TAMBIÉN NOS ROBAN EL FLAMENCO: Y que viva Andalucía y viva la revolución!

bandera-andaluza-libertariaA mis amigos Isabel y Pepe, en Almería, que tanto deben estar sufriendo.

Es el título trasunto del libro que hace unos años publicara Ángel Cappa, entrenador que fue de fútbol, “También nos roban el fútbol”. En él expone cómo el sistema capitalista se ha apropiado de un deporte que comenzó siendo popular y del pueblo. De cómo el deporte rey se ha convertido en el deporte de derechas por excelencia, cuando, en su origen, estuvo ligado a los movimientos populares de los barrios más desfavorecidos en Europa, en América o en África.

Así le ocurre al flamenco en España. Estos días el partido situado más a la ultraderecha en España (no les gusta que les digan que son de ultraderecha, aunque yo creo que en España toda la derecha está cercana en lo más ultra –véase política inmigratoria, de libertades, de visión de la Historia reciente de España, etc-, en relación con la derecha europea), ha incluido entre sus propuestas programáticas la defensa del flamenco. Decía la otra mañana Ángel Carmona, en “Hoy empieza todo”, Radio 3, que pedir la defensa del flamenco es como pedir la defensa de la radio o de la pintura. Están ahí y no necesitan defensa. No solo es absurdo defender un arte vivo, cuya vigencia dependerá de sus manifestaciones, sino que con ese apoyo, la ultraderecha pretende apropiarse, de nuevo, de un elemento de la cultura, la identidad de España.

Es España un país extraño en cuanto a sus señas de identidad. Resulta curioso que la gran mayoría de ellas han acabado apropiadas por la derecha. Una derecha montaraz, que aún defiende la dictadura franquista, que aún defiende la expulsión indiscriminada de inmigrantes, que aún defiende los privilegios de la Iglesia católica, que aún defiende una educación privada pagada por todos bajo la excusa de la libertad educativa. Desde la Restauración, ese remedo de democracia que era más falsa que “una película de chinos”, como se decía en mi época, la derecha se fue apropiando de las fiestas, convirtiendo el 12 de octubre en la Fiesta de la Raza, del ejército, al que utilizaba para mantenerse en el poder (Primo de Rivera, Sanjurjo, Franco), de la bandera… La dictadura franquista no hizo sino agravar ese proceso. Convirtió en “Nacional”, nombre que se dio a sí mismo el bando rebelde, todos los símbolos e identidades que debían pertenecer a todos: la Enseña Nacional, la Selección Nacional, la Radio Nacional, la Lotería Nacional…

Y ahora esta derecha renacida que desea recuperar las esencias “Nacionales” también quiere apropiarse del flamenco, diciendo que hay que defenderlo. ¿Defenderlo de quién? ¿Qué flamenco? ¿Quieren decir que ahora invitarán a sus mítines y subvencionarán a El Cabrero, Manuel Gerena o El Niño de Elche? ¿Va la nueva Junta de Andalucía a reeditar a sus expensas la discografía completa de Curro Albaycín, Luis Marín o el Piki? Es casi seguro que no. Es probable que cuando hablan de flamenco estén pensando en José Manuel Soto y la Pantoja.

El flamenco, como el fútbol, es en origen y por definición popular, es un estilo musical nacido del pueblo, como el jazz. El jazz que nació en Nueva Orleans y que se desarrolló en los barrios negros de Nueva York, no ese remedo que crearon las bandas de Bebop. El flamenco que nació en los barrios gitanos de Andalucía, que se desarrolló más tarde en el campo andaluz y en las minas de Almería o Murcia. No ese remedo que creó el franquismo, hay quien lo ha llamado el nacionalflamenco, en películas, escenarios y festivales. Hay quien dirá que los cantaores flamencos siempre agasajaron a los señoritos en sus fiestas, incluso a Franco. Sobre este último ya dijo Félix Grande, poeta y flamencólogo, que cuando Franco llamaba a un artista para que le cantara algo, “¡A ver quién le decía que no!”. Recuerda también que, en las fiestas de señoritos, los flamencos eran en muchos casos humillados y sufrían terribles desconsideraciones. Eran objeto de burla y menosprecio por su pobreza, lanzándoles unas monedas para demostrar su situación de dominio económico.

Y es que tiene cierto parecido el jazz con el flamenco. Nacidos como arte popular e incluso de lucha y protesta (“el quejío”), poco a poco la industria lo domesticó y las clases dirigentes, blancos de Brooklyn o señoritos de cortijo, se lo apropiaron.

Quizá estos nuevos nacionalistas españoles (bueno, no tan nuevos) no han leído ni escuchado “Las voces que no callaron. Flamenco y revolución”, de Juan Pinilla, un audio-libro que hace un recorrido por los artistas flamencos que siguieron durante una parte de su vida la senda de reivindicación social o directamente comprometidos con la II República. Ahí aparecen Guerrita, Corruco de Algeciras, Antonio Mairena, José Cepero, La Niña de los Peines (que defendió el ideal de mujer libre y republicana), o el Chato de las Ventas, que murió fusilado en Badajoz y que creó los llamados Fandangos Republicanos, un tipo de cante de naturaleza reivindicativa.

Como ocurrió con otras ramas del arte, muchos de estos cantaores tuvieron que tomar el camino del exilio (exterior o interior). Angelillo, cantaor vinculado a la CNT, se fue a Argentina. Otros a Francia o a Portugal. Juanito Valderrama, que había combatido en el bando republicano, los homenajeó en “El emigrante”. Dicen que cuando Franco escuchó la canción se la hizo repetir al cantaor jienense, pues no entendía la letra (recordemos que en el 59 aún no había emigración económica a Europa). Juanito se temió lo peor: “Esto es para enterarse bien de lo que dice y meterme preso”, pero tuvo suerte. Peor suerte corrió Miguel de  Molina, aunque éste era más bien un cantaor de copla. Combatió con el ejército republicano y al final de la guerra sufrió persecución y tortura por su condición de republicano y homosexual. Exiliado en Buenos Aires, la embajada española presionó al régimen de Perón para que lo expulsara. Acabó en México, pero decidió volver a España en 1957. Fue breve su estancia en España pues no se olvidaba su pasado ni su condición. Decidió acabar con su carrera artística en 1960 a los 52 años de edad.

