EL PASTEL DE NAVIDAD O LA NAVIDAD PASTEL.

Hace unos días al levantarme observé que en los balcones de mi barrio se había producido una mutación. Las banderas españolas que permanecían colgadas desde el verano se habían transformado en muñecos, con gorro y saco a cuestas, y algún que otro grupo de títeres encordados y con corona que trepaban hacia las casas. Primero pensé en llamar a la Guardia Civil por si tenía que intervenir ante el robo o transformación masiva de la enseña nacional. Pero, desde el balcón observé el reloj calendario de la farmacia cercana y caí en la cuenta: “Cielo Santo, ha llegado la Navidad”. Ahora bien, como decía el Crudo el otro día, se adelanta tanto últimamente que no sé si ésta que celebramos es la Navidad de este año o ya la del 2011.

En este mundo de absoluta falsedad, quizá sea la época más falsa del año. Por ser falso, lo es hasta el acontecimiento que se celebra en esta fecha, ya que parece que Jesucristo no nació el 25 de diciembre. Llegan las fechas pastel, blandas como la mierda de pavo, todo el mundo es feliz: la Hermosa Navidad. Pero no deja de esconder las mismas miserias que esas dos grandes películas que han colocado el término en inglés (aunque uno macarrónico) en su título: “American Beauty” y “Biutiful”.

Es el tiempo del defecto que más odio: la hipocresía. Queda ésta manifestada en dos grandes acontecimientos que, desde hace unos años, se han convertido en tan tradicionales como el turrón, las uvas de la suerte, los niños de San Ildefonso o el Belén: la comida o cena de empresa (pública o privada) y el “Amigo Invisible”. Parece tan popular el mencionado ágape que pronto habrá que organizar flotas extraordinarias de autobuses, como en Hogueras, o aparcamientos provisionales, como cuando juega el Barça, para que se desplacen y aparquen los comensales en los distintos restaurantes de la localidad. Digo esto porque mi mujer me acaba de llamar desesperada para que avise a sus compañeras ya que no encuentra aparcamiento en Alicante, donde celebra la cena, ni subiéndose a la acera de la puerta del Ayuntamiento.

La comida o cena de empresa. ¡Qué gran espectáculo! Todo el mundo con sus mejores galas. Por fin te enteras de que tus compañeras tienen piernas. Ya no llevan vaqueros o pantalones de diverso tejido. Te enteras de que tu compañera esconde unos preciosos ojos verdes tras esas gruesas lentes que lleva cada día: hoy se ha puesto lentillas, aunque, ten cuidado, la falsedad también puede llegar al color de las lentillas. Te enteras de que tu compañero tiene entre su vestuario un traje y una corbata que ha combinado con gusto (suyo o el de su mujer).

Pronto llega uno de los momentos más difíciles: el de sentarse. Si has llegado pronto observas cómo la gente va ocupando estratégicamente sitio para no sentarse junto a quien le ha demostrado una total indiferencia o, aún peor, adversidad durante todo el año. Ves moverse los grupos como las barreras en el futbol, en grupos de cinco o seis pero todos a una, para no separarse del colega de café diario. Pero, ¡ay como llegues tarde! O tienes unos amigos cumplidores que te han guardado sitio, aún a costa de luchar contra los graciosos de turno que desean joder la comida, o te podrás encontrar con la sorpresa de tener que pasar la velada junto a algún indeseable. Y es que así has catalogado durante todo el año a la diversa fauna que pulula por tu trabajo: el que no saluda nunca ni aunque le grites en la oreja, el que llega siempre tarde y te toca a ti hacer su faena, el que falta más que Guti a los entrenamientos, el que critica a tus espaldas todo cuanto haces, el que te debe tantos cafés como para mantener despierto a un regimiento militarizado de controladores aéreos y un largo etcétera de fauna “compañeril”.

Y a los postres el colofón final de la fiesta chicle: el reparto de los regalos del amigo invisible. Te has apuntado, al fin, por dos motivos a cuál más estúpido: para que no crean que eres el raro de la oficina (bastante raro ya es que leas a Murakami en los descansos) o para ver si tienes suerte y te toca en el sorteo la “maciza” de la sección o departamento X, o tú a ella, y se inicia una loca historia de amor, que al menos dure una noche. Pero no. Seguro que te toca alguno de la fauna “compañeril” que tuviste como indeseado compañero de mesa en la cena o comida. Juras no volver a caer en la tentación. Has estado días enteros pensando en el regalo: que no sea caro, que no sea ridículo (todo el mundo lo va a ver), que sea fácil de encontrar. Y es que esa es otra: estás días buscando el dichoso regalo. Te despiertas a medianoche empapado en sudor, pensando que aún no has comprado el regalo y mañana es la cena. Pero te despiertas y aún quedan tres días. Pero no te decides y lo dejas para el día siguiente. Es terrible, peor que cuando tuviste que comprar los primeros preservativos.

Si la emoción, o las ganas de vomitar, te lo permite mira bien a la cara de los “amigos invisibles” cuando se reparten el regalo: son un poema. Pero algunas tan terroríficas como los cuentos de Poe. Existen dos versiones del diabólico juego. En una no se declara el origen del regalo y tu amigo invisible lo seguirá siendo de por vida (aunque alguien acabe chivándose). En la otra, se declara y entrega el regalo el amigo o amiga que toma forma corpórea. No sé que es peor. Casi prefiero no saber quien me ha regalado este pisapapeles con forma de pez que llevo cambiando de sitio todos los años.

