2010 VERSUS 2011: BALANCE Y EXPECTATIVAS.

Por estas fechas a todo el mundo le da por hacer balance y buenos propósitos para el año próximo. Bien, seamos tradicionales por una vez, olvidemos que odiamos tanto el calendario como la pastelera Navidad, recordar el paso del tiempo como los villancicos y hagamos balance antes de observar qué nos deparará el 2011 y qué propósitos nos planteamos.

Mañana, si no ha sido ya hoy porque os confieso que no veo los noticiarios de TV desde el cierre de CNN+, las distintas emisoras de radio y televisión nos recordarán las noticias que este 2010 dejará para la historia. Algunas en realidad no ocuparán más de una línea en los libros de Historia y, quizá, ni eso. Pero será así.

Como siempre, las catástrofes serán recordadas en dichos resúmenes anuales: el terremoto de Haití, la erupción de ese volcán islandés de nombre impronunciable (Eyjafjalla), la marea negra provocada por la planta Deepwater Horizon en el golfo de México, la estampida humana de la Love Parade… Algunas tuvieron un final feliz, como la salida exitosa de los mineros chilenos, aunque su tratamiento mediático más bien recordó, con presidente omnipresente y todo, a una de las ediciones del GH. Otras noticias no sabe uno si son el final feliz de un suceso o no: la retirada definitiva de las tropas americanas de Iraq. Si lo tomamos como la desmilitarización de un país ocupado seguro que debemos alegrarnos, pero recordemos que el trío de las Azores nos prometió que la guerra (perdón no era una guerra) supondría la democratización de Iraq y la paz para sus habitantes. Sobre la democratización, desde luego habrá que esperar, pues unas elecciones que se producen con 36 muertos el día de las elecciones no parecen producirse en el mejor ambiente. Sobre la pacificación mejor no hablar: 100.000 muertos civiles desde la invasión en 2003 (según la web “Irak body count”) y aún casi 4.000 el último año.

Algunas se sitúan en el plano exclusivamente doméstico y no nos vamos a dedicar aquí a la crónica política que para eso ya está el Informe Semanal. Pero, dos recuerdo ahora. Una es claramente positiva: la supresión de la Fiesta Nacional, o sea la matanza de toros, en Cataluña, aunque personalmente hubiera preferido que también se hubiera suprimido cualquier otro maltrato animal como el “bou embolat” o el “correbous”, pero la política doméstica es lo que tiene, incluso en la civilizada Cataluña (y no va con segundas).

La otra que recuerdo, aunque seguro que los libros de Historia no lo harán, es la “epidemia” provocada entre los controladores aéreos, la cual les llevó a refugiarse todos juntos en un hotel para no provocar la extensión de su terrible enfermedad, y que concluyó con la militarización del colectivo. Esa grave enfermedad aún está por investigar, el fiscal dice que es sedición, pero yo apunto a que era el deseo de trabajar lo menos posible, ese anhelo de todo español y que el gobierno, y los agentes económicos, se han encargado de llevar ya a más de cuatro millones y medio personas actualmente.

Las malas noticias suelen ocupar estos análisis, pero a veces se nos olvidan algunas que se sitúan en lugares apartados de los núcleos de la geoestrategia mundial y que no suelen interesar a las grandes potencias. Destaco una por el volumen humanitario de la tragedia. En abril en Kirguistán el presidente Kurmanbek Bakíev (a que no os suena, a mi tampoco hasta que investigué para este artículo) es derrocado por una revuelta popular causada por la feroz represión de militares y policías a las manifestaciones convocadas por la oposición en la capital del país. La insurrección degeneró en sangrientos combates callejeros entre las fuerzas de seguridad y manifestantes fuertemente armados. Tras la huida del presidente, un gobierno provisional formado por los líderes de la oposición asumió el poder.

Pero el problema no hizo más que empezar. En junio, miles de integrantes de la minoría uzbeka atravesaron la frontera con Uzbekistán huyendo de los sangrientos enfrentamientos interétnicos, que habían provocado al menos 97 muertos. El gobierno provisional acusaba al ex-presidente derrocado de estar detrás del rebrote de violencia racial, que habría provocado según la ONU un millón de afectados entre muertos (unos 2.000), deportados, exiliados o depurados.