Durante el final de franquismo y la Transición, el flamenco participó en la protesta contra un régimen agonizante y en la reivindicación de las libertades perdidas. El listado sería interminable y no dudo que la nueva Junta de Andalucía quiera reivindicar este flamenco. Enrique Morente, cantaor muy comprometido, sufrió la censura por un disco homenaje a Miguel Hernández, en el que no se permitió incluir el poema “Andaluces de Jaén”. Defendió siempre el andalucismo, cantó también a García Lorca y grabó en 1996 con el grupo rock “Lagartija Nick” un disco mítico (polémico para los puristas del flamenco), “Omega”, con canciones de Cohen, poemas de García Lorca y letras anticapitalistas. No os perdáis el documental sobre la grabación del disco. Por cierto, si tuviera que elegir diez discos para llevarme a una isla desierta y escuchar en bucle, ahí estaría “Omega”. Canciones como “Manhattan” ponen los pelos de punta:

 

La derecha, ultra o no, los persiguió en aquellos años, más negros de lo que nos ha pintado la historiografía oficial de la Transición. Curro Albaycín, que aparecía en todas las inauguraciones de locales del PCE, cantando sus “Tangos obreros”, fue atacado por un miembro de Fuerza Nueva, que le disparó al grito de “ya no cantarás más a García Lorca”. Manuel Gerena sufrió múltiples detenciones y cancelación de actuaciones, Luis Marín militó en la ORT, y El Piki grabó un homenaje a Luis Infante. Los dos últimos murieron atropellados. El Piki en 1980, siendo arrojado su cuerpo a una cuneta (¡qué manía tienen los fascistas con las cunetas!) en la carretera de Barajas.

Un caso excepcional es el de José Domínguez, El Cabrero. Pastor de cabras desde su infancia, oficio que siguió ejerciendo a pesar de su fama mundial, se convirtió en un mito durante el tardofranquismo, llegando a debutar en toda Europa. Artista global, llegó a garbar con Gilberto Gil, Chick Corea o Peter Gabriel. Su nivel de compromiso social es incomparable. No creo que la nueva Consejería de Cultura de Andalucía llame para esa defensa del flamenco a El Cabrero, un artista cuyo disco “Chiapas, ritmos del espejo” fue editado por el sindicato anarquista CGT, que ha colaborado con el grupo de rock radical “Reincidentes” y que tiene a gala ser íntimo del eterno alcalde comunista de Marinaleda Sánchez Gordillo. Por supuesto, aún con 74 años, El Cabrero, sigue en activo y sigue activista. Su último disco se titula “Ni rienda ni jierro encima”, ¿hace falta ser más explícito?

Y sigue el flamenco, ortodoxo y heterodoxo, produciendo especímenes que no creo que la nueva Junta de Andalucía quiera reivindicar. El Niño de Elche es mi preferido de todos ellos. Es un artista quizá inclasificable y en los ambientes puristas no es bien considerado. Pero su obra es para mí, espectacular. En el siglo XXI sobran las purezas: raciales, sociales, nacionales o artísticas. Tiene El Niño de Elche su obra más conocida en la “Antología del cante flamenco heterodoxo”, una obra que incluye temas de todo tipo de reivindicación: social, política, de género… ¿Qué dirá la nueva Junta de la letra de “Fandangos y canciones del exilio”?: «¿Cuándo querrá el Dios del cielo / Que la tortilla se vuelva / Que los pobres coman pan / Y los ricos mierda, mierda?»

Ahora acaba de unirse a Los Planetas, mítico grupo indie granadino, en un proyecto denominado “Fuerza Nueva”. Seguro que algún incauto votante de Vox va rápido a El Corte Inglés a comprarse el disco. Aún sólo está disponible en plataformas digitales, pero que tengan cuidado no se lleven una sorpresa, pues la canción elegida, “Los campanilleros”, no es la versión navideña que el franquismo popularizó. Lo cuentan, en extenso, en el disco: la melodía es un pastiche en clave de tango y farruca, cuya letra fue variando con el tiempo y que acabó cantando y registrando Manuel de la Torre, pero que popularizó en los años 30 La Niña de la Puebla. Pero lo que les interesa a Los Planetas y el Niño de Elche (Fuerza Nueva) es el mito que cuenta que la canción era cantada por la Niña de la Puebla en el frente, durante la Guerra Civil, cambiando la letra para arengar y motivar a las tropas republicanas. Se cuenta que cantaba cosas como éstas: “Y en la cárcel están sin comida / los anarquistas que un día / a la España esclava querían libertar (…) / Anarquía, sublime palabra / la idea más hermosa de la Humanidad”.

 

Si queréis disfrutar de El Niño de Elche en toda su esencia provocativa y subversiva, tenéis que ver su actuación en el homenaje al 40 aniversario que Radio 3 montó a las puertas del Congreso de los Diputados. Su primera pieza fue una obra titulada “Recitando a Eugenio Noel”, autor marginado e inclasificable, que se manifestó antitaurino en una época en la que hasta los poetas más insignes lo eran. Continuó con una adaptación del poema de Antidio Cabal, poeta canario exiliado en 1948 con 23 años, titulado “Epitafio para una democracia (Informe para Costa Rica)”, que El Niño de Elche acabó con esta frase que suscribimos muchos: “Antes de que tengas asesinos sociales / quiero aprovechar para pronunciar tu nombre sin pena ni asco / España”. Acabó con un homenaje al cantaor jienense Rafael Romero, El Gallina, tras una introducción en la que arremete contra “lo peor de España”, el fútbol, los toros y el flamenco. Disfrutadlo:

 

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EL DÍA DE MAÑANA: Crónica de una España real

mañanagrandeConfieso que tengo cierto apego a los personajes un tanto bordes, ya sean reales (Petrovic, Dino Meneghin…) o imaginarios (El libanés, de “Roma Criminal”, Gio, de “Gomorra”). En la serie “El día de mañana”, basada en la novela del mismo nombre de Ignacio Martínez de Pisón, aparece uno nuevo, que está a medio camino entre lo real y lo imaginario, y de mote ya de por sí definitorio, “El Rata” (Justo Gil). Real porque es muy probable que hubiera viarios individuos como él en la época de la historia de España que retrata la serie y la novela, e imaginario porque, al fin y al cabo, se trata de un personaje ficticio y, quizá, al paso que llevábamos con la desmemoria histórica en este país, cuando pase una generación, la gente no diga sino “bueno, eso solo ocurría en las novelas”.

La historia de Justo Gil, El Rata” debió ser la de muchos españoles de aquella época de mediados de los sesenta en la que un país atrasado económica y socialmente despertaba a marchas forzadas y muchos querían aprovechar la ocasión para salir de la pobreza, del pueblo, del paletismo (como dice la serie) y marchar a la ciudad (Barcelona en este caso), a hacerse un lugar en el mundo. Pero no de forma decente, trabajando duramente. Así no se salía de la pobreza. Había que convertirse en un arribista, un listo, aprovecharse de los demás hasta conseguir embaucar a los incautos, hasta entrar en los círculos sociales más selectos. Vamos, lo que ahora se llama un “emprendedor”. Pero eran aquellos años unos años difíciles. El poco versado en historia contemporánea cree que aquella España de fines de los sesenta y principios de los setenta, convertida en 8ª potencia industrial del mundo, la del turismo, el seiscientos y el destape, era un país de “jauja”, que decía mi abuela y que la dictadura había aflojado la correa. Quien eso crea que vean la serie, o que le pregunten a cualquier abuelo o abuela de Barcelona de qué les suena la Comisaría de Vía Layetana (o a los vascos el cuartel de Intxaurrondo).

