de Radio 3 amb el qual m’alce cada matí “Hoy empieza todo”, i les derrotes del dia següent s’obliden. Per això ho intentem cada dia.
      Salut, mestre de la “Facultat” de Las Cañas.

  2. Marisol dijo:

    “Veinte años no es nada”, ja ho cantava Gardel. El més important és que són molts els alumnes que et recorden… i això ja és molt!

  3. Juan Antonio dijo:

    Sense paraules. Només dues: gràcies mestre.

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