Pero nadie va a invadir Kirguizistán, muchos no sabrán ni donde se halla, pues su principal activo económico sigue siendo la cría de ovejas.

Ante la vorágine de noticias con las que cada día nos abruman los informativos, también se nos suelen escapar algunas que, aunque en principio parecen poco destacadas, resultan curiosas. Me entero al preparar este escrito de que las Antillas Holandesas ya no existen. Es una de esas pequeñas historias que afectan a poca gente, pero yo también como Arundhati Roy (“El dios de las pequeñas cosas”) me he fijado siempre ellas. Resulta que de las cinco islas dos (Curaçao y Sint Maarten) han decidido solicitar de los Países Bajos la autonomía (se convierten así en estados dentro del Reino de los Países Bajos), mientras las otras tres (Saba, Sint Eustatius y Bonaire) pasarán a tener el estatus de municipalidad y se integran directamente en el Reino. Así los Países Bajos pasan a ser un estado con territorio fuera de Europa. ¿Habrá que cambiar los billetes de euro para incorporar estas islitas al igual que están las Canarias, Guadalupe, Martinica, Reunión y la Guayana Francesa?

Otra costumbre de estos días es la de recordar a los que nos dejaron para siempre en este año. Muchas son personas anónimas, algunas muy cercanas, otras muy conocidas (Juan Antonio Samaranch, Luis García Berlanga, Toni Curtis) y otras que han formado parte de nuestro pequeño mundo cotidiano. En mi caso, algunos deportistas como los baloncestistas Manute Bol (un sudanés de 2.30 que impresionó en la NBA en los 80) y Alexander Belostenny (un ucraniano que jugaba con la selección soviética, la URSS, que logró derrotar por segunda vez en unas olimpiadas a los americanos), el malvado ciclista Laurent Fignon (al que insultábamos cada tarde cuando quería ganar a nuestro “Perico”) o el futbolista Juan Carlos Arteche, aquel central del Atlético de Madrid (el club de mi familia paterna y el mío hasta la llegada de los Gil) que atacaba sin piedad a la “Quinta del Buitre” con esa cara de defensa español de toda la vida: feo, casi con pinta de maleante de películas como “Yo, El Vaquilla” o “Perros callejeros”. Ya veis, cada uno tiene sus propios mitos.

Hoy mismo acabo de conocer el fallecimiento de otro de nuestros iconos de aquellos años de finales de los 70 y primeros 80: Bobby Farell, cantante de Boney M. ¡Cuántas Nocheviejas bailando aquellas míticas canciones!: “Daddy Cool”, “Ma Baker”, “Rivers Of Babylon” o “Rasputin”. Sus pasos de baile, casi circenses, eran inimitables. A alguno le costó una caída que provocó la hilaridad más denigrante en aquellos días de adolescencia.

Para mí, entre los personajes más o menos conocidos, ninguna pérdida me causó tanta pena como la de José Antonio Labordeta. Siempre me identifiqué un poco con su modo de pensar y de ver la vida: creo que soy como él decía de sí mismo un “anarcoburgués”. Como dicen Bunbury y Nacho Vegas: “Gente nace y gente muere cada día, los demás nos limitamos a estorbar y jugamos a secretos y mentiras y después nos lamentamos”.

Ha sido también año de celebraciones: Centenario del nacimiento de Miguel Hernández, bicentenario de varias repúblicas latinoamericanas (Chile, México, Argentina, Colombia), Centenario de la Revolución mexicana… Pero algunas han quedado más olvidadas como los centenarios diversos, de nacimientos o natalicios, de Chopin, Kurosawa, Marc Twain, Boticelli, Caravaggio, Teresa de Calcuta o León Tolstoi. También celebramos, bajo el auspicio de la ONU, el Año Internacional de la Diversidad Biológica y el Año Internacional del Acercamiento de las Culturas. Después de conocer que el señor Aznar se declara defensor de la Teoría del Cambio Climático, sólo me faltaba verlo convertido en defensor de la Teoría zapatista (de ZP) sobre la Alianza de Civilizaciones para creer en las bondades de estos eventos.