Es Justo Gil (“El Rata”) el prototipo de individuo con el que todos nos hemos topado alguna vez y de los que siguen existiendo numerosos especímenes. Cuando te los encuentras, la escena puede ser más o menos ésta: “Hola, mira te presento a Justo, Justo Gil”. Él nos da la mano y la mejor y más cautivadora de sus sonrisas. Poco a poco se va introduciendo en la conversación y nos embauca con su biografía, casi toda inventada, y con sus proyectos, casi todos fuera de su alcance, pero que, a poco que nos descuidemos, nos embarcará para sacarnos todo lo que pueda.

Como su arribismo no tiene límites, una cosa le lleva a la otra y pasa de vender productos por catálogo, defraudando al más pintado, a convertirse en delator de la policía. Simplemente porque siempre consigue salvar el pellejo y si un día es detenido, pasa rápidamente de acusado a acusador. Es una estrategia muy utilizada por estos personajes, y me refiero ahora a los reales. Pasar a convertirse en víctimas cuando son pillados in franganti en algún renuncio.

La serie sigue bastante fielmente la trama de la novela de Martínez de Pisón, quizá el mejor retratista de esa época situada entre el franquismo y la Transición, aunque en alguno de los últimos capítulos a los guionistas de la serie se les va la mano con la trama amorosa. El Justo Gil que yo recuerdo de la novela era menos romántico. También la serie acierta con la factura formal de convertir la trama en el relato de los que conocieron a Justo Gil desde el presente. Un presente que se sitúa, no de forma arbitraria, en 1979. Justo cuando la Transición se considera finiquitada, al menos en lo más esencial: ya había una Constitución, ya se habían celebrado dos elecciones y, lo que nos quiere con mucha sutileza transmitir la serie, y la novela, cuando aquellos personajes siniestros que poblaron el franquismo final y la primera Transición se habían convertido en demócratas de toda la vida o, al menos, en personas de orden.

A este respecto existen dos escenas que ilustran perfectamente este proceso tan importante en la historia reciente de España. El primero se produce durante las entrevistas que el supuesto narrador hace a quienes conocieron a “El Rata”. La que fue una de sus amantes, hija bien de la Barcelona de la gauche divine, le dice al entrevistador: “sí, yo le conocí, pero yo ahora soy una mujer casada, de buena posición”. Es la historia tantas veces repetida, y que a mí me apasiona, de aquella burguesía progre, que se hizo maoísta y trotskista en el tardofranquismo y que acabó formando una buena familia, con una buena carrera, en una buena casa y pasándose a la derecha, cuando no a la ultraderecha, y de luchar contra Franco a luchar por Franco y su memoria (vid. Conversos).

En la otra escena, Mateo Moreno, policía de tres al cuarto y torturador, que intenta disimular su comportamiento con el entrevistador, ha acabado saliéndose de la policía y casándose con una chica decente, de pueblo, que ha montado en una ciudad del “cinturón rojo” de Barcelona un bar que es la sede del PSOE, donde ella milita. Cuando Justo vuelve a ver a Mateo, le pregunta: “pero, ¿tu mujer sabe lo que hacías antes”? Y le responde: “claro, lo sabe todo”. Efectivamente, lo sabía ella todo, lo sabíamos todos. Lo que pasaba en aquellas comisarías. Lo sabían quienes condecoraron a Billy el Niño o a Melitón Manzanas.

Me encantan estos relatos de malvados y me fascinan las crónicas de aquella Barcelona del tardofranquismo y la primera Transición. Desde que hace ya muchos años leí las novelas de Manuel Vázquez Montalbán, con ese comisario desencantado y gourmet que era Carvallo, quedé prendado. No sé lo que tiene aquella Barcelona imaginada por mí, pues yo nunca viví allí, pero creo que si algún lugar ilustra la transformación, falsa y artificial, de nuestra historia entre los sesenta y los setenta, ese es Barcelona. Una burguesía que quería aparentar  modernidad y europeidad, un mundo ilustrado y dado a la lujuria, las drogas blandas y la música psicodélica. Ese ambiente pop, tan… Pippermint Frappé.

Hace un tiempo escribí que en España aún nos quedaba para poder relatar con acidez esa época en que todo cambió, porque toda la ilusión quedó en un bluf, que tan bien hacía “La mejor juventud” para el caso italiano. No conocía entonces la novela “El día de mañana” de Martínez de Pisón, ni se había rodado la serie. También “La mejor juventud” estaba envuelta en un romanticismo de otra época y también ilustraba en qué había quedado la ilusión de aquellos que querían cambiar el mundo. También aquella apenas si tuvo repercusión en los cines, pero se convirtió en viral, que se dice ahora, cuando se estrenó por la RAI. Aquí ha pasado casi desapercibido este excelente trabajo de Mariano Barroso, estrenado por Movistar sin mucho bombo. No sé si será casualidad. No quiero pensar mal, pero ahora que se escuchan cada vez más voces que nos quieren hacer ver que “con Franco las patatas eran más gordas”, no estaría mal contar a las nuevas generaciones que aquello fue real, que no fue un cuento, una novela, la invención de un cineasta.

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UN FANTASMA RECORRE EUROPA: y ya lo tenemos aquí

220px-wandering_jew“¿Qué partido de oposición no ha sido motejado de comunista por sus adversarios en el poder?”

Estas palabras no las he extraído de ningún medio digital, escrito o audiovisual actual. Tienen más de ciento cincuenta años. Fueron escritas en febrero de 1848 en Londres por Marx y Engels. Ya en aquella época reconocían los inventores del socialismo científico, como ellos mismos definieron su pensamiento, que el poder burgués estaba asustado ante la presencia de elementos que pretendían la destrucción del sistema liberal-burgués. Por ello, la primera frase del denominado “Manifiesto Comunista”, que es como ha pasado a la posteridad el texto, es la que encabeza esta entrada: “Un fantasma recorre Europa: el fantasma del comunismo. Todas las fuerzas de la vieja Europa se han unido en santa cruzada para acosar a ese fantasma: el Papa y el zar, Metternich y Guizot, los radicales franceses y los polizontes alemanes.”

Más de ciento cincuenta años han transcurrido y parecen no haber perdido vigencia estas palabras. Solo deberíamos cambiar a los personajes unidos contra el comunismo. No sé si deberíamos dejar al Papa, pero ahora podríamos cambiar al resto por Bolsonaro, Santiago Abascal, Matteo Salvini  o los periodistas españoles tipo Jiménez Losantos o Herrera. Diréis que no tienen estos la talla política del zar, de Metternich o Guizot, ni la influencia de los radicales franceses o los denominados polizontes alemanes, pero dejadles tiempo. Al menos ya Jiménez Losantos vende miles de ejemplares de su libro “Memoria del comunismo” y Herrera es líder de audiencia en la radio. Al resto, ya digo, dejadles tiempo. En Latinoamérica, durante años se subestimó la fuerza de Pinochet, que había llegado solo para eliminar al comunista Allende, y acabó siendo alabado por la jefa del neoliberalismo europeo, Margaret Thatcher, con quien tomaba café en 1998 durante la huida del dictador chileno, acusado por el juez Garzón ante la justicia internacional. En Italia o España muchos fueron los que se rieron de las bravuconadas de Mussolini o la voz atiplada y porte poco gallardo del general Franco y mirad cómo acabaron.

