BOB DYLAN, YO Y EL VERANO DEL 82

La vida no sería igual sin música. Siempre he creído que la vida debería tener banda sonora como las películas. Como no es así, yo siempre he hecho todo lo posible por subsanar esta carencia de la vida. Tengo una radio en cada habitación de mi casa. Enciendo la radio en cuanto subo al coche. Pongo música en el ordenador cuando escribo o veo internet. Y, desde hace bastante tiempo, sólo pongo música. He dejado de escuchar noticias. No es bueno para mi salud emocional.

Descubrí a Bob Dylan por culpa de aquel verano de 1982 en casa de Manolo en Villarrobledo, antes sólo lo había escuchado de pasada. Ocupamos su casa durante aquel verano pues su familia estaba en Madrid. Una casa enorme manchega, con tres plantas, y con equipo de música. Habíamos acabado primero de carrera. Todos fuera de nuestro pueblo por primera vez: Madrid, Murcia, Alicante. Grandes ciudades. Eran tiempos de movida. Teníamos veinte años y a cada momento descubríamos el mundo. Nuestro grupo se ampliaba. Entraron las chicas. Unos más que otros encontramos parejas, que nos duraron a unos más y a otros menos.

Y allí estaba la banda sonora de aquel verano. Variada: Cefe, el bailón, Bonney M; Juan, comprometido, Aute; Baldo, el moderno, Siniestro Total; Manolo, el clásico, Bob Dylan. Yo, ecléctico, me empapaba de toda la banda sonora. Pero, un día, escuché “Desire”. Estaba sólo, la música empapaba la habitación y descubrí que amaba aquel disco, que me emocionaba hasta hacerme llorar. Lo he tenido en todos los formatos. Me ha acompañado en momentos difíciles y en otros increíbles, como aquella noche a finales de mayo de 2006.

También me acompañó Dylan aquella mañana a la puerta del Instituto cuando protestábamos contra la Guerra de Irak. Las estrofas de “Masters of War”, traducidas al catalán, emocionaron a quienes habíamos sido antimilitaristas en la primera transición y a quienes, jóvenes ellos, descubrían ahora los horrores, y los errores, de la guerra.

Mañana cumple Bob 70 años. Es un señor mayor, casi retirado, cuya vida ha pasado por innumerables etapas, unas más cercanas que otras a mi forma de entender la vida y la sociedad, pero siempre será Bob Dylan. Con las emociones no se racionaliza.

Y este fin de semana ha vuelta a ser la banda sonora de mis momentos de soledad, de escritura, de reflexión sobre hacia dónde dirigir mi vida. La canción era: The times they are a changing. No sé si la han escuchado en la Plaza del Sol de Madrid, y tantas otras plazas de España, pero espero que ahora su letra sea cierta, aunque…

Vengan a reunirse aquí gente
Donde quiera que estén vagando
Y admitan que las aguas
A sus lados han crecido
Y acepten que pronto
Serán empapados hasta los huesos
Si tu tiempo para ti
Vale la pena salvar
Entonces empiecen a nadar
O se hundirán como una piedra
Porque los tiempos están cambiando

Vengan escritores y críticos
Quienes profetizan con sus plumas
Y mantengan sus ojos abiertos
Las oportunidades no vendrán otra vez
Y no hablen muy rápido
Porque la rueda sigue en movimiento
Y no hay forma de decir quién
Para nombrarlo
Porque los perdedores ahora
Serán los ganadores después
Porque los tiempos están cambiando

Vengan senadores y congresistas
Contesten las llamadas
No se queden parados en la puerta
No bloqueen los pasillos
Porque el que sea dañado
Sera el que se quede parado
Hay una batalla afuera
Y está empeorando
Pronto moverá tus ventanas
Y hará vibrar tus paredes
Porque los tiempos están cambiando

Vengan madres y padres
Entre todas las tierras
Y no critiquen
Lo que no pueden entender
Sus hijos e hijas
Están sobre sus comandos
Su viejo camino esta
Rápidamente envejeciendo
Por favor sálganse del nuevo
Si no pueden dar una mano
Porque los tiempos están cambiando

La línea esta trazada
La maldición está hecha
Los lentos ahora
Serán rápidos después
Y el presente ahora
Sera pasado después
El orden está
Rápidamente desapareciendo
Y los primeros ahora
Serán los últimos después
Porque los tiempos están cambiando

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