Y llega 2011. Ya tenemos las uvas preparadas, algunos peladas (sin piel ni pepitas), de bote y en almíbar, porque este mundo nuestro es ya totalmente “light”. Será el año del conejo para los chinos, el Año Internacional de la Química (se pondrá contento mi compañero Paco Cerdá), y del Alzheimer en España, la ONU lo dedicará a los Bosques (espero que Aznar no se retire a la taiga rusa a salvar coníferas y perdernos sus ocurrentes comentarios sobre política nacional e internacional). Pero la celebración para 2011 que más me ha impactado ha sido que Canadá, Venezuela y Argentina dedicarán el Año Internacional a la Televisión, conmemorando su cincuenta aniversario. Podríamos realizarles un regalo. Hacer un paquete con nuestra mejor televisión (Telecinco, Intereconomía, La 10, Veo7, Telemadrid, Canal9), envolverlo convenientemente, ponerle un lazo y una pegatina de Felicidades, de esas que nos ponen en nuestros regalos comprados en El Corte Inglés, y enviarlo a dichos países para que disfruten y aprendan. Si después de un año viendo la programación de nuestro regalo consiguen aguantar las ganas de destruir sus aparatos receptores, podrán esperar el paso de otros cincuenta años y celebrar el Centenario allá por el 2061.

También celebraremos en 2011 numerosos centenarios (como el de Enric Valor), simples y múltiples, y otros acontecimientos, deportivos y de masas. Me detengo en sólo unos cuantos para no cansar y que podáis llegar a tiempo a las campanadas si leéis esto el 31 de diciembre. Se conmemorará, no podemos decir celebrar pues no quedaría políticamente correcto, el LXXV aniversario del inicio de la Guerra Civil, el centenario del nacimiento de Cantinflas y en agosto volveremos a ver al Papa en España con motivo de la XXVI Jornada Mundial de la Juventud. Se me ocurren formas de relacionar los tres hechos, pero no sé si me ganaría más enemigos de los que uno ya se crea cada día, incluso algunos sin saberlo. Os lo dejo a vuestra propia calenturienta imaginación. Ahora bien, me extrañan dos cosas. Una, que comentaré en mi blog de Historia de España para mis alumnos, es la poca publicidad, incluso en medios académicos, de la conmemoración de la Guerra Civil española. ¿Miedo?, ¿Recelo? ¿Prevención ante posibles debates no cerrados? Mi otra extrañeza es la querencia de Ratzinger hacia España. Tres visitas en cinco años. ¿Será nuestro clima, nuestra comida, nuestro bello paisaje, nuestras …? Creo que si después de estas visitas no logra convertir incluso al Gran Wyoming, muchos dejarán de creer en la infalibilidad del Papa.

Me quedarían ahora, para redondear el escrito, hablaros de mis propósitos y deseos para el nuevo año. Pero deseos ya dije que este año no pediré cuando suene la campana 12 en la Puerta del Sol, ya que el que pedía otros años no se cumplió éste. Y los propósitos os los puedo resumir en uno que me deseó una especial amiga en la Nochevieja pasada: ser feliz. Ahora, un año después puedo contestarle. A pesar de todo, he sido feliz, porque ya sabéis: “Gente nace y gente muere cada día, los demás nos limitamos a estorbar y jugamos a secretos y mentiras y después nos lamentamos”.

A la meua germana bessoneta, per què el seu desig de Cap d’Any s’ha complit.


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3 respuestas a 2010 VERSUS 2011: BALANCE Y EXPECTATIVAS.

  1. Paco dijo:

    Ei, company! Què bé, començar l’any llegint les teues reflexions, tan pròximes i tan brillants. Espere que et senten bé aquests dies de descans. Ja saps que tant per Cap d’Any, com als equinoccis i als solsticis, sempre! et desitge molta pau, interior sobretot.
    Una abraçada!

  2. Juan Antonio dijo:

    En primer lugar y sobretodo quiero transmitirte toda mi alegría por tu felicidad. Y en segundo lugar, mi felicitación por este nuevo artículo ágil, ameno y riguroso. ¡Qué lección de historia práctica! Esto demuestra tu nivel profesional, no sé si suficientemente apreciado, valorado y aprovechado. O, como dijera el juglar: ¡Qué buen vasallo si hubiere buen señor!”.
    Bon any i salud!

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