Ahora bien, el resto del párrafo que Marx y Engels dedican al florecimiento del comunismo en 1848 ha perdido toda su vigencia. Decían entonces: “De este hecho [el temor de las clases dirigentes] resulta una doble enseñanza: Que el comunismo está ya reconocido como una fuerza por todas las potencias de Europa. Que ya es hora de que los comunistas expongan a la faz del mundo entero sus conceptos, sus fines y sus tendencias, que opongan a la leyenda del fantasma del comunismo un manifiesto del propio partido”. Todos sabemos, incluso quienes azuzan el fantasma del comunismo, que éste ya no es una fuerza en Europa, ni prácticamente en ningún lugar del mundo (¿es China un país comunista?) ni van a exponer al mundo entero su ideología. Pero, desde un tiempo a esta parte, en España o Francia (donde Marine Le Pen lo utilizó en la campaña de 2017), y por lo leído estos días en Brasil, las fuerzas más reaccionarias  asustan al electorado con el rebrote del comunismo.

Cuando llegó la primera posguerra del siglo XX, tras la I Guerra Mundial, el fantasma había cobrado corporeidad y el susto se convirtió en miedo atávico. En Rusia había triunfado en 1917 la Revolución y nacía el primer estado que se declaraba comunista. La posibilidad de extensión del comunismo se consideraba entonces muy cercana. Basta recordar la denominada revolución espartaquista que a principios de 1918, en el final de la guerra, tuvo asustada a Alemania, o la efímera República Soviética Húngara de Béla Kun. Obreros y campesinos se hallaban muy alterados en la Europa de entreguerras y el fantasma del comunismo parecía poder acabar con el dominio social y político de la clase burguesa.

Por ello, cuando, durante los años veinte y treinta, otro movimiento patrocinaba el final de la democracia burguesa las élites no le dieron importancia. Era cosa de unos cuantos jóvenes desencantados por cómo se había resuelto el final de la I Guerra Mundial y no había que hacerles mucho caso. Era el fascismo o su versión alemana, el nazismo. Hablaban de patria, exclusión de las minorías, exaltación de la masculinidad, la familia y la natalidad, la supresión de la vieja política, lucha contra el marxismo y admiración del fundamentalismo religioso. Bertolucci, un comunista por cierto, lo retrató de forma admirable en una obra imprescindible si se quiere conocer la historia del siglo XX, Novecento:

Nadie o casi nadie les tomó en serio. Y eso que proliferaron partidos de semejante cariz por toda Europa, tanto la vieja Europa liberal (Croix de Feu, en Francia, o Unión Británica de Fascista), en la Europa nórdica (Partido Nacional Socialista de los Trabajadores de Suecia o Partido Nacional Socialista de Dinamarca), en la Europa oriental (Partido Nacional Socialista de Obreros y Campesinos Húngaros), e incluso fuera de Europa, incluidos los Estados Unidos (la Silver Legion) o Australia (la New Guard). En España también tuvimos lo nuestro con las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista de Onésimo Redondo y Ramiro Ledesma o la Falange Española de José Antonio Primo de Rivera, unificadas en 1934.

Hubo voces que advirtieron de que la situación podía pasar de la simple bufonada a adquirir dimensiones preocupantes. Y no solo desde las filas del comunismo o la izquierda más o menos radical. El 24 de noviembre de 1923 el periodista Eugeni Xammar publicó en La Veu de Catalunya una entrevista que, en compañía de Josep Pla, mantuvo con Hitler, que acababa de protagonizar un golpe de Estado de opereta en una cervecería de Múnich: “Herido y encarcelado, Hitler sigue siendo para nosotros el mismo que, intacto y en libertad, era: el necio más sustancioso que, desde que estamos en el mundo, hemos tenido el gusto de conocer. Un necio cargado de empuje, de vitalidad, de energía; un necio sin medida ni freno. Un necio monumental, magnífico y destinado a hacer una carrera brillantísima”. ¿Era Eugeni Xammar un visionario? Seguramente no. Seguramente solo era un buen conocedor de la sociedad de su época y qué sencillo iba a ser que calara un mensaje tan simple.

Ahora, ciento cincuenta años después, volvemos a las mismas. Se nos amenaza, especialmente me refiero ahora a España, con el comunismo. Podemos son comunistas, la Junta de Andalucía está llena de comunistas, ha dicho Abascal, el cine español está lleno de comunistas (para los lectores de Libertad Digital, Javier Bardem es un comunista), las feministas son comunistas, los animalistas son comunistas. Ya lo decía, vuelve el fantasma. Pero existe aún más. Existe un nuevo argumentario dentro de la derecha española más rancia (¿existe alguna otra en España?): la lucha contra lo que denominan el “buenismo”, la superioridad ética de la socialdemocracia, en resumen, lo que denominan “la progresía”. En artículos y comentarios de El Mundo, El Español, ABC o La Razón y de los, cada vez más abundantes, medios digitales se extiende esta idea que lucha contra el feminismo, el animalismo, la diversidad LGTBI, los derechos de los inmigrantes, la escuela laica… Antes todo era ETA, ahora todo es comunismo.

Y mientras tanto, esa tendencia “fascistoide” (no sé si es muy históricamente correcto llamarles fascistas) se hace más presente, más manifiesta. Se apoyan en una falacia: que quieren hacer “visible” la opinión de la gente. Es una falacia en tanto que en España siempre ha estado visible. ¿Estaban escondidos en España los amantes de la caza o de la tauromaquia? Yo les he visto incluso portar camisetas a favor de los toros. Por no hablar de la existencia en la televisión pública de un programa sobre la caza y otro sobre los toros (bueno, las corridas de toros). Pero ellos vociferan sus lemas en mítines y las masas aplauden y gritan enfervorizadas: “”Quién no le guste que no vaya”. Quizá a lo que quieran referirse es que lo que pretenden es eliminar (¿digo bien en todo su sentido?) es a quienes propugnamos la eliminación de la tauromaquia y la regulación de la caza para que deje de ser recreación abusiva. Quizá deseen volver a aquellos tiempos franquistas en los que hablar contra los toros o la caza era sinónimo de, cuando menos, una advertencia administrativa y pasar a engrosar la lista de sospechosos. Sospechosos de comunismo, por cierto.

Y de los toros y la caza a negar la violencia de género o la existencia de las autonomías, a patrocinar una política natalista y de familia (¿qué familia?, pues muchos de sus dirigentes, votantes y simpatizantes están separados o divorciados) o la recuperación de la soberanía española en materia exterior (¿Brexit a la española?). Una España que solo puede ser católica (“Que Dios bendiga a España”, se dijo en Vistalegre). ¿Quién desea ahora romper el consenso de la Transición? ¿Quién se sitúa ahora fuera de la Constitución del 78? Pocas voces se han oído contra ello (¿Rosa Díez, dónde estás ahora?) y ninguna mención del Rey en su discurso navideño. Quizá a Felipe VI le han explicado que en la Italia de los años veinte y treinta o en la España de Primo de Rivera, el monarca mantuvo su puesto. Por tanto, no hay miedo.

