THIS IS THE END

Cuando has consumido gran parte de tu vida. Cuando has luchado muchos días por despejar las dudas de cómo será tu futuro. Cuando has agotado todas las excusas para justificar tus actos. Cuando cada acto de tu vida sabes que sólo va encaminado a que llegue un poco de alivio a tu desesperación. Cuando te conoces tanto que estás a punto de darte una patada de despedida. Cuando esperas que algún día de estos una manta te tape en la carretera o que los pocos que aún te aguantan te rodeen, hasta la expiración, en una cama de hospital.

Cuando todo esto te da vueltas y más vueltas, relativizas cada noticia que convierte la política española en un gran “Club de la Comedia” (“el pueblo tiene sed de urnas”, Rajoy dixit). En mi caso me está ocurriendo lo contrario que a la generación a la cual pertenezco: en lugar de hacerme más conservador, me hago más radical. En el sentido más primitivo. No en un sentido transformador. Es el fin. Éste sí es el fin. Ya no me interesa la vida pública ni como espectador. Creo que está dejando de interesarme incluso la más cercana. Creo que está dejando de interesarme algo más que el día de hoy. Como dicen los buenos entrenadores deportivos: “vamos partido a partido”. Es decir, día a día.

Pero ello no me hace más infeliz: total el final será el mismo. Lo que me hace es disfrutar de lo que me queda más cercano: descubrir un nuevo libro o autor que me cautive (como lo fue Murakami), una música que me lleve a la conmoción emocional (espero con ansia el próximo álbum de Adele), una película que me turbe el alma (“Banderas de nuestros padres”), un nuevo desternillante capítulo de “Museo Coconut”, la próxima actuación de Faemino y Cansado en Alicante o una cena en compañía de los cuatro (o serán tres, o dos o uno) amigos que me quedan (o me aguantan).

Por todo ello, señores: “Este es fin/Hermoso amigo/Este es el fin/Mi único amigo el fin” (This is the End, The Doors).

Poco importa ya, por tanto, haber comprobado que lo que uno llevaba años sospechando sobre el sistema económico capitalista es una cruda realidad. Que programan en nuestros aparatos la “obsolescencia programada”. Es decir, que nuestros aparatos llevan incorporados en sus tripas la fecha de caducidad. Siempre sospechamos que cada día nos duran menos las lavadoras, los coches y cientos de bienes de consumo, pero no pensábamos que el cinismo del sistema llegaba a ese nivel. Ya ha decido quitarse la careta. Total, para qué disimular si no hay otra alternativa.

Poco importa ya, por tanto, haber comprobado que nuestros políticos son unos sinvergüenzas. Y no exagero en el término. Comprobad, si no, el término en la RAE: “sinvergüenza: dicho de una persona que comete actos ilegales en provecho propio, o que incurre en inmoralidades”. Lo de ilegales y en provecho propio no necesita comentario. Lo de inmoralidades puede ser poco objetivo, pero decidme qué término aplicamos al debate sobre las prerrogativas de los diputados y ex-presidentes en los últimos días. Unos que si es electoralismo, otros que piensan cambiarlo en cuanto lleguen a gobernar (si el mejunje bebible de las urnas les es favorable), otros que piensan reformarlo, como las autonomías (las cuales liquidarán), aunque saben que tienen las mismas oportunidades de obtener el poder que yo de conseguir la pensión máxima de jubilación, a no ser que aguante vivo y docente hasta la edad de Matusalén. Porque a ellos, los diputados, les computa para la jubilación los años de servicio a la comunidad en el Congreso, aunque tengan allí el mismo papel que el de Incitatus, el caballo de Calígula, en el Senado romano. Pero a mí no me contabiliza el año largo que yo serví a la Patria, por imperativo legal y no voluntariamente. Y eso que aquello sí que era un verdadero servicio a la comunidad: o servías o la comunidad o ésta te enviaba al calabozo, te dejaba sin permiso, te hacía dar vueltas al patio o te enviaba a pelar patatas.

Así que voy a dedicar poco espacio aquí al Club de la Comedia de la Política Española. Tengo cosas más interesantes en que pensar y que compartir. Y no soy un desencantado, pues nunca fui un encantado. Y no dejaré de tener mis ideas, aunque no sepa ponérles nombre. Yo, como Rafael Azcona dijo en una ocasión, no sé que ideología tengo, pero seguiré opinando lo contrario que el ABC (Intereconomía en mi caso también) y que la Conferencia Episcopal.

Y todo este panfleto para qué. Pues para nada. Porque me apetece y no tengo nada peor que hacer a estas horas mientras me doy un festín de Bob Dylan en Deezer. Y porque el Apocalipsis no será mañana “es ahora”, como el FIN.

P.D. 26 de enero: Nuevo capítulo del Club de la Comedia Política. Me acabo de desayunar con las declaraciones de Duran i Lleida (diputado de las Cortes españolas, catalanas o Parlamento europeo desde ¡¡¡1979!!! Él sí que cumplirá las condiciones de jubilación). Dice que cómo van a dejar los diputados sus prebendas y que se llene el hemiciclo de “pobres y funcionarios”, es decir de la peor escoria. En fin, dan ganas de pedir ayuda a los tunecinos y que ellos nos solucionen el problema, ya que nosotros estamos muy ocupados con el Madrid-Barça y el GH24 horas.

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Acerca de José A. Moreno

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3 respuestas a THIS IS THE END

  1. jordi dijo:

    Compartisc cada paraula. I la veritat és que ja cansa i aborreix veure als poca-vergonya (en valencià encara les queda un poc, cosa que no m’explique) de polítics que tenim. I Camps tornarà a guanyar…soles falta que toque també a programes de la tele i que es gite en les falleres majors!!

    XDD

  2. Pingback: CUESTIÓN DE MEMORIA: CARRILLO vs. MARTÍN VILLA | Un club sin socios

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