UN TREN SOBRE CÉSPED: ¡SERÁ POR DINERO Y AGUA!

Está muy feo que un doctor en Historia comience un artículo diciendo: “La Historia se repite”. No es muy científico, muy histórico, pero los políticos españoles tienen una vieja tendencia a estropear cualquier análisis racional de la realidad histórica.

Resumo primero la historia del ferrocarril Madrid-Aranjuez y después observamos la obra del TRAM Alicante-San Vicente del Raspeig.

La concesión provisional de la obra del ferrocarril Madrid-Aranjuez fue aprobada en abril del año 1844 a favor de la Sociedad “Camino de Hierro de Maria Cristina” (en homenaje a la madre de la Reina Isabel II). La concesión para unir Madrid con Aranjuez le caducaba a esta sociedad, tras varias prorrogas, el 6 de febrero de 1845 y José Salamanca Mayol, consejero dimitido de la misma, había depositado a titulo personal 6 millones de reales con lo que se adjudicó la concesión que le fue otorgada el 6 de abril de ese mismo año.

Bajo la dirección del ingeniero Pedro Miranda, los hermanos Green, venidos de Inglaterra, redactaron el proyecto -en el cual emplearon más de un año- iniciándose a continuación los trabajos en mayo de 1846. Las obras, si bien en un principio fueron muy lentas, se ejecutaron con celeridad -casi 7.000 hombres trabajaron en ellas- habiéndose realizado a final del año el movimiento de tierras y comenzadas las obras de fábrica.

En diciembre de 1847 Salamanca que, entre otros oficios, era banquero entró en quiebra teniendo que huir de España por lo que se interrumpió la construcción de la línea que se reanudó de nuevo a finales de 1849 cuando regresó a nuestro país.
En octubre de 1850 comenzaron las primeras circulaciones de pruebas entre Madrid y Pinto y en enero de 1851, a punto de concluir las obras, en un intento de condescender con la Corte solicitó la prolongación de la vía desde la estación de Aranjuez hasta la escalera de Palacio, pero no fue atendida por tenerse que modificar en algunos puntos el edificio alcanzándose sólo hasta la llamada Puerta de Damas, cuyo último recorrido de cien metros se construyó con raíles de plata.

Naturalmente, la inauguración estuvo acorde con la regia figura de quien veía llegar todos los días el tren hasta su misma vivienda de recreo. “Se inauguró el 9 de febrero de 1851 por eminentísimo cardenal de la Iglesia romana, señor Bonel y Orbe. El acto solemne consistía en desfilar por delante del altar las locomotoras. Así, y una á una, recibieron todas la bendición, y la recibieron también los ferrocarriles, el camino mismo. Concluida la augusta ceremonia de la Iglesia, salió el convoy real para Aranjuez a las doce en punto. Para el transporte de mil convidados se habían dispuesto otros dos convoyes que salieron con el intervalo necesario. A un mismo tiempo había sobre el ferrocarril, carruajes con senadores, carruajes con diputados, carruajes con tribunales, carruajes con clero, carruajes con ministros.” (Revista Universal, 1851).

Quienes hemos visto la construcción de la línea 2 del TRAM (Luceros-San Vicente del Raspeig) no dejamos de observar los paralelismos con la historia arriba contada. La obras se iniciaron en diciembre de 2006, en plena euforia constructora de los políticos españoles: museos, palacios de congresos, ciudades de … (lo que quieran). Casi a finales de 2010 la obra, proyectada para inaugurarse en la primavera de este año, aún continua su curso. También aquí hemos tenido paralizaciones y también aquí la obra se ha acelerado inusitadamente. Recuerdo que el año próximo hay elecciones municipales y autonómicas. También aquí parece que podremos tener nuestro Salamanca de turno. Está previsto que la obra, una vez acabada eso sí, se privatice para su explotación (la sombra de Ortiz es alargada). Lo que no sabemos es si huirá cuando vengan las dificultades económicas, cosa que tienden a hacer con frecuencia nuestros empresarios (Gerardo Díaz Ferrán, presidente de la CEOE sabe mucho de esto).

No necesito explicar los paralelismos con la inauguración. No sabemos si se convocará al Obispo, pero los invitados, senadores, carruajes (ahora Mercedes y Audi) con diputados, con ministros, seguro que se contarán por miles.

Pero también aquí tenemos nuestros raíles de plata. Es la última sorpresa con la que me he encontrado estos días. No era suficiente con la macro estación de la Universidad (tres millones de euros de presupuesto) que lleva dos años en construcción, había que dar una vuelta de tuerca más al encarecimiento de la obra. Había que hacer transitar el tranvía en estos últimos metros (cerca de un kilómetro) sobre una base de césped natural. Igual que en Bilbao, ¡faltaría menos! ¿Pero es que aquí el agua es escasa?, dirá alguien. No hay problema, se solicita un trasvase y asunto solucionado.

Contó Don Rafael Olaechea, insigne historiador y maestro de historiadores, en una conferencia a la que tuve el enorme placer de asistir, pues era un encanto escuchar cómo contaba la Historia, que aquellos raíles de plata desaparecieron al siguiente día. La leyenda que se propagó por la Corte es que la Reina Isabel II los empeñó para pagar algún regalo a sus múltiples amantes. No quiero ni imaginar que aquí el césped acabe retirándose y adornando a algún paniaguado de nuestros gobiernos municipales o autonómico.

Por cierto, recomiendo encarecidamente un artículo de Antonio Muñoz Molina sobre un libro (“Arquitectura milagrosa”) de Llàtzer Moix en el que nos ilustra sobre la conversión de España durante estos años de bonanza económica en “algo parecido al paraíso terrenal” para los arquitectos de todo el mundo. Unas citas del artículo para os anime a su lectura:

“Un auditorio, un teatro, un museo, ya no son suficientes para la megalomanía de los políticos y los arquitectos: han de levantar ciudades enteras, como Akenatón en el desierto egipcio, como los príncipes incas en Machu Picchu.”

“A Michael Bloomberg, el plutócrata alcalde de Nueva York, que se gasta sin pestañear cien millones de dólares de su bolsillo para pagarse él solo una campaña electoral, Santiago Calatrava le parece un arquitecto caro: no así a las autoridades autonómicas de Valencia”.

Y la mejor: “…me sorprende una ausencia: la de cualquier síntoma de rebelión ciudadana ante tanto despilfarro. En una democracia sin pulso cívico ni controles legales efectivos de la acción política cualquier aspirante a sátrapa regional o municipal sabe que sus abusos quedarán impunes.”

Y de todo ello mucho sabemos los valencianos y más del final.



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Un socio sin club
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