Muchos dicen que el peso de VOX nunca será suficiente para gobernar. Y que en Europa esto ya ocurre y no pasa nada. Que grupos de centroderecha gobiernan  en coalición o con el apoyo de grupos de ultraderecha. Por cierto, los medios de derechas dicen que VOX no es de ultraderecha como en los años treinta decían, ellos mismos y sus amigos, que el fascismo italiano y el nazismo alemán no eran ni de derechas ni de izquierdas. Pero esto es España, amigos. Aquí nunca, en toda la Transición, hemos tenido una derecha que reniegue del franquismo. Aquí no hemos tenido un Adenauer, un De Gasperi, fundadores de la Democracia Cristiana alemana e italiana, respectivamente, que supieron cerrar ese pasado tan humillante. Aquí, docenas de alcaldes de partidos de derechas hacen homenajes al dictador o exhiben sus símbolos en público y en privado, varios periódicos de derechas dan voz a organizaciones (subvencionadas por el Estado, por cierto) que recuerdan la memoria del dictador. Por cierto, ¿VOX también pretende eliminar esta “memoria histórica”?. Seguro que no.

Así es que, ciertamente, un fantasma recorre Europa y aquí ya lo tenemos. O mejor dicho, como en las malas películas de terror de serie B, siempre estuvo aquí, solo que ahora se ha manifestado. España es, realmente, como ese viejo castillo encantado inglés que no puede serlo si no tiene su fantasma. La España de la Transición siempre tuvo ese fantasma en su seno, y no, no era el comunismo.

Para finalizar, unos comunistas que sí invadieron con su música las pistas de bailes en los ochenta, pero nosotros, incultos, no nos habíamos fijado ni en el comienzo del vídeo, preocupados como estábamos de saltar a la pista de baile:

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WHATSAPP, ESE GRAN INVENTO EMOCIONAL

imagesDefinitivamente el whatsapp es un gran invento. No porque nos permita estar comunicados a distancia, por su inmediatez, sus posibilidades de intercambiar información. Es un gran invento por cómo ha mejorado nuestras relaciones sociales.

Se acabó tener que visitar al vecino cuando está enfermo. Se acabó tener que ir a los velatorios para pasar el mal rato de dar el pésame a los deudos. Se acabó tener que llamar por teléfono a las amistades por su cumpleaños e incluso besarles con lo peligroso que es esto en tiempos de infecciones emocionales. Se acabó tener que excusarte cuando faltas a una cita porque… en realidad porque no te apetece verle o porque has quedado con él/ella por pur obligación. Se acabó tener que cumplir con tantos compromisos sociales, emocionales, personales. Whatsapp te lo pone fácil.

Whatsapp te lo pone tan fácil que si eres un poco torpe con la escritura, te ofrece una oferta de emoticonos que expresarán todas tus emociones en toda ocasión. ¿No os habíais dado cuenta de qué quiere decir “emoticono”? Un icono que expresa una emoción. Creo que en mis clases de tutoría voy a dejar de teorizar con mis chicos y chicas sobre educación emocional: identificar emociones, cómo distinguir unas de otras, cómo expresarlas. Debería abrir la galería de whatsapp y explicarles la diferencia entre 🙂 y (: cuando enviar un ♥ a una amistad sin que piense que te la quieres follar, cuando poner el emoticono de la bailarina flamenca, sin que tu interlocutor piense que te has pasado a las huestes de VOX.

También se deberían abandonar las lecciones de urbanidad social por otras de urbanidad con el whatsapp: no utilizarlo en la mesa durante las comidas familiares para no poner esa risita estúpida cuando abres otro meme enviado por ese amigo tan gracioso que está todo el día reenviándolos; poner un sonido lo menos estridente posible que no haga sobresaltar a tu suegra cuando tu cuñado te reenvía el enésimo chiste sobre “el coletas”; no llevarte el teléfono al baño a cagar para no tener que decir la verdad a tu último ligue nocturno, esa rubia despampanante, cuando te pregunte “qué haces, cari”; no participar en grupos familiares para no quedarte, a la primera que contestes sinceramente, con menos familia que Marco antes de encontrar a su madre en los Andes; a no enviar whatsapps a nadie antes de una hora prudente o después de una hora decente, que las personas tienen que dormir por la noche y no despertarse sobresaltadamente con el dichoso pitido.

¡Qué gran invento es el whatsapp!, insisto. No tener que mirar a los ojos a la otra persona cuando conversas con ella, no tener que hacer más teatro que Héctor Alterio para poner una excusa y no ir a una cita, que no se note que ese tkiero, esa risa jejejejeje, esos emoticonos con llantos, son más falsos que un político en campaña electoral. Incluso me han contado que hay quien ha roto su matrimonio por whatsapp. ¡Ahora sí que es un gran adelanto!: “cari, lo siento, tenemos que darnos un tiempo, ya no siento lo de antes, no hay otra, es que estoy confuso”. Y si añades un emoticono llorón, ya te evitas la posible hostia que te debería haber arrimado tu pareja por falso, cabrón y bastante hijoputa.

Pero si el whatsapp es sobre todo un gran invento durante la Navidad. Se terminó tener que enviar cursis postales de Navidad, ahora envías cursis grafismos con árboles navideños, paisajes nórdicos nevados, de antes del calentamiento global, o frases de Paulo Coelho y quedas tan bien. Se acabó tener que tirarte todas las Navidades tirando de agenda para quedar con los amigos o gastarte una pasta en teléfono. Te pones como loco a enviar whatsapp la Nochevieja, hasta de que pete el sistema o se te bloquee el wifi o te quedes sin datos y tan contentos todos.

¡Qué futuro emocional más fantástico nos espera! No tener que mirar a los ojos de la gente, como decían Golpes Bajos en los ochenta y repite ahora Iván Ferreiro. Yo también he sufrido la epidemia del whatsapp navideño, pero nada he leído tan bueno como esto de un amigo que casi seguro no conocerá nunca que he abusado de su confianza para hacer públicas tan verdaderas palabras. Os las dejo en su idioma original, el gallego; no sé por qué pero así me parecen incluso más bonitas, quizá porque cuando las escucho en mi interior le noto más cercano:

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RUAVIEJA, 10 AÑOS DESPUÉS: Una distopía

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Nota del autor. Se advierte a todos aquellos que hagan Terapia Cognitivo Conductual o se hayan comprado la colección completa de Rafael Santandreu que no sigan leyendo o habrán malgastado su dinero. Avisados estáis.

 

Vacíos de nuevas ideas, Telmo Pagalday y Kerman Romeo, los creativos del exitoso anuncio de 2018 del licor Rúavieja, que cada año eran contratados para repetir tan impactante campaña, decidieron, en el décimo aniversario, darle una vuelta de tuerca a aquel primero. Volvieron a realizar un casting entre toda la gente que había hecho el experimento en la web “tenemosquevernosmas” y había contabilizado cuánto tiempo le quedaba junto a sus amigos y familiares.

Tras varias semanas de anuncios en twitter, Instagram, Facebook o Friendsnetwork (la nueva red social que hacía furor desde hacía unos meses) nadie había contactado con ellos. Pensaron en volver a buscar a los mismos protagonistas de 2018, pero se temían lo peor.