Diréis que soy un soso. Hombre ya sé que un poco sí. Pero os advierto que yo también he tenido mis momentos cumbre como animador de cenas navideñas, he cantado a dúo “Cadillac Solitario” en el Karaoke y me sigue gustando cenar con mis amigos (los visibles) para llevar hasta el final mi incontinencia verbal. Pero en la pastelosa Navidad, no. No soporto esos abrazos tan falsos como billetes de 25 euros. Y las sonrisas. Tengo una teoría elaborada después de años de cenas y comidas de empresa: cuanto más amplia es la sonrisa y más fuerte el abrazo de quien no te ha sonreído o tocado en todo el año, más hipócrita es el sujeto o la “sujeta”.

Pero la Navidad no se acaba con la comida de empresa y el “amigo invisible”, sólo ha empezado. Llega la cena de Nochebuena porque la Lotería no te ha tocado (lo pudo hacer un año y gracias a este “adverso suceso” te mejoró la vida). Porque si lo hiciera no te veían el pelo, acababas en Dubai, en el Hotel Burj Al Arab (7 estrellas 7) que seguro no celebra la Navidad. En Nochebuena, la familia, que ha estado a punto de matarse como en Puerto Hurraco por un puñado de euros, cena unida. Tu cuñado se bebe el whisky reserva de 15 años. Y no se van ni a tiros. A tiros desearías que dejaran de cantar villancicos: una melodía que debió inventar el mismo Lucifer para convertir a las personas al ateísmo. Y al día siguiente te queda un lío de casa que el piso de estudiante de tu hijo te parece una patena.

Y ahora también es moda importada (como Halloween y pronto lo será el día del Pavo, quiero decir de Acción de Gracias) hacer regalos de Papá Noel.  Con lo difícil que era decidirse por un regalo para quedar bien con tu mujer el día de Reyes y encima ahora también el del Gordo del Traje Rojo. Si es que ya lo decía el cura de mi pueblo: los rojos no traen nada bueno.

Y después llegará Fin de Año. Y después los Reyes. Una cabalgata de cenas, comidas, bebidas: consume, consume a ver si acabamos con la crisis.

Total que este año voy a pedir un deseo nuevo ya que el del año pasado, que repetía desde hacía mucho tiempo, se ha dejado de cumplir: tener nuevamente a mis padres junto a mí. Este año voy a pedir por adelantado teletransportarme a Siberia, a pasar allí las navidades, junto a Los Nikis, porque yo tampoco quiero tener unas navidades como las de todo el mundo.

A mi padre, a su memoria que es lo único que me queda de él esta Navidad.

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Acerca de José A. Moreno

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8 respuestas a EL PASTEL DE NAVIDAD O LA NAVIDAD PASTEL.

  1. Juan Antonio dijo:

    Joder, te estás superando. El mejor elogio que puedo hacerte es que parece un artículo de Juan José Millás, ¡que no es poco! Dentro de nada habrá que hablarle de usted por ser un columnista habitual de la contraportada de algún diario ex-filo-para-socialista de referencia circum-cultural.

  2. Paco dijo:

    Ei, Jose:
    Estàs fet un màquina! Quina gràcia (classe) tens per traure els mínims pensaments que molts tenim i convertir-los en ART.
    M’agrada molt com escrius i, com que compartim moltes inquietuds, també el que dius.
    Una (una més) abraçada.
    Paco

  3. Mariola dijo:

    Bueno es poco, buenísimo diría yo.Me preocupa que últimamente esté tan de acuerdo con ciertas afirmaciones suyas Sr. Moreno… será que nos hacemos mayores? Yo, por si las moscas, seguiré tratándole de usía, no vaya a ser que dentro de poco le nombren consejero de algo o alguna cosa de ésas, que luces usted, tiene, y muchas.

  4. Dani dijo:

    Hola J.A

    Casi sempre mirant esta página i ara m’han dit que es teua! jajajaja

    La veritat que si, es insoportable que arribe la nit de cap d’any i vaiges a la discoteca on estan tots els castelluts i es toque entonar el “feliç any nou!!!” i dos besades a cada persona, encara que siga una indeseable i no te la tragues ni acompanyant-la amb vi. Sort que avegades es la tia més bona del poble a la que es toca entonar-ho, i d’ahí pot derivar en una conversació i qui sap després (en el meu cas ja fa temps que això no passa)jejeje.

    En cuant als “villansicos”, que dir… Doncs que cada vegada que pase per el portal de una tenda on posen eixes cansonetes (si li podem dir així), hem donen ganes de traure una escopeta i posame a pegar tirs a tots els altaveus a lo Rambo, però per seguritat dels altres hi ha que controlar-se.

    En fí J.Antonio, espere que et vaja tot de luxe en tots els ambits i aveure si d’una vegada li puc pillar la seguideta a “El buen soldado Švejk” que gracies a Bolonia tinc treballs per a avorrir i poc temps per a disfrutar.

    • Em gratifica que ja conegueres aquesta pàgina que em serveix, entre altres coses, per a mantenir contacte i contrastar opinions amb gent amb la qual m’he creuat en la meua vida. Totalment d’acord amb les teues opinions, i les compartisc doncs jo també he tingut les mateixes temptacions. I encara hi ha més d’aquest Nadal més bla que el blandiblu: què et semblen les presentacions nadalenques que ens envien per e-mail en aquests dies amb Papàs Noels donant botets i fent el “chorra” o aqueixos arbres de Nadal autoconstruibles. Com sé del teu interés sobre l’Història, et comique que prepare un especial sobre el LXXV Aniversari de l’inici de la Guerra Civil que estarà al bloc que gestione de l’assignatura de Segon de Batxillerat: http://moniejoan.wordpress.com

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