Decidieron buscar en el archivo de “tenemosquevernosmas” y llamarles directamente, incluso ir a visitarles para que contaran su experiencia y por qué no habían acudido a su llamada.

El primero en ser visitado fue Adrián, un joven, entonces, en 2018, que había decidido contactar gracias al anuncio con su antiguo compañero de colegio, cuando apenas tenían nueve años, y del cual nunca más había vuelto a saber. “Fue emotivo. Contamos nuestros recuerdos, como jugábamos en mi casa. Como yo le explicaba cómo se jugaba a muchos juegos. Recordamos como el último día que nos vimos, mi madre dijo que vendríamos a verle, que él podría venir al pueblo los veranos. Pero nunca ocurrió. Nunca nos vimos más. Conseguí localizarle por Friendsnetwork, que tiene un algoritmo para buscar personas. Al acabar la cerveza que nos tomamos, los dos dijimos eso de «tenemos que vernos más». Pero en diez años, sólo nos hemos visto una vez. Le llamé para que viniera a la presentación de mi nuevo libro. Se colocó al fondo. Fui a saludarle, pero al rato, cuando lo busqué, se había marchado. No he sabido nada más de él. Tendría que llamarle, pero…”

La siguiente en ser buscada fue Ana María. Ella hizo el experimento con su hermano. “Nos salió que solo nos quedaban 15 días y dos horas de estar juntos. Lloramos compungidos y prometimos que no nos volvería a pasar el dejar para otro día quedar junto a mamá para comer. Pero solo lo hacíamos una vez al año, para Navidad. Cuando murió mamá, ni eso.  Vivíamos apenas a diez minutos, pero pasaban los días y no había forma de cuadrar nuestras agendas. De cuando en cuando nos enviábamos whatsapps para preguntar cómo nos iba, pero desde que murió mamá hace ocho años, apenas nos hemos visto. Él y yo siempre acabábamos nuestros mensajes con un corazoncito, después de escribir «a ver si quedamos»”.

Jaime fue el siguiente en ser visitado. Cuando Gabriel, su compañero durante más de veinte años en el trabajo, se jubiló lo celebraron por todo lo alto. En la web les salió que les quedaban 54 días y seis horas juntos. Era mucho más que al resto, pero no estaban contentos. “Prometimos que nos veríamos, al menos, una vez al mes y que haríamos esos proyectos juntos que el trabajo no nos había permitido. Le llamaba, al principio, cada semana. Le enviaba mensajes casi todos los días. A veces whatsapps mostrándole toda mi amistad o proponiéndole actividades juntos, a veces e-mails con borradores de aquellos proyectos que quedaron pendientes. Pero siempre tenía cosas que hacer: la familia, los quehaceres de la casa, sus nuevas aficiones… De cuando en cuando nos veíamos con nuestras parejas porque coincidíamos en algún acto, pero poco más. De todas formas siempre acabábamos nuestros encuentros con un «te llamo y quedamos», pero solo yo lo hacía”.

Deprimidos, Telmo Pagalday y Kerman Romeo, buscaron a Leo. Era su última esperanza. Su historia fue de las más seguidas en el twitter #tenemosquevernosmas. Fue durante años un profesor de éxito en un centro escolar de un pequeño pueblo de la montaña. Cuando acabó su última clase, todos los alumnos hicieron un pasillo en el interior y el exterior del centro y, al son de su canción preferida (“The is a light that never goes out”, de The Smiths) fue despedido hacia su coche. Lloraron alumnos, lloraron compañeros (algunos no se sabía muy bien si de pena o de alegría, pues no era un tipo fácil y las había tenido con muchos de ellos). Se negó a celebrar una jubilación al uso, se negó a realizar ninguna lección final, pero aquel día le pillaron de improviso. Tenía que haberse despedido varios días después, pero lo adelantó para que no hubiera despedidas multitudinarias. Pero alguien se chivó. “Me hicieron llorar. Soy de lágrima fácil. Un grupo de alumnos me invitaron al día siguiente a una comida. No podía decir que no. A ellos no. Pero desde entonces, poco a poco, cada vez han sido menos los que me han buscado. Bueno, sí. Lo hacen de cuando en cuando. Cuando necesitan algo. Un consejo, una ayuda profesional. Pero desde el año pasado, ninguno lo ha hecho. Por eso no contesté a vuestra llamada para hacer el anuncio. Creo que ninguno de ellos hubiera acudido. Es la vida. Tienen la suya. La mía se reduce ya a escuchar mis programas de radio preferidos, mi música antigua, y nueva que también estoy al día, y mis libros. Apenas si salgo. Me aburre pasear solo. He conocido últimamente el « Kalsarikännit», una filosofía de vida finlandesa que consiste en emborracharse en ropa interior en casa mientras disfrutas de tus aficiones solitarias”.

Tras el fracaso de su idea inicial, únicamente les quedaba buscar el consuelo y una explicación, de Rafael Santandreu para que les contara qué había pasado. Porqué después de aquel anuncio, después de que en twitter, en Facebook, Instagram todo el mundo dijera que iba a cambiar su vida, que ya no iban solo a relacionarse por las redes sociales, que se iban a abrazar más, que iban a pasar más tiempo juntos, nada de ello había pasado. Pero Santandreu no contestaba a sus llamadas, no recibía los whatsapps, hacía más de seis años que su cuenta de Facebook e Instagram no tenía actividad. Llamaron a su editorial habitual, que les dio el teléfono de su representante. “Hace años que no le veo y no sé nada de él. Después de aquel anuncio escribió dos libros más: «Salta y sal del bache» y «To er mundo ej güeno». Vendió millones de ejemplares. Pero no sé nada de él. Dicen que se marchó fuera de España.

Tuvieron una corazonada. Cogieron un avión con destino a Nueva York y de allí otro al Aeropuerto Internacional Lynden Pindling, en Bahamas. Marcharon al The Ocean Club, uno de los más lujosos Resorts del Caribe. Allí estaba en una hamaca, con una caipiriña en la mano. Le abordaron de improviso, pero no quería hablar con ellos. “Pero Rafael, ¿no te acuerdas de nosotros? Explícanos qué le pasa a la gente”. “Y yo que sé chicos, a mí no me preguntéis. Tomaos la vida como viene. Es lo que yo hago”.

Y aquel año no hubo anuncio de Ruavieja, ni de Ikea, ni de Campofrío, ni de la Lotería, ni de Repsol, ni de El Corte Inglés…

No necesito tu amor / No necesito que me entiendas / Necesito que me escuches”

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GRAN PREMIO DE LA DERECHA ESPAÑOLA: La carrera está servida, en mayo elecciones

abascal-casado-rivera-696x456Muy buenas tardes desde el circuito de España (Una, Grande y Libre). Les habla Antonio Jabato para retransmitirles esta emocionante carrera entre tres pilotos por el Gran Premio de la Derecha Española. La carrera se presenta muy abierta. Aunque todos hablan de un cara a cara entre Pablo Desposado y Albert Arroyo, no debemos menospreciar la  irrupción en los últimos días de un nuevo contendiente, Santiago Basal. Lo que sí parece cierto es que el dominio de Pablo Desposado, sucesor de Mariano Retoy, parecen cosa de otro tiempo.

Los ingenieros han preparado concienzudamente sus vehículos en los talleres de El Mundo, ABC, La Razón, Intereconomía, 13TV, La COPE, EsRadio e incluso en gabinetes digitales que han asesorado a las escuderías (Libertad Digital, Periodistas Digital).

Pablo Desposado pilotará un nuevo y reciclado coche de la escudería patrocinada por el Padre Putativo, que ya hacía aguas. La escudería se ha deshecho en estos últimos días de sus dos damas más conocidas en labores de intendencia. Conocemos poco del nuevo motor del coche de Padre Putativo, pero nos han llegado instantáneas en las que hemos visto como han dado una buena mano de pintura para intentar eliminar esa patina de corrupción que tanto había lastrado al coche en los últimos Grandes Premios (diciembre de 2015 y junio de 2016). El color azul claro luce lo más luminoso posible apartándose del azul mahón que recordaba viejos tiempos.

Por su parte, Albert Arroyo ha preparado un coche muy competitivo que en los test previos (aunque sean virtuales y, a veces, no muy fiables) se ha situado en los mismos tiempos e, incluso, superando al de Padre Putativo. La escudería CeapostrofeeSe (una idea de Alfredo Urdaci en sus narraciones de otros tiempos en TVE), que luce un naranja muy español, no ha regateado medios (se dice que sufragado por un tal IBEX) y planteará dura batalla.

En las últimas semanas, ha surgido la nueva escudería Diccionario de Latín Antiguo, con su piloto Santiago Basal, que no renuncia a presentar dura batalla, aunque reconoce que aún para este Gran Premio de 2018 tiene pocas posibilidades de triunfo, pero es posible que pueda arañar algún triunfo menor: véase una Pole, Vuelta Rápida o Velocidad Punta. De momento se conforma con estar en el pódium, ya que recordemos que en pasadas campañas era superada incluso por la ya extinta DPyU. Su auto aún no es competitivo, pero en los entrenos lo hemos visto rugir con fuerza.

Presentados pilotos y escuderías, aquí su reportero Antonio Jabato pasa a explicarles un poco el trazado este circuito de la Derecha Española. Recordemos que es un viejo circuito que mantiene un tradicional trazado de cinco curvas (todas a derechas, claro) y dos grandes rectas. En él se han realizado grandes carreras desde los tiempos de la Transición (incluso ya tuvo grandes días de gloria en el siglo XIX y principios del XX). Tras una primera recta de salida denominada Stop Inmigrantes, viene una primera curva (Gibraltar Español), corta, pero de difícil trazado, pues a poco que te descuides derrapas y chocas contra el muro de las Relaciones Hispanobritánicas (y te quedas sin turistas en Benidorm). Esta curva enlaza con otra de amplio trazado bautizada como De Memoria Histórica Ni Hablar. Su amplitud (más de ochenta años) permite altas velocidades y veremos a los contendientes coger velocidad para ver quien insulta más a los vencidos y no salirse de ella y acabar en una cuneta. La tercera curva también tiene su peligro (La Hispanidad) pues los intereses económicos de los patrocinadores de las escuderías podrían salir perjudicados. Frente a la recta principal se encuentra otra recta en la que los vehículos alcanzan su máxima potencia: ETA y las Victimas. Allí no hay peligro, la grada vitoreará con fuerza a los contendientes. Tras una frenada espectacular llega la curva denominada Venezuela. Es una curva lenta, de la que no parece salirse nunca, y que enlaza con la última antes de la recta final, 155. Se le ha bautizado así por la alta velocidad que se alcanza en ella.

Ya tenemos en la parrilla a los pilotos, acompañados por bellas señoritas, pues no renuncian a ellas quienes siempre se consideraron machos muy machos y han votado o alentado recortes en políticas de igualdad y lucha contra la Violencia de Género.

Al final de la recta parece que toma la delantera Pablo Desposado con unas declaraciones en Algeciras criticando al Gobierno socialista por su “buenismo” e “hipocresía”. Ha llegado a decir que su partido (perdón, escudería) ha sido el de “los gobiernos más solidarios de la historia de España” en esta materia. No ha perdido ocasión para hacer rugir su vehículo con el vitoreado “efecto llamada”.

En la curva Gibraltar Español, el coche de Padre Putativo sale con ventaja con otras declaraciones bien conocidas por los aficionados de la Derecha Española y hace prorrumpir en aplausos a toda la grada: “Gobierno traidor y Gibraltar español”. De momento tanto Arroyo como Basal se mantienen a la expectativa.

Pero al llegar a la curva De Memoria Histórica Ni Hablar, Albert Arroyo asoma el morro (el de su auto) tras recibir la ayuda inestimable de un exmiembro de la Fórmula Socialista: Paco Vázquez, que ha llegado a decir que ”la ley de memoria histórica es la ley del revanchismo”. Paco Vázquez corrió la Fórmula Socialista, pero siempre fue un representante del sector denominado españolista donde corrían también Rodríguez Ibarra y el propio Alfonzo Guerra, como hemos comprobado recientemente.

Pero Esposado no se deja comer el terreno y la llegada a la curva Hispanidad le vuelve a devolver la delantera, al menos en las declaraciones. Este fin de semana mismo nos desayunábamos con éstas: “los españoles no colonizábamos, lo que hacíamos era tener una España más grande”. Espectacular acelerón del piloto de Padre Putativo. Si esto no le hace ganar la carrera, es que los españoles se han hecho centristas. O algo peor, han aprendido algo de historia de la denostada LOGSE.

La recta ETA y las Víctimas iguala a los contendientes. Ningún tema es tan común a todas las escuderías y no dejan ocasión de lanzar sus declaraciones más estentóreas. Es tal la igualdad que los hemos visto circular en paralelo a la altura de Alsasua.

La igualdad se mantiene en la curva Venezuela especialmente entre Esposado y Arroyo, aunque sorprendentemente, Santiago Basal no pierde el rebufo. Desposado ha criticado al presidente Sánchez por no atacar a la dictadura caribeña en la cumbre Iberoamericana, pero Arroyo en esta curva siempre ha llevado la iniciativa desde sus abrazos a los opositores a Maduro hasta sus declaraciones recientes asegurando que el gobierno ignora “el dolor de millones de venezolanos que sufren una tiranía”. Pero Basal ha hecho rugir también su nuevo motor en este tema al declarar que en las elecciones andaluzas se harán “con las llaves de la Junta” para “expulsar a los señoritos de San Telmo y a los chavistas” del Gobierno, así como “la extrema izquierda que quiere llevarnos a Venezuela”. Hemos visto ondear viejas (no es un símil) banderas en la grada ante las acometidas del piloto de la escudería Diccionario de Latín Antiguo.

Sigue la paridad de fuerzas a la entrada de la curva denominada 155. Basal no se ha querido quedar atrás en un tema tan sensible y ha acelerado su motor atacando a sus contendientes con declaraciones contra lo que él llama “derechita cobarde” que “ha sido el mayor cómplice de quienes querían acabar con España”. Pero Arroyo no se quiere dejar comer el terreno en este momento y ha reivindicado la “herencia” del 155 y la “legitimidad” para pedir que vuelva a aplicarse. Desposado ha tenido que poner una marcha más a la salida de la curva y no ha sido menos pidiendo la activación del 155 en Cataluña y la ilegalización de partidos que “alientan la violencia”.

Enfilan pues, de nuevo, la recta final de este Gran Premio de la Derecha Española. Llegan, de nuevo, a Stop Inmigrantes y de allí al resto de curvas. Así una vuelta tras otra, una semana tras otra, un año tras otro, no salen del circuito…

Pero parece que se atisba el final, dicen ahora que en mayo. Ya se ve al comisario (¿es Villarejo?) al fondo de ella con la bandera. Pero, atención, no es la tradicional bandera a cuadros. Claro, en este gran premio se ha recuperado otra: una rojigualda, con pájaro en el centro. Veremos, finalmente, quien se lleva el triunfo. Estén atentos a nuestras pantallas.

Devolvemos la conexión. Antonio Jabato les tendrá informados.

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¿A CASADO O A MÍ?: Reflexiones de un listillo desde el púlpito

descubrimiento-de-americaSoy hombre de poca palabra. Dije que no volvería a meterme en estos líos de la política cotidiana, pero, ya sabéis, “la carne es débil”. La verdad es que ¿qué necesidad tengo yo? ¿O sí?

Vamos, a saco. Sin anestesia. Si lo transcribo no sería igual que escuchar de viva voz el corte del mitin del presidente del PP el pasado domingo 14 de octubre como colofón a una semana de fastos dedicados a la denominada Fiesta Nacional de España (valga la redundancia, pero así lo dice el BOE):

¿Cómo se han quedado ustedes?

Pues supongo que habrá de todo. Estarán los adeptos que habrán entrado a este blog conociendo un poco, o un mucho, a su autor y ya imaginan de qué va el rollo. Pero habrá otros que habrán entrado googleando algún término del estilo “Pablo Casado” o quizá “púlpito” y, en cuanto lean unas líneas más, espetarán “pero, ¿qué me está contando el listillo este?”

Sí. Lo primero que pensé tras ver, por pura casualidad (ya hay otro programa –Late Motiv- que puede que deje de ver –como El Intermedio- para no tropezarme con semejantes individuos), es la cantidad de gente que cree las palabras de Pablo Casado. Que piensa que el Descubrimiento de América (¿descubrimiento para quién?) fue una gran obra española, que somos, por ello, la mejor y más antigua nación del mundo. Que cientos de obras sesudas, tesis doctorales (con tribunal de prestigio y publicadas, no como otros) y seminarios y congresos no han servido de nada. Frente a ello, frases simples, contundentes, que todo el mundo comprende y que todos están dispuestos a creer: “¿Qué otro país puede decir que un nuevo mundo fue descubierto por ellos?”, “La Hispanidad celebra el hito más importante de la humanidad, solo comparable a la romanización”, “No somos conscientes a veces de que un pueblo milenario y una nación centenaria ha hecho tanto por toda la humanidad”. Quizá incluso más de uno, quizá cientos, miles o millones, haya derramado alguna lágrima al escucharlas o, incluso, se le haya henchido el pecho y haya corrido a los chinos a comprarse una bandera (constitucional, por supuesto) para poner en el balcón.

Y es que, mientras pensaba esta mañana en si escribir algo sobre ello o no, he mirado a los ojos de la gente (como decía Coppini) y he visto que ¿a quién van a creer? ¿A Pablo Casado y su mensaje claro y enorgullecido o a mí y todas mis lecturas, investigaciones y análisis?

Han salido a la palestra historiadores de más prestigio que yo, como Ian Gibson, que ha recordado que ni somos la nación más antigua del mundo, ni falta que hace, pues aunque lo fuéramos ello no nos adjudicaría ninguna situación de orgullo si nos comportamos como estúpidos o hemos arrasados pueblos, naciones o culturas a nuestro paso. ¿Y qué? ¿Cuántos se van a leer el libro de Álvarez Junco “Mater Dolorosa. La idea de España en el siglo XIX? En él dice, por ejemplo, que los saguntinos, tan admirados por la historiografía franquista (y supongo que, por ende, también por el señor Casado), tenían poco, o nada, de españoles, pues eran de origen y cultura básicamente griegos. ¿Quién se va a ver la hora larga de conferencia que el mismo Álvarez Junco dedica, en este vídeo que os enlazo, a explicar el concepto moderno de nación? ¿A quién de esas personas a las que miraba a los ojos esta mañana le va a interesar el comentario de la profesora Mirta Núñez, de la  Universidad Complutense de Madrid, respecto al tufo franquista de estas ideas? ¿Y qué? Te dirán.

¿De qué sirve que yo le comente al señor Casado que su referencia a la introducción de la religión en América (la católica, aunque no lo dijera) me recuerda a lo que sus votantes, simpatizantes y adláteres dicen que hacen los inmigrantes musulmanes en España? ¿Nosotros sí podíamos eliminar sus religiones ancestrales, bajo el término “evangelización”, y los musulmanes no pueden abrir una mezquita porque ello es “islamización”? Claro, se me olvidaba el argumento de que aquellas eran religiones sanguinarias que hacían sacrificios humanos y no como la suya (la cristiana) que… vaya, había borrado de mi memoria la Inquisición.

¿De qué sirve que yo contradiga las palabras del señor Casado acerca de que somos el único pueblo que puede seguir teniendo esos vínculos lingüísticos y culturales con un tercio de otro mundo? El inglés es idioma oficial en 57 estados de todo el mundo, frente a los veinte del español. Y que existe una cosa llamada la Commonwealth que agrupa a 53 países para mantener lazos culturales, económicos e incluso políticos (la reina del Reino Unido es la soberana oficial en dieciséis de ellos) entre antiguas colonias británicas.

Hay quien ha hecho chanzas, incluso, con los conocimientos históricos del señor Casado, indicando que quizá también le hayan regalado el título de Graduado Escolar o que le quedó pendiente la materia de Historia. ¿Estáis seguros de qué tipo de Historia se explica en los Hermanos Maristas, donde estudió Casado? Civilización, Religión, todo uno. Esa fue nuestra aportación a América. De leer a Eduardo Galeano y su “Las venas abiertas de América Latina”, supongo que nada. Debe ser libro prohibido para los Hermanos.

Ahora entiendo, por fin, cuál es el verdadero sentido de la frase “por una derecha sin complejos” que el ABC propugnaba este verano y que el señor Casado no tardó en hacer suya como lema de su desembarco como líder del PP. Sin complejos a decir lo que han pensado toda la vida: una España Grande y Libre. España, una Unidad de Destino en lo Universal (José Antonio, dixit).

Ya, todo esto son cosas de listillos. Es lo que pensarán algunos de los que hayan llegado hasta aquí con su lectura y lo que he visto esta mañana en el rostro de la gente, quizá debería hacer como aconsejaba Coppini y no mirar a los ojos de la gente (Versión viejuna, 1984):

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